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Farmacéutico

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Sucesores de los antiguos boticarios, los farmacéuticos aragoneses también se distinguieron, dentro del contexto científico regional, en el cultivo de las ciencias químicas y biológicas que constituyen los pilares básicos que sostienen al medicamento.

Tras el largo período alquimista, aparece en la historia de la Química en Aragón una primera etapa que abarcando la mayor parte del siglo XVIII se inició a finales del XVII, con la introducción de las teorías químicas importadas por el grupo médico-farmacéutico renovador que coincidió en Zaragoza. Poniendo en práctica estas teorías, que habían llegado con evidente retraso, se llevaron a cabo estudios acerca de la composición química de medicamentos y alimentos, como los realizados por Velilla, Navas de Carrera o el oscense Laplana Riglos.

La etapa siguiente comienza con la creación de la cátedra de Química por parte de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País; en la lección inaugural, dictada por Echeandía en nombre propio y del profesor de Química, ya se pasó revista a las teorías europeas más vanguardistas del momento y entre ellas las enunciadas por Lavoisier, padre de la química moderna. El primer catedrático de Química fue el farmacéutico Otano, quien no sólo se ofreció para desempeñar gratuitamente su trabajo, sino que cedió su propio laboratorio para que la nueva escuela se pusiera en marcha. Al morir Otano ocuparon su puesto sucesivamente, el farmacéutico Andreu y Esteban Brunete, primer profesor compensado económicamente que, tras desarrollar escaso número de lecciones, marchó a Madrid proponiendo como sucesores a A. V. Ezpeleta y V. Foronda, ninguno de los cuales pudo hacerse cargo de la cátedra por residir fuera de Zaragoza. Convocada oposición para cubrir la vacante, concurrieron tres farmacéuticos: Ignacio Savall, Manuel Jiménez y Francisco Carbonell Font, hijo de Francisco Carbonell Bravo. Savall fue nombrado catedrático y continuó la difusión de las teorías de Lavoisier y Proust que habían iniciado sus antecesores.

La primitiva Escuela de Química de Zaragoza suspendió sus actividades en 1846 y la enseñanza superior de esta ciencia pasó, con carácter exclusivo, a la Universidad; a partir de este momento, aunque todavía colaboró algún farmacéutico como Pascual Álvarez Morana, la ausencia de Facultad de Farmacia en Aragón propició que los profesionales del medicamento dejaran de ser protagonistas en la enseñanza y cultivo de la química. En 1881, Segovia, Solano y Muñoz del Castillo que además de físico y matemático era farmacéutico, consiguen la definitiva implantación de los estudios de Ciencias en la Universidad de Zaragoza. Solano y, fundamentalmente, Antonio de Gregorio Rocasolano, crearon la moderna y prestigiosa Escuela de Química de Zaragoza, en la que se integraron algunos farmacéuticos como Pío Cerrada, Cipriano Aguilar Buscar voz... o José María Albareda que simultanearon su labor investigadora con los estudios de Ciencias Químicas.

Fueron farmacéuticos quienes en primer lugar aplicaron los conocimientos químicos al análisis tanto de medicamentos como de alimentos, venenos, aguas mineromedicinales, productos orgánicos de interés clínico, tierras, etc., materiales cuya investigación y determinación fue compartida posteriormente con profesionales de diversas titulaciones académicas. El farmacéutico oscense Juan Cregüenzán ya había analizado las aguas de los baños de Tiermas en el siglo XVII; más tarde, Artieda, Savall, Manuel Marzo, Rafael Berbiela, Bazán y otros muchos realizaron trabajos relacionados con la química del agua. En el análisis de alimentos fueron especialistas, entre otros Ayala Sipau, Navarro Ballarín, Hilarión Gimeno, Bazán y Vallés; los tres últimos desarrollaron una notable labor en favor de la salud pública como directores del Laboratorio Municipal de Zaragoza.

Los farmacéuticos titulares de la provincia realizaron en 1963, bajo la dirección de José Anós Aznar y Joaquín Baringo Rosinach, el Estudio analítico de las aguas de consumo público en la provincia de Zaragoza; este trabajo con sus importantes conclusiones, fue patrocinado y publicado por el Colegio Oficial de Farmacéuticos Buscar voz..., siendo presidente Tomás Catalán Colón. En esta línea de trabajos, en favor del mejor conocimiento del agua, un equipo colegial de investigadores, dirigido por Ricardo García Gil, concluyó sus estudios acerca de la composición química y bacteriológica de las aguas de nuestros ríos; siendo presidente de la corporación farmacéutica Jesús Maorad Bello, el equipo quedó integrado en 1980 en una nueva sección de la Institución «Fernando el Católico» para seguir trabajando sobre temas vinculados con la protección del medio ambiente.

El desarrollo que alcanzó la botánica en Aragón se debe, en una buena parte, a los estudios realizados por farmacéuticos; los discípulos de Echeandía como Gorría, Lozano o Arturo Cebollero y más tarde Ballarín y Pardo Bartolini, mantuvieron un interés por los estudios botánicos Buscar voz... que culminaría con la formación de la Escuela Aragonesa de Loscos. En el campo de la zoología la aportación farmacéutica más importante se debe a Górriz.

Fueron profesores de Universidad Dosset y Campo Buscar voz... en Zaragoza, los turolenses Calvo Sebastián y José Lucía Gargallo en Valencia; en la docencia no universitaria destacaron entre otros Ramón Canencia Castellanos, director del Instituto de Teruel, Román Torres García, director de la Escuela Normal de Zaragoza, Félix García, director del Instituto Goya zaragozano, Hilarión Gimeno, Ramón Ríos y Cipriano Aguilar Buscar voz....

Coincidiendo con la época de mayor actividad científica, la mejor aportación de los farmacéuticos a la vida cultural, social y económica aragonesa tuvo lugar en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX. En los Juegos Florales, celebrados en Zaragoza en 1903, la flor natural fue para el farmacéutico Esteban Fernández, poeta galardonado en distintos certámenes y cantor de las glorias de la bandera de Aragón. Fueron notables los escritos del polifacético Hilarión Gimeno; Román Torres y Pío Cerrada dedicaron al mundo infantil alguna de sus obras, siempre con fines didácticos. Los hermanos Pardo Sastrón alternaron los trabajos botánicos con escritos de divulgación de temas bajoaragoneses. En la prensa destacaron, entre otros, Luis Narbona, Cipriano Aguilar, el oscense Manuel Camo Nogués y los turolenses Federico Bru Mendiluce, Jaime García Herranz y Pascual Adán Mesado (Teruel, 1845 - id., 1891) que fue director de la Revista del Turia y de El Turolense. Gabriel M. Romero Landa, escritor de letras de zarzuela, supo aglutinar a la colonia aragonesa en Baleares y publicar un entrañable libro en homenaje a Gascón y Guimbao. El farmacéutico zaragozano Nadal fue presidente de la Sociedad La Armonía en la que, según García Albacar, un nutrido grupo teatral de aficionados representaba tragedias, dramas, comedias, zarzuelas y sainetes a mediados del siglo XIX. En el siglo XVIII, distintos profesionales del medicamento ya habían cultivado la poesía, Campillo, Francisco Cellalbo en Ateca o el P. Antonio J. Rodríguez, boticario del real monasterio de Veruela, vieron publicada una parte de su obra poética. La aportación literaria del oscense José María Llanas Aguilaniedo que fue elogiada en su tiempo por Rubén Darío y en la actualidad por Julián Marías, constituye una interesante contribución aragonesa en la generación del 98. Como dibujantes se distinguieron, Ángel Bazán en temas científicos y Teodoro Gascón, cuyos tipos aragoneses alcanzaron justa fama y todavía hoy siguen ilustrando buen número de publicaciones.

Destacaron en la vida pública, Calvo Olivares, Pin, Rived, Adán Mesado como alcalde de Teruel, Joaquín Lacambra Murillo, que marchó a Cantavieja para dirigir el Colegio Militar carlista cuando ejercía su profesión en Zaragoza, y el farmacéutico oscense Manuel Camo Nogués (Huesca, 1842 - id., 1911) que tras su directa intervención en el movimiento revolucionario de 1868, influyó notoriamente en la política altoaragonesa de la época. Después de la última guerra civil ocuparon cargos políticos, Clavera, García Marquina, que llegó a ser vicerrector de la Universidad de Barcelona, Gimeno Lisón, Gil Sastre, Ruiz Vallés, etc. Los farmacéuticos, José Antonio Llanas Almudévar, alcalde de Huesca, Concepción Fuentes Goyanes, alcaldesa de Cella, y Mariano Blasco Gimeno, concejal del Ayuntamiento de Zaragoza, representan la incidencia farmacéutica en la vida política aragonesa del momento actual.

Tradicionalmente ha sido numerosa la participación en actividades públicas de tipo religioso; en 1954 se celebró en Zaragoza el III Congreso Internacional de Farmacéuticos Católicos. Fue notable la concurrencia de farmacéuticos en exposiciones y congresos que tuvieron lugar en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX: Exposiciones Aragonesas, Exposición Farmacéutica Nacional, Congreso Internacional Filoxérico de 1880, Exposición Hispano Francesa, Congreso de Naturalistas Españoles, Exposiciones Internacionales de Viena, Alejandría, etc. En la Exposición Vitivinícola de Cariñena en 1891 destacaron los trabajos de Bosqued, Górriz y Gimeno; Górriz, en 1878, había entregado una comunicación a la Sociedad Española de Historia Natural sobre enfermedades de la vid, que tuvo el mérito de llamar la atención sobre la Phylloxera vastatrix, cuando aún no había entrado en España esta terrible plaga de la viticultura.

Fueron numerosos los farmacéuticos que cultivaron plantas medicinales y algunos de ellos intentaron la creación de una industria farmacéutica aragonesa que permitiera aprovechar recursos naturales. Los farmacéuticos Antonio Casaña, presidente del Sindicato de Riegos de Urdán y Santiago Corella, presidente del Sindicato de Riegos del Pantano de la Peña, fueron vocales de la Comisión Organizadora del Congreso Nacional de Riegos que, organizado por la Federación Agraria Aragonesa, se celebró en Zaragoza. Dosset y Albareda Manguez fueron entusiastas propulsores de la construcción de pantanos. Los farmacéuticos titulares, antiguos inspectores farmacéuticos municipales, siempre llevaron a cabo en el medio rural una labor divulgadora de temas sanitarios y agrícolas preferentemente; son numerosos los ejemplos: Bosqued, Górriz, Villarroya, Pardo Sastrón, etc.

Los colaboradores del farmacéutico, actuales auxiliares de farmacia, encontraron tradicionalmente en Aragón mayor apoyo que en el resto de España para lograr sus aspiraciones profesionales y académicas; Górriz en el siglo XIX, siguiendo el ejemplo de en el XVIII, publicó un texto que facilitara la formación de los antiguos mancebos de botica. El presbítero y farmacéutico Tomás Bazán, el novelista Sender y el político socialista Eduardo Castillo son, entre otros, ejemplos del espíritu de superación de estos profesionales que en 1936 publicaban El Auxiliar de Farmacia Aragonés, interesante revista con secciones científica y social.

 

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