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Culteranismo

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 02/06/2011

(Lit.) Manifestación del lenguaje barroco Buscar voz... que culmina los aspectos externos de la poesía renacentista. Utiliza deliberadamente latinismos -léxicos y sintácticos-, metáforas audaces, elusión de términos vulgares, perífrasis, bimembraciones, plurimembraciones, etc., en una concepción decididamente minoritaria y antivulgar. La palabra culto es un italianismo que utilizara Garcilaso y que en su acepción vulgar significa «limado», «elegante», «refinado». La generación postherreriana le añadió la connotación de «docta» o «erudito». Y culteranismo, en principio, significó el conjunto de aportaciones lingüísticas que desde Mena venían enriqueciendo el idioma; pero en el siglo XVII -Lope de Vega atribuye la invención del término a Jiménez Patón- tiene unas connotaciones peyorativas para aquellos que, como Quevedo, criticaron las supuestas carencias de contenido ingenioso y la hojarasca verbal.

La controversia a favor o en contra del culteranismo -ya defendido en el Libro de la erudición poética de don Luis Carrillo, o en obras como la de Soto de Rojas- tiene su principal piedra de toque en 1613, fecha de la publicación de las Soledades y Polifemo, expresión máxima de la opción poética que comentamos. Desde ese momento detractores y apologetas compiten atacando o defendiendo un quehacer poético que como tal ya había cristalizado y de cuya influencia -directa o indirecta- difícilmente podrá escapar el escritor de la época.

En la cultura aragonesa del siglo XVII, y en ese clima, un numeroso grupo de poetas se erigen en ardientes defensores de la línea gongorina, que se presenta incluso como ejemplo al que debe aspirar el artista, porque cultura, ingenio y erudición se convierten en sinónimo de gongorismo. Son figuras destacadas de ese grupo Ana Abarca de Bolea Buscar voz..., Matías de Aguirre Sebastián, Tomás Andrés Cebrián, Andrés de Uztarroz Buscar voz..., fray Miguel de Dicastillo Buscar voz..., Luis Díez de Aux Buscar voz..., Alberto Díez y Foncalda, Juan Bautista Felices de Cáceres Buscar voz..., Jacinto de Funes Buscar voz..., Antonio Gómez Manrique, Baltasar López de Gurrea, Andrés Melero, Juan de Moncayo Buscar voz..., Pedro Mongay, Diego Morlanes, Juan Nadal Buscar voz..., José Navarro Buscar voz..., José de Sierra y Vélez de Corella y José Tafalla y Negrete.

La aceptación del poeta cordobés en Aragón es temprana y continuada, como demuestran los trabajos de José Manuel Blecua Buscar voz... y Aurora Egido Buscar voz.... En la Flor de romances nuevos (Huesca, 1589), Pedro de Moncayo Buscar voz... incluye treinta y siete poemas de Góngora; y el conocimiento íntegro de su obra es evidente en el Cancionero de 1628. Entre 1613 y 1628 los certámenes, justas, academias, y la misma evolución de la poesía introducen los nuevos hábitos, que aún debieron acrecentarse por la publicación en 1629 de las Obras de Villamediana en Zaragoza. En las décadas sucesivas abundarán los poemas de clara influencia gongorina, entre los que cabe destacar las Navidades de Zaragoza (1634), de Matías de Aguirre; las Rimas (1652) y Poema trágico de Atalanta e Hipomenes (1656), de Juan de Moncayo; las Clases poéticas (1663) de López de Gurrea, y la tardía Lyra poética (1688) de Vicente Sánchez. Esa influencia es también evidente en las obras de Andrés de Uztarroz, llenas de alusiones y alabanzas al cordobés, a quien dedicó títulos tan significativos como Antídoto contra la aguja de navegar cultos o Apología por el estilo de Don Luis de Góngora y Defensa de la poesía española respondiendo a un discurso de D. Francisco de Quevedo. Uztarroz lo nombra directamente en el Mausoleo y en su Defensa de la patria del invencible mártir San Laurencio lo califica de primer poeta, Homero español. En Progresos de la historia defiende su estilo y no sólo como un mero ejercicio estilístico. A Góngora lo alaba también Dicastillo en el Aula de Dios (1637) y el mismo tono aparece en el Certamen de Nuestra Señora de Cogullada (1643) y en el Museo de las medallas desconocidas españolas (1645) de Lastanosa Buscar voz....

Es cierto que existen también referencias anticulteranas; pero, según opina Aurora Egido, «no se puede hablar de antigongorismo en Aragón, al menos en el sentido usual, ya que no nos queda testimonio de censura absoluta y los Argensola -tan imitados y respetados- tampoco fueron adversarios declarados del cordobés». Fray Jerónimo de San José Buscar voz..., Martín Miguel Navarro Buscar voz..., Salinas y Lizana Buscar voz... y fray Tomás Ramón -su libro Nueva premática de reformación es el más importante al respecto- atacaron los abusos formales y excesos cultistas; pero sus opiniones no invalidaron el éxito gongorino en Aragón, y menos la admiración por el maestro que compartió hasta el mismo Gracián.

El lenguaje poético de los culteranos aragoneses utiliza todas las claves de la poesía gongorina: cultismos léxicos (muy abundantes en el Atalanta del marqués de San Felices); cultismos sintácticos (frecuentes en el Aula Dei y en la obra de Juan Nadal y López de Gurrea); repetición de fórmulas sintácticas y estilísticas (a Felices de Cáceres ya se le critica su uso en el Cancionero de 1628); hipérbatos (que por haberse asimilado al lenguaje de la época se convierten en recurso manido); antítesis temáticas y verbales como las que predicara Gracián en la Agudeza; alusiones y perífrasis que ordenan un mundo sustitutivo del real a partir de un sistema de referencias literarias, y que fue utilizado sin exclusión por los poetas aragoneses (el Aganipe de Uztarroz es una buena antología de alusiones comparativas); versos bimembres (numerosos en El caballero de Ávila de Felices de Cáceres); plurimembraciones (utilizadas por Uztarroz en la Descripción de los jardines de Lastanosa); el uso de la hipérbole como modo de huir de la realidad y que en nuestros poetas se convierte casi en una óptica que se aplica a los aspectos más triviales de la realidad; y la metáfora que en temas y construcciones imita al siempre citado Góngora y también a Calderón.

Los temas de la poesía culterana que se comentan no difieren de los del siglo XVII español. La poesía descriptiva acoge lugares de la geografía aragonesa y los traslada al amplio marco de la virgiliana, incorpora referencias históricas y sigue en todo de cerca el mundo de las Soledades. Entre los poemas descriptivos destacan Navidades de Zaragoza; Aula de Dios; Obelisco histórico; Palestra Numerosa Austríaca, y Palacios y jardines de Lastanosa. La poesía mitológica tiene el más importante punto de referencia en el Polifemo. La elaboración de los mitos clásicos está presente ya en el Cancionero de 1628. Y destacan entre todos las Poesías varias de Díez de Foncalda, Classes poéticas de López de Gurrea y las Rimas de Juan de Moncayo.

• Bibliog.:
Egido Martínez, Aurora: La poesía aragonesa del siglo XVII y el culteranismo; Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», 1979.

 

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