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Felipe III de Aragón

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 16/09/2011

(1621-1665). El siglo XVII sería, no sólo para la monarquía hispánica, sino también para gran parte de Europa, un período regresivo. Sería este monarca -Felipe IV de Castilla- quien habría de vivir los momentos más dramáticos de tal coyuntura, acrecentados por el hecho de que él mismo no supiera dar prioridad a los intereses españoles frente a los del Imperio, incurriendo así en el grave defecto de tratar por todos los medios de mantener íntegra la herencia que recibiera de sus antecesores, sin calcular los serios perjuicios que dicha política habría de suponer para la Península. El reino de Aragón, como parte integrante de la monarquía española de los Austrias Buscar voz..., habría de sufrir en su seno las consecuencias de dichos momentos, que en el tiempo que nos ocupa tendrían como telón de fondo la lucha abierta de las dos grandes potencias (España y Francia) que dirimían con ello el liderazgo hegemónico en Europa. Tales motivos trajeron como consecuencia que la relación entre el monarca y el reino de Aragón fuera mucho más asidua de lo que hubiera cabido esperar.

Así, con la intención de poner en marcha la política promovida por el conde-duque de Olivares, bajo la denominación de la «Unión de Armas» el rey pasaba por Zaragoza Buscar voz..., y el 21-I-1626, en Barbastro Buscar voz..., tenía lugar la apertura de Cortes Buscar voz... en presencia del monarca. El servicio demandado a los aragoneses en las mismas suponía la aportación de 3.333 hombres útiles, a los que habría que agregar 10.000 más, a modo de reservistas, si las circunstancias así lo requirieran. La oposición, sobre todo por parte del brazo Buscar voz... de las universidades, fue dura, agravándose tal situación con la presencia de unas compañías de hombres de armas de Castilla, los cuales llevaron a cabo todo tipo de desmanes y a los que hubo de sacar del reino, como condición para que las resoluciones de Cortes se pudieran llevar a efecto. Finalmente se determinaba ofrecer un servicio de 2.000 hombres, o el equivalente a la paga de los mismos, que ascendía a la cantidad de 144.000 libras jaquesas Buscar voz... anuales, todo ello por un período de quince años. Con ello, si no se conseguía lo previsto por la política de la «Unión», sí que de alguna forma se iban a marcar unas pautas, bastante serias, de dependencia de tal política y, en consecuencia, de la Corona. Finalmente, se decidió otorgar el servicio mediante el pago de 144.000 libras jaquesas (en dinero o especie) al año, para lo cual se recurriría al residuo de las Generalidades Buscar voz.... Sin embargo, el reino era consciente de la imposibilidad real que el pago de tal cantidad suponía por lo que hubieron de adoptarse medidas, algunas de ellas de clara índole proteccionista. Las consecuencias de tal política, que no iba a satisfacer las ideas y fines que la promovían, iban a redundar de forma nada beneficiosa en el pago del servicio. Y es que, en realidad, las causas de la crisis obedecían a motivaciones bien distintas. Las principales medidas consistieron: en imponer un 5% de impuesto a los tejidos fabricados en el reino; subieron los derechos del General Buscar voz... de un 5% a un 10%, excepto lo referente a los ganados de cerda y ovino; trataron de disminuir los gastos de la Diputación Buscar voz... tanto en cuestión de limosnas como de salarios, proponiéndose, al mismo tiempo, limitar los gastos en reparar caminos y puentes; que no se imprimiesen libros a costa de la Diputación, así como otra serie de medidas.

Sin embargo, ante la ineficacia de estas medidas fueron las universidades las que, siguiendo el sistema de «repartimiento», tuvieron que satisfacer las cantidades, habitualmente elevadas, que había que sumar al sobrante de las Generalidades para obtener anualmente la cantidad que había quedado estipulada.

Más vendría a enrarecerse la situación cuando, como consecuencia de la ruptura de hostilidades con Francia (1635), el rey Felipe III mandara cerrar los puertos del Pirineo, creando así nuevos perjuicios para el comercio.

Ya en otro estado de cosas, y en este mismo año de 1626, aprovechando la estancia del rey en Monzón Buscar voz... (se celebraban al mismo tiempo que las de Aragón, las Cortes catalanas y valencianas), se firmaba el tratado de Monzón Buscar voz..., con lo cual se verificaba la primera paz, más teórica que real, entre España y Francia, dentro del contexto de la guerra de los Treinta Años.

Entre las cláusulas estipuladas en las Cortes de 1626, había una que establecía que: «Por manera que el presente servicio no pueda ser traydo en consequencia de aquí adelante para fin y efecto de competir a este Reyno, ni a las dichas universidades, ni a los otros de ellos para hazer otro tal, o semejante servicio...». Sin embargo, las imperiosas necesidades de la monarquía y el agravamiento de las hostilidades en el exterior harían que se rompiera una y otra vez lo establecido en dicha cláusula.

El año 1630, Su Majestad visitaba Zaragoza, probablemente en demanda de servicios, ya que este mismo año la ciudad servía con 200 hombres. El año 1632 se convocaban juntas que, como señala el cronista J. Porter y Casanate Buscar voz..., no llegaron a celebrarse. En el año 1634 sí que consta la celebración de juntas, abiertas el 5 de agosto en la sala real de la Diputación, lugar en que el virrey y capitán general de Aragón, don Fernando de Borja, leía en nombre del rey la proposición, demandando, en última instancia, un servicio de 2.000 hombres, cuya efectividad queda hasta el momento en estudio; lo cierto es que el año 1635 la ciudad de Zaragoza volvía a otorgar 300 soldados, en 1638 ésta misma y el reino levantaban un tercio de 1.000 hombres, tras haber puesto los franceses sitio a Fuenterrabía Buscar voz..., y un año más tarde con igual número de hombres para la defensa del Rosellón, bajo el mando de don Fadrique de Palafox. Tal intensidad bélica tendría su culmen con el estallido de la guerra de Secesión catalana Buscar voz... (1640-1652), con la que Aragón, directamente implicado, sufriría serias pérdidas que habrían de sumarse a los males anteriores. Esta nueva situación haría que se repitieran los viajes de Felipe a tierras aragonesas con la finalidad de observar más de cerca los aconteceres bélicos, ya que, por otra parte, Zaragoza había sido convertida en cuartel general de las fuerzas realistas.

Fueron estas visitas en 1642, con el fin de estimular, con su presencia, al ejército, que finalmente sería derrotado, en 1644, habiendo sido decidida la conquista de Lérida, motivo por el que revistó al ejército, reunido en Berbegal Buscar voz..., antes de iniciar su ofensiva hasta dicha ciudad; el año 1645 volvía a Zaragoza, esta vez en compañía de su hijo, el príncipe Baltasar Carlos Buscar voz..., para asistir a la nueva campaña pero, sobre todo, con el fin primordial de celebrar Cortes, las cuales habían sido convocadas para el 2-VIII-1645, y que habían de dar comienzo el 20 de septiembre. Tales Cortes llegarían a su fin el 3 de noviembre del año siguiente. En ellas se juraba al príncipe Baltasar Carlos como heredero del trono y posteriormente, como consecuencia del alargamiento de las hostilidades bélicas, pedía Su Majestad un nuevo servicio de 2.000 hombres, divididos en dos tercios de diez compañías cada uno, a lo que había que sumar la paga de 500 hombres a caballo, pertenecientes al ejército real. Si el reino no llegara a completar el número de los 2.000 soldados, lo cubrirían otros de la Corona pero pagados igualmente por el reino. El monarca se encargaría, por su parte, de proporcionar las municiones, armas y pan de munición para estos soldados. Todo ello se prolongaría por un período de cuatro años, si las hostilidades antes no hubieran llegado a su fin.

En estas Cortes se reiterarían nuevas medidas proteccionistas, continuando así con la línea ya existente para el cumplimiento de los servicios que se pedían, como era cargar un 3% más sobre los productos que entraran o salieran del reino. Entre otras medidas, y frente al abusivo estado que engendraban los alojamientos de soldados en el país, se proponían serias restricciones, muchas de las cuales quedarían convertidas en papel mojado. Igualmente importante fue la decisión de que se realizase una nueva «investigación» (censo) ante las constantes quejas de muchos lugares de Aragón, por ser el censo de 1495 el que hasta ese momento se estaba utilizando para el «repartimiento» de cargas sobre el reino. Por último hay que señalar lo dispuesto contra la población francesa del reino, lo cual Ignacio de Asso Buscar voz... nos lo comenta en los siguientes términos: «En las mismas Cortes de 1646 se hizo un Fuero muy contrario á la población, ordenando, que los hijos, y nietos de Franceses, aunque fuesen nacidos en Aragón, y estuviesen casados con naturales del Reino, no pudiesen obtener beneficios, dignidades ni otros empleos de Justicia, y de Gobierno (Quod extraneus a Regno)». Y continuaba diciendo que «... esta lei, dictada más por el odio que por la razón, contribuyó, no poco en la experiencia de treinta años a la despoblación, estorvando que muchos Franceses hicieren casas, y establecimientos en este Reino, por lo que fue derogada en las Cortes de 1678».

La última visita a Zaragoza la llevaría a efecto el año de 1646 para clausurar las Cortes que entonces se celebraban. En dicho viaje se vio el monarca dolorosamente sorprendido por la muerte de su hijo el príncipe Baltasar Carlos (9 de octubre). Tras ello ya no realizaría más viajes al reino.

Los últimos años de la guerra se verían ensombrecidos por la terrible epidemia que, entre 1647 y 1654, asolaría buena parte los reinos de la Corona de Aragón, recayendo sobre el reino de Aragón, ya extenuado por los constantes esfuerzos físicos, materiales y morales que había tenido que soportar. La prueba del deplorable estado por el que estaba atravesando Aragón, aunque circunscrita al municipio zaragozano, siendo claramente representativa, nos la proporciona G. Redondo en un estudio sobre la hacienda zaragozana del siglo XVII, quien señala que «en 1641 ya se había hecho un sondeo del estado de los recursos y deudas del municipio zaragozano, llegando a reconocer, entre censales cargados y dinero que se debía a particulares por la Tabla de Depósitos un pasivo de 680.000 libras de las que deducidas 300.000 que tenían en distintos bienes quedaban 382.000»; sin embargo una decena de años más tarde, como el mismo G. Redondo señala, el saldo negativo se había elevado a 913.964 libras, 12 sueldos y 3 dineros, por tanto en 531.964 libras, 12 sueldos y 3 dineros. Sería por estos mismos años, en 1648, cuando aconteciera el intento conspiratorio del duque de Híjar Buscar voz....

Durante los últimos años del reinado de Felipe III de Aragón (IV de Castilla), el reino seguiría caminando a través de un constante deterioro. Fue para Aragón la paz de los Pirineos (1659) importante, ya que suponía las paces con Francia, con la que, tras la guerra de Cataluña, había continuado luchando; sería ésta, no obstante, una paz efímera, por la agresiva actitud de Luis XIV, rey de Francia, durante el reinado de Carlos II Buscar voz.... Así y en este deplorable estado de cosas, el 17-IX-1665 moría Felipe III de Aragón. En la plaza del Mercado de Zaragoza se oficiaron ceremonias de luto público, mientras que el 5 de noviembre se celebraba un solemne funeral en la iglesia de San Salvador.

• Bibliog.:
Asso, Ignacio de: Historia de la Economía Política de Aragón; Zaragoza, 1798; ed. preparada por J. M.ª Casas Torres, C.S.I.C., Zaragoza, 1947.
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Ezquerra, R.: La conspiración del Duque de Híjar; Madrid, 1934.
Lacarra, J. M.ª: Aragón en el pasado; Madrid, 1972.
Maiso González, J.: La peste aragonesa de 1648 a 1654.
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Novoa, M. de: Historia de Felipe IV, Rey de España; CO.DO.IN, LXIX, LXXX y LXXXVI (Ms. 1.726-34 B.N.).
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Solano Camón, E.: El Reino de Aragón en la guerra de Cataluña (1640-1652); tesis de licenciatura, leída en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza el 19-IX-1979.
Id.: «Juan José Porter y Casanate: un cronista aragonés del siglo XVII, y sus Anales del Reino de Aragón»; Rev. Estudios, 78, Zaragoza, 1978.

 

Monográficos

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