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Delicias, barrio de las

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Z.) Corresponde al Distrito 3 del término municipal de Zaragoza. Se extiende a lo largo de 328’46 has que representa apenas el 0’3% de la superficie municipal pero en ella viven 111.915 habitantes que representan el 19% de la población zaragozana y nada menos que el ___% del conjunto de la Comunidad Autónoma aragonesa. Con estas cifras su densidad demográfica es la más elevada de Aragón (340’7 hab/ha), incluso mayor que la zona centro de Zaragoza (Distrito 2) cuya densidad es de 333’1 hab/ha. Ambos distritos muy alejados del tercero en densidad de población como es el Casco Antiguo (196 hab/ha) y sobre todo del Ditrito 9 (Torrero-La Paz) que con 2’6 hab/ha es el menos poblado del municipio de Zaragoza, excluyendo, lógicamente, los Distritos 11 y 12 que corresponden a los Barrios Rurales Norte y Sur respectivamente.

Más que de un barrio hay que hablar aquí de un conglomerado de ellos cuya diferente evolución y problemática constituye un compendio único y vivo para la comprensión del fenómeno urbano en nuestra tierra. El barrio se estructura, o condiciona, por una serie de infraestructuras como es la estación ferroviaria y sus correspondientes líneas, y la confluencia de una importante red de carreteras donde se conectan o interelacionan los enlaces con Cataluña, Madrid, Euskadi y el Litoral mediterráneo a través de Teruel. Estas infraestructuras junto a la futura Estación Intermodal del AVE todavía van a transformar más este espacio haciendo de él uno de los más dinámicos y donde se van a producir importantes cambios urbanísticos en los próximos años. Dentro del propio barrio aparecen contrastes entre áreas o polígonos que lo conforman: Estación-Parque de Roma, calle Unceta, calle Deliceas, calle Barcelona, Bozada-Univérsitas, Ciudad Jardín, calle Salamanca, Av. Madrid-Palomar y Pza. Huesca,

La evolución

Las vías férreas y las viejas estaciones se han comportado históricamente como un -efecto frontera- limitando los contactos fluidos del barrio con el resto de la ciudad. También la ubicación en torno al F.C. de factorías industriales importantes como los Talleres de Carde y Escoriaza y la fundición Averly, S.A., así como talleres y almacenes varios condicionaron el desarrollo urbanístico. Hoy este espacio industrial ha desaparecido transformándose en residencial.

Otro elemento estructurante en el pasado y ya desaparecido era la red de caminos agrícolas, como el del Terminillo, sobre cuyo trazado se establece en los años 60 la prolongación de la avenida de Valencia (hoy avenida de Gómez Laguna), o -sobre todo- el de la Mosquetera (o de la Mosquera), que atraviesa la zona en dirección suroeste-noreste, sirviendo de conducto esencial para los productos agrícolas de las áreas regadas por la Huerva, el Canal Imperial y la acequia del Plano y la Romareda, en dirección al Mercado Central.

Si nos remontamos a 1925, aparecen ya dos áreas residenciales sobre otras tantas parcelaciones. La más importante es la constituida sobre las calles de Delicias y Sangenís, con un trazado viario similar al actual, aunque el modelo de ocupación a base de «parcelas» de una o dos plantas con huertos en nada se parezca al supercongestionado de ahora.

La comparación con el modelo actual de ocupación -gran densidad y standing elevado sobre los terrenos industriales convertidos en residenciales- nos permite completar la definición de otro de los agentes fundamentales, junto a los «parcelistas», del desarrollo urbanístico posterior: los patronos de industria que compensaron y capitalizaron el cierre o traslado de sus establecimientos mediante las jugosas plusvalías que extraían de la superintensiva ocupación residencial de los terrenos que aquéllos ocupaban (operaciones obviamente imposibles o muy difíciles, de no contar estos agentes -como contaron- con amplísimas connivencias en las instancias oficiales responsables del control del desarrollo urbano, es decir, los sucesivos ayuntamientos de la dictadura franquista).

Como tercer agente hay que citar a los agricultores, algunos de los cuales son «parcelistas», mientras otros residen en torres, así como a los propietarios arrendadores que no viven en la zona, utilizando las torres como sitios de reposo o esparcimiento.

Hay que citar, por último, como elemento estructurante, el Manicomio y su camino, posteriormente calle Barcelona, en cuyo entorno se suscitarán algunos de los más graves problemas urbanísticos de la ciudad, derivados de la densificación residencial con total olvido de las imprescindibles reservas de suelo para equipamiento y servicios colectivos.

Al contemplar planos municipales antiguos (el de 1938) se aprecian los intensos cambios en el uso de los elementos estructurales de la zona, es el caso de la aparición de la Estación de Caminreal, al norte de la avenida de Navarra, que pocos años más tarde sustituirá definitivamente a las de Cariñena y Empalme, como centro distribuidor del tráfico ferroviario hacia Valencia. El recuerdo de las vías desaparecidas queda plasmado no obstante en las actuales calles de Vicente Berdusán -entre Empalme y Estación de Cariñena, de Santander (prácticamente sobre los andenes de ésta) y Duquesa de Villahermosa. En lo residencial, se han rellenado los terrenos entre Unceta al oeste, Estación de Empalme al norte y camino de Mosquetera al sur. En el decenio 1940-1950 se produce un extraordinario crecimiento del área comprendida entre la calle Salamanca, la avenida de Valencia y la desaparecida Estación de Cariñena, y continúa el relleno de la zona Av Madrid-Palomar. En esta última se comienza a construir con alturas en consonancia con la anchura de las calles, de acuerdo con las ordenanzas que por aquellas fechas se ponen en vigor y que suponen, junto a la Ciudad Jardín, crecimientos menos espectaculares.

Los 60 son los años del definitivo macizamiento de casi todas las áreas de la zona, con especial incidencia en las márgenes de las grandes arterias, es el caso de las calles Unceta, Delicieas, Barcelona y Av Madrid-Palomar. El intenso movimiento campo-ciudad que se produce en la época, con la consiguiente demanda masiva y acuciante de viviendas, hace que se desaten las apetencias especulativas de «parcelistas» e «industriales», en el sentido más arriba explicado, creándose una auténtica carrera hacia los beneficios rápidos, por lo visto imposible de frenar o controlar, puesto que quienes podían (los sucesivos ayuntamientos franquistas) evidentemente no quisieron hacerlo (por evidente y a veces física coincidencia con los beneficiarios del descontrol). La inmigración por otra parte, produjo la aparición de un cuarto agente social, los «nuevos vecinos», más o menos encuadrados en movimientos cristianos de base (como en particular la JOC, que llegó a ser desautorizada por la propia jerarquía católica) o políticos; movimientos ciudadanos que, sobre la forzosa clandestinidad, debían soportar cotidianamente la incomprensión de muchos vecinos (parcelistas densificadores satisfechos y enriquecidos), además de la «natural» confrontación de intereses con los poderosos especuladores de «fuera» y sus aliados oficiales. Más o menos «legales» a partir de 1971, se enfrentan con sus muy escasos medios al poderoso tándem financiero-municipal, recibiendo numerosos varapalos, junto a las permanentes acusaciones de rojerío, subversión, crítica destructiva (por oposición quizás a la lastimada como muy constructiva de los promotores- constructores), así como una suspensión «por actividades licenciosas».

Situación actual: Los graves problemas derivados de la total falta de planificación y en la construcción sin urbanismo, han dado como resultado la situación actual caracterizada por una fuerte presión demográfica (y edificada) por superfice, frente a una escasa dotación de equipamientos públicos, sociales, culturales, deportivos, zonas verde de esparcimiento, etc. La más elevada presión residencial se da en el entorno de la C/Delicias, seguido de la C/Barcelona y la Av Madrid-Palomar.

La superpoblación y falta de equipamientos a que hemos hecho referencia repercute en la calidad de vida y, en este sentido, se observa una tendencia al descenso demográfico. De tal forma que el censo de población ha pasado de 112.173 habitantes en 1991 a los 111.915 de 1996; es decir un descenso del 0’2% en cinco años, lo que supone pasar de una densidad de 388’37 hab/ha a 387’48 respectivamente. El segmento demográfico que en mayor medida desciende es el de los jóvenes. Así, los menores de 20 años representaban más del 25% en 1991 pasando a representar apenas el 20% en el censo de 1996. Por el contrario, los mayores de 65 años han seguido una evolución inversa pasando del 14% en 1991 a más del 17% en el censo siguiente. La tabla siguiente refleja la tasa de variación por edades y sexos.

• Bibliog.: Zaragoza, barrio a barrio; Federación de Asociaciones de Barrios de Zaragoza, Equipo Ecas.

 

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