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Etnografía

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 14/05/2009

La puesta al día de las voces relativas al conjunto de las artes y tradiciones populares, de los usos y costumbres, de la etnografía y la etnología, se resiente de la ambigüedad o del mal uso de muchas denominaciones aplicadas a tales estudios y nacidas de una situación de hecho, el nacimiento del Estado de las Autonomías y la declaración de Aragón como nacionalidad después de las poco fundadas discusiones sobre las comunidades históricas y como consecuencia inmediata de la búsqueda de señas de identidad, de raíces tradicionales y de hechos diferenciales, a veces con cierto olvido de los factores de unidad, lo que produce un considerable número de publicaciones, recogida de datos, alegaciones y hasta disquisiciones polémicas... En realidad se trata del viejo problema que preocupa a los humanistas de identidad y aculturación, de difusión y convergencia y hasta de invención e imitación con torcidas derivaciones que han llevado con consecuencias catastróficas a asimilar religión y creencias, raza, lengua y cultura.

Lo popular y el tópico se han resentido de la consideración regionalista de las diversas zonas y comarcas de España, muy especialmente a partir del s. XVIII y vigente e indiscutido en la centuria siguiente, atribuyendo a los habitantes de cada una de ellas virtudes y defectos estereotipados y comunes. Se denostó por cada uno a los vecinos, funcionó el sociocentrismo y el nosocentrismo de tal manera que se llegó a deformar incluso el tópico para radicalizarlo. Publicaciones recientes cuentan como una gracia que los aragoneses somos tan duros de cabeza que con ella y a cabezazos clavamos los clavos en las paredes, mal interpretando una locución sobre nuestra tenacidad (bastardeada en tozudez) en el sentido de que, de proponérnoslo, clavaríamos los clavos en la pared por la cabeza y no por la punta. Por ese camino se llega a una identificación de lo aragonés con lo rural e indocto con degeneración en «lo baturro» y apoyo esencialmente en anécdotas y chascarrillos Buscar voz... o en coplas de jota Buscar voz... más recientemente, que conducen a apasionadas loas (la ruda nobleza, el valor, la fidelidad) o a denuestos sin sentido (la simplicidad necia, la brutalidad, la supina ignorancia), repetición de frases hechas y, sobre todo, el someter a la total y compleja sociedad a conceptos generales con definiciones nacidas del romanticismo y la erudición del s. XVIII que sentencia «los aragoneses son...», y aquí los rasgos que se suponen esenciales y comunes a todos, sin diferenciar condiciones, edades, educación ni ninguna otra circunstancia heredando lo que ya sentenciaba el Epitome ovetense en el s. IX o repitiendo lo que aseguraban, con las mismas generalizaciones, los autores clásicos respecto de los griegos, los romanos, los galos, los hispanos, sometidos todos a un concepto único.

Estos defectos se perfilan en el s. XVII y cobran fuerza a partir del s. XVIII como consecuencia de las ideas del despotismo ilustrado, del romanticismo como moda y sentimiento y de las aficiones de la burguesía que inventan un pueblo y sus manifestaciones. Desde el s. XVIII, el folclore sintetiza y define a través de tales esquemas la totalidad de la vida popular, con un sentido arqueológico de la etnografía que intenta corregir la antropología, examinando los fenómenos de transmisión y aculturación y las raíces historicistas de instituciones, usos y objetos. Se llegará al concepto de popular como lo que el pueblo adopte independientemente de su origen, se caerá en la cuenta de que el pueblo (tan difícil de definir) hará las cosas y las ideas anónimas e intemporales y que las simplificará para hacerlas asequibles, las conservará y las modificará, acuñará expresiones como «vale más malo conocido que bueno por conocer» o dará carácter peyorativo a la novedad, concederá enorme valor a la experiencia y, como consecuencia, afirmará creencias y mantendrá tradiciones y empecinada oposición a los cambios que pretenderán introducir la instrucción y la educación.

Y como contrapartida, nuestros tiempos intentarán resucitar cuanto estiman que es o ha sido patrimonio del pueblo como base para un concepto de futuro, las decantadas señas de identidad o de definición. Pero la burguesía, los señoritos, se convertirán en cultivadores de coplas, tópicos, baturrismos y chascarrillos celebrados con risas, como en los «cuentos baturros», o en ingeniosidades como En la procesión de Tauste / los últimos van atrás / los primeros van alante / y los de enmedio en metá, y aparecerían teorías sobre el «somarda» y glorificación de virtudes y condiciones. La corrección de conceptos o de coplas como la citada está en el estudio de manifestaciones auténticas, p. e., hablando de coplas la albada turolense Cuando María va a misa / al ladico de su madre / parece un pimpollo de oro / que lo bambolea el aire.

De tales circunstancias y partiendo de otras que pudieran añadirse han nacido no solamente el interés general y legítimo por estas cuestiones, sino propósitos bienintencionados de definición y utilización de la cultura popular para los más diversos propósitos. Y, por descontado, en el proceso de rebusca y conocimiento de ella la idea de que somos la última generación que puede aún recoger cuanto se refiere a la tradición oral, la supervivencia de actividades tradicionales y las noticias y documentos sobre ello. Así se explica el nacimiento en muchas localidades de museos Buscar voz... etnológicos, casi siempre colecciones de los más variados y dispersos objetos, pero también importantes y ejemplares, en ocasiones como el del Serrablo (Sabiñánigo Buscar voz..., H.), las secciones de los museos provinciales de Teruel y Zaragoza, o los meritorios intentos de salvar testimonios en muchos de nuestros pueblos (una síntesis en la obra sobre los museos aragoneses coord. por W. Rincón, 1995).

O simplemente se despierta el interés por la exposición de noticias generales con mezcla de historia, paisaje, literatura y arte como el reciente libro de R. J. Sender Buscar voz..., Aragón, con prólogo de F. Lázaro Carreter Buscar voz... (1995); A. Herrero, La imagen de un país. Juan Bautista Labaña y su mapa de Aragón (1610-1629), (1996), o el de J. R. Marcuello Calvín, El Ebro (1996), o apoyando sobre todo planteamientos pedagógicos (G. Fatás, Aragón para ti, 1987).

Este fenómeno, generalizado a toda España por los mismos motivos que en Aragón, ha provocado la aparición de una extensísima y desigual bibliografía, la preocupación de las instituciones provinciales y locales por tales temas y la edición de libros que vienen a significar una continuidad de la erudición local del s. XIX, con lo que tiene de bueno y de menos bueno, y la multiplicación de reuniones, coloquios y debates. Entre los últimos celebrados pueden citarse los Congresos Nacionales de Artes y Costumbres Populares, en Calatayud (Etnología y Tradiciones Populares, IV Congreso Nacional de Artes y Costumbres Populares, Calatayud, 1983, Z., 1987) o la larga serie de reuniones especializadas (a título de ejemplo partiendo de las ediciones de sus trabajos, I Reunión para el estudio de los problemas del Pirineo (Huesca, diciembre 1990), Actas, 1992; Actas de las Jornadas de Estudios Aragoneses. El dance en Aragón, Calamocha, 1988; J. J. Pujadas, D. Comas d´Argemir, eds, Estudios de antropología social en el Pirineo Aragonés (1994), Actas de las 17 Jornadas sobre cultura popular altoaragonesa (1987); Encuentros de Estudios Bilbilitanos, que ha celebrado la V reunión en abril de 1997, justamente cuando aparecían las actas de la IV).

Consiguientemente se propicia la aparición de revistas y publicaciones periódicas de muy diverso alcance que se proponen no solamente la investigación o divulgación, sino el archivo y la recogida de datos. Algunas son fundamentales desde un punto de vista científico como las propias de los Institutos de Antropología Buscar voz... de Teruel, Huesca y Zaragoza y otras corresponden al meritorio esfuerzo de asociaciones y grupos folcloristas; valga como ejemplo de las primeras, Temas de Antropología Aragonesa, del Instituto Aragonés de Antropología, convertida en un archivo de importantes trabajos o las de Gaiteros de Aragón Buscar voz... o Xinglar, de Zaragoza, o las no menos loables de municipios y entidades que editan periódicamente una larguísima serie de revistas locales que acopian datos y esfuerzos.

Una consecuencia positiva de este cambio de mentalidad ha sido el abandono, aunque no total, del folclorismo en el sentido peyorativo de la palabra, el del cultivo del chascarrillo y de la baturrada, relegado a áreas literarias de poco fuste o de intrascendente aire festivo, por más que siga predominando en las ideas sobre el tema de la mayoría de las gentes. Pero la depuración del tópico es evidente y se pone el mayor cuidado en diferenciar aragonesismo y baturrismo aunque sea con los riesgos de asumir ideas políticas o sociales sobre el tema que desvirtúan su objetividad (P. Lafuente, El Alto Aragón de tejas abajo. Dijendas, falordias y chanadas, H., 1989, y Al calor de la cadiera. Relatos del Alto Aragón, H.,1998; o bien S. Yanguas Hernández, Cuentos y relatos aragoneses, II, Z., 1993).

Dentro del fenómeno y la moda que comentamos puede incluirse la reedición, actualizada o no, de obras consagradas de difícil consulta, de muy vario interés, como la edición facsímil del conocido manual de L. de Hoyos Sáinz y N. de Hoyos Sancho, Manual de folklore. La vida popular tradicional en España, preliminar de Nieves Hoyos e introducción de Gómez Tabanera o la muy interesante de S. Monserrat y J. Pleyán de Porta, Aragón. Historia pintoresca y monumental, I. Huesca, de la editorial Val d´Onsera (H., 1994), especialmente preocupada por temas altoaragoneses; incluso aparecen otras como celebración de una efemérides o justificación de una actividad, como la obra de R. D. Nola, Libro de guisados, manjares y potajes intitulado libro de cozina, con la prestancia de un edición facsímil (pról. de A. Beltrán), por cuidado de la asociación de hoteleros de Z. (1996).

De gran importancia es la importante publicación en castellano de la obra clásica sobre el Pirineo, base de muchos estudios posteriores, de F. Krüger Buscar voz..., Altos Pirineos, con sus tres tomos: I, Comarcas, casa, tierra; II, Pastoril; III, Campo (1995). O la igualmente modélica de R. Wilmes Buscar voz..., El valle de Vió. Estudio etnográfico-lingüístico de un valle altoaragonés, introducción de J. L. Acín Fanlo (1996). En esta selección bibliográfica no puede faltar L. Briet Buscar voz..., Bellezas del Alto Aragón, 1988 (recientemente recuperado por J. L. Acín Fanlo Buscar voz... bajo el título Tras las huellas de L. Briet, 2000.

Es tema apasionante el de la formación de las actuales ideas sobre lo aragonés y el tópico y los postizos que se iniciaron con el romanticismo Buscar voz... y el despotismo ilustrado Buscar voz..., fruto de una corriente intelectual dieciochesca, pero arraigada precisamente cuando instituciones y objetos dejaban de tener vigencia y se reconstruían de forma postiza; es decir, la jota de cuando ya no se bailaba como actividad lúdica diaria, el traje que ha dejado de «llevarse», locuciones y timos que se resucitan artificialmente, y que se definen como baturrismo. En nuestros días asistimos a una corriente «repristinadora» muy acusada, pero sus orígenes inmediatos pueden rastrearse en la segunda decena del siglo cuando se reacciona contra el «baturrismo» y el «chascarrillo» como su expresión literaria. De ahí el singular interés de la obra del prof. E. Fernández Clemente Buscar voz..., Aragón durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), (IberCaja, t. 2, «La sociedad», Z., 1996), especialmente la quinta parte «El aragonesismo una supuesta vía neutral» (pp. 281-301) y «El redescubrimiento de Aragón» (pp. 307-331). Hace notar el autor la importancia del estudio de Julián Ribera sobre la jota, los esfuerzos del maestro Lapuente y el florecimiento de joteros como símbolo de una corriente que no acierta a desasirse de los tópicos, a pesar de obras como la del maestro Arnaudas Buscar voz..., o de bienintencionados esfuerzos de documentación gráfica de indumentaria como el de Ortiz-Echagüe, o los intentos de síntesis eruditas de Ricardo del Arco Buscar voz.... Y atinadamente Fernández Clemente cargó el acento sobre la valoración del paisaje y del excursionismo, con el montañismo y el turismo como protagonistas (caminos hacia la historia y el arte) y el esfuerzo político para mostrar otro Aragón, lo que se llevó a cabo con éxito en el Pirineo y parcialmente en el Moncayo.

La tarea de recogida gráfica y sonora de la vida tradicional ha sido acometida con éxito y considerable esfuerzo y solvencia por E. Monesma Buscar voz..., en publicaciones que se citarán y en vídeos aparecidos en el mercado y en ediciones de diversas instituciones, reproducidos en las pantallas de televisión, como, por ejemplo, Oficios perdidos, que son un centón de la actividad laboral tradicional de todo Aragón.

Singular importancia científica reviste el estudio, patrocinado por la D.P.Z., sobre Archivo de Tradición Oral, cuyo vol. I ha recogido en una labor directa de campo la de las Cinco Villas, Valdonsella y Alta Z., con un vol. de textos y un C.D., estudiados por L. M. Bajén García y M. Gros Herrero (Z., 1994) o, con otro propósito, el temático navideño, Albada al Nacimiento. La Navidad en Aragón. Siete textos sobre la Navidad en Aragón. Grabación acompañada de estudios monográficos de diversos autores, por impulso de la Orquestina del Fabirol y edición de la C.A.I. (Z., 1996).

Los planteamientos generales sobre todos estos temas se han expuesto en diversas publicaciones, desde las meramente descriptivas (A. Beltrán, Aragón desde el cielo, Madrid, 1990) a las que, con mayor empeño, tratan de acotar conceptos y aclarar ideas (A. Beltrán, Aragón y los aragoneses, Z., 1995), esbozo de otros dos más extensos, Aragón y los aragoneses: Un ensayo histórico-etnográfico y La mujer en la etnografía aragonesa, Z., 1997). Con un especial carácter Torres Soilanit y García de Bustelo, El hombre de Aragón (1996).

Dentro de los planteamientos de la Antropología cultural o social, separados de la Antropología general que, según moda de la ciencia norteamericana funde todas las ciencias «del hombre» en una sola, incluyendo la Prehistoria o la Lingüística y rebasando el concepto alemán de Etnografía y desde luego las ideas vigentes a principios de siglo, han aparecido en Aragón estudios importantes, con profunda preocupación por las vertientes económicas o culturales (p. e., las numerosas publicaciones de J. L. Acín que se citarán en su momento) o las del tipo del debido a A. Ortiz Osés, La identidad cultural aragonesa (Centro de Estudios Bajoaragoneses, 1990) o a J. Bada, Prácticas simbólicas y vida cotidiana. La identidad aragonesa en cuestión (1995). Ha influido considerablemente en muchas investigaciones el modelo que ha significado la obra de C. Lisón Tolosana. Así pueden citarse entre otras publicaciones las de C. Lisón Arcal, Cultura e identidad en la provincia de Huesca (Una perspectiva desde la antropología social), prólogo de C. Lisón Tolosana (1986); G. Mairal, Antropología de una ciudad. Barbastro (Instituto Aragonés de Antropología, 1995); A. M. Rivas Rivas, Ritos, símbolos y valores en el análisis de la identidad de la provincia de Zaragoza (1986); J. M. Porro Gutiérrez, Aspectos antropológicos de la identidad en el área rural de Mora de Rubielos, los Salobrosos (1989), como edición del Seminario de Arqueología y Etnología Turolense, que hay que citar con alabanza. Frecuentemente se añaden las precisiones filológicas o lingüísticas como en los libros de R. M. Castañer Martín, Estudio del léxico de la casa en Aragón, Navarra y Rioja (1990) y Forma y estructura del léxico del riego en Aragón, Navarra y Rioja (1983); R. Morant i Marco, Lengua, vida y cultura en el valle de Benasque. Notas para un estudio etnolingüístico (1995). O, acentuando el carácter socio-económico, R. Otegui Pascual, Estrategias e identidad. Un estudio antropológico sobre la provincia de Teruel (1990).

En relación con las diversas entradas de la G.E.A. se limita esta voz a consignar las novedades bibliográficas sobre los temas apuntados y las modificaciones que pueden suponer a lo ya expuesto.

Un tema candente en relación con la pérdida y la redistribución de la población Buscar voz..., enlazando con el de las «pardinas» nacidas cíclicamente en Aragón según las circunstancias históricas, hay que aludir a los vídeos de E. Monesma y a estudios como el de J. L. Acín Fanlo y V. Pinilla Navarro, Pueblos abandonados ¿un mundo perdido?, o del primero de los autores Las otras lluvias. Pueblos deshabitados del Alto Aragón (1994). Pero también a intentos de definición como el que avanzamos en las obras generales de A. Beltrán sobre ¿qué es Aragón?, ¿quiénes somos los aragoneses?, concluyendo que «Aragón se ha constituido a lo largo de los tiempos en virtud de un proceso histórico, asentado sobre territorios geográficos que no determinan los acaecimientos, movido por estímulos políticos, resultado de planteamientos militares y culturales, creando modos especiales de entender las devociones, la propiedad, las relaciones familiares y sociales, plasmadas en fueros y en costumbres, de suerte que se ha creado una manera especial de ser diferente a la de pueblos vecinos, con bases culturales y físicas comunes, en el eterno equilibrio entre unidad y variedad. Los aragoneses son quienes, independientemente de razones étnicas, han sido protagonistas de esa historia y se han asentado sobre territorios que, administrativamente, forman Aragón. Las aculturaciones, la difusión y convergencia y todos los movimientos de contacto con los participantes de unidades superiores en lo político, lo administrativo y lo social, han informado semejanzas y diferencias y subrayado peculiaridades e incluso han determinado señas de identidad, naciendo todo del principio psicológico común de sentirnos aragoneses y configurar Aragón según nuestros propósitos».

Dentro de estas cuestiones generales importa mucho la cuestión de la lengua o lenguas que se hablan en Aragón, de los intentos de «normalización» de las que el uso ha estabilizado y de la fusión de algunas en un concepto común, tema que se ha resentido mucho de su tratamiento político o sentimental. En tal sentido importa subrayar un texto publicado por Sinués y Jiménez Catalán, según documento aislado que contiene un mandato de Pedro IV, fechado en Cariñena, en 1372, al castellán de Amposta, Juan Fernández de Heredia, en el que textualmente se decía que «ha entregat al seu procurador el llibre Suma de las Historias, traduit al aragonés, que fará també treslladar les cróniques dels Reys d´Aragó predecesors seus y que li enviará la copia, para que el facio continuar en la gran crónica d´Espanya y per ultimo que li envie el llibre que li va a deixar el Rei de França para ferlo així mateix traduir a l´aragonés», dando así un ejemplo del aragonés Buscar voz... que el rey hablaba y en el que escribía con el añadido de que el libro que nombra sin detallar título era el Libre de les dones de Eximenis, el obispo de Elna, que de su redacción original quería trasladar al aragonés hablado y escrito de su tiempo.

En este aspecto la recuperación de los versos de V. Méndez Coarasa Buscar voz..., heredero de la escritura en cheso que inició literariamente Domingo Miral Buscar voz... es sumamente útil como el atinado estudio filológico de introducción sobre el habla de Hecho de T. Buesa (Los míos recuerdos, Z., 1996), enriquecida la edición con dibujos de J. Alvar Buscar voz... que ya ha dado a conocer en anteriores ocasiones documentos gráficos importantes sobre etnografía aragonesa. Vale la pena reproducir unas líneas de Buesa que sintetizan su opinión sobre la dialectología pirenaica: «El cheso es una de las hablas pirenaicas —como el ansotano, jaqués, tensino o belsetán- producto de la atomización del dialecto medieval aragonés. A su vez, este aragonés antiguo, es uno de los descendientes directos del latín vulgar o hablado, con que legionarios y colonizadores romanizaron Hispania. Hermanos de ese aragonés son los dialectos medievales castellano, catalán y gallego-portugués, que por motivos socioculturales e históricos, alcanzaron la categoría de lenguas, hermanos suyos son también el dialecto leonés y los desaparecidos navarro, riojano y mozárabe. Como le ocurre a toda habla viva, el cheso está salpicado de vulgarismos, comunes muchos a todos el mundo hispánico». Añadiríamos que Pedro IV llamó «aragonés» al habla con que se dirigió por escrito a diversos personajes diciéndoles que le facilitasen textos para hacerlos traducir a tal idioma. De aquí la importancia de la obra de V. Méndez, que recogió la lengua que se hablaba en su valle.

Con lo dicho se explica fácilmente que la mayor cantidad de libros y artículos (que indudablemente no podemos citar en su totalidad) aparecidos en estos últimos años se refieren a temas etnográficos, generales o específicos, que anotamos a continuación. Unas veces son series como la Enciclopedia Temática de Aragón con una docena de volúmenes en la década de 1986 a 1996, aunque no todos los títulos correspondan al tema que tratamos; o visiones globales como J. L. Acín y R. Acín, Imágenes de cultura popular aragonesa (1992), autor el primero de numerosos trabajos de gran valor científico. Se ha presentado una síntesis general que actualiza los planteamientos de la Introducción al folklore aragonés, en A. Beltrán, Enciclopedia temática de Aragón, Folklore y Música, I (Z., 1986), que ha dedicado su labor, en buena parte, a temas aragoneses de etnografía. La pulida colección Boira, de iberCaja, ha publicado pequeñas monografías sobre temas etnográficos como de A. Serrano Dolader la Guía Mágica de la provincia de Teruel (1993) y de Huesca (1994), la síntesis Gigantes y Cabezudos en Aragón de L. A. González Marín e I. M. Martínez Ramírez (1990) o de M. Pascual Guillén, El toro en la cultura y fiestas populares de Teruel (1993).

En este apartado pueden incluirse los tres volúmenes editados por la D.G.A. escritos y con material gráfico abundante, de E. Monesma, Labores tradicionales en Aragón (2-3, 1992) complementados por los vídeos ya citados y por numerosas publicaciones sobre temas concretos.

Finalmente hemos de referirnos a la síntesis de A. Beltrán: Costumbres aragonesas, Tradiciones Aragonesas y Leyendas Aragonesas, de la editorial Everest (León 1990). Estos dos últimos, que muestran la ambigüedad de muchas referencias indiferentemente a la leyenda o a la tradición, confundiendo quizá el contenido con la transmisión, acometen un importante problema relacionado con la literatura popular, el de la «tradición oral» (A. Beltrán, «Digresiones sobre lo popular en la comarca de Calatayud: la tradición oral», IV Encuentro de Estudios Bilbilitanos, Zaragoza, 1997, pp. 71-83), la incorporación por el pueblo a sus conocimientos de cultismos conservados como propios, con especial incidencia en la formación y transmisión de cuentos, leyendas y tradiciones, explicación de hechos misteriosos o desconocidos, incardinación de viejos mitos (fuentes intermitentes, cuevas y montes, datos arqueológicos), difusión de refranes, aforismos, wellerismos, timos, deformaciones en la transmisión (la «via lata» romana convertida en «violada», el salto o la brecha de Roldán en el Pirineo o el salto del caballo de Santiago hasta la ermita de Santa María del Cid en la Iglesuela), complementación de sucesos prodigiosos (Campanas de Velilla Buscar voz..., Amantes de Teruel Buscar voz...), (C. Guardiola, La verdad sobre los Amantes de Teruel, Cartillas Turolenses, 1988), Corporales de Daroca Buscar voz..., San Jorge Buscar voz... en Alcoraz, etc., sin contar con las anécdotas o sucedidos, cuentos del viejo fondo indoeuropeo o transmisión oriental (General Nougués, Cuentos para gente menuda, Segunda serie, La Val d´Onsera, 1994), o la valoración como atributos del somarda aragonés de narraciones universales, por ejemplo el de los higos de Loarre que aparece en un cuentecillo granadino del siglo XV o el del herrero de San Felices que se funda en el «pedir lo imposible» como el árbol de su gusto para ser ahorcado del rústico Bertoldo. El «entróse como Pedro en Huesca» hablando de la conquista histórica puede convertirse en la locución «como Pedro por su casa» y cuanto puede añadirse respecto de sociocentrismo y nosocentrismo completan este importante capítulo al que se aportan novedades constantemente y que aparecen recopiladas en historias locales o en libros de conjunto (E. Satué Oliván, El Pirineo contado, 1995).

En Aragón no aparecieron en el siglo XIX, como en las demás «regiones» de España, las muestras de una «literatura de costumbres», las novelas que vinieron a definir estereotipos sustituidos aquí por cuentos y narraciones cortas con excepciones que han merecido reciente edición como Capuletos y Montescos, de L. López Allué Buscar voz..., o Sarica la borda, de Blas y Ubide Buscar voz... (La Val de Onsera, 1993).

En lo relativo a las leyendas pueden separarse las de contenido arqueológico (pinturas «levantinas» de la roca «dels moros» o «dels cuartos» de Calapatá Buscar voz..., las relativas al «tesoro oculto», a las «Vírgenes halladas», subterráneos, dólmenes como la Losa Mora de Rodellar fuentes normales o intermitentes, pozos como el de los Bañales, ritos de agua como los de Lumpiaque, «piedras de rayo» y sacralización de lugares, etc.). Aprovechando esta referencia hay que señalar que A. Beltrán ha rectificado lo publicado repetidamente a propósito del hallazgo de unas puntas de flecha de bronce de Bujaraloz y la relación de su poseedora con los «estados» que penetraba anualmente en la tierra para reaparecer después y la interpretación que hizo, erróneamente, de la medida griega del estadio, cuando se refiere a «estatura» de un hombre. Otras leyendas nacen de datos históricos o literarios, como las numerosas referencias a Carlomagno y Roldán («el salto Buscar voz...», la «brecha Buscar voz...», las menciones en los dances, etc.) o las fantasías sobre la fundación de ciudades nacidas casi siempre en mentes eruditas y repetidas por el pueblo. Interesan especialmente las raíces clásicas de muchas narraciones legendarias populares, como Hércules o Caco, en el Moncayo y Tarazona; Polifemo, en Graus; Hércules, o personajes míticos de las montañas, como el Neitin de Binéfar, en el Aneto o las numerosas leyendas Buscar voz... sobre el Pirineo o conexiones como el grabado petrificado de Paderna. O bien las relaciones con el diablo y con las brujas y aquelarres Buscar voz... como los de Trasmoz en el Moncayo (en realidad según cuenta Zurita coartada de monederos falsos) o del Turbón. O los hechos históricos degenerados, como la «Campana de Huesca Buscar voz...» y Ramiro II; la de Sancho Abarca y los orígenes del reino (con afirmaciones críticas correctas, como las de G. Fatás y G. Redondo, Blasón de Aragón. El escudo y la bandera, D.G.A., Zaragoza, 1995). Manrique el Trovador, en relación con Juan II y la Aljafería, o la fecundísima de las campanas de Velilla. Las leyendas podrán derivar de anécdotas como la del barbo de Utebo, o responder a realidades como la del salmón de Alagón Buscar voz....

Las tradiciones religiosas serán consecuencia de hechos históricos como la cristianización de territorios ganados por la Reconquista, aparición milagrosa de vírgenes, afianzamiento de la piedad y la devoción desde la potenciación medieval de monasterios y cenobios, las corrientes llegadas por el «camino francés Buscar voz...» o «de Santiago» (San Urbez, San Caprasio, Santa Quiteria), o, partiendo de las ideas primarias de la plegaria, la ofrenda y el sacrificio como medio de comunicación con la divinidad; la imposición de las grandes devociones nacionales en el siglo XVI o la radicalización de las prácticas, ampliación de iglesias, creación de ermitas y desarrollo de cultos, en el siglo XVII: los santos como patronos, con poder sanador, los votos y romerías, las rogativas, las ceremonias de acción de gracias, no se corresponderán con las «passiones» de los mártires; podrán dar fuerza al tráfico de reliquias y al desarrollo de relicarios y aparecerán al modo de los «indigitamenta» romanos «abogados» para cada uno de los males y oraciones especiales para cada caso. La peste con San Sebastián y San Roque como valedores, puede ser un ejemplo, pero no habrá mal o enfermedad que no tenga su protector y especiales oraciones hacia las diversas advocaciones de vírgenes, entre las que he tenido una enorme repercusión en la vida popular la de la Virgen del Pilar (D. Buesa y J. A. Duce: La Virgen en el Reino de Aragón. Imágenes y rostros medievales, Ibercaja, 1994, y el catálogo de la exposición El Pilar es la columna: historia de una devoción, por varios autores, Zaragoza 1994) tanto como la tradición de San Vicente Buscar voz... y San Valero Buscar voz..., en Zaragoza, o la de San Lorenzo Buscar voz... en Huesca y la de los innumerables Mártires Buscar voz... y las Santas Masas Buscar voz... de Zaragoza, o temas relacionados como las veneras o conchas de Santiago y la presencia en Aragón de los «varones apostólicos». Añadamos Santa Orosia Buscar voz... y los «espiritados» de Jaca, los Corporales de Daroca Buscar voz..., los milagros eucarísticos, etc. Dentro del mismo aspecto de devociones tradicionales, de varios autores, Guía para visitar los santuarios marianos de Aragón (1996).

Citemos algunas de las publicaciones sobre literatura popular en general, sean de antología de lo conocido como J. L. Acín, y J. L. Melero, Cuentos aragoneses o la agrupación de narraciones sobre un tema J. R. Marcuello, Mitos, leyendas y tradiciones del Ebro (Certeza, 1996), la reedición de viejas ediciones como la de J. Llampayas, Mosén Bruno Fierro (reedición de Val d´Onsera, 1992), y la Vida de Pedro Saputo, de B. Foz Buscar voz... (ediciones Oroel, 1989), personajes de los que ha escrito A. Beltrán, respecto del primero persona real que parece legendario y, de Saputo, sujeto legendario que se asimila a la verdadera historia; o con estricto criterio científico de C. González Sanz, Catálogo tipológico de cuentos folklóricos aragoneses, Instituto Aragonés de Antropología (Zaragoza, 1996). Temas concretos como el de la debatida Dolores Buscar voz... de Calatayud convertida en tópico, incluso como pulla, y las investigaciones de A. Sánchez Portero, La Dolores. Un misterio descifrado. Historia de una copla que se convirtió en leyenda (Calatayud, 1987), o la creación musicológica de un personaje misterioso e infantil que aparece en una de sus salas (E. Satué, R. L´Hotellerie, Pedrón, el diablo del Museo de Serrablo, Huesca, 1994), o la recopilación de anécdotas como ha hecho R. Andolz Canela, El humor altoaragonés (1988), y Más humor aragonés (ediciones Mira, Zaragoza, 1996).

Sin duda, la mayor suma de aportaciones dispersas incide sobre los «ciclos de la vida», desde el nacimiento a la pubertad, el noviazgo y la boda, la madurez, la vejez y la muerte. Alguna vez son considerados sistemáticamente como hace Andolz en su trilogía de ediciones Mira, El nacer en Aragón (Mitos y costumbres) (1991), Casamiento en Aragón (1993) y La muerte en Aragón (1995), pero también en J. L. Acín, Los trabajos y los días en Aragón (1992), o en J. Bellmunt, Fets i costums i llegendes, Alta Ribagorza (1990).

En estas y otras publicaciones se alude a los ciclos anuales Buscar voz... y a las fiestas Buscar voz..., especialmente las del solsticio de invierno, la Navidad, San Antón y los «santos barbudos», San Blas, la Candelera, Santa Águeda y los ritos correspondientes (A. Beltrán, San Antón en las fiestas bajoaragonesas; Colección Boira, 1995), o la específica fiesta de teatro popular en La Portellada: A. Beltrán, Las tentaciones de San Antonio Abad en La Portellada (Alcañiz, 1997). La «Santa Encamisada» de Estercuel, con el paso del fuego sobre hogueras, en sentido contrario al que la procesión recorre, organización por parejas de matrimonios, plagas populares, ceremonias como el baile de «Las Coronas», significa un ejemplo importante de recuperación de una fiesta popular, desde la recogida de aliagas para quemar hasta los ritos de «panbenditeras» en la misa o de los «hachas» de diestra velada que recuerdan ritos clásicos y hallstátticos, de «kernoi» y otras ceremonias. La representación de la pieza escénica de «las tentaciones» en La Portellada, en castellano, por más de cuarenta actores del pueblo, da especial relieve a los «diablos» del Matarraña. Como en otros sitios los Chamarlucos, botargas, Cipotegato, etc., suponen una perpetuación y reverdecimiento de las máscaras fustigadoras. Sobre tales fiestas, A. Gonzalvo, «Las fiestas de San Antón en el Matarraña», Teruel (20-I, 1998, p. 46), S. Palomar y M. Pons, La fiesta de San Antoni al Matarranya (Calaceite, 1993), y M. Martínez González y A. M. Carreras, «La sanantonada de Mirambel. Introducción a su estudio» (Teruel, 1980, 63, p. 55, y edición gráfica del Seminario de Etnología de T., s.a.).

La significación especial de las fiestas de primavera y fertilidad, con incidencia concreta en el Carnaval Buscar voz..., acusan la atención hacia la Semana Santa y sus ritos, las discusiones sobre la religiosidad o el carácter folclórico y turístico de procesiones y celebraciones con redobles de tambor y bombo Buscar voz..., especialmente difundidas en los últimos años con una «Ruta» específica, la popularización del «romper la hora» o de los tambores de Calanda a través de Viridiana de Buñuel Buscar voz... y la edición de numerosas publicaciones, algunas simples guías turísticas o informativos, pero otras que tratan de penetrar en el sentido antropológico o sociológico de procesiones y «oficios». Valgan como ejemplos la síntesis de L. Segura, La Semana Santa en el Bajo Aragón (Cartillas Turolenses, 1987), la edición de revistas como Tercerol, Cuadernos de Investigación, (que ha editado su n.° 2 en Zaragoza en 1997); la descripción de historia de las cofradías (M. Rabadán Pina, Cincuenta Años de Tambor en la Ciudad de Zaragoza. Cofradía de las Siete Palabras y de San Juan Evangelista, Zaragoza, 1997), y la base en la recopilación de A. García de Paso y W. Rincón, La Semana Santa en Zaragoza (Zaragoza, 1981), o la integración de los ritos exteriores (L. Segura Rodríguez, Percusión e identidad. Aproximación antropológica a nueve comunidades del Bajo Aragón turolense, 1987). En seminarios y en una comunicación al V Encuentro de Estudios Bilbilitanos hemos tratado de mostrar la versión popular de los escasos datos históricos que conocemos sobre la Pasión de Cristo y especialmente de las costumbres sacralizadoras y su repercusión en tradiciones aragonesas como el canto de «el reloj» o «el aladro», el «abajamiento» de numerosos pueblos, y la repristinización de procesiones desaparecidas o suprimidas como acatamiento a las modas y tiempos y reaparecidas dentro del proceso de apego a lo propio y revitalización de lo que se estima básico para las actuales señas de identidad, como es el caso de la procesión del Santo Entierro de Calatayud.

Sin duda, uno de los aspectos que ha merecido más atención de los estudiosos o divulgadores seguramente a consecuencia de la que le prestan los pueblos, ayuntamientos y asociaciones locales ha sido el de las devociones o religiosidad, sus manifestaciones exteriores, esencialmente festivas, con romerías, dances, procesiones y manifestaciones análogas. Pueden asociarse los trabajos sobre creencias y supersticiones. Es imposible citar la serie de trabajos, casi siempre de escaso empeño científico, en revistas locales o independientes.

Ha merecido especial atención la figura de San Jorge, declarada invención piadosa por la Iglesia desde 1961, pero patrón de Aragón y símbolo importante de lo aragonés, incluso con fiestas en Alcañiz que resucita la gentileza de los ramos de flores del bienquerer para entregar a las enamoradas y un espectacular «vencimiento del dragón Buscar voz...» según una tradición de la Corona de Aragón, donde era reverenciado el mártir desde el siglo XV, en la que el monstruo no es alanceado y muerto, sino domeñado y entregado a la princesa, como figuraba en la tradición medieval europea y lo pintó El Carpaccio. San Jorge es el patrón de Aragón (F. Marco, A. Canellas, San Jorge de Capadocia, Ediciones Oroel, Zaragoza, 1985). La cruz de San Jorge y las prodigiosas apariciones como la de la batalla de Alcoraz, que se señalaría como origen de los cuarteles del blasón aragonés y de la bandera, las cuatro cabezas de moro, la cruz y el árbol de Sobrarbe y Ribagorza, mantienen una tradición conservada también en Barcelona, Génova o en toda Inglaterra, con profundas repercusiones en Lituania y Portugal y acatamiento por parte de turcos y moros, y complacencia por parte de la iglesia ortodoxa griega.

Una muestra de la preocupación erudita por el tema aparece en la reunión sobre La religiosidad popular con las secciones Antropología e Historia (1989): II, Vida y muerte: la imaginación religiosa (1989); III, Hermandades, romerías y santuarios, 1989 (Coordinación C. Álvarez Santalo, M. J. Buxo y R. S. Rodríguez Becerra), con numerosas aportaciones que tratan de separar las ideas de religiosidad, devoción y rutina.

Añadamos algunas publicaciones locales, pero de propósito más general, como F. J. Martínez García, El culto a San Blas y la máscara de Ateca (Zaragoza 1994), con el tema de la cristianización de elementos paganos, o de VV.AA., Viva San Martín. Danzas de matanza, teatro Guirigai (Madrid, 1990), en donde se analizan cuestiones relativas a una tradición económica, la de la matacía del cerdo, para San Antón o San Martín, como fiesta de participación, resucitada en numerosos pueblos de forma simbólica, con «presentes» para los participantes y denostada por quienes ven en el rito solamente su faceta de muerte cruel del animal en fiesta pública. Sumemos A. Plaza Boya, El mundo religioso del Alto Ésera (Estudio etnológico-léxico de Castejón de Sos y comarca) (1985), valorando las palabras y denominaciones; J. P. Bourgues, Religiosidad popular en Torrecilla de Alcañiz (1989), y, sobre todo, los trabajos de gran rigor científico de E. Satué Oliván, Las romerías de Santa Orosia (1988) y Religiosidad popular y romerías en el Pirineo (1991).

La vida laboral y económica y los ritos sociales que la acompañan aparecen en las publicaciones sobre pastores, labradores o sujetos de otros oficios. Se trata de analizar las ideas que tienen los pastores sobre la sociedad en que viven y que a veces les rechaza y de las instituciones en crisis como la trashumancia, los releos, los oficios derivados del aprovechamiento de los rebaños o dulas, de la transmisión a través de los pastores que se desplazan de cantos, costumbres, guisos e ideas. Carácter general tiene la monografía de S. Pallaruelo, Pastores del Pirineo (1988), y un enfoque partiendo de un pastor determinado: A. Beltrán, La vida de los pastores de Ejea. Según datos de Félix Sumelzo (Zaragoza, 1989) y E. Satué Oliván, Cabalero, un viejo pastor del Pirineo (Zaragoza, 1996). El librito sobre Sumelzo es edición de la Institución «Fernando el Católico», que ha dedicado atención en sus publicaciones a temas etnográficos. Algunos trabajos coordinan los problemas de actualidad económica con las formas de vida laborales y la desaparición de las costumbres por el cambio de normas; E. Ruiz Budría, Hábitat disperso y explotación del territorio. Las masías de Mora de Rubielos (1990), que subraya el agotamiento de las unidades dispersas de «masoveros» y su etnocentrismo.

Otros oficios que durante mucho tiempo se englobaron bajo el término «artesanías», pero que ahora son considerados con sentido más humanístico, aparecen en M. E. Sánchez Sanz, Cestería tradicional aragonesa y oficios afines (Zaragoza, 1994); L. Giménez Armet, Artesanos de hoy (Cuadernos Altoaragoneses de Trabajo, 16, Huesca, 1990), M. J. Gayán y L. Languiz, El cuero en el Alto Aragón (Colección Cosas Nuestras, Instituto Estudios Altoaragoneses, Huesca, 1987) y, con un carácter especial que comprende una actividad y el estudio de las vías de comunicación y el cambio en los transportes, S. Pallaruelo Campo, Las navatas (El transporte de troncos por los ríos del Alto Aragón) (1984), y Marcuello, Pallaruelo y Centellas, El Ebro Navegación y pesca (a propósito de una exposición en el monasterio de Rueda, edición de la D.G.A., 1992), valorando la atención dedicada al río Ebro no sólo como camino o aportación hidráulica sino como elemento originario de elementos costumbristas dentro de su acusada unidad y variedad.

La casa aparece en estudios recientes no solamente como parte de la arquitectura popular, sino además como habitación y hasta como base de una organización jurídica y familiar. Los distintos aspectos citados en A. Naval, Arquitectura doméstica del Somontano, en el Alto Aragón: Estudio histórico (1988); C. Rábanos, Arquitectura popular aragonesa (Enciclopedia Temática de Aragón, 13, 1996). La especial atención que «Amigos de Serrablo» ha dedicado a temas de la vida popular aparece en la monografía de J. Garcés Romero, J. Gavín Moya, E. Satué Oliván, Arquitectura popular de Serrablo (1988).

Otra manifestación etnográfica que se ha beneficiado de estudios recientes que han cambiado su consideración teórica ha sido la del que se llamó durante mucho tiempo «traje regional» o «típico», para ser considerado como indumentaria de diario o de fiesta, con sus complementos de calzado, peinado y adorno. Así se puso de manifiesto en la exposición: Ropas ampradas. Trajes populares en Aragón, celebrada en la D.G.A. y organizada por Carmen Aguarod y Fernando Maneros y servida por un catálogo con diversas colaboraciones (Z., 1993), quienes han completado su idea con una exhaustiva recogida de documentos en una zona localizada de la provincia de Teruel, con la posibilidad de que se cree un museo de textiles y vestidos en La Iglesuela del Cid, a través de un libro importante (F. Maneros y C. Aguarod, Mujeres con sayas. Hombres de Calzón, Indumentaria tradicional en el Maestrazgo y la sierra de Gúdar, Mira, 1996). Un planteamiento general de las cuestiones y descripción elemental de los vestidos aragoneses en A. Beltrán, Indumentaria aragonesa. Traje, vestido, calzado y adorno (en la Enciclopedia Temática de Aragón de ediciones Moncayo, Zaragoza, 1993) con antecedentes como el de M. Hernández, El traje (Museo de Teruel 1989).

Novedades importantes se han producido en los temas relativos al comer y beber en Aragón debido a la afición que se ha despertado por la cocina, la bromatología, la dieta mediterránea, el aceite, el pan y el vino, y la conversión de la comida en un rito festivo y excepcional, frente a las prisas cotidianas, la «comida basura» o la dependencia a horarios laborales que excluyen la reunión familiar para comer. Las ideas generales las expone A. Beltrán en Comer y beber en Aragón: La Academia Aragonesa de Gastronomía y sus propósitos (Ibercaja, Zaragoza, 1995), extractado en la Introducción al tomo 12 de la Enciclopedia Temática Aragonesa, con un amplio trabajo y recetario de J. M. Porquet Gombau (Ediciones Moncayo, Zaragoza, 1994), y extracto de ideas generales que figuraban extensamente en la Cocina Aragonesa de A. Beltrán (de la misma editorial y 1985). El mismo Porquet ha dado a conocer La cocina en los valles pirenaicos altoaragoneses (Colección Boira, Zaragoza, 1991). La editora Val d´Onsera ha presentado, aparte de una cuidada revista Cuadernos de Gastronomía, un gran número de obras sobre cocina y vinos de Aragón, ediciones de 1994 del Libro de guisados de Ruperto de Nola o la facsímil del Nuevo arte de cocina sacado de la escuela de la experiencia económica, sobre la edición de Barcelona de 1758 y aparecido en Huesca en 1992, o los Vinos de Aragón de M. Lorente y J. B. Barbacil (Zaragoza, 1994). R. Montal ha publicado Dulces y postres de Aragón (Zaragoza, 1994).

Otro tema que se ha convertido en símbolo de Aragón es el de la Jota Buscar voz... aunque, por fortuna, han desaparecido (no del todo) los «cancioneros» baturristas, para dejar paso a la belleza de las coplas de inspiración popular y no solamente jotas o estribillos, sino albadas, letrillas, mayos y las demás composiciones populares. Un libro importante, aunque escesivamente preocupado por negar su carácter de origen de la composición a la aragonesa es el de M. Manzano, La jota como género musical (Torrejón de Ardoz, 1995) en el que quizá se maneja de modo discutible el villancico «De esplendor se doran los aires» de Ruiz de Samaniego (1666), si bien las discusiones sobre este tema de prioridades no afectan para nada al valor de la jota como canto, baile, símbolo y expresión de «seña de identidad». Si el brío, la polivalencia y la simplicidad de la jota han producido en los siglos XIX y XX el olvido de muchas composiciones como las recogidas en los cancioneros musicales y subrayadas por A. Vergara Miravete, Instrumentos y tañedores. Música de tradición popular en Aragón (1994) es indudable que el baile Buscar voz..., canto de ronda Buscar voz... o las elaboradas «jotas de estilo» han pasado a ser uno de los elementos tópicos de lo aragonés.

Una singular manifestación del folclore musical, teatral, religioso y sociológico en Aragón es el dance Buscar voz... del que A. Beltrán afirma que es «la armónica integración del teatro popular con sus diálogos y las mudanzas de palos, espadas u otros artificios e invocaciones y loas a los Santos Patronos», corrigiendo sus planteamientos de 1982 en publicaciones posteriores de distinto carácter (A. Beltrán, Prólogo, al libro de D. Salanova, El dance de Pastriz. Desde los orígenes de un antiguo barrio de Zaragoza (Zaragoza, 1997); «El dance aragonés. Un ejemplo de teatro popular»; Els balls parlats a la Catalunya Nova (Teatre popular català), (Tarragona, 1992, p. 77), y, especialmente, «El dance aragonés. Planteamientos y problemas generales», Actas de las Jornadas de Etnología Aragonesa: El dance en Aragón (Calamocha, 1988, p. 11), puesto al día y aumentado en Los dances de Cinco Olivas, Salillas de Jalón y Pastriz y los bailes procesionales, aportaciones al estudio del dance aragonés (Institución «Fernando el Católico», Zaragoza, 1990). La resurrección de dances como el de Bujaraloz, según la publicación de A. Beltrán de 1980, o los de numerosos pueblos aunque no hayan sido publicados han provocado estudios como el de L. Pérez García-Oliver, Dances de Alcalá de la Selva (Teruel) (1988), o el de manifestaciones festivas interesantes como M. P. Benítez Marco, Contribución al estudio de La Morisma Buscar voz... de Aínsa (1988), acompañado de un vídeo. La acción de asociaciones como la Somerondón, vinculada a la Universidad, Xinglar, Gaiteros de Aragón, u Ortiz de Lanzagorta, han provocado una abundante discografía, la recuperación de cantos y bailes (la Jota de la Virgen de las Nieves de Bujaraloz, el Reinau de Estercuel, etc.) y la reconstrucción de muchas manifestaciones olvidadas.

Finalmente, dentro de los ciclos de la vida han aparecido publicaciones sobre juegos y actividades lúdicas como la de F. Maestro, Del tejo a la replaceta. Juegos y divertimientos del Aragón rural (Zaragoza, 1996) o M. C. Mairal Claver, Juegos tradicionales infantiles en el Alto Aragón (1987).

En síntesis, en los últimos años, no solamente hay que reseñar la aportación de muchas publicaciones y actividades, sino un cambio fundamental en el tratamiento del concepto de Aragón y los aragoneses a través de su vida popular, usos y costumbres, tradiciones y planteamientos, mostrando la complejidad e interdependencia de los temas.

 

Monográficos

La música tradicional aragonesa

La música tradicional aragonesa

En Aragón existe gran diversidad de cantos, bailes y dances además del género más famoso: la jota.

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