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Cristina de Habsburgo, regencia de

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(1886-1902) Durante estos años, Aragón vivió su primera industrialización moderna, desarrollándose así una burguesía conectada con la nueva forma de producción, y una clase obrera que empezó a organizarse para defender sus intereses. Desgraciadamente, tal fenómeno se concentró exclusivamente en Zaragoza ciudad, iniciándose el proceso de supercrecimiento demográfico zaragozano, no remitido todavía.

Siguió viviéndose el buen momento vinícola, pero el cultivo que más se expansionó fue el de la remolacha, al cortarse las importaciones de azúcar procedentes de Cuba. El valle del Ebro se vio especialmente favorecido por las necesidades de producción azucarera que España sufrió con la guerra cubana y su desenlace. La primera azucarera se instaló en Zaragoza en 1894 (Azucarera de Aragón); otras aparecieron después de 1898, a lo largo de los ríos Ebro y Jalón fundamentalmente. Durante los primeros años de funcionamiento, esta actividad acumuló importantes cantidades de capital en la región, que hicieron posible el desarrollo de otras industrias, como la eléctrica y la proveedora de utillaje.

Respecto del tendido ferroviario, se terminó la construcción del directo a Barcelona por Tarragona, y se inauguraron otras: Tudela-Tarazona en 1886, Cortes de Navarra-Borja en 1889, Puebla de Híjar-Alcañiz en 1900. También se concluyó la línea Valencia-Calatayud.

El republicanismo aragonés vio disminuir su fuerza en las elecciones de los años 90; no obstante, conservaron parcelas del poder municipal, en Zaragoza principalmente. Los conservadores, con su figura principal en Tomás Castellano, acaudalado empresario que llegó a ser ministro de Ultramar en 1895, conocieron la división de sus fuerzas, al igual que en el resto de España: los polaviejistas y los silvelistas, estos últimos encabezados por Vara Aznárez, diputado por Caspe. En Zaragoza, el órgano de expresión conservador más representativo fue el Diario de Zaragoza. El Partido Liberal, que se expresaba a través de La Alianza Aragonesa, tuvo en Segismundo Moret a su personalidad más representativa. El sector católico cobró fuerzas y se organizó tras el Congreso Católico de 1890, celebrado en Zaragoza. Cabe destacar la creación de la Escuela Católica de Obreros de esa ciudad (1885) y la Sociedad Protectora de Jóvenes Obreros y Comerciantes (1889).

Acontecimientos políticos de primera magnitud a finales de siglo fueron la celebración de la Asamblea de Cámaras de Comercio (noviembre, 1898) y la Asamblea de Productores (febrero, 1899). La primera a iniciativa de la Cámara de Cartagena y con Basilio Paraíso como principal protagonista; la segunda, hecha posible gracias a la Cámara Agrícola del Alto Aragón, ubicada en Barbastro, y a su presidente, Joaquín Costa. De ambas reuniones saldría la Unión Nacional, partido que intentó representar los intereses de ciertas «clases productivas» (medianos propietarios agrícolas, comerciantes e industriales), con un programa sintetizado en la frase de Costa: «Escuela y despensa», en buena parte expresado anteriormente por el ingeniero oscense Lucas Mallada en Los males de la patria y la revolución española (1890).

El Primero de mayo de 1890 fue muy importante para la historia del movimiento obrero en Aragón, no sólo por la respuesta multitudinaria de la clase obrera zaragozana al llamamiento de huelga y manifestación, sino también porque a partir de esa fecha se construyó una organización mínima de este sector social. Hay que destacar la inauguración de la Federación Local de Sociedades Obreras de Zaragoza en 1900, en cuyo seno estuvieron la mayoría de sociedades de oficio, dirigida por militantes del PSOE hasta 1905; y la creación de La Autonomía, organización anarquista. Los católicos contaban desde 1895 con el Círculo Católico de Obreros, germen del futuro sindicato católico.

El buen momento que Aragón vivió estos años se reflejó en la intensa vida cultural, también localizada en Zaragoza. En esta ciudad se creó la Escuela Elemental de Comercio, en 1887; de Música, en 1890; una elemental de Artes y Oficios, en 1894; se inauguró la nueva Facultad de Medicina, obra de Magdalena, en 1883; y durante los últimos años del siglo, se abrió un importante número de escuelas, fundamentalmente en los barrios rurales de la ciudad. La literatura tuvo representantes como José María Matheu, y se inició cierta producción, al igual que en buena parte de España, de caracteres regionalistas. A partir de 1894 se reanudaron los Juegos Florales en varias ciudades, como Zaragoza, Calatayud y Alcañiz. Es de destacar también la labor realizada en torno al Derecho foral aragonés.

 

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