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Alcahadudi, (Juan de Lanuza)

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Maestro de casas moro de Zaragoza. Más frecuentemente es citado con su alias, como Alí el Morisco. En la conversión de 1526 adoptó el nombre de Juan de Lanuza, sin duda por el del entonces virrey de Aragón, con quien tuvo relación por su intervención en determinados asuntos derivados de la conversión de los mudéjares. Tuvo cierto peso en la Morería en los años próximos al decreto de bautismo forzoso de los moros de la Corona de Aragón, ocupando cargos y formando parte de las comisiones de la Aljama para diversos asuntos, que, tras la conversión, se dirigieron principalmente hacia la negociación para lograr el aminoramiento o el retraso de la aplicación de algunas de las medidas dictadas. Pero Alí Alcahadudi intervino en estas cuestiones por partida doble: también era comisionado por el virrey de Aragón, Juan de Lanuza, para resolver ciertos problemas de carácter económico producidos por la integración de los mudéjares en la sociedad cristiana. Por esta colaboración con el representante real en Aragón obtendría el alarife el título de nobleza con el que fue distinguido: el de caballero y, en correspondencia con él, el tratamiento de mosén y de magnífico. Éste sería también el origen del status social logrado por sus hijos, que fueron notarios, llegando a ser uno de ellos notario general (regente) de la escribanía del zalmedinado de Zaragoza.

Alí Alcahadudi o Juan de Lanuza estuvo casado con Inés Abdén, hija de Avdalla (Pedro) Abdón, maestro de casas. Tuvieron cuatro hijos: Juan, Jerónimo, María (casada con Juan de Galí, Maestro de las Obras Reales en Aragón) y Catalina. Alcahadudi vivió en unas casas situadas en la Morería, en la placeta de Méliz, y poseía también otras cuatro emplazadas en el mismo recinto, además de algunas modestas propiedades agrícolas. Su situación económica, ilustrada por las dotes y enseres que ofreció a sus hijas en sus respectivos matrimonios y por la cuantía que destinó para sus propias exequias en su testamento de 1538, fue relativamente desahogada, teniendo en cuenta la precariedad que caracterizaba en general la de sus correligionarios y aun de los profesionales cristianos de la construcción.

También fue un alarife destacado. Desarrolló una intensa actividad e intervino en obras de importancia. La mayor parte de ellas las realizó para la nobleza, cargos importantes de la administración y personas descollantes de la sociedad zaragozana. Gozó del prestigio y reconocimiento de su capacidad, lo que queda de manifiesto en su designación como maestro de ciudad (lo equivalente al arquitecto municipal actual) en una fecha bastante cercana al decreto de conversión.

Por otra parte, Alcahadudi ejemplifica el carácter interdisciplinar de algunos maestros en estos momentos, en el sentido de aunar las obras estrictamente arquitectónicas y la ejecución de elementos de carpintería; algunos de éstos realizados por Alí el Morisco fueron considerados modélicos en su época. Tales fueron las techumbres que obró en 1512 para la casa del notario Lope López, o las que se incluyeron entre los trabajos a realizar en otros edificios cuya construcción tuvo a su cargo, como algunas de la casa del protonotario del rey Miguel Velázquez Climent que estuvo emplazada en el Coso, y las de la casa de don Juan Pérez de Coloma, conservada en el edificio del actual Centro Mercantil, Industrial y Agrícola, que sustituyó a la espléndida vivienda del que fue secretario del rey. Su cualificación ambivalente queda también significada por el hecho de intervenir como supervisor de obras de carpintería encargadas a fusteros dedicados esencialmente a la labra de madera, como sucedió en 1525, en que tuvo ese cometido en la obra de unas techumbres de la casa de Alfonso Muñoz de Pamplona, encargadas a un fustero de gran talla: Bernal Giner.

De entre las obras que realizó son destacables: una de cierta importancia en la casa de doña Aldonza Cerdán, señora de Agón y Gañarul, que estaba situada en la plaza de San Felipe (1514); la que inició junto con Gil Morlanes en la iglesia de San Miguel de los Navarros, en 1517, aunque renunció a ella sin completar su trabajo un año después; las realizadas en la casa de Pedro de Val, señor de Las Pedrosas (1517), y en la del conde de Aranda, don Miguel Ximénez de Urrea, en Zaragoza (1521); o la ya citada intervención en la construcción de la vivienda de Miguel Velázquez Climent. De gran importancia fue la edificación de la casa de don Juan Pérez de Coloma, en la que Alí debió de tener la responsabilidad mayor, aunque sólo está comprobada su ocupación en la última etapa de la obra, desarrollada en los últimos años de la década de los veinte y los primeros de la siguiente del siglo xvi. En esas fechas Alí el Morisco debía de ser ya de avanzada edad, lo que no impidió que siguiera tomando a su cargo nuevas obras, como la de una torre de Domingo Aznar, hijo de doña Blanca de Pomar (1531); la de la casa del jurista Pedro Martilla (1534-35); la del mazonero Colau Gilbert, situada en el Coso (1534-36); una que utilizaba como vivienda el gobernador de Aragón; y una reforma de envergadura de la casa de don García de Funes y Villalpando, señor de Quinto (1538); además de otras que pueden serle atribuidas.

Al margen de estos importantes encargos, que convierten a este maestro morisco en uno de los de más interés de esta época, sobre todo en lo referido a la arquitectura civil, es destacable su intervención, junto con Juan de Galí, en la elaboración de los informes sobre el estado de los edificios propiedad del arzobispado de Zaragoza que se llevaron a cabo en 1532. Años antes, en 1520, también había sido requerido para participar en las visuras de la problemática obra del cimborrio de La Seo. Igualmente, fue nombrado supervisor de otras obras de particulares e intervino en cuestiones propias del oficio municipal de maestro de ciudad que ostentaba.

• Bibliog: Abizanda Broto, M.: Documentos para la Historia Artística y Literaria de Aragón; Zaragoza, 1915, 1917 y 1932. Gómez Urdáñez, C.: «Juan de Lanuza, caballero, alarife y morisco zaragozano»; III Simposio Internacional de Mudejarismo, Actas, Teruel, 1986. Id.: Arquitectura civil en Zaragoza en el siglo xvi; Zaragoza, 1987.

 

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