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Crecimiento vegetativo

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Es la diferencia entre los nacimientos y las defunciones de una determinada población. La tasa anual del crecimiento vegetativo o natural (referida a mil habitantes) resulta de la resta: tasa de natalidad menos tasa de mortalidad.

En el régimen demográfico primitivo que imperó en Aragón hasta finales del xix, como consecuencia de una tasa de natalidad que se mantenía en torno al 40 - y una tasa de mortalidad normal, algo superior al 30-, la tasa de crecimiento vegetativo era, en años normales, de casi un 1 %, es decir que la población aragonesa crecía a un ritmo anual de uno por cada cien habitantes. Pero como eran frecuentes las mortandades catastróficas en pocos meses se perdían los superávits conseguidos durante años. De ahí el estancamiento e incluso la regresividad registrada por la demografía aragonesa en determinados siglos, nefastos por las pestes como el xiv y el xvii. El lento ritmo de crecimiento real o absoluto en los demás siglos se explica en buena parte por el crecimiento vegetativo.

Pero hay que tener en cuenta, además, las migraciones voluntarias y forzadas, que se combinaron positiva o negativamente con el crecimiento vegetativo. En el siglo xx, hasta la guerra civil la tasa de crecimiento vegetativo aragonés, siempre inferior a la nacional en un punto, oscila entre el 8 y el 9 - aproximadamente. Es decir, que por cada mil aragoneses, anualmente, si no hubiese habido emigraciones, debería haber 8 ó 9 aragoneses más. Hay una excepción en el quinquenio 1916-20, en que la tasa se reduce a la mitad, por la gripe de 1918, año en el que Aragón tuvo un saldo vegetativo negativo.

La guerra civil se traduce en un nuevo decrecimiento vegetativo aragonés para el quinquenio 1935-40. La tasa española, con reducirse considerablemente en este quinquenio, resulta, sin embargo, positiva. En la etapa demográfica que se abre después de la guerra, el saldo vegetativo aragonés, una vez salvado el bache de la postguerra (1941-45), tiende a situarse entre el 6 y 7 -, con cierta tendencia a la baja y a más distancia de la tasa media nacional, que oscila entre el 10-12 -. El hecho de que Aragón registre una de las tasas de natalidad más bajas de España y de que la tasa de mortalidad sea de las mayores, se traduce en que su crecimiento vegetativo desde la guerra civil sea, por regiones, uno de los más bajos del país e incluso el más bajo (según quinquenios).

En el quinquenio 1971-75 Aragón da un saldo vegetativo del 6 -cuando el nacional es del 10,6-. El saldo vegetativo de la provincia de Zaragoza no resulta tan distanciado del nacional, pero los casos de Huesca y, sobre todo, Teruel son angustiosos. Teruel, en 1975, es la provincia española con un saldo más bajo; tan bajo que es negativo. En la provincia de Teruel mueren más personas que las que nacen. Huesca presenta también uno de los saldos más bajos (1,59 % en 1971-75) y está abocada a una situación similar a la turolense. El crecimiento cero es una amenaza que se cierne sobre la demografía aragonesa ya a finales de los años setenta. El crecimiento vegetativo en las ciudades aragonesas es superior al del campo, debido al menor envejecimiento de la pirámide de edades. Sin embargo, al utilizar las tasas urbanas hay que tener en cuenta el incremento que suponen los alumbramientos de madres campesinas en maternidades y clínicas urbanas, y, por otra parte, el decrecimiento que experimentan las tasas urbanas por las muertes de jubilados del campo que van a pasar los últimos años de su vida en residencias de la «tercera edad» ubicadas en la ciudad. Aún así puede comprobarse cómo, p. ej., las tasas de crecimiento vegetativo de las capitales son sensiblemente superiores a las de las provincias.

La amenaza de crecimiento cero que para la demografía aragonesa se preveía a finales de los setenta ya se ha hecho realidad. En el cuadro adjunto podemos observar que durante el período 1985-1996 las defunciones han superado a los nacimientos en casi 19.000 habitantes, lo que supone una tasa de mortalidad de 1’2 -mientras que la natalidad apenas llega al 1’03-. De los 729 municipios de nuestra Comunidad Autónoma sólo 43 han experimentado un crecimiento natural positivo a lo largo de período 1985-96. Dentro de este crecimiento positivo destacan, junto a las capitales de provincia, algunas cabeceras comarcales, no todas, como: Sabiñánigo, Ejea, Barbastro, Monzón, Fraga, La Almunia, Illueca y Mora de Rubielos. Por ámbitos geográficos destacar que el crecimiento positivo se experimenta en zonas del Pirineo favorecidas por el desarrollo turístico (Sabiñánigo, Canfranc, Panticosa, Torla y Benasque) con significativas excepciones como Jaca, en entorno del Cinca Medio y Bajo Cinca y, en la provincia de Teruel las Cuencas Mineras. Buena parte de los municipios de las Cuencas Mineras (Andorra, Alloza, Estercuel, Mata de los Olmos, Palomar de Arroyos, Escucha, Utrillas y Montalbán) han experimentado un crecimiento positivo, sin embargo es previsible su retroceso en un futuro inmediato si no se logra crear alternativas a la actual crisis de la minería con el recientemente diseñado Plan Miner (ver minería Buscar voz...).

 

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