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Cuento

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 29/04/2009

(Folc.) Hay que diferenciar el cuento popular auténtico de las creaciones literarias sobre temas aragoneses o de «baturros» (costumbrismos Buscar voz...), reflejando con mayor o menor fidelidad modos de vida o de ser. Sobre los primeros faltan estudios serios al modo del de Aurelio M. Espinosa, prof. de la Universidad de Stanford, California, aunque en su recogida y estudio de cuentos populares españoles sólo incluya tres de Torrijo de la Cañada Buscar voz... y uno de Huesca Buscar voz.... Lo esencial de la investigación es hallar el origen y más antigua procedencia de los cuentos, la causa de su formación, su evolución y transmisión, contaminación e imitación, y la aculturación en cada zona geográfica e histórica. En este sentido, es loable la labor realizada por Carlos González Sanz al confeccionar un catálogo de los cuentos aragoneses de origen folclórico, de acuerdo con la clasificación establecida por Antti Aarne y Stith Thompson en The Types of the folktale. A Classification and Bibliography.

Nuestros cuentos tienen, por lo general, el mismo origen y procedencia que la mayor parte de los otros españoles, y su persistencia entre nosotros se debe a causas circunstanciales, siendo normal que el mismo cuento se encuentre en toda Europa, el norte de África y en América. Los hermanos Grimm, desde 1812, creyeron que la mayor parte de los cuentos populares europeos eran consecuencia de antiguos mitos indogermánicos, especialmente los de encantamientos, y que Alemania había servido de elemento transmisor; la formación de buena parte de ellos habría tenido lugar en la Edad del Bronce Buscar voz... y su difusión se habría facilitado por las invasiones de pueblos europeos hacia Occidente en la I Edad del Hierro; esto explicaría que aparezcan en cuentos populares españoles - y concretamente aragoneses- animales o seres inexistentes en nuestras tierras. Más tarde se buscó el origen remoto en la India, aunque hayan podido producirse fenómenos de convergencia e indudablemente el pueblo haya realizado acomodaciones locales de los temas importados. España sirvió de vía de transmisión de muchos cuentos orientales durante la Edad Media, a través de árabes y judíos; por poner unos cuantos ejemplos podemos hablar de la Disciplina clericalis de Pedro Alfonso Buscar voz..., judío converso Buscar voz... oscense del siglo XII; de Calila e Dimna, versión árabe de otra persa nacida en el Panchatantra y el Mahabárata indios. Podemos añadir en el siglo XIII el Libro de los engaños o Sendebar, el Libro de Patronio y el Conde Lucanor y la traducción castellana de los cuentos de Bocaccio en el siglo XVI. Respecto de que sea de la tierra Juan Aragonés, que escribió doce cuentos incluidos por Timoneda en su «Sobremesa y alivio de caminantes», es una suposición de Nogués, fundado en su apellido, que no tiene prueba ninguna, ni siquiera el que se desarrollen en Aragón. En el siglo XVII podemos citar el Fabulario de Sebastián de Mey y Carnestolendas en Zaragoza de Antolínez de Piedrabuena.

En su recogida de cuentos auténticos populares, Espinosa aporta un valioso material de 280 narraciones. tal como las conocía y contaba el pueblo en el momento de anotarlos, cuya raíz clásica, indoeuropea o árabe, es patente en muchos casos; el problema es no de origen sino de época y modo de aculturación en cada una de las regiones españolas donde se recoge. Arcadio Larrea Palacín insistió en el método y anotó once cuentos de Belchite Buscar voz..., Huesa del Común Buscar voz..., Villar de los Navarros Buscar voz... y Codo Buscar voz... que, realmente, no son originarios de dichos pueblos.

Otra cosa es el cuento redactado por literatos que toman su inspiración directamente del pueblo, adobando el relato a su manera, o de otra fuente cualquiera; el florecimiento de la novela romántica Buscar voz... «regionalista» patente en toda España en el siglo XIX tiene entre nosotros escasísimas muestras de importancia (Capuletos y Montescos de López Allué Buscar voz..., Sarica la borda de Blas y Ubide Buscar voz..., y poco más), sustituyéndose por una larguísima serie de escritores de cuentos de muy desigual calidad y significación, entre mediados del siglo XIX y el primer tercio del XX, tras el cual prácticamente desaparece, al menos con el sentido que ha tenido hasta entonces. Tales cuentistas atribuyen a Aragón, en muchos casos, cuentos que corresponden al acervo común.

Valga como ejemplo de lo dicho, y al mismo tiempo de los resultados del uso del método comparativo en la investigación, «La esposa desobediente», cuento recogido en Zamora en el que un marido, harto de las malas mañas de su esposa, le propina una soberana paliza y la lleva al curandero para remediar los estragos de su acción y concretamente el brazo roto; al pedirle aquél como pago medio duro se lo da entero y le dice que se quede con el cambio «pa otro viaje»; y se añade como moraleja el refrán: «a la mala maña se le corta el brazo»: el tema se repite idéntico en un cuento de López Allué, salvo que aquí se añade una matización que podríamos suponer de raíz local, y se le dice que guarde lo que sobra para cuando vuelva el marido con su suegra. Tales matizaciones pueden permitir el estudio de peculiaridades; incluso establecer la cronología relativa entre manifestaciones literarias análogas; al universal «A un burro le hacían obispo y lloraba...» en Aragón se le añade: «y aún lloraba». En «El Herrero de San Felices» de López Allué -que engañó al diablo pidiéndole que le dejase escoger el modo de morir a la hora de entregarle su alma, como estaba pactado, y se salvó eligiendo morir de sobreparto- puede haber una imitación del rústico Bertoldo, de Delia Croce, que al ser condenado a la horca por el rey consiguió que se le dejase escoger el árbol de donde habían de colgarlo, sin que ninguno fuese de su gusto. «La comisión de los tres higos», cuento incluido por B. Foz Buscar voz... en su Pedro Saputo, lo hemos recogido directamente de un informador de Loarre Buscar voz... como «Os figos de Lobarre», y ambos proceden de un Abu Bakr Muhammad ibn Asim, de Granada, muerto en 1426, que le lleva dos brevas al rey, come una y al preguntarle que cómo ha podido hacerlo, dice: «así», comiéndose la segunda; Grimmelhausen, en el siglo XVII, lo repite con Simplicissimus y el gobernador, pero ahora con los ojos del carnero que le sirve; y vuelven a ser higos, y concretamente «royos», en Loarre, en un afán de especificación, en las versiones aragonesas.

Otra cosa distinta es la repetición del tema con variación de la forma en escritores contemporáneos entre sí. Un ejemplo doble lo tenemos en «la justicia de Almudévar», en el que se va imitando en narraciones o refranes a través del tiempo y se escribe en nuestros días por diversos autores, a veces cambiándole el nombre al pueblo. De los cuentos gitanos recogidos por Pabanó a principios de siglo han tomado inspiración Eusebio Blasco Buscar voz... o Luis López Allué Buscar voz..., sin perjuicio de que haya sido a través de la apropiación que el pueblo ha hecho de tales temas. El general Nogués Buscar voz... indicó que sus Cuentos para gente menuda los había recogido en el somontano del Moncayo Buscar voz... desde los últimos años de Fernando VII Buscar voz..., y E. Blasco advierte que él no ha hecho sino transcribir, del modo más fiel posible, lo que las gentes que trató contaban.

Nos hallamos, pues, con un fenómeno de vaivén entre la creación erudita y la acomodación popular, que no siempre será fácil delimitar; la media docena de versiones de «el barbo de Utebo» ilustran bien lo dicho, el cuento del tío Cerote, recogido por Nogués en Borja Buscar voz..., es idéntico al del sastre de Sevilla que fue al aquelarre, más antiguo que el aragonés seguramente importado por influencia del inventado aquelarre de Trasmoz, pero acusando más la sorna y socarronería del «somarda» nuestro que le hace decir al macho cabrío a quien el zapatero clavó la lezna donde tenía que haber depositado el ósculo: «Tío Cerote, otra vez aféitese el bigote». Blasco se disculpa en una ocasión diciendo que había leído en inglés el mismo cuento que él había escrito antes, porque «a veces tal cuento popular da la vuelta a Europa y en cada país por donde pasa le dan carta de naturaleza y le ponen su sello».

El cuento aragonés anónimo es, casi siempre irónico, y muchas veces profundo, con frecuencia se mezcla con localismos que hacen lo escrito casi inexplicable para quien los desconoce o no está en el secreto. Su separación del chascarrillo o la «baturrada» es difícil de establecer; veamos un ejemplo. En los relatos sobre la terquedad o tozudería aragonesa se identifica ésta con «cabeza dura», como el Ginés del epigrama de Cadalso Buscar voz... que recibió un palo de Juan en la cabeza y se rompió el palo, porque «Ginés era aragonés»; la cabeza de Fernán Pérez de Arbe, no sabemos si dura o no, rota a golpes por su propia decisión contra el palo mayor de la nave, según cuenta Zurita Buscar voz..., se propone incluso como origen del supuesto; pero en realidad nadie ha dicho nunca que la tozudería aragonesa se exprese intentando clavar clavos a cabezazos, sino por la parte de la cabeza de ellos. Desde el punto de vista de las costumbres muchas de estas narraciones recogen datos y noticias que pueden suplir, en parte, la falta de investigaciones de campo en la época en que fueron escritas; pero necesitarán siempre de una crítica severa respecto a la autenticidad; un ejemplo positivo es López Allué, para el Alto Aragón.

Desde el punto de vista aludido no tenemos estudios teóricos del cuento aragonés, ya que los existentes no tocan el tema; deben anotarse Literatura aragonesa de Manuel Abizanda y Broto Buscar voz..., y el discurso de Mariano Baselga y Ramírez Buscar voz... utilizado como prólogo de sus Cuentos aragoneses, donde no sabemos si se refiere al verdadero cuento o al chascarrillo Buscar voz... cuando habla de «la gracia donosísima del matraco». Antologías de cuentos tampoco hay muchas, debiendo citarse la de García Mercadal (1916), la de F. Oliván Bayle (1967) y, sobre todo, la de J. Domínguez Lasierra Buscar voz... (1979) con título tomado de García Arista Buscar voz..., en una parte, Cuentos, recontamientos y conceptillos aragoneses, a la que antecede una extensa introducción histórica sobre los cuentos y sus autores. A las que han venido a sumarse en la última década la recopilación realizada por José-Luis Acín y José-Luis Melero, que, con el título Cuentos aragoneses, se publicó en 1996 (ed. Olañeta) y a la que seguiría Más cuentos aragoneses (ed. Olañeta, 2000), o la de María Carmen Espada Bajo el cielo de Dostorres: cuentos aragoneses para chicos y grandes (1993).

Dejando por el momento lo relativo a Pedro Saputo y mosén Bruno Fierro Buscar voz..., los cuentos recopilados por Espinosa son enormemente aleccionadores; el de «La fiesta de San Nicodemos», sumamente largo si se tiene en cuenta su transmisión oral, tiene como tema la sustitución en un convento de monjas de una imagen por un hombre de carne y hueso, en la caja en que debía ser trasladado, y procede de la tradición medieval europea documentada en los fabliaux franceses y con versiones, aparte de Torrijo de la Cañada, en otros lugares de la Península, en América, Italia, Francia y Turquía. El de «La muchacha embustera», también de Torrijo, consistente en una joven castigada por la Virgen, por mentirle, repite en parte el tema de «la sala prohibida» que dio origen al famoso cuento de Barba Azul, pero con algunas matizaciones; hay versiones españolas, peninsulares y de América, portuguesas, italianas, francesas, alemanas, bretonas, islandesas, holandesas, escocesas, anglo-americanas, lituanas, eslavas, gitanas, griegas, turcas, egipcias y africanas, es decir, se cuenta de forma análoga en todo el mundo y se ha difundido oralmente. «Las tres bolitas de oro», siempre de Torrijo, también muy largo, expone el tema de la madrastra y de las hijas y, entre éstas, las mayores y la pequeña única que obra rectamente, interviniendo San Pedro para ayudarle en relación con las bolitas de oro y el diablo; mezcla el cuento de la joven buena y obediente que siguiendo los consejos de la Virgen o de otro ser sobrenatural logra la felicidad, mientras las hermanas mayores son castigadas por malas y desobedientes, y otro del hijastro o hermanastro, varón o hembra, a quien la madrastra o hermanos entierran vivo y que después resucita cuando un pastor encuentra la sepultura; aparecen estos cuentos en el folclore andaluz y prácticamente en todo el mundo, aunque normalmente por separado. En algunas versiones el hermano se mete en un zurrón que es golpeado, diciéndole «canta zurrón que si no te doy un tozolón» (Sariñena). Finalmente, el cuentecillo del sapo, recogido en Huesca, es muy viejo en Santander y se conocen versiones en Córdoba (con un galápago) y en Palencia (con un escarabajo); en síntesis se trata de un sapo que tarda muchos años en subir una escalera o en hacer el camino hasta el borde de un barranco y al final tropieza, cae y dice «de eso sirven las prisas», naciendo de aquí la frase «eso es como el salto del sapo».

Los cuentos anónimos recogidos por A. Larrea son también interesantes. «El medio pollico» del tipo de «barriga grande» con versiones en Austria y en Francia; «El periquitico», de Belchite, como el anterior, análogo al del conde Olinos, a quien matan los padres, lo entierran bajo una higuera y luego niega a todos los higos menos a su hermana Periquitica. Siempre de Belchite, «La casera ayunadora» de Espinosa, que fingía no comer para hacerlo después a escondidas y con los mejores bocados. «El pastor enamorado» de la misma localidad, semejante a «Petición de mano» de Blasco, «Las ovejicas» es el divulgadísimo de «los siete cabriticos»; finalmente, entre los de Belchite, «La perrica que pidió pan», de acciones enlazadas y muchos paralelos. De Villar de los Navarros es «La cabra montesina» que se traga a todas las personas que saben dónde está, hasta que es vencida por una hormiga; del mismo sitio, «Las dos hermanas», relacionado con el citado de «Las tres bolitas de oro» y el «zurrón que canta». De Huesa del Común son «La buena hija», del ciclo del príncipe encantado y de la niña sin brazo; el dinero, otro cuento enlazado, como el de «la lechera»; los «de nunca acabar»; terminando los de Huesa del Común con dos en verso, que se inician «En el cielo hay una mesa» y «Mañana domingo», con muchas variedades en Aragón.

Volviendo a los cuentos de autor conocido, nos interesan más, desde nuestro punto de vista, los que mayor suma de informaciones folclóricas nos proporcionan y, en primer lugar, Luis López Allué, que reflejó las costumbres de la comarca de Huesca, ciudad de la que llegó a ser alcalde y donde nació en 1861, muriendo en 1928; se han publicado sus obras completas en 1902 y 1913 y reimpresas a partir de 1972; no sólo hay informaciones marginales al asunto de cada novela o cuento, sino que algunos suponen el tratamiento de una institución monográficamente, como «Martín el Donado», que se entrega a la casa de su antigua novia, muerta, a pesar de haber casado con otro, haciendo análisis de la donación perfecta e irrevocable e inter vivos de su persona; en el herrero de Sanfelices aparece el concepto popular del herrero, relacionado con el diablo y capaz de engañarlo, como ya se ha dicho antes; «El aponderador Buscar voz...» trata en broma esta institución matrimonial, pero analiza objetivamente su cometido. No importa a López Allué tomar sus cuentos de otros pertenecientes a distintas regiones, aun que quizá los conoció por el propio pueblo oscense; así «Un caso de histeria», al que ya nos hemos referido, o «La descolorida», fundado en la interpretación popular del topónimo Violada o Via Lata, o bien «Las advertencias de Blasico». Sus obras máximas, «Pedro y Juana» y «Capuletos y Montescos», son un arsenal de datos muy de fiar.

Eusebio Blasco, zaragozano, nacido en 1844, escribió, con gracia y rozando el chascarrillo, cuentos que dijo haber recogido de la tradición oral, aunque sin informar nunca de quién, dónde y cuándo; hemos de insistir en que muchos de ellos no son de origen aragonés, y habría que analizar cuidadosamente los modismos, frases y descripción del ambiente o de las instituciones que, independientemente de la originalidad o no de la anécdota, son siempre aragoneses.

Mariano Baselga y Ramírez (Zaragoza, 1865) vitupera el «baturrismo Buscar voz...» pero lo bordea en sus cuentos que, en algún caso, se limitan a dar forma literaria a narraciones conocidas como «La balsa de la culada» -que toma de Pedro Saputo, pero atribuye a Villanueva- y «El barbo de Utebo» que adjudica también a Monzalbarba.

Muy interesante es la rebusca de Romualdo Nogués (Borja, 1824) realizada, según él, en el somontano del Moncayo, más cerca del chascarrillo que los anteriores autores, pero muy prolífico en sus publicaciones, que deben ser cuidadosamente criticadas; muchos de ellos son conocidos en toda España y quizá la mayor originalidad está en los que llamó para gente menuda, totalmente populares y de antiguo origen.

Siempre dentro de nuestro interés están algunas de las obras de Cosme Blasco y Val (Zaragoza, 1838), especialmente las que tratan de las fiestas de un pueblo imaginario y las mismas del Pilar de Zaragoza, que escribió con el seudónimo de Crispín Botana.

Vicente de la Fuente (Calatayud, 1817) escribió una desigual serie de artículos en el Semanario Pintoresco Español, tratando en «Las segundas nupcias» de las cencerradas a viudos; en «Las vaquillas de San Roque» de esta costumbre tan arraigada en el Aragón central y meridional, en «El Salmón de Alagón Buscar voz...» la explicación de esta frase. Muy interesantes son las ideas generales sobre los aragoneses y el baturrismo Buscar voz....

El prof. Eduardo Ibarra Buscar voz... puede ser el autor de una larga serie de cuentos publicados en la Revista de Aragón Buscar voz... con el seudónimo de Z., recogidos sin la menor crítica, muchos rotundamente populares y anónimos, del fondo común de cuentos españoles, otros peculiares de Aragón, y algunos recogidos en Valencia o Castilla y buena parte del conjunto repetida en otros autores aragoneses, pero dignos todos de estudio e investigación; el de «El mirón» lo cuenta García-Arista, «Las tres naranjitas del amor» lo escribió también Nogués, «El chico que le llevó la comida a su padre» está recogido por Cecilia Bohl de Faber en Andalucía, «El mochuelo» es idéntico a uno de Eusebio Blasco, etc. Los más enraizados en el pueblo son los que llamó «infantiles» sin razón -ya que todos lo parecen aunque fueran contados también para adultos, especialmente los de encantamientos y fantásticos.

José M.ª Matheu y Aibar Buscar voz... (Zaragoza, 1845) añade una intención moralizadora a sus cuentos; Juan Blas y Ubide (Calatayud, 1852) aporta muy interesantes informaciones sobre su pueblo, independientemente de la importancia de su novela Sarica, la borda, y se le atribuyen las jotas Buscar voz... que una rondalla bilbilitana llevó a Valencia y en la que, como captatio benevolentiae, aparece Aben Jot como moro de aquella ciudad inventor de la jota, que se desarrollaría después en Calatayud. Queda una larga lista de escritores que escribieron a principios de siglo y que dedicaron parte de su actividad a los cuentos, en los que puede encontrarse siempre alguna información de interés; sin ningún orden podemos citar a Miguel Allué Salvador Buscar voz... que basa «La mejor carrera» en una corrida de pollos; Luis Royo Villanova Buscar voz..., autor de cuentos dispersos; Gregorio García-Arista, autor de mucha obra de erudición y de una larga serie de cuentos con los más distintos títulos, quizá los más importantes bajo la rúbrica Tierra aragonesa; Sixto Celorrio Guillén Buscar voz..., cuya Paella aragonesa lleva un importante prólogo, sobre el cuento, de E. Blasco, José García Mercadal, Eduardo Ruiz de Velasco, Manuel Bescós Almudévar («Silvio Kossti») Buscar voz..., en cuya novela Las tardes del sanatorio hay importantes datos sobre los «espiritados» de Santa Orosia; José Llampayas Buscar voz..., Ángel Abad, Juan Pedro Barcelona, Agustín Peiró y un larguísimo etcétera imposible de completar.

Aparte hay que tratar la importante obra de Teodoro Gascón Baquero (Ojos Negros, 1850) que alcanzó una extraordinaria fama con sus excelentes dibujos en Nuevo Mundo y Blanco y Negro de Madrid; sus dotes de dibujante le hicieron subordinar el breve texto de sus chascarrillos a las viñetas y los tomó de cuantas narraciones llegaron a su conocimiento; con su poderoso ingenio y la utilización del ajeno fue un precursor de la historieta gráfica y el mayor difusor, para bien y para mal, del chascarrillo baturro, con él colaboró Vicente Castro y Les y en este grupo habría que incluir también a un escritor de mucho talento, Alberto Casañal Shakery Buscar voz..., fallecido en 1940, prolífico, que popularizó coplas baturras, incluso de actualidad, y cuya obra, en lo que a nosotros se refiere, es menos útil que las antes anotadas. También José Augusto Sánchez Pérez, cuyo Mosaico baturro (1953) contiene también una mezcla de muy diversos estilos.

• Bibliog.: Beltrán, Antonio: Introducción al folklore aragonés; Zaragoza, 1979, p. 121. González Sanz, Carlos: Catálogo tipológico de cuentos folklóricos aragoneses; Instituto Aragonés de Antropología, 1996, que tiene una posterior «Revisión del Catálogo tipológico de cuentos folklóricos aragoneses: correciones y ampliación»; en Temas de Antropología Aragonesa, n.º 8, 1998.

 

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