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Dignidades eclesiásticas

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Se entiende por dignidad eclesiástica el título beneficial que da a algunos miembros de los cabildos catedralicios derecho de preferencia sobre los demás. Su número y nomenclatura no se fundaron en el Derecho común eclesiástico, sino en los requisitos organizativos de la vida regular y de cada diócesis y en las costumbres de cada iglesia. La vida en común requería la creación de determinados cargos para el régimen, disciplina y administración del cabildo; y el gobierno de la diócesis recomendaba la presencia en las catedrales de los arcedianatos y arciprestazgos en que se compartimentaba el mapa eclesiástico.

Es obvio que la primera dignidad era la del obispo (lat. episcopus, ar. antiguo vispe) en cada cabildo y diócesis: Huesca-Jaca, Roda, Zaragoza, Albarracín y Tarazona, a las que añadieron en el siglo XVI la de Jaca, separada de Huesca, y las de Barbastro y Teruel, de nueva erección. En el plano nacional, desde 1318, la primera dignidad eclesiástica del reino fue la del arzobispo (lat. archiepiscopus, ar. ant. arcevispe) de Zaragoza.

El prior (lat. y ar. ant. prior) tenía el primer puesto después del obispo y presidía el cabildo regular; existió en las catedrales de Huesca y Jaca hasta principios del siglo XIV, en la Colegial de Borja hasta los ss. XVI-XIX, en la de Zaragoza hasta el siglo XVII y en la de Roda hasta el XVIII. El deán (lat. decanus) presidía los cabildos seculares de Tarazona y Albarracín; el nombre de prior fue sustituido por el de deán en las demás catedrales aragonesas a medida que fueron secularizándose, a excepción del de Roda, catedral convertida en simple colegiata dependiente de Lérida.

El prepósito (lat. praepositus, ar. ant. prebost, pabostre) se encargaba de la administración de los bienes de la mensa común: percepción de rentas y distribución de raciones canonicales en especie y dinero. El arcediano (lat. archidiaconus, ar. ant. arciagne) era teóricamente el primero de los diáconos, al que competía la presentación de los ordenandos al obispo y que tenía jurisdicción y derecho de visita sobre el clero de la demarcación eclesiástica llamada arcedianato; por esta razón solían ser varios los arcedianos de cada cabildo catedralicio: en Huesca, los de Sobrarbe, Serrablo, Las Valles y Santa Engracia de Zaragoza (antes llamado prior de Santas Masas); en Jaca, los de Laurés, Ansó y Guarga; en Zaragoza, los de Zaragoza, Daroca, Belchite y Teruel; en Tarazona, los de Tarazona y Calatayud; y en Roda, los de Benasque y Ribagorza; en Albarracín había sólo un arcediano. En Huesca y Jaca el arcediano de la Cámara (ar. ant. arciagne de la Cambra) tenía jurisdicción sobre un territorio común a las dos catedrales, el arcedianato de la Cámara, con cuyas rentas proveía las necesidades de vestuario de los canónigos de ambas. Esta misma función competía al camerario (lat. camerarius, ar. ant. cambrero) de Zaragoza, Roda y Tarazona.

El sacristán (lat. sacrista, ar. ant. sacrista, sagristán mayor) administraba los bienes de la sacristía y satisfacía los gastos de culto; algunas veces recibía el título de tesorero. El chantre (lat. y ar. ant. precentor, cantor) regía el canto coral y ordenaba los servicios de altar y coro. El limosnero (lat. helemosinarius, ar. ant. almosnero) en Huesca y Jaca gobernaba la Casa de la Limosna (lat. Domus helemosinaria, ar. ant. Casa de l´Almosna) y atendía a los pobres y enfermos. El enfermero (lat. infirmarius, ar. ant. infirmario) cuidaba de la enfermería canonical; dignidad que no existía en los cabildos seculares y que fue suprimida en los secularizados.

En las catedrales de Huesca y Jaca, el capellán mayor (lat. capellanus maior) era el canónigo en quien obispo y cabildo delegaban la cura de almas. En las catedrales de Jaca y Zaragoza, el obrero (lat. operarius) tenía a su cargo el mantenimiento de la fábrica y la construcción de dependencias catedralicias en las demás catedrales aragonesas su función era desempeñada por el fabriquero, cargo considerado como oficio y no como dignidad.

A partir del siglo XVI se introdujeron dos nuevas dignidades en los cabildos catedralicios: la de maestrescuela (lat. magister scholae) fue instituida en la catedral de Huesca por iniciativa del rey y aprobación de la Santa Sede en 1571, se unió a ella la cancillería de la Universidad y se la dotó con rentas del abadiado de Montearagón; y la de arcipreste (lat. archipresbyter), con jurisdicción sobre la Valdonsella, se encuentra en Jaca en la misma centuria, y en las de Zaragoza (en número de cuatro), Tarazona y Teruel. A raíz del concordato de 1851 se unificó la nomenclatura y número de dignidades eclesiásticas de los cabildos aragoneses y de toda España, habiendo quedado cinco en cada uno con este orden de precedencia: deán, arcipreste, arcediano, chantre y maestrescuela, más las de tesorero, arcipreste de la Seo y arcipreste del Pilar en el de Zaragoza.

Durante las edades Media y Moderna en Aragón eran considerados dignidades eclesiásticas los abades de monasterios exentos, como los de San Juan de la Peña, San Victorián, Rueda, Veruela, etc., así como el abad de Montearagón. Los monasterios exentos, que poseían un elevado número de iglesias colegiales y parroquiales, sobre las que ejercían jurisdicción cuasi episcopal, contaban también, a la manera de los cabildos catedralicios, con algunos miembros, llamados priores, con dignidad eclesiástica, cuyas rentas radicaban en villas, antiguos monasterios o iglesias y eran independientes de la administración de la mensa común y de la abacial. En San Juan de la Peña eran dignidades los monjes con los títulos de priores de San Torcuato, Martes, Acumuer, Ciella, San Ciprián de Huesca, Luesia, Salvatierra, Nabal y Estella (Navarra); en San Victorián de Sobrarbe, los monjes priores de Obarra, Taberna, San Juste, Graus y Torrelisa; y en Montearagón, los canónigos priores de Loarre, Bolea, Sariñena y Gurrea, en Aragón, y los de Larraga, Ujué y Funes, en Navarra. A diferencia de los cabildos catedralicios, en estos monasterios no eran considerados dignidades, sino oficios, los cargos de prior claustral, sacrista, camerario, enfermero, limosnero y cantor.

Siguiendo el espíritu y la letra de la reforma del papa Gregorio VII, que prohibió la injerencia de los laicos en las provisiones episcopales, las iglesias aragonesas procedieron libremente en la elección de dignidades y, sobre todo, en la de obispo que correspondía a los cabildos catedralicios. Libertad que, ratificada por Pedro II hacia 1206, fue deteriorándose a partir del mismo siglo XIII, en que la Santa Sede comenzó a intervenir en las provisiones en casos de conflicto ya eclesiástico, ya político, para terminar reservándose la elección de obispos.

Fue más largo y complejo el proceso de interferencia de la corona en el nombramiento de dignidades eclesiásticas: en una primera etapa (ss. XII-XIII) se le reconoce el derecho de asentimiento -el rey asiente y acepta el clérigo elegido por el cabildo-; en una segunda (ss. XIV-XV) obtiene el derecho de suplicación -el papa accede graciosamente al ruego del rey en el nombramiento de dignidades-; finalmente (fines del s. XV), la Santa Sede concede a los reyes españoles el derecho de presentación el papa nombra al elegido por el rey-, que puso en manos del Estado la provisión de las dignidades eclesiásticas.

• Bibliog.: Ríus Serra, J.: Rationes decimarum Hispaniae; II, Aragón y Navarra, Barcelona, 1947. Vincke, J.: «Die Anfänge der papstlichen Provisionen in Spanien»; Römische Quartalschrift, 48 (1953). Id.: «Das Patronatsrecht der Aragonischen Krone»; Spanische Forschungen der Cörresgesellschaft, 10 (1945).

 

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Los monasterios aragoneses

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Unas comunidades que ejercían un control espiritual, cultural y económico en el Aragón medieval.

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