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Economía Civil y Comercio, Cátedra de

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 23/10/2009

La primera cátedra de Economía que se crea en España es la Cátedra de Economía Civil y Comercio que surge en el seno de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País Buscar voz..., entidad que el 11-I-1782 había tomado la resolución de crearla, encargando al mes siguiente a quien sería su primer titular, Lorenzo Normante y Carcavilla Buscar voz... (por entonces abogado de los Reales Consejos y doctor en Jurisprudencia por la Universidad de Zaragoza), la redacción de un Método y doctrina que debía guardarse en la enseñanza de la Escuela de Economía Civil y Comercio. El día 24-X-1784, a las once de la mañana, se realizaba su apertura definitiva en las Aulas Reales Buscar voz... de la ciudad de Zaragoza.

Aunque la idea de crear esta cátedra no era original, ya que Campomanes la había aconsejado en 1774, en su Discurso sobre el fomento de la industria popular, es de destacar la buena disposición en que se encontraban los ilustrados Buscar voz... que regían la Económica a la hora de realizar reformas que introdujeran enseñanzas prácticas, tal como también ocurrió con las Escuelas de Química, Botánica, Física, Dibujo e Hilado, siendo el artífice más destacado en la creación de la Cátedra de Economía el canónigo Juan Antonio Hernández y Pérez de Larrea Buscar voz..., quien años más tarde llegaría a ser presidente de la Económica.

A través de las primeras enseñanzas impartidas en la Cátedra de Economía Civil y Comercio se introdujeron en España obras de economistas italianos, ingleses y franceses, aunque las traducciones debían contar con la revisión previa del conde de Floridablanca. Como señala Forniés, «en las clases, el método seguido consistía en escuchar las máximas y disquisiciones del profesor, para pasar acto seguido los alumnos, y en actos semanales, a desarrollar los temas explicados, de viva voz introduciendo los razonamientos que creyeran oportunos».

Un incidente muy significativo, y que es una buena muestra de las tensiones que suscitaba en la segunda mitad del XVIII cualquier tipo de innovación, fue el proceso que la Inquisición Buscar voz... realizó contra Lorenzo Normante, a raíz de una denuncia hecha por un predicador iluminado el capuchino Diego José de Cádiz Buscar voz... en los primeros días de diciembre de 1786. Normante había hecho imprimir una serie de proposiciones que sus discípulos más aventajados iban a defender, y entre las que se encontraba una con el título Espíritu del Señor Melón en su ensayo político sobre el Comercio, que recogía diversas tesis de este autor francés sobre la utilidad de desarrollar el lujo mediante los productos nacionales, la legitimidad del préstamo con interés y la conveniencia de alargar la edad para profesar en las órdenes religiosas Buscar voz..., con objeto de disminuir el celibato, institución a la que se hacía responsable del escaso crecimiento demográfico. Como consecuencia de esta publicación, Normante es acusado ante la Inquisición de sostener que la superstición y los abusos de la Iglesia debían desterrarse para hacer feliz a España y que la Iglesia tenía usos opuestos a la felicidad de los Estados, a la vez que estas enseñanzas «preparaban a España a adoptar las producciones de autores extranjeros, dando principio por los franceses».

Normante ha de pedir protección a Campomanes, y también la propia Sociedad Económica debió defenderse contra los ataques del predicador fray Diego José de Cádiz, que había alcanzado tal éxito en sus pláticas que, debiendo comenzar en el Pilar a las tres de la tarde, el templo se encontraba ya lleno a las doce del día, «con tal griterío que no se podían oír los cánticos ni se podía siquiera incensar». En el archivo municipal de Zaragoza se encuentra un expediente en el que se recoge la defensa de la Sociedad Económica ante estos ataques, a través de un documento cuyo significativo título es Declamaciones, invectivas y delaciones públicas, aunque insolentes e infundadas, hechas contra la Sociedad por el R. P. Fr. Diego de Cádiz «a presencia del Il. Sr. Arzobispo, S. S. Inquisidores y el resto del Clero en la iglesia del Real Seminario de San Carlos a puertas cerradas y durante los ejercicios espirituales».

En la sentencia que sigue al proceso, celebrado cuando ya la Inquisición había perdido una gran parte de su fuerza, se acepta que ninguna de las proposiciones atribuidas al Cuaderno de conjunciones que se había impreso por orden de Normante (que no debía admitirse la profesión religiosa sino a los mayores de 24 años, que el lujo era lícito, así como la usura, y que el celibato eclesiástico era perjudicial para el Estado) estaba recogida en esos términos, ponderándose también la ortodoxia de la Sociedad Económica Aragonesa.

Este episodio ha sido objeto de una tesis doctoral en la que su autor Guillermo García Pérez ha querido ver en la actuación del capuchino el brazo ejecutor de una conspiración contra la Sociedad Económica, escribiendo que «la oligarquía reaccionaria de la ciudad llevaba más de un año preparando el momento del asalto, y da lo mismo que avisase a Cádiz o que esperase su llegada, que había sido anunciada más de un año antes, para erigirle en paladín de la lucha contra la utilidad y las luces». Así, «Zaragoza es el escenario espontáneo o elegido donde estallan conflictos latentes originados a lo largo de un período de veinte años a partir de una situación económica, social y cultural, formada aún más lentamente».

La Cátedra de Economía Civil y Comercio disminuyó su actividad tras el proceso inquisitorial, pero consiguió recuperar su prestigio a los pocos años, continuando Lorenzo Normante como titular hasta que marchó a Madrid, en 1801, para ocupar el cargo de oficial de la Secretaría de Estado, siendo sustituido por José Benito de Cistué Buscar voz..., quien introdujo, ya con más decisión, el librecambismo la influencia del mercantilismo había sido hasta entonces una constante en las enseñanzas impartidas por Normante a través de textos que incorporan el pensamiento de Adam Smith.

El tercer titular de la Cátedra es José Benito de Rivera, a partir de 1806, quien adopta al año siguiente como libro de texto la obra de otro autor clásico: el Tratado de Economía Política, «o exposición simple del modo como se forman, distribuyen y consumen las riquezas», de Juan Bautista Say. Esta obra seguiría utilizándose cuando, tras 1815, se reanudan las actividades de la Sociedad Económica, que habían quedado interrumpidas desde la invasión francesa. Desde 1815 hasta 1821, el titular de la Cátedra será Agustín Alcaide Buscar voz..., y en este último año se logró superar la cifra de cien alumnos; sin embargo, la incorporación de la enseñanza de Economía Política en la Universidad Literaria en el año 1842 con Mariano Nougués Buscar voz... como catedrático- inicia el declive en la asistencia a las clases de la Cátedra de la Sociedad Económica, que es clausurada en 1846.

• Bibliog.:
Forniés Casals, José F.: «La Cátedra de Economía Civil y Comercio de Zaragoza en el período de la Ilustración (1784-1808)»; Información Comercial Española, n.° 512, Madrid, 1976.
García Pérez, Guillermo: «La economía y los reaccionarios (La Inquisición y los economistas al surgir la España Contemporánea)»; Madrid, 1974.
Sarrailh, Jean: «La España Ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII»; México, 1957.

 

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