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Fernando I

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 30/05/2011

(Medina del Campo, Valladolid, 1379 - Igualada, Barcelona, 1416). El breve reinado en Aragón de este monarca, conocido también como Fernando el de Antequera, se abrió con su elección en el Compromiso de Caspe Buscar voz... en junio de 1412, y culminó bruscamente con su fallecimiento, a primeros de abril de 1416, cuando apenas contaba 36 años de edad. A su llegada al reino aragonés venía como regente de Castilla por minoría de edad del futuro Juan II, hijo de su hermano Enrique III (fallecido en 1406), y su prestigio como estadista en el período de regencia se enriquecía con el éxito de sus campañas en el sur peninsular frente al reino musulmán de Granada, especialmente la toma de Antequera en 1410 que supuso la glorificación de su estirpe en Castilla y el sobrenombre con que se le conoce en la Historia, además del apelativo de Honesto con que ha quedado en la Corona de Aragón por las especiales dotes de equidad y honradez que le caracterizaron en su vida privada y pública.

Con Fernando I se introduce en la Corona de Aragón la dinastía castellana de los Trastámaras Buscar voz..., que sucedería en el trono, tras la extinción de la casa de Barcelona con Martín el Humano Buscar voz..., en la persona de dos de sus hijos Alfonso V Buscar voz... y Juan II de Aragón Buscar voz..., y de su nieto Fernando II el Católico Buscar voz.... Y su actuación en el territorio aragonés vino enmarcada en el ambiente de tres acontecimientos importantes que llenaron casi todo el reinado en lo que a la historia general de la Corona se refiere: la guerra contra el conde de Urgel, don Jaime Buscar voz... a lo largo de 1413 (el conde se había alzado contra el monarca junto con algunos seguidores aragoneses, sobre todo don Antón de Luna, al no aceptar la decisión de los compromisarios de Caspe); la política mediterránea, continuación de la de sus predecesores, al menos en sus grandes líneas de acción y diplomacia y la cuestión del Cisma de Occidente Buscar voz... que dividía a la Iglesia con gran perturbación para las conciencias de media Europa, y que en Aragón revestía características peculiares porque uno de los papas que simultáneamente capitalizaban la atención de la cristiandad era don Pedro de Luna Buscar voz..., Benedicto XIII, de origen aragonés y perteneciente a una de las familias más encumbradas del país.

Pero otros acontecimientos de carácter más propiamente interno y que afectaron sobre todo a Aragón fueron también las Cortes reunidas en Zaragoza en 1412 y 1414, y las coronaciones de don Fernando y doña Leonor Urraca de Alburquerque Buscar voz... -su mujer- en febrero de ese mismo año de 1414, que interrumpieron las Cortes de dicha fecha.

Sin embargo, los graves problemas a los que se tuvo que enfrentar Fernando I en el territorio aragonés se arrastraban desde la etapa del «interregno Buscar voz...» (1410-1412), en que la Corona permaneció sin cabeza rectora. El desorden, la mala administración, las alteraciones de todo tipo, el bandolerismo, la anarquía y un progresivo aumento de los precios, sobre todo del trigo y otros productos de primera necesidad, preocuparon profundamente al monarca. Éste quiso poner solución a los abusos de todo tipo y emprender una reorganización de la Hacienda real Buscar voz... en Aragón, así como la reforma municipal de Zaragoza en 1414 (dictando unas célebres ordenanzas para la capital del reino), y concluir con la obstinada actitud de Benedicto XIII, quien, refugiado en Peñíscola, se vería abandonado a comienzos de 1416 por el rey de Aragón y sus súbditos de la Corona para evitar la aguda crisis de la cristiandad y siguiendo criterios e intereses que rebasaban lo meramente religioso o moral para comprender también lo político, en cuanto a las relaciones internacionales del rey de Aragón con las potencias extranjeras y sobre todo con el emperador Segismundo se refiere.

Pero los escasos cuatro años de reinado apenas pudieron dar los frutos apetecidos por don Fernando, quien vería truncadas las diversas reformas iniciadas bajo su mandato por su repentina muerte en Igualada. No obstante, cabe señalar algunos logros, aunque momentáneos, pues se dejarían perder en el reinado de su sucesor Alfonso V: la sujeción de la nobleza; la salvaguardia del territorio frente a las incursiones extranjeras que amenazaron los Pirineos, cuando ejércitos de mercenarios intentaron llegar a Aragón para apoyar la causa de don Jaime de Urgel Buscar voz...; el buen funcionamiento de las Cortes aragonesas Buscar voz..., de las que salieron medidas acertadas para corregir todo tipo de abusos cometidos en la etapa anterior; y, especialmente, una concienciación de los aragoneses de la necesidad de reconstrucción del país. Frente a estos objetivos, en parte conseguidos y en parte fracasados, Fernando I no supo o no pudo detener la ola de violencia desatada contra los judíos Buscar voz... del reino, en cuya situación se vio mediatizado por el proselitismo y las prédicas de San Vicente Ferrer en esos años; permitió el desarrollo de los poderes absolutos de los señores sobre sus vasallos, sujetándolos aún más a la tierra; y abrió con la reforma municipal de Zaragoza en 1414 el cauce idóneo para la consolidación de un patriciado urbano oligárquico, y monopolizador durante todo el resto de la centuria del poder urbano.

En líneas generales, fue quizá la crisis económica la que mayor trascendencia tuvo en los años del reinado de Fernando I en Aragón, pues al ocupar el trono en 1412 el nuevo monarca encontró grandes deudas de la Corona con prestamistas y financieros; situación agravada por la compensación económica prometida a determinados personajes del reino por la colaboración prestada durante las negociaciones del «interregno» en favor de su causa, y después en la guerra sostenida contra los partidarios del conde de Urgel. Por otro lado, el préstamo solicitado por el rey a las Cortes de 1412, consistente en 50.000 florines, subsanaría de momento las primeras necesidades de su gobierno; pero las coronaciones solemnes de febrero de 1414 en Zaragoza requerirían asimismo un enorme gasto en un momento especialmente difícil por la penuria provocada por el sitio de Balaguer, recientemente vencido por las tropas reales como epílogo del enfrentamiento con don Jaime de Urgel. Y, finalmente, las entrevistas que el rey tuvo que realizar con el emperador Segismundo, con motivo de la cuestión del cisma de la Iglesia, arrastraron consigo de igual forma una sangría importante que vendría a sumarse a las estrecheces propias de la Hacienda real y del reino por esos años.

En este sentido y en un orden inferior, son numerosas las protestas elevadas hasta el rey por el pueblo llano y sus representantes, por el ascenso experimentado por el precio del trigo, producto fundamental en la alimentación, precisamente en un territorio como el aragonés en que dicho cereal solía proporcionar abundantes cosechas hasta el punto de ser uno de los exportadores principales al resto de los territorios de la Corona (junto con la lana, otro de los productos básicos de la Economía comercial aragonesa de la baja Edad Media). Las soluciones que Fernando I quiso poner en práctica para paliar tal situación de crisis económica y financiera se manifestaron en una mayor presión fiscal sobre los súbditos y en un intento de mejor control de las finanzas; ambas medidas produjeron algunos descontentos, así como el inicio de pleitos por la recuperación de muchas rentas enajenadas desde la centuria anterior en algunos casos al objeto de incorporarlas al patrimonio real y sanear en lo posible la Hacienda. En lo que se refiere a la Hacienda del reino estrictamente dicha, es notoria la actuación de Ramón de Casaldáguila Buscar voz... como administrador de la misma y encargado de vender los censales sobre el «general» del reino.

De esta situación económico-financiera se derivaría asimismo una crisis social, tanto en el campo como en la ciudad, que acrecentó las dificultades que tuvo que arrostrar Fernando I en su breve reinado, en el que prácticamente no dejó de viajar constantemente y de actuar in situ en los territorios peninsulares de la Corona de Aragón. Culturalmente, fue este rey amante de la música y de las manifestaciones cortesanas, a las que, sin embargo, pudo dedicar escaso tiempo, y humanamente de un carácter conciliador -como lo demostró en la cuestión del Cisma- y cauto. Pero ello no impidió su total dedicación a la política de sus reinos que contrastaría con la actitud de su hijo primogénito y sucesor en el trono Alfonso V, quien precisamente en favor de sus inquietudes culturales refinadas y obsesivas abandonó durante muchos años las cuestiones de Estado en manos de su mujer doña María Buscar voz... para residir en Nápoles largas temporadas.

A la muerte de Fernando I, su política de familia iniciada años atrás permitía que todos sus hijos tuvieran un futuro asegurado, ocupando puestos de especial relieve todos ellos y sentando las bases de lo que en el último cuarto del siglo XV iba a producir la unión de Castilla y Aragón: Alfonso, el primogénito, sería su sucesor; Juan sería rey de Navarra (y luego de Aragón, a la muerte sin sucesión de Alfonso V su hermano); Enrique fue maestre de la orden militar de Santiago -poseedora de amplios señoríos y riquezas en Castilla-, conde de Alburquerque y señor de Ledesma; Sancho fue asimismo maestre de Calatrava y de Alcántara; Pedro ostentó el ducado de Notho; y las dos infantas casaron, la una -doña María- con Juan II de Castilla, y la otra -doña Leonor Buscar voz...- con don Duarte, rey de Portugal. Mientras que la reina viuda, doña Leonor Urraca de Alburquerque, pasaba por ser la «ricahembra» más importante de Castilla.

• Bibliog.:
Canellas López, A.: «La instauración de los Trastámara en Aragón»; Zurita, Cuadernos de Historia, 4-5, Zaragoza, 1956, pp. 19-38.
Sarasa Sánchez, E.: Fernando I y Zaragoza. (La Coronación de 1414); Cuadernos de Zaragoza, núm. 10, 1979, 23 pp.

 

Monográficos

La Corona de Aragón II. La Casa de Trastámara

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Se cimientan las bases para la unión de las coronas de Aragón y Castilla.

Imágenes de la voz

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