Estás en: Página de voz
  • Aumentar tamaño letra
  • Reducir tamaño letra
  • Imprimir página
  • Guardar voz
  • Añade a tu blog
  • Buscar noticias
  • Buscar en RedAragon

Esmaltes

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Arte) No puede reseñarse el tesoro artístico aragonés e, incluso, su hacer, sin citar los esmaltes, ya que, producidos unos por artistas de la región, importados otros, son buen número los que deben ser referenciados. La trayectoria de las distintas épocas de la historia de la esmaltería, y de las características y técnicas variadas, se puede seguir claramente a través de piezas conservadas en Aragón. Tanto de las versiones medievales como de la más reciente esmaltería pintada, hay magníficos ejemplares. Y, por añadidura, hoy la factura de esmaltes ha sido tarea con múltiples adictos entre profesionales de la platería, Escuela de Artes y artistas independientes.

La esmaltería lemosina está muy bien representada. La mayor parte de las obras se conserva en la provincia de Huesca, y en su propia capital podemos encontrar una Virgen sedente similar a otras conservadas en España cuyo sillón estaba formado por tres placas, una de las cuales, la del reverso, ha desaparecido; las placas de los costados representan, entre ambas la Anunciación, con las figuras en reservado sobre fondo de esmalte. Es obra bella y elegante, pero sin peculiaridades propias.

El conjunto de arquetas conservado en la catedral de Huesca es verdaderamente interesante, y son obras muy características de distintos aspectos de la esmaltería campeada. La mejor de estas tres arcas, rica de color y decoración, puede ser encajada en el tipo de obra y entre las piezas que Hildburgh piensa sean de procedencia española, por su primor y por no corresponder a la obra en serie que es la habitual de los talleres lemosinos, que difundieron esta técnica en obras de más desigual calidad. A ese aspecto de piezas más de serie y generalizadas pertenecerán las otras dos arquetas, interesantes, pero menos refinadas de ejecución.

En otros tesoros de la provincia de Huesca hay también arquetas con decoración de placas de esmalte aplicadas, así como báculos también de la técnica de Limoges, y entre ellos el bellísimo ahora desaparecido de Roda de Isábena.

Ejecutados en la técnica del esmalte pintado, de Limoges, hay también ejemplos esplendorosos. Un tríptico que se conserva en La Seo de Zaragoza lleva las iniciales P.R., en que se ha visto el monograma de Pierre Raymond; es obra de enérgico dibujo y brillante colorido, montado a modo de pequeño retablo de madera. Pero el más bello de los esmaltes de Limoges conservados en Aragón, y quizás en España, es el tríptico que, conservando su montura originaria, representa en el cuadro central la Crucifixión y en las hojas laterales a Cristo con la cruz a cuestas y la Piedad; las carnaciones son las características en este tipo de obras, pero realizadas aquí de un modo más suave, menos duro que en obras semejantes. Se cree, desde que lo estudió Bertaux, obra de Jean Penicaud, pero en ninguna otra de sus obras se encuentra un arte tan esplendoroso; las letras M.A.R.C., que aparecen en la pierna de una figura de verdugo en la escena de Cristo llevando la cruz, han dado lugar a varias hipótesis y en ellas vio Mélida la firma abreviada de Martín Limosín; sin embargo, de todo cuanto conocemos, la mayor relación estilística puede establecerse con un tríptico conservado en Florencia, obra que parece indubitada de Nardón Penicaud. Y no son sólo estas obras las que puedan citarse como ejemplos de lo lemosino, pues aparte de placas, portapaces, etc., hay que recordar la bella bandeja con vinajeras conservada por el cabildo, atribuida a Jean Laudin (pues lleva un monograma I.L.) pero que, de todas formas, se realizó ex profeso para la iglesia del Pilar de Zaragoza, al llevar la imagen de la Virgen y la inscripción xvoto.

El número de esmaltes procedentes de talleres españoles es importante y entre ellos buen número de custodias góticas, entre las que destaca la de Tronchón, que en su edículo central lleva preciosas placas trabajadas en esmalte translúcido, pieza fundamental para el estudio de este tipo de técnica en Aragón. Entre las cruces, que son varias, la más importante es la de Linares, que, como la custodia antes citada, procederá de Morella. Esmaltes llevan también las puertas del relicario de Daroca y varios cálices en distintas localidades, así como los bustos de La Seo, zaragozana, donde el de San Valero, procedente de Aviñón, es de exquisita labor. Y no hay duda de la cuantía de obras de tono menor, tanto de carácter religioso como profano.

La elaboración en Aragón de esmaltes debió de empezar en tiempos bien lejanos, y repercusión de ello puede notarse en algunas obras arcaicas o en testimonios antiguos. Pero bien es verdad que resulta difícil distinguir lo importado de lo hecho en el país, y más todavía si nos atenemos sólo al reino y no a la amplitud de la Corona de Aragón; ni se ha podido determinar lo que significa el término empleado, incluso, en otros países «esmaltes a la manera de Aragón». Hay otro problema, y es el que juzguemos esmaltes de ejecución aragonesa a algunos de ellos por el hecho de estar colocados en piezas de indudable procedencia aragonesa, como puede ser el caso el cáliz de don Lope Fernández de Luna, que lleva punzón de Zaragoza. Son varios los casos en que se repite este hecho, no sólo en cálices sino en cruces que también llevan punzones de Zaragoza.

El caso es diferente en lo que se refiere al esmalte pintado, pues sabemos que un pintor llamado Miguel de Reus pintó los esmaltes para una cruz de la iglesia de San Pablo de Zaragoza en el año 1561. Y no es éste el único caso de datos que han sido encontrados por investigadores como Ángel San Vicente y que pueden darnos pie para pensar en una escuela o talleres de esmalte pintado en Aragón. Son dos los focos principales de esta labor, uno de ellos emplazado en Zaragoza otro, más problemático, en Daroca.

Al taller de Zaragoza se deberían las placas de varios portapaces, entre los que destacan el conservado en la iglesia de Santa Cruz de Zaragoza y el de Belchite, que lleva la marca de Jerónimo de la Mata. Estos portapaces serán ya de la segunda mitad del siglo XVI. En cuanto a cruces, entre otras, hay que destacar la bellísima conservada en el Burgo de Ebro pieza capital en la platería zaragozana de esa época, de concepto y decoración bien aragonesa y adornada con bellísimos medallones esmaltados, entre los que hay representación de los evangelistas, la Piedad, el pelícano simbólico, etc.; no hay problema respecto a la cruz de plata, pero sí podría haberlo, o por lo menos discusión, con respecto a los esmaltes, en los que no vemos razón para pensarlos foráneos, aunque otros investigadores apuntan la posibilidad de un esmaltista extranjero, como lo hace el propio San Vicente.

El taller de Daroca ha sido asignado, diríamos que como hipótesis de trabajo a esa localidad basándose en la procedencia del primer conjunto estudiado de este tipo de esmaltes, que, evidentemente, corresponden a un arte más provincial, menos refinado, que el de las cortesanas placas lemosinas; un arte, en definitiva, más artesanal y popular, de gran expresividad en el diseño y de potente color. Se integran los conjuntos por series de placas formando retablitos dedicados a la narración de la Pasión de Cristo, apoyándose sin duda en modelos sacados de grabados que reproducen obras italianas; pero también, quizá, de esmaltes lemosinos. La fabricación de estas placas debió de ser muy abundante a fines de siglo XVI, y posiblemente durante parte del XVII.

• Esmalte contemporáneo: En tiempos modernos, algunos plateros zaragozanos han imitado la vieja esmaltería, como ocurrió por el zaragozano Balaguer. Recordando que desde principios del siglo XX los esmaltistas figuran en numerosas colectivas, entre 1930 y 1960 destaca Germán Gil Losilla, al cual le suceden las hermanas Ibáñez Colás. Conviene resaltar, por otra parte, que en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza se enseña el excavado profundo, relleno con transparentes como rasgo peculiar de la Escuela, sin olvidar el uso del tabicado y del lemosí. Dicha Escuela y algunos centros de enseñanza privados motivan la proliferación de esmaltistas. Además de los citados conviene nombrar a Pilar Arenas, Luis Pellejero, María Luisa Usón, María Emilia Navarro, María Pilar Usar, María Carmen Viñas, Victoria Garrido, Álvaro Sanz, María Ángeles Aranda, María Pilar Castellano, Julián Ribán y Belén Tapia.

Numerosas exposiciones, colectivas e individuales, y la tarea del Colectivo Esmaltearagón, en el marco de la Asociación de Artistas Plásticos Goya Aragón, son datos que avalan el auge del esmalte como medio artístico, capaz de mostrar muy cambiantes formas creativas. La tarea de María Pilar Castellano con sus alumnos ha sido determinante para inculcar unas evidentes premisas de libertad, en el sentido de una individualización de temas eludiendo cualquier condicionante del propio material. Al respecto basta citar la exposición El Viento, inauguarada en octubre de 1999, para comprobar que se combina el esmalte con otros materiales, de manera que tenemos esculturas y montajes, con lo cual se dilatan las posibilidades de una técnica que hasta hace muy poco se limitaba a una superficie plana.

• Bibliog.: Bertaux, E.: La exposición retrospectiva de Zaragoza; 1908. Arco, R. del: «Esmaltes aragoneses»; Arte Aragonés, Zaragoza, 1913. Torralba, Federico: Esmaltes aragoneses; Zaragoza, 1958. San Vicente, Ángel: La platería zaragozana en el Bajo Renacimiento: 1545-1559; Libros Pórtico, Zaragoza, 1976.

 

Imágenes de la voz

Arqueta de esmalte de épo...Arqueta de esmalte de época de los...

Tríptico de esmalte de Li...Tríptico de esmalte de Limoges pro...

Categorías relacionadas

Categorías y Subcategorías a las que pertenece la voz:

 

© DiCom Medios SL. C/ Hernán Cortés 37, 50005 Zaragoza
Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza, en inscripción 1ª, Tomo 2563,
Seccion 8, Hoja Z-27296, Folio 130. CIF: B-50849983

Información Legal

NTT