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Epigrafía

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 26/09/2011

Conjunto de inscripciones sobre materiales duros —piedra, bronce, mármol, etc.— que es objeto de estudio de la Epigrafía, ciencia auxiliar de la Historia y especialmente de la Antigua. Dividimos aquí la epigrafía aragonesa en paleohispánica y latina.

Epigrafía paleohispánica: Las inscripciones paleohispánicas ofrecen al historiador la única vía directa de acceso hasta las sociedades indígenas peninsulares a través de sus propios textos. Aquí radica su importancia histórica: son testimonios de culturas sin voz de las que sólo conservamos restos materiales y la imagen que de ellos construyeron los escritores greco-romanos. Suministran además una valiosísima documentación lingüística como únicos vestigios textuales de un puñado de lenguas Buscar voz... extintas: unas sin parientes próximos vivos como el ibérico, cuyas relaciones con el euskera Buscar voz... cada vez resultan ser más remotas; y otras como el celtibérico con parientes antiguos igualmente mal conocidos —galo— o medievales y modernos muy alejados como es el céltico insular.

1. Lenguas célticas. Estas circunstancias hacen de ellas idiomas casi impenetrables, por lo que los intentos de comprensión y hasta de traducción de estos textos son por ahora altamente hipotéticos y rara vez obtienen una aceptación general. Piénsese que ni una sola palabra ibérica puede traducirse con seguridad y que son poquísimas las celtibéricas sobre las que hay acuerdo.

Un rasgo particular de la epigrafía paleohispánica es el empleo de un sistema de escritura exclusivo de Hispania. A diferencia de los pueblos helenos o itálicos que adoptaron con pequeñas modificaciones el alfabeto fenicio, los primeros y la versión de éste recreada por los griegos, los segundos, los tartesios, no más tarde del siglo VII a. de C., elaboraron un sistema de escritura propio, seguramente inspirado en el alfabeto fenicio, pero con modificaciones profundas que todavía dudamos si atribuir a una auténtica innovación local o a algún influjo exterior del que hasta ahora no se han hallado indicios claros. El resultado fue un sistema mixto con signos puramente alfabéticos y signos silábicos que, pese a sus limitaciones y a la competencia de los alfabetos fenicio y griego, arraigó profundamente en Hispania: los iberos Buscar voz... meridionales lo adoptaron de los tartesios hacia el siglo VI o V a. de C.; los iberos levantinos de los meridionales a partir del siglo V o IV a. de C. y, finalmente hacia fines del III a. de C., los celtíberos Buscar voz... lo tomaron de los iberos del litoral nordoriental. En el curso de estas sucesivas adaptaciones las transformaciones fueron menores: una de las más visibles fue la alteración de la dirección de escritura que en el sur era de derecha a izquierda —como los fenicios Buscar voz...—, pero que los iberos levantinos alteraron, pasando a escribir desde la izquierda —como los griegos Buscar voz....

2. Escritura ibérica nordoriental. El desciframiento de la escritura «ibérica» fue obra de Manuel Gómez Moreno, en los años 1940 culminando los esfuerzos de muchos investigadores anteriores. Subsisten, sin embargo, algunas dudas: el signo en forma de Y, en el que se presume un valor nasal, resulta todavía de valor impreciso; no queda clara la diferencia entre los dos tipos de erre y los dos tipos de ese; y persisten algunas incertidumbres acerca de si todos los signos silábicos servían para anotar indistintamente las sonoras y las sordas (ba/pa; da/ta; ga/ka) o no. Respecto de la ibérica, la escritura celtibérica muestra ciertas peculiaridades comunes y algunas variantes locales, sobre todo la oriental o «tipo Botorrita» y la occidental o «tipo Luzaga».

3. Escritura celtibérica. El empleo de un sistema de escritura poco flexible para lenguas para las que no había sido ideado, como el celtibérico, generó disfunciones: así, Contrebia Buscar voz... o Nertobriga Buscar voz... -que en celtibérico debía sonar Nertobrix o algo parecido- no podían anotarse correctamente con la escritura paleohispánica, incapaz de representar los sonidos /tr/, /br/ o /ks/. De ahí que estas ciudades acuñaran con leyendas como Kontebakom Buscar voz... o Konterbia y Nertobis Buscar voz.... Esta inadecuación de la escritura a la fonética celtibérica supone una dificultad añadida en el estudio de su lengua. Pero a la vez subraya el enorme arraigo y prestigio cultural de este sistema de escritura en Hispania como para que los celtíberos lo emplearan pese a conocer el alfabeto latino, mucho más adecuado para su fonética, desde el inicio de su actividad epigráfica.

Y la última observación introductoria: la epigrafía celtibérica en su totalidad y la mayor parte de la ibérica, incluida toda la conservada en territorio aragonés, no son anteriores a la conquista de Roma, sino, por el contrario, posteriores a ella e, incluso, con frecuencia fruto de la adaptación de los nuevos tipos epigráficos traídos por Roma: es el caso de leyendas monetales, inscripciones sobre mosaico, téseras de hospitalidad, textos sobre planchas de bronce y, posiblemente, también de los epitafios sobre piedra. En consecuencia la epigrafía indígena del interior peninsular no es prerromana -de ahí que últimamente se prefiere la denominación más neutra de paleohispánica-, sino provincial, contemporánea del dominio romano, estimulada por los hábitos epigráficos del conquistador y contemporánea de las primeras inscripciones latinas, y, en consecuencia, testimonios de sociedades en plena transformación como consecuencia del sometimiento militar, político y económico a Roma.

La epigrafía paleohispánica recobrada en el territorio aragonés ofrece el interés de su heterogeneidad, de su carácter fronterizo originado por la confluencia en su territorio de los ámbitos lingüísticos ibérico, céltico y vascónico. El vascónico, precursor del eusquera actual, no parece haber gozado de suficiente prestigio como para ser empleado por escrito razón por la que las pocas inscripciones indígenas halladas en el territorio vascón -que incluía las Cinco Villas- están escritas en ibérico o celtibérico. Sólo las inscripciones latinas conservan a través de la onomástica personal vestigios de esa lengua: así, por ejemplo, conocemos los nombres vascones de dos individuos en vías de romanización Buscar voz...: Serhuhoris en Valpalmas Buscar voz... o Dusanharis en Sofuentes Buscar voz..., ambos en epitafios latinos del siglo I d. de C.

Entre los últimos hallazgos, señalemos numerosas leyendas monetales, grafitos sobre cerámicas en muy diversos puntos y, sobre todo, en Azaila Buscar voz..., que con más de 500 es el mayor conjunto conocido en el mundo ibérico tras Enserune, en el sur de Francia, una concentración que todavía aguarda explicación. Hay también rótulos pintados sobre las cerámicas de El Castelillo Buscar voz... de Alloza y un puñado de epitafios sobre piedra en la franja oriental del territorio ibérico desde La Iglesuela del Cid Buscar voz... hasta La Vispesa Buscar voz... en Binéfar pasando por Cretas, Caspe o Fraga. En opinión de M. Beltrán Buscar voz..., los iberos tomaron de los romanos el uso de epitafios de piedra, incorporando en el caso de los ejemplares bajoaragoneses y oscenses una ornamentación de clara raigambre vernácula con predominio de motivos guerreros -lanzas, escudos, jinetes lanceros, cuerpos mutilados, aves carroñeras, etc.-, entre los que destacan las lanzas por la famosa referencia aristotélica a la costumbre de las gentes de Iberia de hacerse enterrar con tantas lanzas clavadas junto a su tumba como enemigos hubieran matado en combate (Política, 1324b, 19-21). Las personas enterradas bajo esos epitafios eran miembros de las élites dominantes, caballeros a los que es seductor considerar como auxiliares o colaboradores ocasionales de las tropas romanas, pues la fecha, difícil de establecer, pero con seguridad posterior a los inicios del s. II a. de C., corresponde a un período en el que la región estaba ya pacificada y Roma había trasladado el teatro de guerra hacia la Celtiberia.

4. Tipos epigráficos en Aragón (ss. III-I a. de C.). Los documentos escritos con alfabeto ibérico y en lengua preindoeuropea o indoeuropea son posteriores, en Aragón, al siglo III a.C., sean sobre piedra, bronce, pintados sobre cerámica o incluidos en monedas Buscar voz.... Los rótulos cerámicos son los más fáciles de fechar, así sobre campaniense B de San Antonio de Calaceite Buscar voz... o Mas de Madalenes Buscar voz..., hacia el siglo II a.C. Al norte del Ebro se pueden citar el grafito de Puyalmanar, la estela del Pilaret de Santa Quiteria Buscar voz..., de Fraga, y la del mausoleo de Binéfar Buscar voz..., con una mención al dios Neitin y representaciones de jinetes y manos.

En el Ebro medio hay cortos grafitos sobre cerámicas campanienses en Gallur Buscar voz... y Borja Buscar voz..., y otros en Valdespartera Buscar voz... (Z.) y Botorrita Buscar voz..., donde además de los famosos bronces hay que citar la tésera Frohner del Cabinet des Medailles de París, y un fragmento con la terminación ...tondi.

Cerca de Tarazona Buscar voz... la estela de Torrellas Buscar voz..., y de Bilbilis Buscar voz... la que tiene el nombre de Segaisa Buscar voz... ambas perdidas. Azaila dio un numeroso grupo de grafitos y algunos los poblados de La Bovina Buscar voz..., La Romana Buscar voz..., Azuara Buscar voz... y Velilla de Ebro Buscar voz.... También son numerosos los pintados sobre cerámica en el Castelillo de Alloza; otros en Albalate del Arzobispo, Lécera y Oliete, Tiro de Cañón Buscar voz... de Alcañiz y San Antonio de Calaceite. Notable es la estela del Mas de Madalenes, de Cretas, con el interesante rótulo calun seldar, que podría traducirse «enterramiento de cremación de Calun» y el de Iglesuela del Cid con ...iconycei yi-ildubeles ban. La cantera de Peñalba de Villastar Buscar voz..., con importantes incisiones en lengua indoeuropea, que hallamos también en Botorrita y en Torrellas, como en algunos rótulos monetarios como los de Caraues Buscar voz... con alusión a los gal(os) Buscar voz... o los de Turiasu Buscar voz... y Bursau Buscar voz.... En Monreal de Ariza Buscar voz..., una tésera en forma de toro procedente del cerro Villar, como un grafito sobre una fusaiola, son también una referencia celtibérica. Los nombres de Tirdanos aparecen en Azaila, Hinojosa de Jarque y Botorrita y Reducenos Augia en Albalate. Los nombres celtibéricos siguen apareciendo en los epígrafes latinos, como Aecua de Belchite y Caenonius de Celsa Buscar voz..., aparte de los topónimos que aparecen en las monedas.

Para aclarar definitivamente las cuestiones de situación y penetración de celtíberos en territorios ibéricos sería necesario precisar más la cronología y los límites entre las lenguas; así en la zona del Ebro, aguas arriba de Zaragoza, o en Villastar Buscar voz..., donde el contiguo poblado del Alto Chacón Buscar voz... es netamente ibérico.

Los epígrafes ibéricos más interesantes aparecidos en los últimos años proceden de La Caridad de Caminreal Buscar voz..., ciudad enclavada en la Celtiberia, fundada a fines del s. II a. de C. y destruida en los años 70 del s. I a. de C., que desde 1984 viene excavando el Museo de Teruel bajo la dirección de Jaime Vicente. Además de una treintena de grafitos sobre cerámica, claramente celtibéricos a juzgar por los más largos, cabe destacar un mortero de fabricación autóctona -procedente al parecer de un taller ribereño del Ebro- y, sobre todo, un letrero musivo. El mortero presenta el interés de haber sido estampillado en ibérico y en latín, con un rótulo -conocido ya en otro mortero hallado en La Corona Buscar voz... de Fuentes de Ebro- que dice Fl(accus ?) Atili / L(uci) s(ervus), es decir «Fl(aco ?), esclavo de Lucio Atilio», en referencia al artesano y el propietario del taller en el que se realizó el mortero; el ibérico, retrógrado, reza bilake aiunadin / en -abiner, con un claro nombre personal aiunadin-en y la seductora posibilidad de que bilake sea la transcripción ibérica del nombre romano Flaccus (si es que, en efecto a este nombre corresponde la abreviatura Fl.), pues al no existir la efe en el sistema de escritura paleohispánico habría de buscarse un sonido próximo, por fuerza, entre los signos silábicos. Más importancia encierra el otro epígrafe realizado con teselas blancas incrustadas en un pavimento de opus signinum correspondiente a la sala principal de una enorme casa de planta romana organizada en torno a un patio porticado que, como la ciudad, fue destruida hacia 75-72 a. de C., es decir durante las guerras sertorianas, ambiente bélico que se refleja en el gran conjunto de armas que ha podido recuperarse, incluidos una pequeña catapulta y varios pila, las características lanzas de los legionarios. El epígrafe que corre a lo largo de más de dos metros dice: likinete ekiar usekerteku.

La última palabra se refiere sin duda alguna a la ciudad de Osicerda Buscar voz... (que, se ha podido identificar en las proximidades de La Puebla de Híjar); likinete se identificó enseguida como un nombre de persona, aparentemente una transcripción del nombre romano Licinius o, mejor, Licinus; para ekiar se suponía un valor verbal del tipo «hacer». En resumen se entendía algo así como «Hecho para Licinio de Osicerda» o «Hecho por Licinio de Osicerda». Diversas circunstancias han venido a alterar esta interpretación. Por un lado, el hallazgo del tercer bronce de Botorrita Buscar voz..., ponía de relieve la existencia del nombre celtibérico Libinos y hacía más que verosímil entender likine como transcripción de ese antropónimo en lugar del rarísimo nombre romano Licinus. Pero, sobre todo, sorprendió el hallazgo de otro letrero musivo parecidísimo y en similar contexto doméstico en la ciudad de Andelos (Muruzábal de Andión, Navarra) con el texto: libine abulo´raune ekien bilbilia´rs. De nuevo otro nombre de ciudad, Bilbilis Buscar voz... (junto a Calatayud), el mismo likine (sin el sufijo -te), la supuesta forma verbal con ligera variante ekien, y el término abulo´raune, cuyo primer elemento es sin duda un antropónimo celtibérico (abulu o Ablo). Las hipótesis han proliferado: para J. Untermann se trataría de un Likino, propietario de varios talleres musivarios, uno de ellos en Osicerda y otro regido por un individuo de nombre Abulo o similar en Bilbilis, si bien, como J. Velaza ha subrayado, no resulta fácil de entender que el propietario de la casa no tuviera inconveniente en permitir que el artesano estampara su «firma» en la mejor estancia de su casa y con una longitud de casi tres metros... J. de Hoz, por su parte, se inclina por entender ekiar como un título y no como una forma verbal. Sirva este breve estado de la cuestión para ilustrar las dificultades que todavía ofrece la comprensión de las inscripciones ibéricas y, a la vez, la extraordinaria complejidad y dinamismo de los contactos culturales en esta región: un letrero en ibérico realizado con una técnica musiva perfectamente romana y en una casa de planta igualmente romana habitada en parte por gentes de lengua celtibérica que es la propia de la comarca, cuyo autor o propietario es un individuo de nombre celtibérico, pero relacionado con la ciudad ibérica de Osicerda y, al parecer, también con la vascónica de Andelos, interviniendo en este caso además un celtíbero llamado Abulo vinculado con la ciudad celtibérica de Bilbilis...

Entre otros hallazgos recientes, podemos mencionar un pequeño bronce procedente de la localidad de Torrijo del Campo Buscar voz..., junto a Caminreal Buscar voz..., presentada por J. Vicente y B. Ezquerra ante el VII coloquio de lenguas y culturas paleohispánicas, celebrado en Zaragoza en 1997, reunión en la que se dieron a conocer varios epígrafes celtibéricos, aunque el principal centro de interés fue el tercer bronce de Botorrita, sin duda el hallazgo más espectacular de los últimos años en el ámbito de la epigrafía céltica, siendo, sin duda, es Botorrita la ciudad que ha proporcionado hasta la fecha el mayor conjunto epigráfico de toda la Céltica antigua y la más importante concentración de bronces escritos fuera de Italia. (Botorrita, bronces Buscar voz...).

• Bibliog.:
Para un estado de la cuestión, De Hoz, J.: «Epigrafía y lingüística paleohispánicas»; en Veinte años de arqueología en España. Homenaje a D. Emeterio Cuadrado. Boletín de la Asociación española de amigos de la arqueología, 30-31, 1991, 181 ss.
Además la introducción de Velaza, J.: Epigrafía y lengua ibéricas; Madrid, 1996, y el estado de la cuestión de De Hoz, J.: «La epigrafía celtibérica»; en G. Fatás ed., Epigrafía hispánica de época romano-republicana, Zaragoza, 1986, 43 ss.
El gran corpus de inscripciones paleohispánicas es el redactado por Untermann, J.: Monumenta linguarum Hispanicarum, Wiesbaden, 1975-1990, que comprende volúmenes dedicados a las leyendas monetales (I), a las inscripciones ibéricas del sur de Francia (II) y a las de España (III), el consagrado a las celtibéricas (IV) y los correspondientes a las lusitanas y tartesias; esta obra se encuentra en curso de publicación.
Sobre el vascónico:
Gorrochategui, J.: «Los Pirineos entre Galia e Hispania: las lenguas»; Veleia, 12, 1995, 181 ss.
La estela de Valpalmas en Beltrán, F.: «Un nuevo antropónimo vascónico en la comarca de las Cinco Villas (Zaragoza)»; en Homenatge a Miquel Tarradell, Barcelona, 1993, 843 ss.
A propósito de las relaciones entre epigrafía latina y epigrafías indígenas véanse las aportaciones de De Hoz, J. (ibérica); Untermann. J. (celtibérica); Velaza, J. (Navarra) y Beltrán, F. (valle medio del Ebro) en Beltrán, F. ed., Roma y el nacimiento de la cultura epigráfica en occidente; Zaragoza, 1995, con especial atención a sus relaciones con la latina.
Sobre los epígrafes de Caminreal: Vicente, J.; Punter, M. P.; Escriche, C., y Herce, A. I.: «Las inscripciones de la ‘Casa de Likine’ (Caminreal, Teruel)»; en J. Untermann y F. Villar eds., Lengua y cultura en la Hispania prerromana. Actas del V coloquio sobre lenguas y culturas prerromanas de la Península Ibérica [CLCP], Colonia, 1989, Salamanca, 1989, 747 ss., y Beltrán, F.: «Romanización inicial en la Celtiberia: las inscripciones de Caminreal y Botorrita»; en S. Reboreda y P. López Barja, eds., A cidade e o mundo: romanización e cambio social; Xinzo de Limia, 1996, 125 ss.
Sobre Peñalba:
Marco, F.: «El dios céltico Lug y el santuario de Peñalba de Villastar»; en Estudios en homenaje al profesor D. Antonio Beltrán Martínez, Zaragoza, 1986, 731 ss.
Meid, W.: Celtiberian Inscriptions; Budapest, 1994, 31 ss.
La edición de Botorrita 3 en Beltrán, F.; De Hoz, J., y Untermann, J.: El tercer bronce de Botorrita (Contrebia Belaisca), Zaragoza, 1996, con revisión de los demás materiales epigráficos contrebienses; del bronce inédito hay noticias periodísticas: Heraldo de Aragón, 29 oct. 1994, p. 41.
Sobre Botorrita 1:
Meid, W.: Die Erste Botorrita Inschrift; Innsbruck, 1993.
Beltrán, F.: «Useisu aiankum tauro no era bintis. Una nota de lectura sobre la cara B de Botorrita 1»; en Villar, F. y D´encarnaçao, J. eds., La Hispania prerromana; Actas del VI C.L.C.P., Salamanca, 1996, 51 ss.; y las contribuciones, de Velaza, J. y Marco, F. al VII C.L.C.P.; parte de los trabajos de este coloquio se centraron en la epigrafía sobre bronce y las listas de nombres en el Mediterráneo antiguo.
Las nuevas propuestas de Villar, F.: en Estudios de celtibérico y de toponimia prerromana; Salamanca, 1995.

Epigrafía latina: No existen peculiaridades en los epígrafes romanos aragoneses publicados en los repertorios generales, especialmente en el Corpus Inscriptionum Latinarum y sus complementos, y monográficamente, por provincias, por Fatás y Martín Bueno (Zaragoza), Ventura Conejero (Teruel) y Galve y Magallón (ciudad de Huesca). Caesaraugusta Buscar voz... ha dado muy pocas inscripciones, tal vez porque la pobreza en piedra del valle provocó que fueran reutilizados los antiguos sillares en otros monumentos posteriores, como se comprobó al demoler el arco de Valencia o el viejo almudí. Pero a Osca Buscar voz..., que tiene canteras próximas, se le atribuían tradicionalmente tan sólo siete inscripciones romanas; e incluso entre éstas, los trabajos de J. González pusieron de manifiesto que las CIL núm. 3.003 (sup. 5.834), 3.004 (sup. 5.835) y 3.005 (sup. 5.836), recopiladas por Hübner como procedentes de esta ciudad, en realidad correspondían a la localidad granadina de Huéscar, donde fueron redescubiertas en la pared de una casa.

Por otra parte, conocemos pocas necrópolis Buscar voz..., si exceptuamos la del monte Cillas Buscar voz... de Coscojuela de Fantoba, la de Celsa Buscar voz... en Velilla de Ebro o grupos de lápidas procedentes de enterramientos cerca de casas de campo, como las de Val de Bañales Buscar voz... (Uncastillo), Sofuentes Buscar voz... en el Mesolio, Sos del Rey Católico, etc.

Tampoco son muy abundantes los miliarios, o mojones que marcaban la distancia en millas entre distintos puntos de las vías romanas Buscar voz.... No obstante, se han hallado en las vías de Ilerda a Osca y las de las Cinco Villas entre Gallur y Sádaba, o el del castillo de Soras, cerca de Ejea y los del camino que atravesaba los Monegros entre Candasnos, Bujaraloz y Velilla de Ebro.

El más antiguo epígrafe es el procedente de La Corona Buscar voz... de Fuentes de Ebro, trifinium que marcaba los confines entre tres pueblos o sus campos hacia mediados del siglo I a.C.: la colonia Lepida Buscar voz... (Velilla) y los campos lepidanos y salluitanos (de Salduie Buscar voz...) y los Ispallenses Buscar voz... son los que se delimitan, y cumple el papel de magistrado que da valor público a la operación M. Aemilio Lepido Buscar voz....

Del núcleo cesaraugustano es muy importante la tosca inscripción hallada en el arco de Valencia, en la parte izquierda de un sillar perteneciente a la vieja muralla del último cuarto del siglo I a.C., en donde, con letras poco hábiles, se escribió Porta romana qui faciunt (t)e lares recedant, invocando a la puerta romana (es decir, la que se abría hacia Roma) y el deseo de regresar a sus lares; se ha supuesto que el latín Buscar voz... de esta inscripción se relaciona con el de la Campania, en cuyo caso podría pensarse que se trajeron canteros especializados para la construcción de la muralla. En relación con el servicio de aguas de la ciudad están los tres tubos de plomo hallados a principios del siglo pasado en el Ebro, al pie del puente de Piedra, con un peso de 115 arrobas y con los nombres de un M. Iulius Antonianus, edil Buscar voz... de la colonia Buscar voz..., y un tal Artemas, coloni colonorum servus o esclavo Buscar voz... público, indudablemente el jefe y el técnico, respectivamente, del servicio de aprovisionamiento de aguas. Merece también la atención la inscripción incompleta hallada en el antiguo almudí que podría referirse a una advocación helénica de Hércules en la forma deo alcidae, aunque falta la parte escrita en minúsculas. Sólo con muchas dudas puede leerse Templum Fortunae Reducis la que lleva T.F.R., y muy importante es la dedicada por A. Annius Eucharistus al genio tutelar de los hórreos de la Colonia.

En el Pueyo de Belchite se halló un ladrillo pintado con el retrato del difunto, toscamente realizado y la inscripción Marcus Aecus, que como hemos dicho, se relaciona con antropónimos célticos de Velilla (Caenonius, Bucca) o de Gelsa (Aburio) o de Puebla de Castro (Tanne) o de Tarazona (Valeo, Val. Nico Tychen). Del Museo de Zaragoza es la inscripción sobre el tosco y extraño mosaico de Estada, que contiene una parte del canto II de la Eneida de Virgilio: «Dividimus muros et... oper singula quis... nescis quid... ser et ossis varas cum... tibi condemnata tamtum repones poes», sin que hasta ahora hayamos sabido aclarar el sentido de las representaciones del mosaico y las relaciones del texto con ellas. En el mosaico de Fraga, de la villa Fortunatus Buscar voz... está el nombre del propietario y un crismón; de Velilla hay una dedicatoria a un desconocido alumno realizada por el pedagogo Hilarus y otra a Cornelia Bucca ofrecida por su contubernal Memmius Cladus; en Puebla de Castro son los de Labitolosa Buscar voz... los que hacen la dedicatoria a M. Clodius Flaccus. Deben citarse también la inscripción en verso de Argavieso (H.) en dísticos elegíacos, y el miliario Buscar voz... de Ilche, en la misma provincia.

El mausoleo de Fabara tuvo una inscripción en letras de bronce sujetas con pernos al arquitrabe del templo, habiendo sido restituida como una dedicatoria de una Lucia Aemilia Peculiaris Lucretia a su hijo, de trece o veintitrés años Lucio Aemilio Lupo, con apellido importante en la comarca. En las Cinco Villas se han encontrado inscripciones en la zona de los Bañales, una con relieve representando a la difunta y una representación lunar; miliarios en Sora y en Sádaba, otras piedras de Ejea, Sofuentes y Sos, estas últimas la mayor parte del cabezo Ladrero y en buen número trasladadas al Museo de Pamplona, procedentes del castillo de Javier. Una dedicada a C. Atilius Aquilo pudo pertenecer al mausoleo de Sofuentes. En la ermita de la Virgen de los Bañales encontramos empotrado un fragmento con el nombre Plotia y otros ejemplares en el Basal. Muy interesantes son las de Coscojuela de Fantoba, incluyendo las laudas sepulcrales de mosaico, de tipo africano y publicadas en 1921 por Ricardo del Arco, como la dedicada al presbítero Macedonio por su cónyuge María, o a Rufo o Freia. Una referencia a Pompién, despoblado cerca de Huesca, hay en una lápida funeraria a Marcia Paterna, ponpe(niense).

En 1954 completamos la lectura de una interesante inscripción de la iglesia de San Pedro de Siresa (H.), que se utilizó luego para grabar un cuadrante solar y estuvo sirviendo como tal hasta hace no muchos años; se refiere a una reparación en la vía que pasaba por la foz de la Boca del Infierno Buscar voz..., a la que se llama, con otros desfiladeros, faucibus, tal como se conserva en aragonés, siendo ordenadas las obras por Magno Máximo entre los años 383 y 388; nuestra traducción completa la parte derecha de la inscripción, que leemos en la forma siguiente: «Por mandato de nuestro señor y príncipe, el emperador Magno Máximo, victoriosísimo y siempre Augusto, pontífice máximo, habiendo recibido la tribunicia potestad, cónsul, Antonio Maximino, varón perfectísimo, presidente (o legado) de la nueva provincia de Mauritania Tingitana, primer consular y excelentísimo presidente. Allané la vía famosa que va por los desfiladeros rocosos, devastada por las aguas invernales. Con el suelo de los campos sujetos, el río desviado y la inundación resuelta. Todo ello lo hice (o bien lo rehice o restituí)»; la vía entre Siresa y Oza, por la Boca del Infierno y la Cantalera y subiendo el Pirineo por el Puerto del Palo, es bien conocida.

Quedan inscripciones sobre bronce como el importante decreto de los magistrados de Contrebia Belaisca Buscar voz... (hallado en Botorrita por un expoliador clandestino), que ratifica la identificación de la ciudad de Contebacom Bel Buscar voz... situada por las monedas y complementa los nombres aparecidos en el bronce ibérico con los de los Salluitanos, Allavonenses y Sosinestanos. En Fuentes Claras (T.) una tésera de hospitalidad, contraseña para hacer efectivo un pacto de ayuda, lleva la inscripción punteada Quom Metellineis tessera sobre un bronce recortado en forma de delfín, y puede relacionarse con la ya citada ibérica de Monreal de Ariza. Una chapita de bronce de Bilbilis dice ...nnos.m.../Fiber. Excepcional es una placa de bronce con asa para ser colgada, encontrada en Gallur, en la que se lee Sextus Aninius ludus pago Gallorum et Segardinenssium fecit; es decir, que organizó unos juegos en los pagos o aldeas de los Galos y Segardinienses; no sabemos quiénes son estos últimos, pero aquéllos son pertenecientes a una tribu que ha dejado su nombre en Gallur Buscar voz..., en Forum Gallorum Buscar voz... y en el propio río Gállego Buscar voz...; los juegos fueron lo bastante importantes para ser conmemorados en esta placa, que se debió de colgar en un puesto preferente de una casa, seguramente en el atrio.

Además de las inscripciones citadas, podemos añadir, por provincias, las siguientes: en Huesca, la dedicada a la Victoria Augusta por los seviros L. Cornelius Phoebus y L. Sergius Quintillus; la tumba de P. Attelius Paulinus; de Barbastro, la de Mummius Valens; de Ballabriga, la de P. Aurelius Tempestivos; de Sopeira, la de Q. Caecilius Campanus; de Coscojuela de Fantoba, las de C. Turrania, P. Aemilius, Maria, L. Valerius Maternus, Aemilia Placida, L. Valerius Maternus boletanus, C. Turranius Albinus y la citada de Macedonio, presbítero, dedicada por su esposa María, la de Rufus, Freia, etc. De Candasnos, tres miliarios, marcando distancias en millas diferentes, de época de Augusto, y otro procedente de Ilche.

De la provincia de Teruel hay una dedicatoria a Hércules por Aquilus y Nigrinus, en Manzanera; un epitafio a L. Cornelius de Torremocha del Campo; de Albarracín, una dedicatoria a Diana, las piedras funerarias de Ofillia Fusca; de un mausoleo Buscar voz... de Calomarde. Las piedras de los Terentii; de Rubielos de Mora, el epitafio de C. Marius, y de la Puebla de Valverde el de Sergia Severa. Cuatro estelas de Puertomingalvo corresponden a las tumbas de L. Sempronius Propinquus, Sulpicia hija de Sexto, con domicilio en Edeba, y otras dos con signos, pero habiéndose perdido el epígrafe. Iglesuela del Cid, en la ermita de Nuestra Señora del Cid, conserva los epitafios de C. Caecilio, L. Domitius Crescens, M. D. Proculus, Proculo, C. Domitius Proculus y L. Aelius Asiaticus y Valeria Nysa como dedicantes. De Hinojosa de Jarque son los epitafios de Valeria Severa y el de Proculus Elguanus, donde aparece como dedicante un Proculus Tirtanus, nombre éste que se encuentra en los textos celtibéricos de Botorrita.

Además de las lápidas citadas en la provincia de Zaragoza, deben añadirse las siguientes: de Alhama de Aragón una dedicatoria al Deo Tutel(ae) y al Genio loci, semejante al del genio del Convento jurídico cesaraugustano Buscar voz... ya citado; anotamos también los epitafios de L. Mansuetius Vatinons (Ariza), de Aquilo y Aquilino (Artieda de Aragón), L. Antonius Sinon (Bardena), P. Clodius, un Leoind o Letondus (en relación con los de este nombre de Botorrita), L. Cornelius Philomusi libertus, Samius de Aquae bilbilitanorum, todos de Calatayud; L. Fabius y dos Porcias Severas, del mausoleo de Chiprana; L. Porcio (Pa)terno, de la Dehesa de Baños, de Chiprana; L. Postumius Flaccus (Ejea); L. Aemilius Lupus, del mausoleo de Fabara. La dedicatoria a Aburio Crescens, de Gelsa; Fabia de Layana, Sempronio Vero de Los Fayos. M. Plotius, Caresima Sempronia esposa de Fabius Alethius, de Sádaba, donde se hallan en el mausoleo de los Atilios Buscar voz..., las inscripciones de C. Atilio y L. Atilio y de Atilia Festa, dedicadas por ésta; Marco Caecilio Proculo, C. Atilio Aquilo Buco, Valerio, Proculo, Flava, Octavio Sergio y Altus, todas de Sofuentes; Calpurnius y Astinus, de Sos del Rey Católico; M. Marius Fidus, de Tarazona, como la de Terentia Vitalis y Val. Nycon, ésta en el Museo de Zaragoza; Antiocus y Homuna, Lucretia y Plotia, en Uncastillo; Cornelia Bucca y Clodius, de Velilla de Ebro, y Aurelius de Villarroya. En Zaragoza, además de las citadas, Latta, Stephanus Aristides, Valerius, Octavia, Martialis, Iulia Prisca, Q. Vettius y Aemilius.

Deben añadirse miliarios encontrados en Calatayud, Castiliscar, castillo de Sora, Lucena de Jalón, Sádaba, Sofuentes y Sos del Rey Católico. La obra de Fatás y Martín-Bueno recoge los epígrafes de zaragozanos en inscripciones encontradas en distintos lugares de España, de Caesaraugusta, Otobescen y Osicerda, y otras halladas en el extranjero como una bilbilitana en Arlés (Metellia Protidis), una turiasonense en Burdeos (Sulpicius), otra bilbilitana (L. Antonius Statutus) en el mismo lugar; un censitor del convento cesaraugustano en Constantina, L. Caesius Flaccus de la tribu Aniense, cesaraugustano, de Kostolac; otro de Luceria, L. Iunius Albanus; un soldado bilbilitano, T. Acilius, en lápida procedente de Florencia; un suessetano, L. Livius Ocella, en Roma; en la villa Albani de Roma, una dedicatoria a Esculapio por un cesaraugustano, Q. Rosonius Severus, con la honesta missio; en Stermizza, otro militar cesaraugustano, L. Icconius Surio.

• Bibliog.:
Alvar, J.: «Notas para la epigrafía latina del noreste de la provincia de Granada»; Hispania Antiqua, IX-X, Valladolid, 1980, pp. 231-247.
Beltrán, A.: diversos artículos en Heraldo de Aragón; Zaragoza, 1979-80.
Beltrán, A.: Guía del Museo Provincial de Bellas Artes de Zaragoza; Zaragoza, 1964.
Fatás, G. y Martín-Bueno, M.: Epigrafía romana de Zaragoza y su provincia; Zaragoza, 1977.
Fatás, G.: «Nota para la catalogación de la epigrafía romana de Teruel»; Teruel, 57-58, 1977.
Galiay, J.: La dominación romana en Aragón; Zaragoza, 1946.
Galve, M.ª P., y Magallón, A.: «La epigrafía romana de Caesaraugusta»; Miscelánea en homenaje a A. Beltrán; Zaragoza, 1976, p. 213.
González, J.: «Epigrafía de Tutugi (Galera, provincia de Granada)»; Mainake, II-III, Málaga, 1980-1981, pp. 130-148.
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Arco, R. del: Catálogo monumental de la provincia de Huesca; Madrid, 1944.
Ventura Conejero, A.: «Las inscripciones romanas e ibéricas de la provincia de Teruel»; Teruel, 54, 1975, p. 211.

 

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Aragón en la Época Romana

Aragón en la Época Romana

Aragón perteneció al Imperio Romano. Conoce como lo vivieron los aragoneses.

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