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Ebro, Depresión del

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 27/07/2009

(Geomorfología). La noción de Depresión del Ebro no coincide con la de cuenca hidrográfica del Ebro Buscar voz..., puesto que ésta rebasa especialmente a la Depresión. Se trata de una unidad geomorfológica deprimida en relación a la Cordillera Ibérica Buscar voz... al Pirineo Buscar voz..., sus sierras enmarcantes, y a los que genéticamente se halla ligada dentro del cuadro de evolución de las grandes unidades alpinas del noreste de la Península. La Depresión del Ebro, cuyo sector central corresponde a la región aragonesa, se forma a mediados del Terciario como consecuencia de la orogenia alpina, que origina una depresión tectónica que va siendo colmatada, a lo largo del Terciario superior, por los derrubios procedentes de la erosión de las cadenas montañosas marginales.

El relleno de la Depresión se realiza en régimen lacustre, con las características propias de una cuenca endorreica Buscar voz...; en el centro se instalan los materiales de origen químico, como son los yesos de los alrededores de Zaragoza Buscar voz..., la sal de Remolinos Buscar voz... o las calizas que coronan las muelas Buscar voz...; mientras que hacia los bordes de la Depresión se sitúan los materiales detríticos, tales como los conglomerados que se adosan a los frentes montañosos del Pirineo o de la Ibérica, y las areniscas y margas que lateralmente conectan con las facies finas del centro de la Depresión.

Estos materiales terciarios se disponen en la horizontal, ya que ninguna tectónica importante ha trastocado su dispositivo original, y sobre ellos se han elaborado las formas de relieve actuales, como consecuencia de la actividad erosiva de la red hidrográfica cuaternaria, que ha excavado los sedimentos del terciario a la vez que ha dirigido procesos de transporte y acumulación. El relieve de la Depresión del Ebro es el típico de una cuenca sedimentaria, pudiendo resumirse en dos grandes grupos de formas: plataformas horizontales, y glacis y terrazas fluviales.

Las plataformas horizontales, que en la región reciben el nombre de muelas, no son sino extensos cerros testigos de la sedimentación terciaria, definidos geomorfológicamente como relieves estructurales de tipo tabular, y que se localizan en las áreas interfluviales del centro de la Depresión. Estas altas plataformas dominan entre 300 y 600 m. amplios valles de fondo plano abiertos a expensas de los materiales margosos o yesíferos poco resistentes; y es precisamente este carácter de relieves prominentes lo que da a este sector central de la Depresión del Ebro un cierto aspecto montañoso; tal ocurre con los montes de El Castellar Buscar voz... (742 m.) y la sierra de Alcubierre Buscar voz... (811 m.) al norte del Ebro, o con la muela de Borja Buscar voz... (700 m.), La Muela Buscar voz... (503 m.) y La Plana (550 m.) al sur del río. La plenitud de cumbres es uno de los rasgos más destacados de estos altos relieves, y ello es debido a su coincidencia con niveles horizontales de calizas que por su resistencia a la erosión son asimismo responsables de la pervivencia de las muelas.

Sin embargo, los escarpes circundantes de las plataformas se hallan fuertemente disecados por una densa red de vales, cuyas cabeceras hacen retroceder paulatinamente dichos escarpes y en consecuencia van reduciendo también la extensión de las muelas. En este sentido es la sierra de Alcubierre la más evolucionada, hasta el punto de haber quedado casi reducida a una larga arista noroeste-sureste cuya cumbre no supera un kilómetro de anchura.

Los glacis Buscar voz... y las terrazas fluviales caracterizan las áreas topográficamente deprimidas del conjunto de la Depresión del Ebro, localizándose bien en los amplios valles excavados entre las muelas, bien en los somontanos pirenaico o ibérico. En el primer caso existe una conexión espacial entre glacis y terrazas, de manera que entre las márgenes del valle y el fondo del mismo se pasa progresivamente de unos a otras. Los glacis se enraizan así al pie de los escarpes, identificándose con superficies topográficas planas que descienden en suave pendiente, de 1.° a 3.°, hacia el eje de los valles. Se caracteriza también por poseer una cubierta superficial de derrubios subangulosos procedentes de la erosión de las vertientes de las muelas.

Ocupando las partes bajas de los valles se hallan las terrazas fluviales, en relación con los principales ríos de la depresión (Ebro Buscar voz..., Arba Buscar voz..., Gállego Buscar voz..., Cinca Buscar voz..., Jalón Buscar voz..., Huerva Buscar voz..., Martín Buscar voz..., Guadalope Buscar voz...) y algunos de segundo orden. Carentes prácticamente de pendiente transversal, las terrazas son una forma de acumulación cuyos elementos detríticos están constituidos por cantos rodados, aluviones, de litología variada, criterio que permite su diferenciación de los glacis.

Glacis y terrazas no forman en la Depresión del Ebro un nivel único, sino que se escalonan en graderías descendentes hacia el río dispositivo que responde a un encajamiento cíclico, de origen climático, de los cursos de agua durante el cuaternario. Así pueden constatarse tres niveles generalizados de glacis, y de cuatro a seis de terrazas según los sectores. De estos niveles, los más antiguos, que son también los más elevados, presentan con frecuencia una fuerte disección, reduciéndose sus vestigios a cerros testigo coronados por una acumulación detrítica (los sasos).

La simetría de niveles de glacis y terrazas a partir de un eje fluvial no se da en todos los casos. La disimetría es, sobre todo, notoria en el caso del Ebro, en las proximidades de Zaragoza, en donde los niveles cuaternarios se desarrollan, fundamentalmente, en la margen derecha del río, y también en el Huerva, en cuyo tramo final es la orilla izquierda la que posee una mayor representación de niveles, esto posiblemente en relación con una migración de los ejes fluviales hacia el norte y este, respectivamente.

En los somontanos las formas más destacadas son los glacis, adosados al frente meridional de las sierras exteriores del Pirineo y al septentrional de la Cordillera Ibérica, correspondiendo a esta última localización los extensos glacis de Cariñena-Ricla. La importancia de glacis y terrazas en el conjunto de la Depresión del Ebro queda patente en el hecho de que en total cubren más de un 30 % de su superficie.

Como formas ligadas a un fenómeno típico de la Depresión del Ebro, cabe citar, por último, las cubetas endorreicas, dispersas por todo el sector aragonés de la Depresión, y que matizan los rasgos morfotopográficos de las unidades mayores en que se ubican, llanuras terciarias y glacis o terrazas fluviales.

• Bibliog.:
Mensua, S., e Ibáñez, M. J. : «Terrazas y glacis del centro de la Depresión del Ebro»; III Reunión Nal. G.T.C., Zaragoza, 1977.
Quirantes, J.: «Apuntes morfológicos sobre la parte central de la Depresión del Ebro»; Geographica, n.° 4, Madrid, 1971.
Solé Sasaris, L.: Geografía de España y Portugal; tomo I, Madrid, 1952.

• Utilización del suelo en la Depresión del Ebro:
Los mejores espacios de utilización agrícola del suelo de Aragón están situados en la Depresión central del Ebro, donde se localizan los más extensos y productivos regadíos y los secanos cerealistas y vitícolas, que constituyen la base de la economía agraria aragonesa. Estos espacios son, por otra parte, los de más antigua utilización y los más codiciados históricamente, remontándose a la época prerromana.

Sin embargo, está lejos de ser un espacio continuo de utilización, y se encuentra rudamente supeditado a la aridez Buscar voz... climática, cuyas consecuencias se extienden no sólo a la aleatoriedad de las cosechas de secano, sino también a la acentuación de obstáculos derivados de otros factores, primordialmente el lito-edafológico. Así, pues, el uso del suelo de la Depresión central del Ebro está rigurosamente condicionado por el medio físico, que impone limitaciones a los espacios cultivados y hace aparecer amplias áreas estériles.

Las tierras llanas del Ebro están afectadas, paradójicamente, de un fuerte relieve, resultado de una intensa disección fluvial en los blandos materiales terciarios. Ahora bien, este relieve se dispone de una forma simple y esquemática siguiendo el diseño de la red fluvial. En los interfluvios han quedado aisladas las muelas, que son altas mesetas de bordes escalonados, dominio de espacios forestales o esteparios de ocupación agraria discontinua. Estas muelas son más extensas al norte del Ebro que al sur, reflejando en cierta manera la disimetría de conjunto de la Depresión.

Al norte se sitúan los montes de Castejón Buscar voz..., en el interfluvio Arba-Gállego, y la sierra de Alcubierre Buscar voz... en el interfluvio Gállego-Isuela que sobrepasan los 650 m. de altura. En estas muelas encontramos las mejores reservas forestales de la Depresión, formadas por masas de pinos carrascos que cubren casi en su totalidad los Montes de Castejón y las laderas norte y oeste de Alcubierre. Al sur del Ebro se sitúan las muelas de Borja Buscar voz..., en el interfluvio Queiles-Huecha; la de Zaragoza, en el interfluvio Jalón-Huerva, y las planas de Zaragoza y Jaulín en el interfluvio Huerva-Aguas, con alturas que escasamente rebasan los 600 m. Son un obstáculo menor para la ocupación agraria del suelo, porque ofrecen altas llanuras de suelos frescos; pero sus márgenes son incultivables y están cubiertas de bosques residuales de pinos.

Fuera de estas áreas amesetadas, el relieve ofrece dos dispositivos aptos para la ocupación agraria continua: las depresiones somontanas y los anchos valles fluviales. Las primeras son formas deprimidas que se sitúan en los contactos de la Depresión del Ebro y las montañas marginales. No ofrecen ningún obstáculo topográfico a los cultivos y además están dotadas de buenos suelos, derivados de las arcillas y margas o de los mantos detríticos, y un clima menos seco. Al pie de las sierras exteriores pirenaicas los somontanos de Tarazona, Huesca-Barbastro y La Litera se extienden casi sin solución de continuidad en una extensa y ancha franja de tierras llanas, interpuestas entre las muelas y las sierras oscenses. Al pie de la Cordillera Ibérica los somontanos de Borja-Tarazona, Campo de Cariñena y Tierra de Belchite, forman alvéolos separados por pequeños pedúnculos montañosos.

Los valles fluviales dibujan un enrejado que tiene como eje el curso del Ebro, y constituyen los nexos entre los somontanos y las tierras bajas del Ebro. En todos ellos el dispositivo del relieve se resuelve en tres unidades, dispuestas más o menos simétricamente tomando como eje el cauce del río: las bajas terrazas fluviales y llanuras de inundación, terrenos excepcionales para el uso agrícola; los llamados sasos, que se identifican con las terrazas altas, generalmente disgregadas en elementos aislados; y por último, en los márgenes del valle los glacis Buscar voz... transformados en muchas ocasiones por la erosión de los barrancos en un relieve de colinas. En estos escenarios naturales el uso del suelo ha dado lugar a tres tipos de ocupación: los regadíos, los monocultivos cerealistas de secano y los policultivos tradicionales de la tríada mediterránea.

Los regadíos son con mucho el tipo de uso del suelo de mayor dinamicidad y rendimiento. El riego artificial libera del obstáculo impuesto por la aridez y favorece el aprovechamiento integral del amplio período vegetativo de que dispone la Depresión del Ebro, permitiendo la obtención de dos cosechas anuales y la diversificación de los cultivos. Los regadíos se sitúan en dos áreas distintas: las terrazas bajas y llanuras de inundación de los valles fluviales, y los somontanos pirenaicos. Esta doble localización responde, a su vez, a dos tipos de regadíos distintos, tanto por su antigüedad como por su estructura.

Los regadíos de los valles fluviales los podemos denominar tradicionales, iniciados por los árabes, ampliados en la Edad Media por el canal de Tauste, y en la época borbónica por el Canal Imperial. Ocupan franjas alargadas en las terrazas bajas de los ríos Ebro, Gállego, Jalón, Huerva y Cinca, así como en otros más pequeños, y sostienen un policultivo con base en el maíz y los frutales.

Los regadíos de los somontanos pirenaicos ocupan espacios más amplios y desligados de los cursos fluviales, extendiéndose por las llanuras de Cinco Villas, la Violada, Monegros septentrionales y La Litera, aprovechando las aguas del Gállego embalsadas en el pantano de la Sotonera y las aguas del Cinca y Ésera con los pantanos de El Grado y Barasona. Estos regadíos son fruto de una planificación que se inició en los años 30 de este siglo y está todavía sin acabar. Representa un tipo de regadío más pobre que los tradicionales, con problemas de adaptación del secano al nuevo sistema de cultivos regados, problemas también de salinización de suelos y de asentamiento de colonos en pueblos nuevos.

Los monocultivos cerealistas de secano representan un sistema de utilización del suelo bien adaptado a las exiguas condiciones del medio fuera de las áreas regadas. La alternativa trigo-cebada y, en menores proporciones, avena y centeno, depende de los apoyos de la administración central y de la calidad de las tierras. El cultivo cerealista está plenamente mecanizado y se sigue utilizando el barbecho en buena parte de la Depresión. El monocultivo cerealista ocupa espacios compactos sobre los glacis y colinas de los valles fluviales y en las bajas plataformas calcáreas de Los Monegros meridionales. El único obstáculo que pone una limitación drástica son los afloramientos de yesos en torno a Zaragoza, profusamente disecados por una densa red de vales estrechas, que son el dominio de la estepa de espartos y romeros, constituyendo verdaderos islotes desérticos en el mismo centro de la depresión. La ocupación del suelo se limita a los fondos planos de las vales, donde la acumulación de limos ofrece buenos suelos y concentra la escasa humedad.

El policultivo tradicional es la asociación de cereales-viñedo-olivares, a los que se ha añadido recientemente el almendro, que encuentran un medio favorable en los somontanos, especialmente sobre los suelos detríticos. El equilibrio de este policultivo se ha roto en beneficio de uno de los cultivos de la tríada. Y así, en el Campo de Cariñena y algunas áreas del somontano de Borja existe una especialización vitícola iniciada a comienzos de este siglo; La Litera no regada conserva su tradición olivarera, mientras que el somontano de Huesca y Barbastro se inclina hacia los cereales y el almendro. En la Tierra de Belchite se impone el monocultivo cerealista, reservando las mejores tierras y la poca disponibilidad de agua para los olivares.

La Depresión del Ebro cambia de fisonomía -y, en consecuencia, la utilización de su suelo- en el llamado Bajo Aragón, situado en el extremo suroriental de la Depresión. El río Ebro se encajona, junto con sus afluentes el Martín y el Guadalope, en plataformas calcáreo-areniscosas que se modelan en gradería. Con ello desaparecen los espacios propicios al regadío; el dominio forestal se acentúa sobre las plataformas y escarpes, y los espacios cultivados se disgregan en islotes y se dedican a un policultivo con tendencia olivarera.

• Bibliog.:
Casas Torres, J. M.: «El valle del Ebro»; Geografía de España y Portugal dirigida por M. de Terán, tomo IV, Barcelona, 1966.
Mensua, S.: Mapa de utilización del suelo de la provincia de Zaragoza; Instituto de Geografía Aplicada, C.S.I.C., 1971.

 

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