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Fernández de Córdoba y Alagón, Vicente

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 27/04/2011

Conde de Sástago Buscar voz... (Zaragoza Buscar voz..., 1741 - ?, ?). Grande de España Buscar voz... de primera clase, vivió casi siempre en la ciudad de Zaragoza, si bien sus intereses llegaban hasta Andalucía, donde poseía algunas tierras. Destacó en la vida pública como regidor del zaragozano Hospital de Nuestra Señora de Gracia Buscar voz..., director de la Real Sociedad Económica Aragonesa Buscar voz... entre 1776 y 1780, y después, tras la muerte de Ramón de Pignatelli Buscar voz..., como protector del Canal Imperial Buscar voz... y Real de Tauste Buscar voz... entre 1793 y 1799. Hombre, según Fco. Javier Larripa Buscar voz..., amante del boato y fácilmente influenciable, estaba convencido de la predestinación divina de la nobleza para dirigir a sus semejantes. En el Elogio del muy ilustre Señor D. Ramón de Pignatelli, «que en Junta General celebrada el día 18 de marzo de 1796 por la Real Sociedad Aragonesa de los Amigos del País leyó su socio el conde de...» (Zaragoza, Francisco Magallón Buscar voz..., 1796), exponía que un alto nacimiento traía consigo la obligación de ser hombre grande y superior en un todo, y que el ser rico era casi una necesidad para dedicarse a la causa pública, pues «la pobreza no puede suministrar verdaderos procuradores del bien de la patria, porque es infalible que semejantes entes trabajen por lograr para sí intereses, o una honrosa y decente colocación» (p. XVIII).

Durante su estancia como director de la Económica Aragonesa, se preocupó sobre todo de procurar la erradicación de los mendigos de la ciudad, con escaso éxito, realizando también muchas gestiones para conseguir la liberalización de la navegación Buscar voz... por el Ebro Buscar voz... hasta Tortosa, y facilitar la salida de excedentes agrícolas. Íntimamente ligado con Ramón de Pignatelli, se mostró muy celoso de sus prerrogativas como director de la Sociedad, lo que acarreó problemas, agudizados cuando no consiguió en la Secretaría de Estado hacer perpetuo el cargo en su persona. A partir de 1780, no tuvo apenas contactos con las tareas de la Económica, y tan sólo tras la muerte de Pignatelli volvió a pisar las reuniones de la misma, y a colaborar desde su sillón de protector del Canal Imperial, o de forma particular, permitiendo a los alumnos de la Escuela de Agricultura que aprendieran de su jardinero José Mataiz a podar e injertar árboles, dada su gran afición a la jardinería. A su influjo se debió la explanación y plantación de árboles en los paseos de Torrero y las rondas del Carmen y del Huerva, y cuando estuvo al frente del Canal mandó hacer los caminos del puerto de Miraflores, el levantamiento de la iglesia de San Fernando de Torrero, y puso en marcha una yeguada, propiedad del Canal, para tener caballos de arrastre y de labor, pasando a ocuparse personalmente de la misma cuando cesó como Protector.

Durante el primer asedio francés Buscar voz... de la ciudad en 1808, contribuyó con abundantes donativos a la defensa, siendo ocupado e incendiado su palacio del Coso el 4 de agosto; por entonces ya había sido nombrado vocal de la Junta Suprema Buscar voz... del Reino de Aragón, y a continuación fue designado representante del reino ante la Junta Central, si bien Palafox Buscar voz... hubo de revocar el nombramiento, una vez trasladado el conde con su familia a Madrid, por ser únicamente dos y no tres los representantes que le correspondían a Aragón. Este traslado a Madrid le permitió librarse del segundo asedio a la ciudad, y de las epidemias que diezmaron la población.

Como obras suyas publicadas, además del elogio de Ramón de Pignatelli, se puede reseñar la suntuosa Descripción de los canales Imperial de Aragón, i Real de Tauste, «dedicada a los Augustos soberanos D. Carlos IV i Dña. María Luisa de Borbón por el actual protector por S. Magestad de ambos canales, el...» (Zaragoza, Francisco Magallón, 1796), si bien existen además algunos manuscritos suyos conservados en la Económica y referidos a la necesidad de reducir la mendicidad, y a favorecer el comercio por el Ebro.

• Bibliog.:
Torres, D. de: Compendio de las Actas de la Real Sociedad Aragonesa correspondiente al año de 1801, formado mediante comisión de la misma por su secretario Don...; Zaragoza, Mariano Miedes, 1802, p. 20.
Sala Valdés, M. de la: Obelisco histórico en honor de los heroicos defensores de Zaragoza...; Zaragoza, 1908, pp. 316-318.
Giménez Soler, A.; Gutiérrez Arroyo, M. y Lasierra Purroy, A.: El Canal Imperial de Aragón. Su historia, su valor agronómico, su administración actual; Zaragoza, Heraldo de Aragón, 1932.
Pérez Sarrión, G.: El Canal Imperial y la navegación hasta 1812; Zaragoza, 1975.
Forniés Casals, J. F.: «Fuentes para el estudio de la sociedad y la Economía aragonesas entre 1776 y 1808: Los documentos citados en las actas de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País»; Cuadernos de Historia J. Zurita, 35-36, Zaragoza, 1980, pp. 173- 319.

 

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