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Edad del Hierro

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 08/02/2010

(Preh. y Arqueol.). Resulta difícil separar los finales de la Edad del Bronce Buscar voz... del inicio de la introducción en la Península de la primera Edad del Hierro, ya que la siderurgia tardará mucho tiempo en establecerse sustituyendo a la metalurgia; de hecho el utillaje y armamento de hierro se generalizarán sólo a partir de la II Edad del Hierro ibérico.

La invasión de gentes de lengua indoeuropea y cultura hallstáttica Buscar voz..., procedentes del centro de Europa, a través del Pirineo, se denunciará alrededor del año 1000, por las asas de apéndice de botón procedentes, tal vez, del norte de Italia y por la cerámica Buscar voz... excisa, vinculada en el valle del Ebro al sudeste de Francia y valle medio del Rin. Asas de botón se encuentran en la Tabla de San Blas el Viejo, de Sena (H.), Parras de Castellote (T.), varios de Cabezo Monleón Buscar voz... de Caspe y de Masada de Ratón Buscar voz..., de Fraga; cerámica excisa en el Roquizal del Rullo Buscar voz... de Fabara, Cabezo Torrente Buscar voz... de Chiprana, cabezo de Monleón, en el Moncayo a más de mil metros de altura y en otros lugares; un hacha de tubo, del Bronce final, apareció en el Vilallonc Buscar voz... de Calaceite.

Cuando se generaliza la invasión se ponen de moda nuevos principios culturales, tales como el enterramiento en urnas, agrupadas en campos que darán nombre a su cultura, poblados de casas de planta rectangular alargada, fíbulas y broches de cinturón y cerámicas peculiares. En el valle del Ebro los enterramientos de incineración en urnas Buscar voz... seguirán situándose en túmulos (Azaila Buscar voz..., Cabezo de Monleón), y se desarrollará un tipo de vasija ritual, seguramente para ofrenda de primicias agrícolas y ritos relacionados, a semejanza de los kérnoi del mundo griego, en los que una serie de vasijillas o kotilískoi comunican con una central sobre la que confluyen los áridos o líquidos vertidos en ellas, sin que aquí aparezcan los de tipo anular para colocar sobre la cabeza de las oficiantes.

Restos del poblamiento indoeuropeo los hallamos en los numerosos topónimos e hidrónimos y en época tardía en bronces como los de Botorrita Buscar voz... o en antropónimos de diversas inscripciones y en topónimos de diversas épocas como los terminados en -dunum (Berdún, Navardún), en -acus (Sabiñánigo, Anzánigo) o tardíamente en -briga (Nertóbriga Buscar voz..., Centóbriga) o concretamente referentes a los galos Buscar voz..., como el río Gállego, Gallur, la mención gal de las monedas de Caraues Buscar voz..., etc.

En el valle del Ebro las culturas hallstátticas actúan entre el Bronce final y la iberización Buscar voz... y, en cierto modo, hasta la romanización Buscar voz.... Los elementos indígenas serán los propios de la Edad del Bronce, mantenidos con un criterio fuertemente conservador; tal vez un viejo sustrato protoindoeuropeo, común a todas las tierras situadas entre la Meseta central española y el Danubio, puede estar en la base de este confuso mundo que se delimita en el Aragón central desde la llegada de las culturas de Almería y el Argar, esporádicamente, hasta las aportaciones de las invasiones hallstátticas de los indoeuropeos. Por estas razones los hallazgos metálicos son tipológicamente de la Edad del Bronce, prolongándose la metalurgia hasta la llamada «época ibérica».

La llamada «cultura ibérica del Bajo Aragón» definida por Bosch Gimpera Buscar voz... en 1929, corresponde a un mundo hallstáttico iniciado entre los siglos VIII y VII. Las investigaciones están perfilando los límites cronológicos y espaciales y, sobre todo, aumentando el número de poblados y necrópolis conocidos; así el yacimiento de Gelsa Buscar voz...; el del Castillo Miranda Buscar voz... de Juslibol con niveles paralelos a los de Azaila y urnas de perfil en S y una tardía fecha por C14 de 490 ± 80, apareciendo el enlace con fragmentos de cerámica a torno que enlazan con el siglo IV, lo mismo que ocurre en Azaila; los Castellets de Mequinenza Buscar voz... con necrópolis muy antigua que podría llegar hasta el 900 o poco después, el Corral de Mola de Layana Buscar voz..., la fíbula de doble resorte de Mozota, etc. Otros yacimientos complementarios son los de los Castellazos Buscar voz... de Mediana, Cabezo Chinchón Buscar voz... de La Almunia de Doña Godina, Valdespartera Buscar voz... y numerosos descubrimientos del valle del Huerva Buscar voz....

Los elementos arqueológicos definitorios que deben ser considerados son las asas de apéndice de botón, ornamentales más que funcionales, que se han hallado en dos ejemplares de Sena, tres más con un botón y uno con dos del Cabezo de Monleón de Caspe, uno de Parras de Castellote Buscar voz... y un numeroso grupo de la masada de Ratón de Fraga; tales asas pueden relacionarse con las de Cataluña e Italia del norte.

Otro lo constituyen las cerámicas Buscar voz... excisas, decoradas mordiendo y extrayendo el barro antes de la cocción formando determinados temas geométricos en cuyos huecos se depositaban pastas que podían formar cuerpo con las vasijas tras la cocción; esta técnica, de origen hallstáttico, se vincula para Aragón con modos particulares nacidos en el sureste o suroeste de Francia, influyendo, tal vez, en grupos de cerámicas de la zona alta o media del valle del Ebro. Independientemente de las comarcas que pueden postularse, los hallazgos con cerámica excisa se extienden desde Pangua, en el antiguo condado de Treviño, a El Redal (Logroño), Cortes de Navarra y Cabezo Torrente Buscar voz... de Chiprana, Cabezo Monleón y Zaforas Buscar voz... de Caspe, el Roquizal del Rullo de Fabara y San Cristóbal de Mazaleón Buscar voz..., aparte de un yacimiento por encima de los mil metros en el Moncayo y otros del valle medio. En los valles de los confluentes del Ebro está el discutido vaso de Estiche, realmente con decoración presionada con espátula y en opinión de Bosch trabajado a torno, el fragmento de Calatayud, los vasos de las Tajadas de Bezas Buscar voz... en la Sierra de Albarracín, además de El Rajo Buscar voz... en Teruel y el Castelillo Buscar voz... de Alloza. No hay absoluta uniformidad cronológica y estilística en estas cerámicas, cuya fase más antigua puede estar en el Cabezo Monleón de Caspe y en su grupo, derivarse del valle del Rin y alcanzar, al menos, hasta el siglo VIII; también puede haber antecedentes indígenas que llegarían hasta el vaso campaniforme, sin descartar una evolución local con diferencias acusadas en las diversas comarcas.

Con estas cerámicas aparecen las llamadas acanaladas, con anchos surcos poco profundos, tal como se encuentran en estaciones del Bajo Rin; en Aragón podrían incluirse en este grupo el vaso de los ciervos del cabezo de Monleón y los morillos votivos de Roquizal del Rullo Buscar voz....

Los poblados del valle del Ebro y zonas contiguas han dado un grupo poco numeroso de cerámicas pintadas en Cortes de Navarra, Cabezo de Monleón y Palermo de Caspe, San Cristóbal de Mazaleón y la Almohaja de Bezas; aunque se han puesto en relación con las cerámicas de los años 750 a 600 del sur de Alemania, las diferencias son fundamentales; así la forma en V y color violeta del Cabezo de Monleón y los fragmentos con pintura amarilla de la cista número 11 de San Cristóbal de Mazaleón parecidos a los de la Almohaja; completamente fuera de este conjunto se sitúa la vasija teriomorfa (en forma de animal) de San Antonio de Calaceite, de aspecto ibérico.

Otro elemento interesante son los morillos, cuyo uso práctico es el apoyo de los asadores sobre las brasas o el fuego del hogar, aunque también han sido considerados como objetos rituales para ceremonias religiosas relacionadas con el culto de la luna. Es cierto que algunos de ellos, todos de barro, no tienen señales de haber sido utilizados; todos tienen un cuerpo de corte trapecial con crestería o perforaciones en la parte superior para pasar las varillas de metal; se han encontrado en el Roquizal del Rullo, uno en el cabezo de Monleón y un fragmento en Azaila, siendo extraña esta escasez frente a la abundancia que encontramos, por ejemplo, en Cortes de Navarra. Son semejantes a los del valle del Rin, donde se les pone en relación con un culto en el que figuran los cuernos de un animal en conexión con prácticas agrícolas. En Cortes se fechan entre el 725 y el 550 y se supone que dejan de utilizarse en los poblados del valle a partir del siglo VI.

En todo este horizonte del Hallstatt C aparecen pesas de telar semilunares, como las encontradas en el cabezo de Monleón, con dos orificios. Finalmente dentro de los materiales cerámicos hay que incluir los kérnoi, vasijas rituales a cuyo cuerpo confluyen en el cuello o en los hombros un número variable de kotilískoi, pequeñas vasijas perforadas en las que se depositaban líquidos o áridos en unas ceremonias religiosas que conocemos bien en el Mediterráneo oriental y en Europa central y que han tenido una larga difusión geográfica y cronológica; tres ejemplares se han encontrado en el cabezo de Monleón, del mismo tipo que las piezas del Hallstatt C del valle medio del Rin.

Los hallazgos metálicos son, sin excepción, de bronce; la siderurgia tardó mucho en ser conocida y habitualmente empleada en la Península, donde continuó utilizándose el bronce fundido hasta la época ibérica, para cuyo laboreo conocemos numerosos moldes de arenisca, de barro u otros materiales. Las excepciones son la fíbula de codo poco acusado de Roquizal del Rullo, de hacia el siglo VI, los brazaletes y hachas de tubo de El Vilallonc de Calaceite, el botón de Tossal Redó o la anilla del cabezo de Monleón.

La casa tiene una planta de origen hallstáttico, rectangular alargada, con cubierta plana inclinada hacia la fachada y el interior dividido en dos o excepcionalmente en tres espacios, y como elementos principales el hogar, más o menos central, un banco lateral por dos o tres de los lados de la habitación, con múltiples usos, y, normalmente, una despensa al fondo de la vivienda; en algunas casas hay pequeños departamentos y, a veces, hornos. Los muros son de piedra y de adobe, éste incluso en zonas ricas en piedra; los muros, como en el valle del Rin, ganan fortaleza con postecillos intestados.

El esquema de los poblados es primero de agrupación de las viviendas sin orden determinado y luego el llamado «de calle central», a la que se abrían las puertas mientras el fondo, en muchas ocasiones, sirve de muro de cierre del poblado, como vemos en el cabezo de Monleón.

En cuanto a las necrópolis, deben señalarse los túmulos de incineración, constituidos por cistas Buscar voz... de piedra de forma rectangular o cuadrada, bastante toscas y, en la mayor parte de los casos, de tamaño poco mayor que la urna que contenía las cenizas; en algunos casos está orientada al este y se cierra por una pared anular; sobre la cista había un relleno de piedra y luego un túmulo de tierra endurecida y piedras cubriéndolo todo; en Azaila se cubre la superficie por losas de piedra y en Caspe se sujeta por ortostatos que cierran un tambor cilíndrico. Estos túmulos suponen una perduración de culturas de la Edad del Bronce Buscar voz..., que incorporan el nuevo modo de enterramiento por incineración característico de los campos de urnas.

El problema del número de invasiones que llegaron a Aragón a través del Pirineo, el del lugar por donde pasaron y la fecha en que lo hicieron tiene diversas hipotéticas soluciones; Antonio Beltrán opina, a título de conclusión provisional, que las primeras penetraciones pudieron producirse hacia el siglo IX, tanto por los pasos extremos del Pirineo como por los centrales, aunque en éstos en menor medida y sin que quepa asignar con seguridad determinados elementos arqueológicos a cada una de las ramas de la invasión. La penetración, si se hizo de una sola vez, fue continuada y de muy larga duración, lo que vendría a ser equivalente a diversas oleadas. Los poblados más antiguos serían los del Ebro central y de los niveles inferiores de Cortes de Navarra, estando insertos en este grupo Sena Buscar voz..., El Redal y Vallfogona de Balaguer, inseparables de los poblados aragoneses, con elementos del Hallstatt A, perduraciones indígenas de la Edad del Bronce y una clara evolución local. Los elementos arqueológicos procedentes de la Meseta y de Levante son más tardíos que los originales del valle del Ebro, pudiéndose pensar que la difusión hacia el interior de España se hizo en el Hallstatt C y D con aportación de muchos elementos locales. Debe advertirse que la penetración hallstáttica fue muy fuerte y expansiva en cuanto a la cultura material, que tiñó la vida de comarcas muy extensas que, no obstante, en el fondo no fueron apenas indoeuropeizadas Buscar voz...; en cambio en el valle del Ebro la influencia fue más persistente y debió de enraizar con más potencia, pudiendo llegar a cambiar los factores étnicos y políticos.

No sabemos mucho de la organización en gentilidades Buscar voz... y tribus Buscar voz... de estos pueblos, cuyos nombres conocemos en muchos casos, como los Beribraces del Bajo Aragón, los Berones en La Rioja y los Pelendones en el Alto Duero, con elementos arqueológicos comunes al Ebro medio; los Sefes, un grupo belga, compuesto por los Arevacos, Titos Buscar voz... y Belos Buscar voz..., en el oeste de Aragón y los Turones en Teruel, arrinconándose los Lusones Buscar voz... entre Bilbilis Buscar voz... y Nertobriga Buscar voz... y situándose un grupo de Galos Buscar voz... al noroeste de Zaragoza.

Su actividad económica fue de pastores agricultores, dedicados con preferencia al ganado vacuno, además del de ovejas y cabras que predominaba entre los indígenas, al cultivo de trigo del que introdujeron especies nuevas, y la cebada de la que obtenían una especie de cerveza; legumbres y frutales, además de hallarse en los yacimientos bellotas, castañas y piñones. Conocieron la siderurgia, pero utilizaron casi exclusivamente la metalurgia a la «cera perdida» para fabricar hachas, puntas de flecha, escoplos, varillas, adornos, hebillas de cinturón, fíbulas y espadas. Tejieron la lana y el lino, tiñendo los paños de rojo, amarillo y seguramente otros colores.

• Bibliog.:
Beltrán, A.: «La indoeuropeización del valle del Ebro»; Primer Symposium de Prehistoria de la Península Ibérica, Pamplona, 1960, p. 108.
Id.: Aragón y los principios de su Historia; Zaragoza, 1974, p. 29.
Id.: De Arqueología Aragonesa, I; Zaragoza, 1978, p. 82.
Eiroa, Jorge: Las migraciones célticas en Aragón; Zaragoza, 1980.

 

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