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Facería

Contenido disponible: Texto GEA 2000

O también patzeria, fasseria o passerie, «carta de la patz», concordat o pariaje es la «regulación de la paz» y «regulación de los pastos comunes» mediante tratado internacional entre altos valles pirenaicos aragoneses y los correspondientes franceses del otro lado de la cordillera, fenómeno que puede coincidir en sus caracteres con el de la alera Buscar voz... foral, aunque este término alude solamente a pactos internos entre valles aragoneses.

La facería es un fenómeno jurídico complejo integrado por convenciones sobre cuestiones políticas (hasta finales del s. XVIII), económicas y de buena amistad y vecindad, mutuo auxilio, franquicia y protección de las relaciones comerciales, pastos, pasos, aguas, etc., que ha logrado que el Pirineo llegue a ser nexo y no barrera entre Francia y España. En los Pirineos, los valles han sido la unidad geográfica, económica y política sobre la que han girado las relaciones entre los pueblos de la montaña entre sí, considerando «extranjeros» a los habitantes de las llanuras.

El esfuerzo de los valles fronterizos por mantener su unidad ha sufrido altibajos a lo largo de la historia, a medida que iba fortaleciéndose el poder central, como se refleja en los tres períodos en que se insertan las facerías: de la época feudal hasta finales del s. XV, del s. XVI al segundo tercio del s. XIX, y desde esa época hasta nuestros días.

1. La forma de los tratados de facerías era solemne. Se ratificaba por los delegados reunidos y se autentificaba por los notarios de cada parte en su respectiva lengua o dialecto, designándose un agente público por cada valle facero para velar por la ejecución del tratado, que generalmente atendía a la proclamación de la paz perpetua, fijación de límites del terreno facero marcando cada disfrute, regulación del uso de bosques, aguas y pastos, paso de ganado, etc., estableciéndose sanciones, como la del carnáu, si no se cumplían las reglas, y penas contra los ladrones de ganado. Se aseguraba la libre circulación entre los habitantes de cada valle, se establecía la protección de los hospicios y hospitales situados en las montañas como el famoso de Santa Cristina, en la garganta sur del Somport, etc.

De este primer período es la facería concertada en 1314 entre el Quiñón de Panticosa (valle de Tena), constituido por el propio Panticosa, el Pueyo de Jaca y Hoz de Jaca, y el valle de Saint-Savin, formado por Adast, Lau-Balaznás, Saint-Savin, Uz, Pierrefitte, Soulon y Cauterest, a propósito del disfrute de la montaña de Jarret, situada en Francia y perteneciente a este país. Ambos valles faceros podían subastar libremente los pastos cada cuatro años entre los meses de abril y junio en la localidad de Saint-Savin o de Argelés partiéndose al 50 % ganancias y cargas entre el valle francés y el Quiñón de Panticosa, distribuyéndose en este último de la siguiente forma: Panticosa recibe la mitad, la cuarta parte el Pueyo de Jaca y la otra cuarta parte Hoz de Jaca. Esta facería fue recogida en el Tratado Franco-Español de fronteras de 1862 (art. 14).

Semejante es la facería firmada entre los valles de Broto y Barèges en 1390, sobre la montaña de Usona, ubicada en territorio francés y bajo jurisdicción general francesa. Se especifica que son de propiedad común de ambos valles los 7/5 de Usona que se extienden desde la cresta del Pirineo entre Vignemale y la Brecha de Roldán, hasta el terreno comunal de Gavarnie. El arrendamiento de los pastos en pública subasta se efectúa en Luz, en presencia de los delegados de ambos valles bajo la absoluta igualdad de condiciones, dividiéndose en partes iguales el producto del arriendo y las cargas. El paso de los ganados españoles se lleva a cabo por el puerto de Bernatuara. Esta facería se recogió en el Tratado de 1862 (art. 15), modificándose en 1866 y posteriormente en 1954. A partir de esta fecha se determina que el valle de Barèges disfrutará todo el año los pastos de los cuartos denominados Puyasper, Especierre y Lacausta, y el valle de Broto los cuartos de Puyrabin, Secras, Plana Coma y Puymoróns y los comunes de Gavarnie a partir del 15 de junio. Con este régimen de reparto ya no hay subastas.

Anterior a esta facería descrita existió otra entre el valle de Barèges y Bielsa (1384), actualmente extinguida, considerándose por tanto que la de Broto marca el límite oriental de estos tratados interpirenaicos.

2. El segundo período histórico de las facerías viene marcado por la voluntad de los valles de mantenerse neutrales en caso de guerra. Para ello se federan en masa como en el tratado facero del Plan de Arrem (1513), en el que intervienen los valles franceses de Louron, Larbouts, Bagnères, Aspet, Oueil, Saint-Béat, Castillomais, Conserans, Aure, Neste y Comminges y los españoles de Pallás, Villamur, Arán, Ribagorza, Benasque, Gistaín y Bielsa; y al año siguiente, en 1514, los valles bearneses de Ossau, Aspe y Baretous y los aragoneses de Echo, Ansó, Aragüés del Puerto, Villanúa, Canfranc y Tena firman un verdadero tratado colectivo de alianza, aunque los valles siguen concertando entre sí pactos bilaterales en este segundo período, como la facería firmada entre Ansó y el valle de Aspe en 1535 y recogida en 1862 (art. 11) sobre el aprovechamiento de los pastos en la vertiente septentrional de la montaña de Aspe, bien comunal de Ansó y Fago; se concierta un disfrute trienal: dos años por el valle de Ansó y el tercero por la vessiau o vecindad de Aspe (Cette-Eygun, Etsaut y Urdos).

De 1526 es el pacto entre la vessiau de Aspe y Jaca, que establecía que anualmente los representantes de cada valle estipulasen verbalmente las condiciones en que debían utilizarse los pastos de montaña. En Astún, los rebaños de ambas partes podían permanecer cada año día y noche desde el 10 de junio. Los pastores podían hacer chozas para guarecerse, pero el ganado lanar de Aspe debía pasar la noche en territorio francés. En los terrenos de la vecinal contiguos a Astún, los ganados de Jaca tenían derecho a pacer sólo de día, y los de la vecinal, de día y de noche; mientras que en La Raca y La Raqueta podían apacentar día y noche en toda estación los ganados de Jaca y los de la vecinal. Jaca continuaría pagando anualmente a la vecinal de Aspe 130 sueldos jaqueses, equivalentes a 32 francos (tratado de 1862, art. 12). Sin embargo, las facerías concertadas en 1627 y 1818 entre la mancomunidad de Aísa (Aísa, Esposa y Sinués) y la vessiau del valle de Aspe, de contenido penal-pecuario, no fueron recogidas en el tratado de 1862 y se las da por sustituidas por el Derecho penal pecuario comprendido en él, aunque sigue manteniéndose el intercambio tolerado de ganado entre ambos valles; esto da idea de la viveza e interés económico que tienen estas prácticas para los montañeses, lo que ha hecho posible su continuidad y pervivencia, incluso en situaciones críticas como la guerra civil española y la II Guerra Mundial, hasta nuestros días.

3. El tercer período que señalábamos para las facerías viene definido por el Tratado Franco-Español de Límites de 1862, que fija en su situación actual la mayor parte de las antiguas tradiciones existentes, siempre bajo la supervisión de la Comisión de Límites.

• Bibliog.: Fairén Guillén, Víctor: Facerías internacionales pirenaicas; Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1956, pp. 277 y ss. Id.: «Notas para el estudio de las Facerías internacionales pirenaicas»; Pirineos, n.° 59-66 (1961-62), pp. 145-163. Id.: «Las Facerías o Pacerías en torno al antiguo dominio de Santa Cristina en el Somport»; Pirineos, n.° 83-86 (1967), pp. 271-279. Id.: «La llamada Alera foral entre los valles de Canfranc y Aísa»; Argensola, n.° 14 (1953).

 

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