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Cronicones Cesaraugustanos

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Como el título indica (Chronicorum Caesaraugustanum reliquae), son restos de una crónica, que narra la entrada y asentamiento político de los godos en Hispania (años 450-568). Dado su carácter anónimo, tiende a atribuirse a Máximo Buscar voz..., obispo de Zaragoza. Nos informan del papel de capitalidad regional, militar y política que Caesaraugusta siguió desempeñando durante los confusos tiempos finales de la dominación romana, como ciudad más importante de las interiores de la Tarraconense Buscar voz....

Así, nos refieren que Mayoriano Buscar voz..., último de los emperadores romanos que pisó suelo hispano, vino a Zaragoza, de camino hacia Cartagena (en campaña contra los vándalos africanos), o que la ciudad fue escenario de espectáculos circenses en el año 504. No se dice que hubiera un edificio para tales espectáculos, aunque pudo haberlo, del mismo modo que existió un teatro, cuyos restos ocupan el solar de la antigua calle de la Verónica, sobre el que luego se asentará parte de la judería zaragozana medieval. Resulta difícil precisar el sentido exacto que dio el anónimo autor de los Cronicones a la voz circus, pero lo que es evidente es la rareza de su celebración, puesto que el suceso, por infrecuente, mereció ser consignado en esta suerte de anales de Caesaraugusta.

La interrupción política del Imperio romano determinó, desde finales del siglo IV, el enrarecimiento de los espectáculos circenses, que habían sido uno de los hábitos públicos más característicos de la sociedad romana clásica. Por Salviano de Marsella (muerto en 470) se sabe que los juegos de circo eran ya raros por falta de medios en el siglo V. Así, en su De Gubernatione Dei («Del gobierno de Dios»), si bien se queja de que la iglesia se vaciaba para que el circo se llenase, añade que la situación en el Occidente romano era tan deplorable, que ni siquiera esos juegos se celebraban ya en las ciudades. Si bien el teatro sobrevivió más tiempo, sobre todo porque resultaba inserto en muchas celebraciones de tipo popular que se fueron cristianizando, el circo debió de desaparecer con cierta rapidez, al menos como algo patrocinado y mantenido regularmente por la res publica. En época visigoda, se sabe que el rey Sisebuto reprochó al obispo de Tarragona el dedicar su tiempo a «juegos teatrales con animales». Entre ambas referencias se enmarca la noticia cesaraugustana de 504, que prueba de algún modo que la ciudad no se hallaba en situación de miseria ni de barbarización total.

 

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