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Expedición real

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 02/06/2010

(Hist. contemp.) Tras el fracaso de la toma de Bilbao, durante la primera guerra carlista Buscar voz..., las tropas carlistas en el norte iniciaron una política de expediciones con intención de extender la guerra y distraer la atención del ejército liberal por toda la península. La más célebre de ellas fue la Expedición Real que se inició en marzo de 1837. El 15 de este mes partió don Carlos de Estella con 11.000 hombres y 1.200 caballos, formados en 18 batallones y 3 regimientos. El objetivo final era la toma de Madrid y el derribo, con ello de la regencia de María Cristina Buscar voz.... En su primera fase contaba con conectar con la Cataluña interior y el Bajo Aragón donde, según los antecedentes, contaba con apoyos, lo que permitiría incrementar todo lo posible sus fuerzas.

El 19-V las tropas carlistas cruzaron el río Aragón Buscar voz.... La llegada a Huesca Buscar voz... (21-V) provocó el primer enfrentamiento de importancia con las fuerzas liberales Buscar voz..., que se saldó con la victoria carlista sobre el general Iribarren. El 27 llegaron a Barbastro Buscar voz..., donde se produjo una nueva batalla (2-VI), que confirmó a las fuerzas expedicionarias en su avance. La llegada a Cataluña reservó mayores dificultades. Primeramente fueron alcanzados en su retaguardia por el general Oraa, cuando se encontraban venciendo la dificultad que les planteaba el río Cinca Buscar voz... 4-VI). Posteriormente, la falta de alimentos y su mala administración provocó grandes penurias a los soldados, ya que el abastecimiento no consiguió superar las importantes carencias materiales y organizativas. La aportación humana recibida en Cataluña causó decepción, porque tenía poca utilidad para una guerra regular. Esto se demostró en Guissona (13-VI), cuando en un nuevo enfrentamiento con los liberales -batalla de Gra- salieron huyendo calculándose la pérdida, entre muertos y prisioneros, en 1.000 hombres. La Expedición continuó por Solsona (15-VI) y Berga (19-VI) e invirtió su dirección para cruzar el Ebro Buscar voz....

Los puentes estaban destruidos y Cherta fue el lugar escogido para salvar este obstáculo. El 29 de junio se inició la operación sabiendo que por la retaguardia se aproximaba el general De Meer y, al otro lado del río, Cabrera Buscar voz... se enfrentaba con Borso di Carminati Buscar voz... que se dirigía hacia allí para impedir que cruzaran las tropas expedicionarias. La victoria de Cabrera permitió atravesar el Ebro sin contratiempos y don Carlos consideró el hecho de tal relevancia que lo comunicó a las cortes extranjeras por medio de embajadores. Sin un objetivo claro siguieron por Ulldecona hasta Castellón y posteriormente se instalaron en Burjasot (11-VII) sin llegar a tomar la ciudad de Valencia. En estas tierras se resarcieron de las penurias anteriores, pero retrasaron considerablemente el paso de la Expedición. En Chiva (15-VII) se produjo un enfrentamiento desfavorable a los carlistas. El restablecimiento y reordenación de fuerzas se finalizó en el cuartel general de Cabrera, en Cantavieja Buscar voz... (30-VII). El día 22 de agosto llegaron, por Muniesa Buscar voz..., a Villar de los Navarros Buscar voz..., donde dos días después tendrá lugar la victoria más importante obtenida por las fuerzas expedicionarias. La derrota de Buerens -que tuvo como elementos negativos para los carlistas la muerte de dos destacados guerrilleros, Quílez Buscar voz... y Manolín- abría las puertas de Castilla, pero se actuó con lentitud y tardaron seis días (30-VIII) en retomar la marcha.

Al abandonar Aragón la expedición contaba con 16.000 infantes y 2.000 caballos. Tras sortear el Tajo por Tarancón (10-IX), las fuerzas carlistas se hallaron a las puertas de Madrid. En ese momento, una extraña mezcla, poco aclarada, de vacilaciones, negociaciones subterráneas y lentitud para emprender la acción, permitieron la llegada de tropas en apoyo de la capital, lo que obligó a emprender el regreso al País Vasco sin haber asaltado Madrid. En la retirada fueron derrotadas por Espartero en Aranzueque y Cabrera regresó de nuevo al Bajo Aragón-Maestrazgo. El fracaso allanó el camino hacia el fin de la guerra, favoreciendo la negociación con el gobierno liberal y, junto al cansancio causado por una larga guerra, cristalizaría en el Convenio de Vergara entre Espartero y Maroto.

 

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