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Diablo

Contenido disponible: Texto GEA 2000

En el contexto tradicional aragonés presentaba dos tipos de significado: trascendente, el diablo derivado de un contexto bíblico con el cual podían pactar los brujos y que podía poseer a los cuerpos de las personas, preferentemente mujeres, endemoniadas, posesas o espiritadas, por mandato de los brujos y en rarísimas excepciones por propia iniciativa; y en ocasiones también se apoderaba de animales (en el valle de Tena, año 1640). Diablo cuya imagen se ha modificado en el transcurso de los tiempos. En los siglos XV y XVI se le describe en forma de macho cabrío. al que aluden las expresiones lanas del bosq, prado del cabrón, en aragonés, y la vasca aquelarre, con el mismo significado. Se presenta también en forma de hombre vestido de negro, de lobo, de perro e incluso en forma de mujer en la imaginería religiosa, como sucede con la diabla de Esposa. La representación más común es antropomorfa, fea, con atributos animales como cuernos, cola y extremidades con uñas o pezuñas. Atributos que, según Jacques Levron, parecen remontarse al siglo XV, y con un sexo extraordinariamente bien dotado, alcanzando un palmo y cuatro dedos, según el proceso de Dominga la Coja, de Pozán de Vero, en l534. Y dice que su miembro era muy largo y frío, como si fuera de fierro. Otra modalidad la constituyen los diablos familiares o espíritus auxiliares de los brujos, que estaban al servicio de éstos en forma de granos de falaguera, dentro de un canuto o mango de hoz o de otras formas, y en la tradición oral son descritos a manera de mosquitos que se guardan dentro de un canuto. En las testificaciones de los brujos y en algunos manuales utilizados por éstos, el diablo obedecía al brujo, porque éste le mandaba en nombre de Dios, relación poco conocida que, sin embargo, aparece con bastante frecuencia en los documentos: Frente a este modelo trascendente se presenta un demonio popular, protagonista de cuentos y de actos folklóricos, que, con frecuencia, es burlado por el ingenio humano, como sucede en el cuento del herrero de San Felices, quien le dice al diablo, para evitar entregar su alma, que quiere morir de sobreparto. Y en el herrero de Calcena, quien, haciendo alarde de su astucia, derrota al demonio. Personaje de representaciones populares, en las que es derrotado, como en los dances de Sena, Monegros, morisma de Aínsa o en la pieza teatral Bato y Borrego, que se pone en escena para las fiestas de Navidad en Huesca. También se incluye para hacer miedo a los niños en los gigantes y cabezudos. Las denominaciones populares más comunes llegadas hasta nosotros han sido: demonio, Satanás, Belcebú, Camuñas, Pedro Botero, Pateta-s. En algunas localidades pirenaicas se le relaciona con Uñazas, figura poco precisa con la que se hace miedo a los niños en Acín (Garcipollera) y que en Abizanda se describe como hombre feo con los ojos royos. En Campo (Ribagorza) al diablo se le llama también Judas. En el siglo XVII aparecen nombres como Barrabás, Rap, Sarrac, Baroc, Cherov, Mirambel, Roberto, Duque de Villahermosa, en la documentación relacionada con la causa de Pedro de Arruebo. Algunas expresiones populares que aluden al diablo son: Vete al diablo, El diablo anda suelto, Detrás de la cruz está el diablo, Es un diablo (en doble acepción: por malo y por travieso), Mira que te cogerá Pateta-s, El diablo sabe más por viejo que por diablo. En la tradición Iegendaria al diablo se le supone constructor de puentes con diferentes tramas argumentales, como sucede con los puentes del diablo de Mediano, Olvena, Monclús, Escarrilla y el de Huesca, que lleva su nombre, pero no se le atribuye su construcción. El día de la Santa Cruz, 3 de mayo, se rezaba en todo el AIto Aragón: Satanás, en mi casa no entrarás, porque el día de Santa Cruz dije mil veces Jesús. En 1685, según Francho Nagore, se decía: San Miguel, San Miguel, a los diablos atadlos de un cordel y asados en parrillas huelen a longanizas y morcillas.

 

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