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Cristina de Borbón, regencia de

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 11/03/2010

(1833-1840) Cuarta esposa de Fernando VII Buscar voz..., Cristina de Borbón había nacido en Palermo en 1806, y era hija de Francisco I de Nápoles y de Isabel de Borbón (hermana del rey español). Casó en noviembre de 1829 con su primo Fernando VII; en octubre de 1830 nació la futura Isabel II y en 1832 nacería Luisa Fernanda. Muerto su esposo el 29-IX-1833, María Cristina de Borbón (o de Nápoles, que de las dos formas se le conoce en la Historia) desempeñará la regencia de su hija Isabel Buscar voz... durante siete años. Período de crisis, que pondrá fin al Antiguo Régimen Buscar voz..., y sometido a fuertes vaivenes políticos y forcejeos entre absolutistas y liberales.

Tras la amnistía de 1832 habían vuelto numerosos exiliados liberales, que adoptaban una actitud expectante ante la muerte del rey; actitud que se vio defraudada al confirmar la reina gobernadora a Cea Bermúdez en el cargo de primer ministro. El 4 de octubre, María Cristina daba un manifiesto a la nación de carácter político inmovilista; tenía dos partes, una que podría calificarse de programa político, donde manifestaba la continuidad de la monarquía sin innovaciones peligrosas, y otra en la que se proponía reformas administrativas, que respondían al «tecnocratismo» de la época. La convergencia de varias presiones llevaron a la regente a la defenestración de Cea y su sustitución por Martínez de la Rosa, que pretendió hacer una obra de amalgama, con el Estatuto Real, difícil en un decenio bélico y revolucionario.

El Estatuto fue sancionado por la reina el 10-IV-1834, tras una larga y silenciosa elaboración; era el primer texto que articuló el liberalismo moderado, e introdujo el bicameralismo en medio de un sistema parlamentario de estructuras mesocráticas como consecuencia del sufragio censitario. El sistema político del Estatuto fue considerado como insuficiente: al poco tiempo de abrirse los Estamentos fue descubierta en Madrid la conspiración de la sociedad secreta La Isabelina; poco después, coincidiendo con la aparición del cólera Buscar voz..., en el verano del 34, se produjeron desórdenes y numerosas matanzas de frailes.

Manifestaciones anticlericales más agudas se iban a producir en la primavera y verano de 1835 con el ministerio del conde de Toreno; en Zaragoza, el arzobispo Bernardo Francés Buscar voz..., acusado de carlista, tuvo que salir precipitadamente, con escolta militar, camino de Francia, quedando la sede vacante hasta 1847. El 4-VII se expulsó a la Compañía de Jesús, se suprimieron los conventos y monasterios con menos de doce profesos, y se ordenó la aplicación de sus bienes a la extinción de la deuda pública. Con vinculaciones con otros lugares, como Madrid, estalló en Zaragoza un motín a primeros de julio y se estableció una Junta, como en otras ciudades, en una verdadera atomización de poder.

Mendizábal, nombrado ministro el 15 de septiembre, para resolver la situación, y además de constituir un gabinete más progresista, estableció que las diputaciones fueran delegaciones del poder central y a la vez absorbieran a los juntistas; dio entrada en el gobierno a los hombres del Trienio Constitucional Buscar voz.... El problema de la deuda se acrecentaba como consecuencia de la guerra carlista, que simultáneamente se desarrollaba en dos frentes: el norte y levante; aunque el ministerio Toreno hizo intentos en este sentido, más éxito iba a tener Mendizábal, quien por su historial financiero contó con el mundo de los negocios, y con la milicia por su filiación progresista. El propósito de Mendizábal era amortizar el capital de la deuda, sin idea de reformismo agrario. La legislación desamortizadora Buscar voz... alcanzó las cotas más altas con el R.D. de 8-III-1836, por el que se suprimían todos los conventos, monasterios y demás institutos religiosos, aplicándose todos los bienes a la Real Caja de Amortización para la extinción de la deuda pública.

El gobierno de Istúriz, que había sucedido a Mendizábal, sería desbordado por la situación: los reveses de las guerras carlistas, unas tropas radicalizadas, sin pagas y descontentas, coacciones electorales, todo abocaba a una situación revolucionaria, de la que se haría eco Zaragoza en primer lugar. Efectivamente, se estableció de nuevo una Junta, que se declaraba independiente del gobierno, en un movimiento de autonomía, proclamando la Constitución de 1812 el 7 de agosto. El 12 del mismo mes se producía el motín de La Granja -sublevación de los sargentos-. El día 13 ordenaba la gobernadora que se publicara la Constitución de 1812, hasta que reunidas las Cortes elaborasen otra constitución.

En el corto paréntesis que transcurre hasta la Constitución de 1837, se implantaría el sufragio universal indirecto; el carácter progresista de este ínterin constitucional es manifiesto. En este año se realizó la expedición carlista de Gómez, y el segundo sitio de Bilbao, que levantó Espartero. (Guerras carlistas Buscar voz....)

Las Cortes se dedicaron a elaborar una nueva Constitución, que sancionó la regente el 18 de junio. La Constitución de 1837 era moderada en esencia, aunque democrática en la forma. Después del breve ministerio-puente del aragonés Eusebio Bardaxí Buscar voz..., le sucede Ofalia, y se imponen los moderados. Los carlistas, con don Carlos al frente, llegaron hasta las puertas de Madrid; tras leves escaramuzas se retiraron inexplicablemente, perdiendo su gran oportunidad. El 31-VIII-1839 se firmó el Convenio de Vergara entre Espartero, por el ejército isabelino, y Maroto, por los carlistas; la guerra había terminado oficialmente, aunque continuó el foco de resistencia de Cabrera Buscar voz... en Levante, hasta que finalmente pasó la frontera el 31-V-1840.

En los altos niveles de la política existía una lucha enconada. La última legislatura de las Cortes de la Regencia se abría con el triunfo del partido moderado y los progresistas atacaron los proyectos que se fraguaban: las restricciones en la imprenta, las dotaciones de culto y clero; pero sobre todo la ley de Ayuntamientos de 1840, que provocó no sólo una pugna de partidos, sino una verdadera revolución. Había que tener en cuenta que el partido progresista, de gran heterogeneidad, estaba integrado en gran parte por las clases medias urbanas que, a su vez, ocupaban los cargos concejiles (desde las elecciones de 1835), y la política municipal era intensa en los años de la Regencia; esto llevó al Partido Moderado a querer controlar la administración local mediante la ley de 1840, que costaría la Regencia a María Cristina.

La reina se dirigió a Cataluña con sus hijas, con el pretexto oficial de una cura de aguas; en realidad quería recabar el apoyo de Espartero para promulgar la debatida ley municipal, que los progresistas amenazaban vetar. De paso para Cataluña se detuvieron en Zaragoza, y la ciudad les hizo un gran recibimiento, aunque se estaba fraguando la revolución. Espartero no dio el apoyo esperado. La regente, atacada por una prensa irrespetuosa que aireaba su matrimonio morganático (en 1833 se había casado con Fernando Muñoz), y ante las noticias alarmantes de Madrid, una vez más se inclinó por el partido moderado y sancionó la ley; marchó después a Valencia, pero la revolución se extendió por toda España y María Cristina decidió abandonar la regencia, que asumiría Espartero. El 12 de octubre embarcó con dirección a Roma, y después marcharía a París.

• Bibliog.:
Zabala, Pío: Historia de España; v. I, Barcelona, 1930.
Artola, Miguel: Partidos y programas políticos 1808-1936; Madrid, 1974.
Tuñón de Lara, M.: Del absolutismo fernandino al liberalismo (1833-1835); Madrid, 1976.
Tomás Villarroya, J.: El sistema político del Estatuto Real; Madrid, 1968.
Jiménez Jiménez, M.ª Rosa: El Municipio de Zaragoza durante la Regencia de M.ª Cristina de Nápoles (1833-1840); Zaragoza, 1979.

 

Monográficos

La disolución del Antiguo Régimen

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La lenta ascensión de la clase burguesa en Aragón y el proceso constitucional en la primera mitad del siglo XIX

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