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Esclavos

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Hist. Ant.) Son escasísimas las noticias que se poseen sobre los esclavos en la Antigüedad referidas al actual territorio aragonés. Antes de la llegada de los romanos, esas noticias son nulas. Por algunos datos sueltos y de difícil valoración, se puede conjeturar que existió la esclavitud entre los pobladores prerromanos de Hispania y que, por lo tanto, es verosímil su existencia también en Aragón. No obstante, la palabra «esclavo», en castellano, resulta notoriamente insuficiente para designar la multiplicidad de estatutos de servidumbre personal que fueron característicos en el mundo antiguo. Sin contar con los casos prerromanos (que se producían en sociedades prácticamente iletradas, por lo que no nos ha llegado documento ninguno que nos ilustre al respecto), ya sólo en latín existen varios términos que aluden a situaciones que la sensibilidad contemporánea reputaría como de esclavitud, pero que eran bien distinguidas por los romanos; así, servus (que es el esclavo propiamente dicho), addictus, nexus, bona fide serviens y otras más.

En las formaciones económico-sociales no caracterizadas por un uso importante de la mano de obra esclava (como las sociedades indígenas anteriores a la romanización Buscar voz...), el tipo de esclavitud más frecuente era el que procedía del derecho de guerra: el prisionero enemigo era propiedad de su captor; en las comunidades más primitivas los esclavos no tenían encomendado un trabajo específicamente servil: realizaban en general los mismos trabajos que el propietario y su familia, si bien estaban privados de todo derecho. En cuanto al punto de trabajo específico para los esclavos, en líneas generales puede decirse que lo mismo sucedía en Roma: con excepción de las minas y algún otro capítulo especial, no existían trabajos particularmente reservados a los esclavos. El Derecho romano, más que ningún otro, estatuyó con firmeza la condición «cosificada» del esclavo, persona propiedad de otra, definida como res (es decir «cosa») o instrumentum («utensilio»), sobre el que el propietario poseía todos los derechos, sin excepción ninguna. La actitud hacia los esclavos varió mucho en los diversos períodos antiguos, según las modas de pensamiento predominantes. Así, los florecimientos del estoicismo y del cristianismo matizaron la cuestión, pero (contra lo que se piensa a menudo) la cristianización no abolió en absoluto la esclavitud, sino que la mantuvo, siendo abundantes los ejemplos de esclavos de las iglesias o los obispos. La esclavitud continuó, con diversas variantes, bajo el Islam y durante la Edad Media cristiana.

Los esclavos romanos (época en que fueron más abundantes) trabajaban para el Estado o las instituciones públicas (servi publici), y para particulares, siendo muy diferente la vida de los esclavos domésticos de la de los que trabajaban las grandes explotaciones agropecuarias, mucho peor tratados. A menudo ocupaban cargos que hoy serían funcionariales (cajeros, oficinistas, recaudadores) o gerenciales (los vilici o capataces agrícolas). Era muy frecuente su liberación (manumisión) por los dueños, en torno a los treinta años de edad del esclavo, sobre todo en la servidumbre doméstica. Estos ex esclavos (liberti) tomaban el nombre del amo, que seguía manteniendo numerosos derechos sobre ellos (y que debía protegerlos), seguido del suyo antiguo de esclavos, a modo de mote distintivo. Como quiera que el nombre de esclavo era, frecuentemente, griego, hemos podido detectar la presencia de esclavos o ex esclavos en el territorio aragonés actual a través de sus nombres. El único caso de esclavo conocido individualmente es el de Artemas, s.c.c. (al parecer, «siervo de la colonia Caesaraugusta» o de los «colonos de la colonia»), que puso su nombre en unos tubos de plomo, hoy perdidos, hallados en el puente de Piedra de Zaragoza (en el cauce del río); debió de ser una especie de jefe de los servicios municipales de conducciones de aguas.

Algunos ex esclavos tenían alta cualificación profesional, como un «pedagogo» o maestro particular que vivió en la Colonia Celsa Buscar voz... (Velilla de Ebro) y que dedicó una inscripción de cierto precio el día que su joven amo y pupilo alcanzó la mayoría de edad civil romana (los diecisiete años) y abandonó la toga praetexta o vestido infantil para vestir el traje de ciudadano romano adulto (toga virilis). No hay ninguna razón para pensar que la situación en el valle medio del Ebro fuera distinta a la de otros lugares de Hispania Citerior Buscar voz..., y aunque los datos sean escasos (pues las inscripciones eran caras y no serían muchos los siervos o libertos capaces de costearlas), hay testimonios suficientes como para asegurar lo usual de la esclavitud en la zona y en las mismas circunstancias que en el resto del Imperio (especialistas como Artemas, maestros como el pedagogo Hilarus, hombres y mujeres y capataces como el vilicus de una finca por el Jalón, citado por Marcial en sus Epigramas), llegando, acaso, en algunas ciudades importantes, a ser un cuarto o tercio del total de población.

Algunos libertos, desde tiempos de Augusto, alcanzaban una situación económica muy notable. Para vincular sus eficaces servicios a la dinastía, Augusto creó un colegio sacerdotal específico (el de los «augustales»), encargado del culto al emperador. Uno de estos libertos, natural de Turiaso (Tarazona) dejó un altar de precio, con esculturas de dioses, en Burdigala (Burdeos), recordando su origen turiasonense. Los especialistas franceses creen que se trata de un antepasado del famoso historiador bajoimperial Sulpicio Severo.

• Bibliog.: Fatás, G., y Martín, M.: Epigrafía romana de Zaragoza y su provincia; Zaragoza, 1977. Fatás, G.: «El ‘vilicus’ en Hispania», ; Zaragoza, 1977. Mangas, J.: Esclavos y libertos en la España romana; Salamanca, 1971.

 

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