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Albarracín, Archivo musical de

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 07/07/2010

La diócesis de Albarracín Buscar voz... surgió en 1170 como sufragánea de Toledo, viendo ensanchar sus dominios a medida que crece la conquista de territorios ocupados hasta entonces por los moros. En 1576 sufre un primer desmembramiento en favor de la nueva diócesis de Segorbe, y dos años más tarde, un segundo desmembramiento hará surgir la diócesis de Teruel. Ve reducido su territorio a la serranía de los Montes Universales. Como diócesis con obispo propio ha permanecido hasta 1852, fecha del Concordato entre la Santa Sede y el Gobierno de Isabel II Buscar voz.... Desde esa fecha ha estado unida a la diócesis de Teruel.

La historia de los músicos de la catedral de Albarracín, sus maestros de capilla, organistas Buscar voz... y cantores Buscar voz..., se pueden seguir a partir de la Constitución de Oficios Canonicales, Dignidades y Beneficios, de 1593. Anterior a esta fecha los datos sobre personas y acontecimientos musicales son muy limitados, aunque sí nos dicen la existencia de una capilla musical Buscar voz.... Desde el primer libro de Actas Capitulares (1591) podemos afirmar que la Capilla de Música estaba bien dotada de cantores y músicos. Los libros de atril de polifonía, aunque parcos, atestiguan el esplendor de la liturgia solemne a finales del siglo XVI. A parte de varios cantorales pasionarios editados en 1504, se hallan otros de mediados del siglo XVI, y uno impreso en Zaragoza en 1612, apud Joannem a Lanaja et Quartanet Buscar voz.... Entre los cantorales de polifonía las Lamentaciones Buscar voz... a 6 v. de Pedro Ruimonte Buscar voz..., quizás el único ejemplar hoy existente, del cual aún no se ha realizado la transcripción moderna. También se halla la obra magna de Sebastián Aguilera de Heredia Buscar voz... el Canticum Deiparae Virginis. Este libro de atril y el de las Lamentaciones de Pedro Ruimonte, sirvieron en la última contienda civil de parapeto en las ventanas de la catedral, así lo dicen los orificios de proyectil de bala que los cruza, cuyo destrozo no es esencial o irreversible para la obra.

El Cabildo Buscar voz... se hizo a partir del siglo XVI de una treintena de libros de atril de cantollano que cubrían todas las necesidades del Ordinario y del Oficio del año litúrgico. Los cantorales más modernos, de los siglos XVIII y XIX, utilizan frecuentemente la media barra, sugerente del compás, el bemol en clave, y en los himnos, el compás de 3x4. El coro para el canto llano estaba regido por el Magister cantus, chantre, sochantre y número suficiente de salmistas.

Los Maestros de Capilla. Durante el siglo XVII, época de la polifonía policoral, el archivo conserva las primeras obras de los Maestros de Capilla como Mathías Antonio Díaz (1642), autor de un Pasionario Buscar voz... a 4 v., alguna obra policoral de Teodoro Ortells que rigió la Capilla desde 1669/1674, y el notable repertorio que aún se conserva de Clemente Barrachina y que acaba de publicarse en dos volúmenes. en el Instituto de Estudios Turolenses Buscar voz..., con estudio y transcripción. Clemente Barrachina Buscar voz... ha sido el maestro de capilla que más tiempo permaneció en el cargo, desde 1675 a 1728, y el maestro más interpretado y copiado por los maestros de capilla que le sucedieron. Otros Maestros sólo estuvieron de paso, algunos años para luego aspirar a un beneficio mejor dotado: Pedro Vétera, Miguel Gil, Martín Sanz; Francisco Navarro deja Teruel por Albarracín y luego marcha a Segovia, terminando como contralto en la catedral de Valencia y finalmente, a la muerte del célebre Juan Bautista Comes, fue elegido, tras disputada oposición como maestro de capilla de la catedral de Valencia (1644). Sebastián Alfonso Buscar voz... es otro de los maestros, de buena habilidad, que permanece poco en Albarracín, pasando a Huesca y después a La Seo de Zaragoza Buscar voz.... No todos estos maestros han dejado obras en Albarracín, lo que queda está en latín y son misas policorales, salmos, salves, magnificat, pasionarios, pocos motetes, y se han perdido los villancicos que anualmente escribía Clemente Barrachina. La polifonía de este siglo que se conserva en Albarracín, tanto de los maestros de capilla de esta ciudad, como la de otros maestros de fuera, es policoral, a dos coros, con acompañamiento de bajón, violón y órgano.

Durante el siglo XVIII la catedral goza de abundantes rentas lo que favorece un gran desarrollo de la música. Está garantizado el colegio de niños cantores, al menos seis caponcillos para el canto y otros tantos para el altar. Los caponcillos cantores se hallaban bajo la dirección del maestro de capilla. El órgano que a mediados del siglo XVII construye José de Sesma Buscar voz... es completado con una hermosa caja por Bartolomé Sánchez Buscar voz..., que es de Lerín (Navarra). En el primer tercio aparecen los violines, con el magisterio de Francisco Ximeno Buscar voz.... La primera obra que consigna los dos violines es el Villancico al Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo a 7: Pascual, de Ximeno, escrito en 1742. Luego vienen, con los obueses que sustituyen a las chirimías, las trompas, flautas y violeta. Hay dos órganos portátiles que los sacan en la procesión del Corpus, hasta se nombra el arpa. No hay año en que no haya alguna oposición sea de cantores, sea de músico-instrumentista. En este siglo también los maestros de capilla están atentos a las ofertas de mejores beneficios que ofertan las catedrales del reino o las capillas reales. Doce son los maestros de capilla que regentan la preparación y dirección de todo el servicio solemne de la catedral: segunda etapa de Clemente Barrachina, Joseph Amiguet que era de Tarrasa y de Albarracín marcha a Tortosa, sustituyéndole el morellés Joseph Gargallo, y luego, otro valenciano, Manuel Just, que ha de permanecer desde 1732 a 1742, marchando a la iglesia de los Santos Juanes y después al Colegio del Patriarca. Gana la oposición Francisco Ximeno (llamado Sánchez en las AC), el primero que utiliza los violines, que nos ha dejado en sus seis años de servicio en la catedral albarracinense un amplio y notable repertorio de villancicos, salmos, magnificat, misas... a 4 y más voces, de gran elegancia y calidad. Tras una breve y fructífera estancia del carcagentino y arpista Joseph Marco, a éste le sustituyó durante dos años el joven turolense, nativo de Hoz de la Vieja, José Moreno y Polo Buscar voz..., el tercero de una familia de excelentes maestros de capilla y organistas (Valero y Juan, afincados en la catedral de Tortosa), probable discípulo de Luis Serra en La Seo de Zaragoza. José entró en Albarracín aún sin ordenarse de sacerdote, y no como organista, que era su fuerte, como había dado sobradas muestras en San Pablo y en la iglesia del Portillo de Zaragoza, sino como maestro de capilla. Pronto se dió cuenta que Albarracín era una meta muy corta para él, por lo que se decide a levantar el vuelo y aterrizar nada menos que en la Capilla Real de Madrid como cuarto y luego tercer organista. Ha dejado media docena de villancicos con orquesta, de muy buena factura.

Siguieron otros maestros, con estancias breves, como Fernando Acuña, Joseph Soriano Ramón Lázaro, el italiano Juan Donnini, y el aragonés Juan Montón y Mallén, que últimamente ha subido muchos peldaños tras la grabación de su Misa para la consagración del altar mayor de la catedral de Segovia (1775), a 8 voces con orquesta, obra que no está por debajo de las misas solemnes de Haydn y Mozart. Ha dejado en Albarracín ocho obras a 6 voces, entre Salmos, Magnificat y una Misa de Difuntos.

La segunda mitad del siglo XVIII lo llenan cuatro maestros de recia formación y de notable inspiración, autores de un extenso repertorio: Vicente Martínez Buscar voz... (Maestro de Capilla desde 1764-1792), Francisco Pérez Gaya (1792-1794), que marcharía a Ávila; Vicente Palacios (1794-1797), discípulo de Francisco García Fager Buscar voz... en Zaragoza, que marcharía a Granada; y José Felipe Teixidor y Latorre Buscar voz... (desde 1798 a 1836), el último y más prolífico compositor de Albarracín. Esta época es la de más esplendor. La Capilla se halla completa con sus seis infantes, cantores y músicos suficientes, que interpretan obras a dos coros con violines, trompas, obueses, flautas, violón bajón, más órgano. El repertorio de estos maestros es muy abundante en todo lo que se refiere a música litúrgica en latín: misas, salmos, himnos, responsorios, Te Deum... y las célebres colecciones de villancicos para la Navidad y la fiesta del Corpus Christi. De Vicente Martínez se conservan más de 80 villancicos, más algunas misas y salmos. De Francisco Pérez Gaya se guardan 14 obras, la mayoría Responsorios de Navidad, pudiéndonos indicar este repertorio el hecho de ser Pérez Gaya discípulo de Francisco García en Zaragoza. Vicente Palacios Buscar voz..., que se estrena como maestro de capilla y compositor en Albarracín, ha dejado diecisiete obras, la mayoría policorales, entre responsorios para Navidad, salmos de Vísperas, cuatro Magnificat, varios recitados con sus anas para el Santísimo, y una Misa a 8 voces con oboe obligado.

A Palacios le sustituye Joseph Felip Teixidor y Latorre (1798-1836). Es el último gran maestro de capilla y su más fecundo compositor. Hoy guarda el archivo un amplio repertorio de 270 obras que se le consignan con todo el rigor. A parte de trabajo compositivo que trascendió a otros magisterios, tuvo el acierto de copiar obras del repertorio anterior de la capilla que estaban a punto de perderse por deterioradas, cuidando de consignar el autor original y la fecha de su composición, así lo hizo con obras de Francisco Ximeno y Clemente Barrachina. A él se debe la existencia de abundante repertorio de maestros leridanos como Domingo Teixidor, Antonino Sala, Juan Prenafeta y Antonio Sámbola. Asimismo los cuadernos de composición propios y de compañeros siendo escolán en la catedral de Vic, y la serie de cuadernillos con las letras-villancicos que hay que poner en música para los Maitines de Navidad, que proceden de Lérida y que se sirvió para la colección anual de villancicos. Compuso 82 villancicos para la Navidad, más seis responsorios, a 4, 5 o más voces con orquesta, más 67 villancicos y arias para el Santísimo Sacramento, el resto hace referencia a una colección de Lamentaciones a 3 voces, salmos, magnificat, salves, y una docena de misas. Posee un estilo muy cuidado tanto en la elección de los textos para los villancicos como en el estilo concertado en las obras litúrgicas, la mayoría escritas a 4 voces, alejándose de la práctica policoral. En su producción se percibe la influencia de la guerra de la independencia, al callar los violines y reducción del conjunto vocal e instrumental a lo mínimo. Tras la guerra se recupera el esplendor anterior.

A Teixidor le sucede Juan Mateo, que ejerció como organista, pasando a la muerte de Teixidor de maestro de capilla, para ostentar en un solo beneficio los magisterios de maestro de capilla y organista. Prolongó cuanto pudo, ya en época de la desamortización de los bienes eclesiásticos, la capilla musical, cada vez reducida en cantores. Se conservan ocho obras de este maestro, donde se nota los efectos de la decadencia catedralicia, reducida, sin obispo, a colegiata.

Los Organistas. La Constitución de 1593 dice acerca del oficio de organista: «Se establece que en dicha iglesia haya un beneficio perpetuo de provisión del Cabildo para el organista que ahora está vacante por renuncia de Diego Víctor, su último poseedor.... Le corresponde pulsar el órgano en todos los oficios y horas según la costumbre y disposición del Cabildo...».

Los nombres que conocemos son Francisco Sánchez, antecesor de Diego Víctor de Calatayud, siguiéndolo, en la última década del s. XVI, Gaspar Sánchez. Ya entrado el s. XVII aparecen los nombres de Tiburcio que era tiple y organista de Calatayud, le sucede un tal Ventura (1615). Las AC hablan de la perpetuación de las «distribuciones» al organista aunque no dice su nombre (1622). A partir de 1638 los organistas ya son más conocidos, teniéndose noticia de su toma de posesión. Francisco Saiz, de Cuenca (1638), Lucas Francés (1643), Antonio Cortés, discípulo de Pablo Bruna (1659), Carlos Moliner, otro discípulo de Bruna (1714), Agustín Mesa (1725), Joseph Gonzalo (1667), Juan Mateo, de Teruel (1826). A partir de la muerte del maestro de capilla Joseph F. Teixidor, este beneficio recaerá en adelante en el propio organista. Juan Mateo es el primero que acumula los dos beneficios. Le sigue Agustín Tomás Nieto, de Tudela (1864). Los últimos organistas han sido Vicente Alamán (1890), Antonio Canet (1891), Mateo Jordán (1908), Vicente Perpiñán (1909), Gabriel Martínez (1913) y Felipe Sanahuja (1919).

Otros maestros. El archivo guarda obras de diversos músicos al servicio de la capilla, y de maestros de capilla de fuera, que fueron utilizadas en el servicio litúrgico. Del s. XVI hay obras de Joannes Pujol y del flamenco Brodouer. Del s. XVII de los maestros Mateo Romero (Capitán) Matías Ruiz, Viñas, Francisco Navarro, Joseph Alcalá, Miguel Aguilar, Gracián Babán, Gerónimo Murciano, Joseph Lillo, Monserrate. Del s. XVIII hay abundante repertorio de maestros de Lérida, Domingo Teixidó, Antonino Sala, Juan Prenafeta, Antonio Sámbola; otros son Francisco Valls García Carrasquedo (de Santander), Luis Serra y García Fager (de Zaragoza), Vicente Rodríguez, Pascual Fuentes, Joseph Pons (de Valencia), Monlleó, Queralt, Mir y Llusá, Eusebio Moya, Ladrón de Guevara. El s. XIX recoge abundantes obras, ya impresas, de autores nacionales (Andreví, Eslava, Francisco y Domingo Olleta, Mariano García, José M. Úbeda, Román Gimeno... Autores del movimiento «cociliano» europeo también están presentes (Haller, Terrabugio, Perosi) así como un nutrido grupo de compositores instrumentistas con duetto, tercetto y cuartetos: Haydn, Cambini y Pleyel. Y autores del género melodramático con obras litúrgicas o simplemente arias de óperas: Pergolesi, Rossini, Mercadante, Louis Lodi, Luigi Ricci, V. Bellini.

El archivo guarda un violín de 1856, un bajón, un figle, un fagot y un violón, hoy expuestos en el museo catedralicio.

 

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