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Albarracín

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 07/07/2011

Ciudad de la prov. de Teruel, mun. de 456,5 km2. Es la capital de la Comunidad de Albarracín Buscar voz..., constituida por 22 núcleos, además del propio. Es una comarca geográfica e históricamente muy unida, de naturaleza forestal y ganadera, cuyos pinares proporcionan pingües ingresos a los ayuntamientos que la componen. La ciudad se encuentra a 37 km. de la capital, en plena sierra de Albarracín Buscar voz.... Su clima se caracteriza por los inviernos fríos y los veranos suaves. La temperatura media anual es de 11,1 ° y la precipitación anual, 480 mm.

Se trata de un bello conjunto amurallado que, para su mejor defensa, se encarama en lo alto de una peña a 1.171 m. de alt., circundada por el río Guadalaviar Buscar voz..., que taja un profundo meandro a sus pies. A la singular belleza de su arquitectura, se une la no menor del escenario natural en que está enclavada. Dentro de la fortificación se encierra un caserío de calles estrechas y sinuosas, dispuestas en dirección groseramente paralela a las curvas de nivel, en la falda de la montaña. La arquitectura de Albarracín se fusiona totalmente con el paisaje aprovechando cualquier espacio constructivo y adaptándose a los desniveles del terreno. Las construcciones tradicionales, que combinan la madera con el característico rojo, con cubiertas de teja árabe y con voladizos desnivelados, alternan con iglesias y edificios nobles con escudos heráldicos, impresionantes portones y rejas magníficas. Sus habitantes distinguen entre «el barrio», que es lo primero que el viajero encuentra; «el arrabal», o parte más moderna edificada junto al río; y «la ciudad», que se identifica con el casco antiguo, considerado como uno de los conjuntos histórico-artísticos más interesantes de España, declarado Monumento Nacional el 22 de junio de 1961.

Fue conocida Albarracín por su función comercial Buscar voz..., centro donde los habitantes de la sierra acudían para llevar a cabo sus transacciones comerciales. La ciudad inició una profunda decadencia al perder el rango de mercado serrano, que se desplazó a Teruel, y ser suprimida la sede episcopal y el juzgado de primera instancia. El número de sus habitantes desciende de forma continuada desde principios de siglo, en que tenía 1.897 hab. En 1950 contaba con 1.467 y en 1970, con 1.187. En 1978 se había reducido a 1.134. En 1998, cuenta con 1.041 hab y en 2010 la población parece haberse estabilizado en torno a estas ciofras, con 1.063 hab.

En la década de los noventa Albarracín ha salido de su postración gracias a un amplio proyecto de dinamización social y cultural, un programa que persigue potenciar el valor patrimonial del conjunto urbano, puesto al servicio de la cultura, y contribuir a frenar la emigración juvenil mediante la creación de nuevos empleos basados en el importante despegue turístico de la ciudad. El turismo Buscar voz..., en efecto, ha pasado a ser la principal fuente de riqueza; de la importancia del mismo nos dará idea el hecho de que, en verano, la población de Albarracín aumenta hasta alcanzar los 70.000 habitantes. El segundo lugar le corresponde a la industria de la madera Buscar voz..., con cinco industrias dedicadas a la transformación primaria de la misma (una de ellas está considerada como una de las primeras serrerías de pino de España). La artesanía, que ocupa el tercer lugar, ha experimentado un notable avance gracias a las Escuelas Taller, que han propiciado la creación de pequeños talleres de forja. Las deficientes comunicaciones con las provincias limítrofes y con la Comunidad Valenciana condicionan, sin duda, la instalación de nuevas industrias; pero Albarracín ha apostado de forma decidida por convertirse en la capital de un turismo cultural, con una atractiva oferta de actividades, que se ha visto ampliada notablemente tras la inauguración del Palacio de Congresos y Exposiciones, sede de la Fundación Santa María Buscar voz....

Encicl.: Toda la ciudad está declarada monumento nacional. En el término municipal existen cuevas con dibujos prehistóricos. Dentro del conjunto urbano, aunque todo él es sorprendente, conviene detenerse de manera especial en la catedral, que cuenta con un valioso museo. En el Ayuntamiento cabe admirar igualmente una interesante pinacoteca, con fondos de los premios de pintura que llevaron el nombre de Albarracín.

Cuando suenan las últimas campanadas de las doce de la noche del 30 de abril empieza la típica fiesta Buscar voz... de los Mayos. «Ya estamos a treinta / de abril cumplido, / asómate moza, / que mayo ha venido». La pintoresca ronda de los Mayos recorre las calles recoletas y empinadas de la ciudad como una explosión de folklore y amor en la plenitud de la primavera. Las fiestas patronales, en honor de Santa María de Albarracín y del Santísimo Cristo de la Vega, tienen su desarrollo del 8 al 17 de septiembre. En ellas destacan los festejos populares y también los culturales, tales como los certámenes literarios «Bernardo Zapater», presbítero y botánico que estudió la flora y fauna entomológica albarricense, y el que lleva el nombre de Marconell. También se celebra entonces el concurso de pintura.

El lugar, a orillas del Guadalaviar, es paraíso de la caza y la pesca.

Historia Medieval. Albarracín fue durante la dominación musulmana la capital de un fuerte reino de taifas Buscar voz... gobernado por la familia bereber de los Banu Razin Buscar voz..., llegada en los mismos tiempos de la conquista árabe de la península. Establecidos en la parte oriental del Macizo Ibérico, hicieron su capital y legaron su nombre a una ciudad que las crónicas árabes llaman Santa María de Oriente o de Banu Razin, para diferenciarla de otra Santa María de Poniente situada en el Algarve.

La independencia de aquel estado data del año 1010 ó 1011, aunque ya antes los Banu Razin vivieron casi siempre libres de Córdoba por estar aislados en la serranía. El año 1104 los almorávides Buscar voz... incorporaron a su imperio los dos únicos reinos de taifas que aún quedaban libres en la España musulmana: el de los Banu Razin y el de los Banu Hud Buscar voz... de Zaragoza. Tras el dominio ejercido por los gobernadores almorávides desde Valencia, al ser expulsados éstos en 1145 pasó Albarracín a manos de los diversos reyezuelos moros de Valencia y Murcia, que lucharon entre sí hasta que en 1147 quedó dominado todo el Levante por Abu Abdallah Mohamed ben Mardanis, llamado el Rey Lobo de Murcia.

Por parte cristiana fue patente la ambición de los reyes de Aragón y del obispo de Zaragoza de considerar a Albarracín y su tierra zona de expansión del reino. Así, en 1122, Alfonso el Batallador Buscar voz..., al recibir como vasallo suyo a Céntulo de Bigorra en Morláns, le hace donación de «Santa María de Albarracín con tota sua pertinencia quando Deus omnipotens eam mihi dederit». Igualmente, en diciembre de 1134 el obispo de Zaragoza obtiene de Ramiro II Buscar voz... las iglesias que según la hitación de Wamba le correspondían, entre ellas Albarracín. Esta donación la confirma Alfonso VII de Castilla Buscar voz..., que mediatizaba la soberanía aragonesa en aquellos años. Asimismo Ramón Berenguer IV Buscar voz..., en 1158, confirma al obispo de Zaragoza D. Pedro Torroja las iglesias de Albarracín.

Por otro documento del 7 de septiembre de 1166, Alfonso II Buscar voz..., estando en Gerona, otorga a Calveto de Biel viñas, molinos y otras posesiones y derechos en tierras de Albarracín, «pro cuius studio atque industria spes me habere castrum de Berrazin». Aún en 1170, Alfonso II otorga de nuevo las iglesias de Albarracín al citado obispo de Zaragoza: «para cuando con la ayuda de Dios la pueda arrancar de manos de los paganos». A su vez, cinco bulas logró obtener en enero de 1172 del papa Alejandro III aquel obispo, a quien el pontífice reconoce en ellas el derecho a las iglesias de Albarracín.

Mas todos estos documentos sólo representan el deseo del rey de Aragón y del obispo de Zaragoza de incorporar a su reino una ciudad y su extenso territorio que, en aquellos años volvía a recuperar su independencia, en la tradición del reino de los Banu Razin, convirtiéndose ahora en un estado cristiano.

Este hecho está aún poco documentado, pero es evidente que se produce en el marco de la política del reino de Castilla y en las ambiciones eclesiásticas del arzobispo de Toledo. La independencia del señorío de Albarracín en manos del caballero navarro Pedro Ruiz de Azagra está atestiguada desde 1170. Se atribuye a la donación de la ciudad hecha por el rey Lobo de Murcia a cambio de sus servicios. Esta tradición se asienta ya en documentos de los siglos XII y XIII. A la vez, aquella independencia política se refuerza con la eclesiástica, pues en 1172 se crea el obispado de Albarracín, dependiente del arzobispo de Toledo, de quien había sido hechura. (Ver Zurita Buscar voz...: Anales II, fol. 29, fol. 32 y fol. 77 V.° col. I.ª.).

Así, al avanzar la conquista cristiana hasta Teruel en 1171 y luego hasta Cuenca en 1177, Albarracín ya se había convertido en un estado independiente de Aragón y Castilla, siendo sus señores los Azagra Buscar voz.... A éstos les sucedieron los Laras y luego el Infante de Aragón don Fernando. Todos fueron auténticos soberanos independientes de Aragón y Castilla, llamándose «Vasallos de Santa María y Señores de Albarracín» para proclamar la libertad política de aquel pequeño Estado enclavado entre los dos reinos. Albarracín fue atacado unas veces por Aragón y otras por Castilla, y en ocasiones por ambos. Sin embargo, el señorío de Albarracín supo sacar fuerza de la rivalidad de ambos reinos para mantenerse independiente hasta 1379. La dinastía señorial de los Azagra gobernó Albarracín de 1170 a 1260. Aquel año este Estado pasó a la hija y heredera de don Álvaro Pérez de Azagra, doña Teresa, casada con el poderoso y turbulento señor de la casa de Lara don Juan Núñez de Lara, llamado el Mayor. Éste metió a Albarracín en guerras diversas contra Pedro III Buscar voz...; se alió incluso con Felipe III el Atrevido, rey de Francia y de Navarra, el gran enemigo del rey de Aragón: todo el conflicto de los Infantes de La Cerda con sus guerras contra Sancho IV de Castilla ayudado por Pedro III de Aragón lo sufrieron los de Albarracín. Por fin, en 1284, tras un sitio famoso, Pedro III logró rendir la ciudad por hambre. Pero la guerra siguió, y al año siguiente Felipe III el Atrevido invadía el reino de Aragón por Cataluña, donde era vencido y, víctima de la peste, moría el 5 de octubre de 1285 en Perpiñán. Poco después también Pedro III moría, el 11 de noviembre del mismo año. Antes había dejado Albarracín de nuevo independiente, para evitar rivalidades con Castilla, a D.ª Inés Zapata, de la cual había tenido un hijo natural, llamado don Fernando, que pasó a ser señor de Albarracín. Luego logró recuperar transitoriamente la discutida ciudad Alfonso III Buscar voz..., por pactos con su hermanastro, para devolverla al hijo de Juan Núñez de Lara «el Mayor», llamado Juan Núñez de Lara «el Joven». Poco duró esta situación, pues, en 1300, Jaime II Buscar voz... riñó con el de Lara e incorporó el señorío y ciudad de Albarracín a la Corona de Aragón Buscar voz... dándole el título de Ciudad Buscar voz... y el segundo lugar en las Cortes del Reino Buscar voz..., en el lado izquierdo, donde los representantes de Albarracín y su comunidad se sentaban tras los de la ciudad de Huesca Buscar voz.... Esta situación, que parecía definitiva, tampoco se mantuvo, pues en noviembre de 1327, al morir Jaime II, subió al trono de Aragón Alfonso IV Buscar voz... el Benigno, quien, para limar asperezas con Alfonso XI de Castilla, contrajo matrimonio con la hermana de aquel rey, doña Leonor Buscar voz..., a la que se entregó Albarracín. Pronto nació (en 1329) un infante, llamado Fernando Buscar voz..., el cual pasó a ser soberano de Albarracín. Al morir el rey Alfonso IV en 1336, doña Leonor de Castilla, temerosa de Pedro IV Buscar voz..., heredero del reino de Aragón, abandonó en el lecho de muerte a su marido y con su hijo, señor soberano de Albarracín, se refugió en aquella ciudad. Castilla hizo respetar a Pedro IV la independencia del señorío de Albarracín a todo lo largo de su turbulento reinado, del que Albarracín y su soberano, el hermanastro de Pedro IV, fueron agentes activos en todas las revueltas de la Unión contra el Rey tanto en Aragón como en Valencia. Estas violencias se acrecentaron cuando Pedro IV se alió al bastardo Enrique de Trastámara, aspirante al trono de Pedro I el Cruel, rey de Castilla. Este rey invadió, en 1356, Aragón y Valencia, y en estas guerras ante Burriana, Pedro IV de Aragón logró atraer al soberano de Albarracín, su hermanastro, hasta su cámara, donde lo asesinó en 1363.

Tras este fratricidio, Pedro IV creyó tener derecho a ser reconocido soberano de Albarracín. Sin embargo, como la guerra con Castilla Buscar voz... continuaba, las gentes de la Sierra apoyaron a la viuda de su soberano, la infanta doña Inés de Portugal, refugiada en la ciudad, y se negaron durante varios años a ser vasallos del rey de Aragón. Alegaron primero que doña Inés podía tener un hijo; luego, valientemente declararon que sin el levantamiento del juramento de fidelidad prestado a su soberana natural, lo cual sólo ella libre y voluntariamente podía hacer, no dejarían nunca de obedecerla y defenderla. Doña Inés era un peón más en la política internacional de aquel tiempo: tras de ella estaba Castilla y sobre todo el rey Felipe IV de Francia y Navarra, a cuyo reino intentó huir con los salvoconductos falsos que le preparó un enviado de Felipe IV llamado «Arnaldo hijo de Arnaldo de Francia». Su silenciosa partida de Albarracín no logró evitar que fuera presa en Borja Buscar voz... por los agentes de Pedro IV, quien la llevó primero al castillo de Luna, donde ajusticiaron a sus acompañantes, y luego a Huesca. Los de Albarracín, opuestos a aquella huida, se vieron con grandes dificultades cuando fue asesinado Pedro I el Cruel en Montiel por la traición del francés Duguesclin Buscar voz...; pero fue su salvación el que sus vecinos de Molina se negaran a ser vasallos del traidor, pues Enrique II había hecho donación de aquel señorío al francés en premio a sus servicios, pero los de Molina proclamaron como soberano a Pedro IV de Aragón.

De nuevo Castilla y Aragón chocaban, y así Albarracín pudo seguir rechazando las aspiraciones legales de Pedro IV. Sólo en 1379 logró el ya viejo y cansado rey de Aragón incorporar Albarracín y su Comunidad a la Corona de Aragón, previo un pacto firmado en Fraga Buscar voz... con los representantes del antiguo señorío. En este pacto el rey de Aragón recibió el juramento de fidelidad de Albarracín y su Comunidad, y a la vez reconoció y juró los Fueros de la ciudad Buscar voz.... Según éstos, en realidad quedaba muy poco ligada la tierra de Albarracín al poder real, pues conservaba una situación jurídica de casi total independencia administrativa y judicial. Bajo la autoridad de un juez asistido por los procuradores de la Ciudad y Comunidad, todos elegidos por insaculación cada dos años, aquella tierra se rigió hasta las violentas alteraciones Buscar voz... que se produjeron a lo largo del siglo XVI.

Historia Moderna y Contemporánea. Todo el siglo XVI fue para Albarracín una continua lucha en defensa de sus Fueros. Llegó incluso a estar en franca insurrección contra Felipe II Buscar voz... y, junto con Teruel Buscar voz..., fueron las únicas ciudades de Aragón que enviaron tropas obedeciendo al llamamiento del Justicia Mayor de Aragón Buscar voz..., Juan de Lanuza Buscar voz..., en 1591, durante el pleito de Antonio Pérez Buscar voz..., para oponerse al ejército que Felipe II Buscar voz... envió contra Zaragoza. Su tenacidad le costó una fuerte represión, pues fue apartada del perdón general que otorgó el monarca a los aragoneses. Sólo el 11-II-1598 los de Albarracín y su Comunidad llegaron a un acuerdo con el rey. Representó este acuerdo la liquidación de sus libertades Buscar voz... y Fueros. Liquidados éstos, con ellos perdió Albarracín su personalidad. Además, tanta lucha acarreó a lo largo de todo el siglo XVII una general decadencia.

Aún se mantuvo en el siglo XVII, bajo la autoridad de los oficiales reales, un simulacro de gobierno, pues sólo se alteró el Fuero en aquello que se oponía al sometimiento al poder directo del rey y sus oficiales. Como en tiempos anteriores, aún se dieron sentencias arbitrales. A finales de este siglo fue dada la de Orihuela del Tremedal Buscar voz..., por el marqués de Valdeolivos como representante especialmente designado por el rey, la cual está aún vigente. Por ella se rige el reparto, entre la ciudad de Albarracín y las aldeas de su Comunidad, de los beneficios que produce su rico patrimonio comunal. Fuera de esto, la realidad es que lo único que podemos historiar en el s. XVII en aquella tierra es la actividad de los obispos de Albarracín, aunque la diócesis perdió la mayor parte del territorio al crearse el obispado de Segorbe en 1577 por Felipe II, como consecuencia de las vicisitudes de aquellas contiendas y rebeldías que las gentes de Albarracín mantuvieron en defensa de sus Fueros Buscar voz....

Otro hecho al cual podríamos referirnos fue la expulsión de los moriscos Buscar voz... decretada por Felipe III Buscar voz... en 1610, que tanto afectó a muchos lugares de Aragón; pero en Albarracín no había ya gentes musulmanas, pues en 1495 se convirtieron al cristianismo los pocos moriscos Buscar voz... que vivían en aquella tierra. Sólo en el lugar de Gea Buscar voz... quedaron algunas familias de religión musulmana, por ser una aldea separada de la Comunidad y entregada a la poderosa familia de los Fernández de Heredia Buscar voz..., que tenían allí un señorío impuesto por Fernando el Católico Buscar voz... tras una de aquellas luchas entre el poder real y los Fueros de la tierra que se conocen como alteraciones de Albarracín Buscar voz....

Lo que aún quedaba del régimen foral, sólo en cuanto a peculiaridades administrativas e incluso judiciales, lo perdió Albarracín por el Decreto de Nueva Planta Buscar voz... dado el 29-VI-1707 por Felipe V, tras el cual todo el régimen foral aragonés se unificó con el resto de España. Sí señalaremos que Albarracín e incluso Teruel y sus Comunidades fueron partidarias de Felipe V Buscar voz...Guerra de Sucesión Buscar voz..., en la cual se dio la batalla de El Poyo, cerca de Monreal Buscar voz.... El Conde de Puebla venció con la ayuda de estas tierras a las fuerzas del general Pons, que luchaba apoyado en la Tierra Baja turolense a favor del archiduque de Austria Buscar voz.... En Albarracín favorecieron al partido de Felipe V la familia de los Navarros de Arzuriaga, que alcanzó gran preeminencia. A ella pertenecieron dos obispos de Albarracín, regidores y hombres de gobierno durante todo el siglo XVIII.

Tras el decreto de Nueva Planta Buscar voz..., Albarracín fue gobernado por un corregidor Buscar voz... nombrado por el rey. Pero no sabemos de ninguna autoridad real de estos siglos que se distinguiera en detener la decadencia ya acusada en el siglo anterior. Fueron los rebaños su principal riqueza, ya que seguían teniendo el derecho a pastar en Castilla, pues pertenecían a la Mesta Buscar voz..., pero las corrientes socio-económicas de la Ilustración francesa tendían a fomentar la colonización agrícola más que la ganadería, siempre básica en aquella tierra de pastores trashumantes. También se esquilmaron con exceso los bosques, sobre todo para servir a las fundiciones de hierro que, sin embargo, no pudieron vencer la competencia de otros centros industriales que surgieron en España. Se intentaron, pero pronto fueron abandonados por impopulares e inadecuados, algunos proyectos para colonizar los valles altos de la sierra, sobre todo la vega de Tajo. Sólo, derivada de la riqueza ganadera, aguantó la industria de la lana Buscar voz..., produciéndose buenos paños, muy prestigiados a lo largo de todo el siglo XVIII, hasta que fueron destruidos los telares por los franceses en la guerra de la Independencia Buscar voz.... Éstos también arrasaron los martinetes que fundían y batían el hierro Buscar voz..., del que en la sierra hay buenos filones. Sin embargo, las explotaciones mineras nuevas que se abrieron en Torres de Albarracín buscando plata, y en el collado de la Plata para obtener plata y cinabrio, no dieron base económica para continuar el beneficio de aquellas minas.

Como en el siglo XVII, sólo los obispos de Albarracín llenan con su actividad y celo la historia de los años del siglo XVIII en toda la tierra.

Al estallar el levantamiento nacional del 2 de mayo de 1808, Albarracín se convirtió en un nudo de resistencia. Incorporado al alzamiento el 24 del mismo mes, se constituyó su Junta de Gobierno, que organizó la lucha contra los franceses. Es digno de señalar que ante el reducto hostil que representaba Albarracín y su sierra, donde hallaba su principal apoyo el general Pedro de Villacampa Buscar voz... en 1809, los franceses organizaron una fuerte columna de castigo dirigida por el coronel Plique, el cual se adentró en la sierra y llegó ante Albarracín. La ciudad le opuso resistencia y, tras un bombardeo que arrasó y quemó todo el barrio de los pelaires o tejedores, pasó a destruir los batanes y molinos. Todo ello fue causa de la ruina de la ciudad, que perdió su industria principal. Luego avanzó hacia la sierra arrasando los martinetes de Torres de Albarracín Buscar voz..., Tramacastilla Buscar voz... y Noguera Buscar voz.... Llegó hasta Orihuela del Tremedal Buscar voz..., deshaciendo otra fundición y el martinete que allí había, tras vencer en un duro combate a los soldados y voluntarios de la tierra que dirigía Villacampa, los cuales se habían hecho fuertes en el cerro donde está el santuario de la Virgen del Tremedal. Éste fue totalmente arrasado, junto con la hospedería inmediata, el 25-X-1809. Aquella guerra fue sangrienta y devastadora para toda la tierra.

Tampoco fue favorable a Albarracín y su sierra la resistencia que opuso a las corrientes políticas, económicas y sociales que el siglo XIX fue imponiendo en España. Pronto aquella comarca fue reducto de los carlistas Buscar voz..., que casi prácticamente dominaron la tierra de Albarracín, como ocurría en Molina y en la vecina serranía de Cuenca. Carlos V pudo apoyarse en la parcialidad del país para pasar seguro por las tierras de Albarracín, tanto en su ida hacia Madrid el 2-IX-1837 como a su vuelta en la conocida expedición de Cabrera Buscar voz... de 1837, perseguido por el General Oráa y por Espartero, quienes, sin embargo, no se atrevieron a adentrarse por las serranías.

Durante la primera guerra carlista las tierras de Albarracín vieron partir a su último obispo, don Pedro Talayero Royón, quien murió desterrado en Marsella el 7-XII-1839. Los gobiernos isabelinos ya no quisieron nombrar nuevo prelado para aquellas tierras más bien hostiles y a partir del Concordato de 1851 el obispo de Teruel fue nombrado a la vez administrador apostólico de la diócesis de Albarracín Buscar voz....

Cuando, en el último cuarto del siglo XIX, terminan las luchas del carlismo, entre 1880 y 1890 el gobierno, más para asegurarse el control de la sierra que para promover su desarrollo, construyó la carretera estratégica de Teruel y Caudé al Pobo de Dueñas por Orihuela del Tremedal, y luego abrió la de Albarracín a Salvaceñete por Terriente y el Cañigral.

Fueron éstas las únicas vías de acceso a la tierra hasta avanzado el siglo XX. No es de extrañar el retraso económico de toda la comarca, que no recibió jamás más fuerza innovadora que la discutida desamortización de Mendizábal. Ésta fue impopularísima en tierras de Albarracín y a ella se opusieron hostilmente tantas gentes, que sólo se fueron adquiriendo los bienes inmuebles puestos en venta por el gobierno con gran lentitud. El mejor ejemplo fue la resistencia de la Comunidad de Albarracín a vender sus bienes comunales Buscar voz... incursos en el decreto de desamortización Buscar voz.... Mientras todas las comunidades gloriosas de Aragón desaparecieron y vendieron sus propiedades comunales, los de Albarracín resistieron las presiones y órdenes dadas por las autoridades en cumplimiento de lo prescrito en el citado decreto. Sólo cuando se vieron forzados a hacer alguna concesión a aquella política decidieron vender la Casa de la Comunidad, donde se reunían en Albarracín los representantes de las aldeas. Lograron así cubrir el expediente y salvar todo su gran patrimonio comunal, heredado de su antigua independencia. Aún sigue hoy subsistiendo, aunque muy orillado y decadente. Las aldeas inventaron sociedades y otras fórmulas curiosas con regímenes muy diversos, todos consagrados a defender su patrimonio comunal contra las leyes desamortizadoras. Desaparecida la Comunidad por el texto legal de Mendizábal, las aldeas se vieron obligadas a convertirse en ayuntamientos independientes, lo cual se hizo sin violencia pero de formas diferentes de un lugar a otro. Ya no fueron aldeas de Albarracín, sino libres municipios como lo son hoy, todos ellos cargados de pagos administrativos que les arruinan y para nada les sirven. Al menos debe el historiador dejar constancia de que aquellos vecinos de las aldeas de la Comunidad supieron vencer las órdenes que contra los bienes comunales se daban, unas veces engañando y otras amenazando a los que regían la política. Así salvaron, como aún sigue, por una parte el gran patrimonio comunal que tenía la Comunidad, y por otra el de cada aldea, ahora ayuntamiento. Ellos son aún la más segura posibilidad de subsistir que tienen los vecinos de aquella ciudad y los pueblos de su sierra.

Arte: (Parque Cultural de Albarracín Buscar voz...) Resultado de su historia y su geografía tan peculiar, Albarracín ofrece un patrimonio artístico, ayer rico, hoy grandemente disminuido. Su descripción debe iniciarse por las famosas pinturas rupestres, del ciclo artístico del Levante español. Se agrupan en doce covachos, todos situados en el llamado Rodeno, formación de rocas de arenas triásicas rojas entre las cuales crece el más pintoresco pinar que pueda imaginarse. Los más conocidos y variados conjuntos de estas pinturas rupestres Buscar voz... están en Barranco del Navazo Buscar voz..., Cocinilla del Obispo Buscar voz..., Camino del Aserradero y Cueva de doña Clotilde Buscar voz..., todos próximos a Albarracín. Más lejos está el de Las Olivanas y otros.

En época celtibérica Buscar voz... y romana Buscar voz..., Albarracín se identifica con Lobetum, capital de los lobetanos Buscar voz.... De esta última época se ven en la parte inferior de la torre de la catedral algunas inscripciones, y un relieve representando una patera y un simpulo; son restos de monumentos funerarios. Otro vestigio romano es una necrópolis Buscar voz... de inhumación con sepulturas de tegulae, situada en la viña del Arrabal.

El núcleo urbano cobró importancia como refugio en los turbulentos años que siguen a la caída y descomposición del Imperio de Roma. En época visigoda Buscar voz... debió de haber una comunidad cristiana que dio el nombre de Santa María a aquella ciudad. Luego se denominó Santa María de Banu Razin, del nombre de la tribu beréber Buscar voz... que hizo de ella la capital de un reino de taifas Buscar voz.... De esta época, brillante para Albarracín, nos ha quedado el bellísimo esenciero de plata con nielados dorados que se conserva en el Museo, una de las joyas del arte hispano musulmán. Apareció casualmente en una huerta de la vega de la ciudad. Está dedicado por el rey moro de Albarracín, Abdelmelik (1045-1103), a su esposa Zahr (o sea, Flor). Existe también de esta época una inscripción árabe, al parecer de un cristiano, lo cual prueba, junto con el nombre de la ciudad, la permanencia de la población y culto cristianos en Albarracín: en una de las visitas que hizo el Cid Campeador Buscar voz..., cuenta la Crónica General que salió a recibirle el obispo de la ciudad.

También es de época islámica el trazado del imponente recinto murado que envuelve la ciudad. Hoy sabemos que primero se levantó el castillo sobre una muela rocosa, por sí misma inexpugnable; a su alrededor hubo un cinturón de murallas, con la llamada Puerta del Hierro que quedaba donde hoy arranca la actual Calle de la Catedral, en la Plaza del Ayuntamiento. De aquel recinto permanece hoy la torre redonda de la Engarrada, frente al Portal del Agua; éste pertenece ya al recinto que en el siglo XI envolvió todo el arrabal formado alrededor de la actual Plaza, donde existió el mercado exterior, que surgió junto a la puerta principal del primer recinto fortificado. En esta primera época se erigieron, en lo alto de la loma, frente al núcleo urbano primitivo, la Torre del Andador, de etimología árabe bien probada y que las excavaciones nos han permitido fechar a mediados del siglo X. Luego, en el siglo XI, los reyes moros de Albarracín levantaron las murallas que envolvieron el arrabal surgido a las afueras de la Engarrada. Así, la Plaza Mayor pasó a ser el centro de la nueva ciudad y todo quedó protegido por la línea de murallas Buscar voz... que hoy admiramos, rehecha en diversas épocas. Alguna de sus torres macizas nos permite fechar este recinto amurallado en el siglo XI.

Los señores cristianos y los reyes de Aragón, sobre todo Pedro IV, recrecieron estas murallas y levantaron la mayoría de las fuertes y airosas torres que aún se conservan en pie. Sabemos documentalmente que Pedro IV, a quien tanto costó incorporar Albarracín a su corona, mandó cortar cien mil pinos para reforzar las murallas y fortalezas de la ciudad. Hoy, el imponente conjunto de su recinto amurallado, con sus tres castillos —el de Doña Blanca, el Castillo Señorial y el del Andador, constituyen una estampa de la ciudad que sorprende al que visita Albarracín y que no se explica sin conocer los avatares de aquel reino moro, luego señorío cristiano, siempre independiente y altivo.

Además de sus murallas, Albarracín ofrece el interés de su caserío, muy bien conservado con el viejo carácter de ciudad medieval. No ofrece al visitante grandes palacios: el Fuero de la ciudad sólo toleraba la existencia de uno para el obispo y otro para el Señor Soberano de la ciudad. Sin embargo, todas las construcciones forman un conjunto único, de pintoresca traza y evocador aspecto.

La catedral es la única construcción de gran porte que ofrece Albarracín. El primer obispo de Albarracín, don Martín, la bendijo en 1200. Sería un templo románico. En 1395 sufrió una reforma, de la que se ven algunos restos pertenecientes al gótico aragonés. En 1532 el obispo Gaspar Jofre de Borja levanta de nueva planta la construcción que hoy podemos admirar. No sabemos si planeó toda su fábrica y la construyó desde el principio el gran arquitecto Pierres Vedel, que tantas obras magníficas dejó por tierras turolenses. Sí es seguro que trabajó largos años en la obra y que vivió con toda su familia en Albarracín hasta su muerte, acaecida en 1567.

CATEDRAL: La catedral Buscar voz... de Albarracín ofrece una sola nave con capillas hornacinas de tipo renacentista, entre los grandes contrafuertes, que se acusan al exterior. Toda la catedral, e incluso el caserío, quedan dominados por su airosa torre cuadrada, con campanario octogonal. Fue construida, ya terminada la fábrica del templo, por el arquitecto Alonso del Barro Dajo, en 1595, siendo obispo Martín Ferrer (1593-1596), cuyo escudo se ve en medio del muro Este.

El interior de la catedral nos ofrece su gran nave cubierta con bóveda de crucería estrellada; la parte de la cabecera, construida en 1533, adorna su clave central con un gran pendiente dorado de bellísima traza. El altar mayor es obra capital de la imaginería renancentista aragonesa de esta época. Lo esculpió Cosme Damián Bas a partir de 1566, según capitulaciones que firmó con el obispo y cabildo. El dorado se ejecutó mucho después, en 1681, por un dorador llamado Rillo. El ostensorio rodante lo costeó el obispo Martín Funes en 1647.

Delante del altar mayor, en el centro de la nave, está la lauda sepulcral del ilustre historiador, y obispo de Albarracín, Bernardino Gómez Miedes Buscar voz..., muerto en 1589. En el lado del Evangelio se ve el sepulcro, un templete con estatua orante de tipo escurialense, del obispo Gabriel Sora, muerto en 1622.

Este gran altar ofrece una hornacina central con la transfiguración del Salvador, al cual estaba consagrada desde 1200 la catedral. Contemplando a Cristo aparecen San Pedro, San Juan y Santiago, abajo, más Elías y Enoc arriba, todos de tamaño mayor que el natural. Las calles laterales son dos pares de hornacinas, entre columnas estriadas con el tercio inferior decorado con grutescos. En ellas se ve a San Pedro y a San Pablo, en la parte inferior, y en la parte superior la Anunciación, con una figura a cada lado. En los guardapolvos de este gran retablo figuran en bajorrelieve los Evangelistas, con sus correspondientes hornacinas. Todo se corona con un gran Calvario, sobre el que se ve en busto al Padre Eterno, y en los flancos los profetas Jeremías, a la derecha, e Isaías a la izquierda. Se completa este retablo con dos bajorrelieves en el banco o zona inferior, que representan la Adoración de los Pastores y la Epifanía.

La catedral de Albarracín nos ofrece en el lado del Evangelio dos capillas, una de San Antonio Abad y San Sebastián, de poco interés, y a continuación, cerca de la puerta de entrada, la capilla de María Magdalena, en la que hoy se encuentra el retablo bellísimo consagrado a San Pedro, ordenado en tres cuerpos y tres calles. Ocupa su centro San Pedro, sentado en su cátedra romana con tiara pontifical y cruz de tres brazos en la mano izquierda, y bendiciendo con la derecha. En lo alto se representa al Calvario, y en las calles laterales y cuerpo inferior vemos siete escenas de la vida y milagros del apóstol, en hornacinas enmarcadas por columnas ornadas con motivos diversos en su tercio inferior y estriadas en su parte superior. Su autor es discutido: tradicionalmente se atribuía a Gabriel Joli13119; Gómez Moreno lo creyó de Juan de Salas Buscar voz.... Su relación con el altar mayor de la catedral, en muchos detalles, es grande y su data en la segunda mitad del siglo XVI nos parece segura.

Todavía encontramos, pasada la puerta que da al claustro, la capilla de las Almas y sacristía de los beneficiados de la Catedral. Su decoración de estucos en la bóveda vaída, así como la portada del Claustro Buscar voz..., son obra de los maestros Ezpeleta y Juan López, inspeccionado su trabajo por los maestros Juan Fortea y Juan de Camino. El coro, que ocupa todo el tercio posterior de la nave, es pobre y fue ejecutado en 1538.

Del lado de la Epístola está, primero, la puerta de la sacristía, que guarda bellas obras de arte como el altar de plata que enriquece en las solemnidades al altar mayor; el mobiliario es de gran calidad, de la época en que se construyó el monumento. Pasada la puerta de la sacristía se encuentra en primer término la capilla de Santa Ana, con sepulcros de Los Asensio; las imágenes, costeadas en 1857, no son de mala traza pero sí vulgares: desconocemos su autor. A continuación, en el siglo XVII se levantó la capilla del Pilar; fue el obispo Gerónimo Salas Malo de Esplugas su promotor. Este obispo pedía ayuda en 1657 a Sor María Jesús de Ágreda Buscar voz..., quien recomendaba el asunto a Felipe IV; incluso envió la imagen de Nuestra Señora, según documento de 1763. Luego engrandeció y decoró esta capilla, como hoy se nos ofrece, el obispo Francisco Navarro Gilaberte, entre 1735 y 1738, por lo que el cabildo (1748) encargó al escultor Juan Mora el escudo que adorna la parte baja de la cúpula de la capilla. Este modesto monumento resulta de gran armonía y belleza por su composición. Su retablo barroco es muy bella obra de los comienzos del siglo XVIII.

También por el lado de la Epístola, a continuación de la capilla del Pilar, hay otra entrada a la catedral. Se abrió, no sin largas discusiones, por la capilla de San Juan Bautista, tal vez la más antigua de la actual catedral, en la que se puede admirar un altar barroco ejecutado en 1712, de escaso interés pero en el cual se encuadraron tablas de bella factura representando a San Juan Bautista, San Pedro y Santiago, obra pictórica del siglo XVI de lo mejor que hoy posee la catedral. Pasada esta entrada se halla el baptisterio, y sobre éste el órgano, de caja monumental pero muy maltratado por reformas poco hábiles.

Detrás de la capilla de San Juan Bautista, a la salida, se habilitó la sala capitular, que hoy es museo donde se guardan los restos del tesoro artístico que esta catedral poseyó. En él se puede admirar, en primer lugar, una serie de siete tapices y el fragmento de un octavo: los dio el obispo de Albarracín, Vicente Roca de la Serna, en 1608, y ofrecen escenas de la historia de Gedeón, el libertador de los hebreos de la dominación madianita. Obras de gran calidad, con numerosas figuras y bellas perspectivas y paisajes, fueron realizados por el tapicero Francisco Geubels de Bruselas, según se puede ver en las marcas que presentan sus bordes: la composición de las escenas y la riqueza de las franjas que les sirven de marco, así como su gama cromática, muy bien conservada, los convierten en ricas obras de gran belleza. Miden tres metros de altura y varía algo su anchura. En una caja fuerte se guardan algunas alhajas de interés: sobresale una naveta para incienso esculpida en cristal de roca, en forma de pez, vaciado su interior para contener el incienso; ofrece complementos de oro y piedras preciosas, y fue una donación del deán Agustín de Roa, que debió traerla de Italia, pues es obra seguramente veneciana de comienzos del siglo XVI.

Otra pieza valiosa de este tesoro es el rico portapaz de oro con incrustaciones de piedras ricas que los inventarios atribuyen a Benvenuto Cellini. Obra fina del Renacimiento italiano, sabemos que fue un regalo de un pontífice al obispo Roca de la Serna (1605-1608). Representa en relieve al Ecce Homo dentro de una hornacina enmarcada por columnas de esmeraldas. Su asa es de bella factura; está formada por un dragón entre grotescos, muy bien labrado.

Aún debemos reseñar en el tesoro de esta catedral la cruz parroquial de Noguera, que trasladó el obispo de Teruel y Administrador Apostólico de Albarracín, Cosmes y Vidal. Presenta bellos esmaltes del siglo XIV. También debemos señalar un cáliz gótico con relieves en sus pies representando a los apóstoles Pedro, Pablo, Andrés, Judas, Juan y Santiago. El cuerpo es ya plateresco pero también muy rico.

Hay otros cálices ricos, sobre todo uno, con esmeraldas, representando escenas de la Pasión; está repujado en oro con incrustaciones de piedras preciosas. Fue donación del obispo Navarro Gilaberte, habiendo enviado desde México el viril del mismo Don Luis de Monterde. Es también muy hermoso un ostensorio renacentista de bronce labrado y un calvario de plata enviado desde Potosí, más varias joyas artísticas, así como tablas y otras pinturas.

A la catedral está adosado un claustro, que repite seguramente la traza del claustro románico que debió tener la primera iglesia catedral del Salvador, consagrada por el arzobispo de Toledo, Martínez de Pisuerga, el año 1200. No ofrece ningún interés. En su lado oriental se abre la capilla antigua de la Inmaculada Concepción que perteneció a la familia de los Ruesta. En el centro de la misma se ve la lauda de Pedro de Ruesta, canónigo de Albarracín, muerto en 1578, quien fundó en esta capilla una capellanía en 1564.

PALACIO EPISCOPAL: Al lado del claustro y unido a la catedral, con la que guarda comunicación por un pasillo, se levanta el palacio episcopal. Fue construido por el obispo Miguel Jerónimo Fonbuena (1683-1699). El abandono sufrido por el Palacio a lo largo de más de un siglo, causó en el edificio un grave deterioro. Tras actuaciones puntuales en las décadas de los sesenta y de los ochenta, la Escuela Taller de Albarracín llevó a cabo la restauración definitiva en el período 92-95. La rehabilitación, que ha respetado su configuración original y le ha devuelto su esplendor inicial, fue inaugurada por S. M. la Reina Doña Sofía el 23 de octubre de 1995. En sus plantas nobles alberga el Palacio de Exposiciones y Congresos y el Museo Diocesano.

MUSEO DIOCESANO: El Museo Diocesano ocupa las antiguas dependencias privadas del Obispo, en la última planta del Palacio. En él se expone un conjunto de piezas de la Catedral o de otras iglesias dispuestas para recrear el ambiente noble de una casa del siglo XVIII. En la antigua «mayordomía» se han dispuesto las más valiosas obras de arte y artesanía, museadas de forma tradicional. Destacan el pez-naveta de cristal tallado y vaciado; la cruz procesional de Noguera; una custodia y peana con esmeraldas y esmalte francés, y un cuadro de plata del Potosí. En el salón del Trono y en su antesala, puede contemplarse una espléndida colección de tapices flamencos del siglo XVI, que representan la vida de Gedeón y son obra de Franz Guebels.

IGLESIA DE SANTA MARÍA: Si la catedral y el palacio episcopal constituyen el conjunto arquitectónico más monumental de la ciudad de Albarracín, fue la iglesia de Santa María el templo cristiano más antiguo de la ciudad. De él recibió su nombre la antigua Albarracín, siempre llamada Santa María. Es posible que fuera la iglesia de la población mozárabe Buscar voz... que vivió sometida a los Banu Razin durante la dominación islámica. Aún se llamaba la ciudad Santa María de Albarracín en época cristiana, cuando sus señores soberanos se proclamaban «vasallos de Santa María y señores de Albarracín» para así proclamar su independencia.

La iglesia actual la construyó de nueva planta, tras un incendio, el gran arquitecto Pierres Vedel, muerto, antes de acabarla, en 1567. Tiene, como la catedral, una sola nave cubierta con bóveda de crucería estrellada y capillas de hornacinas entre los contrafuertes. Se ofrece al exterior con graciosa y sobria composición, con sus muros de mampostería y un coronamiento de arquería seguida construida con ladrillos coronados por franjas de rombos y arquillos de tipo mudéjar.

En esta iglesia hubo magníficos altares, como el retablo de Pedro Serra, hoy en el Museo de Barcelona, y el atribuido a Gabriel Joli o a Juan de Salas, que pasó a la catedral. Otras muchas obras de arte de esta iglesia se han perdido. Aún podemos señalar al visitante la capilla de la Comunidad de las aldeas de Albarracín, que ayudaron a la construcción de la actual iglesia. Está consagrada a San Francisco y en ella, como un honor, permitieron los pueblos de la sierra que se enterrara al arquitecto Pierres Vedel y a su mujer Clara Vizcarret, muertos ambos en 1567. Su bóveda es de estilo plateresco y en el arco de entrada vemos a la Virgen adorada por los coros celestiales, y luego, en el centro de la bóveda, aparece la Asunción rodeada por dos franjas de casetones con cabezas en relieve en su centro. También se puede ver al Padre Eterno entre tonantes y un cupulín sobre tamborcillo apoyado en pechinas, todo ello adornado con relieves de buena factura.

Del mismo estilo es la decoración del púlpito que se ve enfrente de esta capilla. Nos muestra a los cuatro Evangelistas entre pilastras decoradas con hermes.

El retablo mayor era obra de empuje, pero ha sido robado en algunos trozos y repintado en gran parte. Ofrece los Misterios del Rosario. Es de buena ejecución artística el sagrario, con relieves de la Resurrección en la puerta y representación de San Pedro y San Pablo en los lados.

Esta iglesia fue entregada en 1599 a los dominicos traídos a Albarracín por el obispo Pedro Jaime (1597-1601), quien en Vich murió apuñalado, y fue enterrado en esta iglesia. Su lauda se ve al lado del Evangelio, cerca del altar mayor.

Sabemos que el arquitecto Alonso del Barrio Dajo arregló, al lado de la iglesia, la residencia del convento, incorporando el torreón del castillo de Doña Blanca, en el que se instaló la Biblioteca con permiso del rey Felipe III: éste cedió la fortaleza a los dominicos, no perdiendo por ello sus románticas leyendas aquel lugar, hoy algo apartado, pues se arruinaron las casas que rodeaban a esta iglesia y convento.

Otra iglesia llena de historia es la de Santiago. Se levanta en medio del actual casco urbano de Albarracín y allí con frecuencia se cruzaban los caballeros de Santiago en Aragón, pues esta orden estuvo muy relacionada con Albarracín en los años de su independencia. Su fábrica actual es obra del arquitecto Alonso del Barrio Dajo, quien la construía en 1600, aunque se terminó en 1626. La torre aún es posterior. Es un templo armonioso de una sola nave cubierta con bóveda de crucería estrellada y capillas hornacinas entre los contrafuertes que no se acusan el exterior. El altar mayor es obra de Pedro Castillejo, quien lo acaba en 1666. En esta iglesia, en la primera capilla del lado de la Epístola, se conserva un retablo pintado sobre tablas, algo incompleto, pero muy bello, dedicado a San Roque, San Sebastián y San Fabián, realizado por Jerónimo Martínez y fechado en 1524. El siguiente es de la Dolorosa; procede de un taller de Molina, ciudad siempre muy relacionada con Albarracín en todos los aspectos.

Otra gran construcción de Albarracín son los Escolapios. Fue la casa matriz de la Orden en la provincia de Valencia. Primero se estableció el colegio de los Escolapios en Tramacastilla, aldea de Albarracín. Luego el obispo Juan Francisco Navarro y Gilaberte (1728-1765) construyó la iglesia y colegio de Albarracín, obra de envergadura. La iglesia es barroca, de tres naves y crucero, con cúpula sin linterna; sólo ofrece cierto interés, por su graciosa y movida composición, el altar mayor, al parecer construido en tiempos del obispo José Molina Larios (1765-1776), cuyo escudo figura a los lados de este retablo, dedicado a San José de Calasanz, patrono fundador de la Orden, y rematado por la Virgen del Pilar.

MONASTERIO DE SAN BRUNO Y SAN ESTEBAN: Más antiguo es el monasterio de San Bruno y San Esteban, de monjas dominicas de clausura, que se levanta en la vega de Albarracín: fue fundación del deán Antonio Sánchez de Moscardón en 1607, y toda la obra estaba acabada en 1621. Su pequeña iglesia ofrece unos modestos retablos del siglo XVII y aún se conserva en el convento una joya singular del arte filipino colonial español: un cuidadoso trabajo en marfil que representa al árbol genealógico del Salvador, desde Adán a la Redención de la Cruz, con catorce medallones que se refieren a diversos Misterios del Rosario.

ERMITA DEL CRISTO DE LA VEGA: Al lado de este monasterio está la ermita del Cristo de la Vega, de antigua veneración en toda la tierra de Albarracín. Sabemos que estuvo cerca del puente de la Vega; luego se trasladó adonde ahora se levanta, sin que sepamos cuándo ni por qué; en 1559 ya cuidaban este santuario los dominicos. Al acabarse el monasterio de las dominicas en 1621, se emprendió poco después, en 1632, la actual construcción. En 1703 se añadió la capilla del Cristo en la cabecera de la ermita. Todo se incendió en 1872 perdiéndose la imagen veneradísima de Cristo que fue sustituida por la actual, obra del escultor valenciano Modesto Pastor.

AYUNTAMIENTO: También resulta imponente si la miramos a llegar al pie de la ciudad, la fábrica del Ayuntamiento. Sus contrafuertes machunos recuerdan la traza de otras construcciones de Pierres Vedel, que tal vez planeó esta obra. Su fachada tiene en el centro el escudo de la ciudad, que es la Virgen en su trono y las barras de Aragón. Sus sobrios pórticos de arco de medio punto enmarcan dos lados del área de la Plaza. Aún en 1627 trabajaban en esta enorme casa Juan de Ezpeleta y Pedro Fortet, que construyen las cárceles de la ciudad en sus bajos. Las otras casas que cierran esta plaza son de modesta fábrica pero de bello carácter. En una de ellas se ve un sugestivo balcón de esquina. Todas ofrecen aleros y galerías de madera, que se repiten por toda la arquitectura urbana de Albarracín, en la que no faltan algunas casonas con escudos en las puertas. En su conjunto forman con los monumentos descritos un núcleo urbano digno de ser visto.

• Bibliog.:
Vázquez, C.: Noticias históricas; Madrid, 1945.
Tomás Laguía, C.: Notas; Teruel, 1954.
Almagro Basch, M.: Historia; Teruel, 1959.
Id.: Albarracín y su comunidad; Zaragoza.
Tomás Laguía, C.: La geografía urbana de Albarracín; Teruel, 1960.

 

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