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Costismo

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 05/10/2010

Si bien durante su vida Costa Buscar voz... no elaboró un sistema de pensamiento suficientemente «cerrado» y coherente, ni tampoco -salvo el fracasado intento de la Unión Nacional Buscar voz...- encabezó un movimiento político, tuvo, sí, numerosos seguidores a título personal, sus incondicionales, amigos, «correligionarios» republicanos, gentes de Ribagorza Buscar voz... o de todo el Alto Aragón Buscar voz..., votantes en elecciones parlamentarias. Pero es de modo muy especial tras su muerte cuando crece, de un lado, el mito de Costa, sobre todo en Aragón; y, de otro, cuando sus doctrinas comienzan a tomar cuerpo político en bien diversas formaciones políticas y cuando estudiosos del Derecho, la Historia, la Literatura, la Sociología y otras muchas ciencias comienzan a contemplar globalmente su descomunal figura.

Precisamente su carácter, sus dificultades físicas, su polifacetismo increíble -pero que dificultaba su identificación con una u otra disciplina- habían hecho que Costa fuese, ya en vida, un personaje enigmático, difícil de comprender y de encasillar. Tras su muerte, presentido aldabonazo en la conciencia nacional española, «el León de Graus» es evocado y llorado por quienes, de un modo u otro, son sus discípulos: hombres del 98 como Maeztu y Azorín -gran admirador de «la melancolía incurable del señor Costa», al que dedicó varios estudios-, Unamuno -cuya vinculación a Costa han destacado especialmente López Morillas y Tuñón de Lara-; Emilia Pardo Bazán; periodistas aragoneses en Madrid como Cavia Buscar voz..., Joaquín Dicenta Buscar voz... y José García Mercadal Buscar voz...; pensadores de primera fila como Ortega y Gasset, Zulueta, Cossío y Azcárate, que pronuncia su necrológica en la Academia de Ciencias Morales, todos ellos relacionados con la Institución Libre de Enseñanza Buscar voz....

La divulgación de la obra de Costa va a estar en manos de su hermano Tomás Buscar voz..., que lleva a cabo una labor ímproba, algo confusa, inacabada, pero que permite ordenar en cierto modo y difundir la ingente obra del maestro. Hasta nuestros días, aparte los fondos y manuscritos conservados en archivos y bibliotecas oficiales, ha sido la familia Auset (hijo, nietos y bisnietos de su hermana) la que fiel, celosamente, ha guardado, tal y como estuvo para él, el piso y el despacho de Graus donde pasó los últimos años, con abundantes legajos de manuscritos y algunos recuerdos personales. De la rama descendiente de su hija natural, Pilar Costa Palacín, es su nieta Milagros Ortega Costa, profesora en U.S.A., la que quizá ha dedicado mayor tiempo y esfuerzo a estudiar a su celebérrimo antepasado.

De entre sus fieles amigos más próximos, el mismo 1911 publica en Huesca Marcelino Gambón una Biografía y Bibliografía de Don Joaquín Costa, además de seguir hasta 1930 publicando El Ribagorzano Buscar voz..., creado y directamente inspirado por Costa. También en 1911 publica A. Puig Campillo un estudio en Valencia sobre sus ideas pedagógicas; la «Escuela» es una de las constantes evocadas y estudiadas mucho tiempo después: en 1920 por E. González Blanco, en 1959-60 por Paulino Usón, en 1969 por Eloy Fernández Clemente Buscar voz..., entre otras muchas alusiones y citas. Pero es el intento de conseguir esa ansiada visión global y de potenciar su carismática figura en una España en crisis lo que hace escribir una apasionante biografía a Luis Antón del Olmet, en 1917, en la serie «Los grandes españoles»; a Pedro Martínez Baselga Buscar voz..., en 1918, un sencillo librito lleno de afecto y didacticismo, y una primera biografía (sin fecha, pero hacia esos años), en la Biblioteca de la Cultura española de Aguilar, a M. Ciges Aparicio, quien, además de ofrecer una muy inteligente antología, realiza un primer intento de codificar obra tan dispersa, abundante y hasta entonces desordenada. En 1930 publicará Ciges otro librito distinto, más divulgador y polémico, con el título Joaquín Costa, el gran fracasado (Espasa Calpe).

Pero será en la Dictadura de Primo de Rivera Buscar voz... cuando la bandera costista se enarbole más declarada y decididamente. Don Miguel no oculta sus simpatías hacia el hombre que urgía para salvar a España un «cirujano de la mano de hierro», con el que se identifica desde luego, y también toma sus proyectos hidráulicos, de repoblación forestal y obras públicas, de escolarización, etc. Un apasionado costista es precisamente el encargado de proyectar y llevar a cabo la política hidráulica: Manuel Lorenzo Pardo Buscar voz.... En parte el lenguaje conminatorio y urgido, en parte su escasa fe en aquel tipo de democracia liberal capitalista, y sin duda la hábil utilización de su figura y sus seleccionadas ideas por el Dictador, han permitido que estudiosos como Tierno Galván se atrevan a calificar de «prefascista» a Costa, levantando una polémica aún no cerrada. Lo cierto es que el Dictador ve gustoso las comparaciones con el «retrato-robot» impetrado por Costa para salvar a España, y asiste complacido a la inauguración del monumento en Graus Buscar voz... en 1929, mientras ese mismo año se inaugura en Zaragoza, como «monumento» que él hubiera preferido, el suntuoso Grupo Escolar Joaquín Costa.

La revista Aragón dedica en 1926 un número extraordinario en el que, junto al socialista Isidoro Achón Buscar voz..., al republicano radical Samblancat Buscar voz... y al nacionalista aragonés J. Calvo Alfaro Buscar voz..., escriben plumas conservadoras y más «respetables» como Minguijón Buscar voz..., Royo Barandiarán, Gil y Gil Buscar voz..., etc., en un ejemplar modelo de convivencia literaria. También El Ribagorzano, en su penúltimo número antes de desaparecer (1929) dedica un extra en el que escriben Tomás Costa, Del Arco Buscar voz..., Paraíso Buscar voz..., Bonifacio García Menéndez Buscar voz... y otros.

Tras la caída del general, el bilbilitano Dionisio Pérez publica un título deliberadamente polémico e intrigante: El enigma de Joaquín Costa: ¿Revolucionario? ¿Oligarquista?, para terminar, lógicamente, afirmando que su ideario «constituye un posible programa de política y de gobierno, encarnando anhelos que están en la conciencia de todos los españoles». Efectivamente, durante la II República Buscar voz..., si bien para algunos la reciente manipulación de la Dictadura o las frases no bien desentrañadas y aun contradictorias suscitan algunos recelos, la figura de Costa cobra un papel profético y es estudiada con mucho mayor rigor. García Mercadal publica una excelente antología, Ideario de Costa, reeditada varias veces, con prólogo de Zulueta, y también estudian y divulgan su obra recordando su vinculación a la Institución Libre de Enseñanza, su republicanismo declarado y sus simpatías y acercamiento en los últimos años hacia el socialismo, desde Araquistaín y Saborit (cuyo último libro, Joaquín Costa y el socialismo no verá luz hasta 1970) hasta Altamira, Azaña y Marcelino Domingo.

Los exiliados republicanos mantendrán esa misma perspectiva: Méndez Calzada publica en Buenos Aires, 1943, un revelador título: Joaquín Costa, precursor doctrinario de la República, y, mientras el hispanista y estudioso de la guerra civil Gabriel Jackson le dedica varios importantes estudios (1953 y 1954) y una tesis, también lo evoca, desde el anarquismo, su paisano M. Buenacasa Buscar voz..., escribiendo con especial cariño la suya entre una serie de biografías de líderes obreros (1966). Es una corriente que habremos de ver, como tantas otras cosas, enlazar con la evolución interior española, con el desarrollo socio-político, cultural, de las décadas de los 60 y 70

Porque, mientras tanto, y si no con el decidido entusiasmo de Ramiro Ledesma Ramos vuelve Costa a ser controvertidamente entendido e interesadamente utilizado: sus temas y sus lemas; pues su figura, su estilo, su significado total, no complace particularmente al régimen de Franco, que, sin embargo, sigue adelante con la política hidráulica, la repoblación forestal, la alfabetización. Será en torno al centenario de su nacimiento (1946) cuando resurja el tema, casi siempre en manos de los sectores más liberales del régimen: Laín Entralgo Buscar voz... lo estudia en 1944 y de nuevo, en torno a la generación del 98 quince años después Legaz Lacambra Buscar voz... analiza sus ideas políticas y sociológicas, especialmente desde el Instituto de Estudios Políticos, donde también publican estudios costistas M. Fernández Almagro y otros.

En los años cincuenta, la revista Argensola Buscar voz... del entonces Instituto de Estudios Oscenses aborda varias veces su gran figura con artículos de F. Abbad Buscar voz..., R. Pita, Del Arco y, sobre todo, Cirilo Martín-Retortillo Buscar voz..., quien escribe en 1961 un estupendo Joaquín Costa, propulsor de la reconstrucción nacional, libro que supone un esencial enfoque socioeconómico y político. A partir de ese momento (1961: año en que, también en Barcelona, publica Tierno Galván su discutido Costa y el regeneracionismo, y García Mercadal una nueva antología, ahora titulada Historia, Política Social, Patria), se produce una auténtica eclosión de estudios sobre Costa. El espléndido libro del malogrado Rafael Pérez de la Dehesa sobre El pensamiento de Joaquín Costa y su influencia en el 98 (1966) y la antología en edición de bolsillo preparada por él mismo al siguiente año para Alianza Editorial, los estudios sobre su pensamiento jurídico por Alberto Gil Novales y Nicolás M.ª López Calera (ambos de 1965); la tesis de Díaz de Cerio que da a conocer en 1967 el discurso para doctorarse Costa en Filosofía y Letras (Plan de una introducción al estudio de la revolución española), todo prepara el siguiente paso. Es decir, el intento de codificar de modo definitivo su amplísima producción (A bibliographical study of the writings of Joaquín Costa, Londres, 1972), un trabajo excepcional de George J. G. Cheyne; y, de otra parte, la necesaria biografía «total» que, con gran acopio de datos, contraste de referencias y penetración psicológica llevó a cabo el mismo autor también en 1972 (en 1979 acaba de publicar el interesantísimo epistolario con M. Bescós, «Silvio Kossti» Buscar voz..., uno de sus más fieles amigos y confidentes.

Con estas guías fundamentales y lo que suponían de revitalización y renovación del interés por Costa, en la década de los 70 van a realizarse numerosos estudios que inciden de modo particular en los temas políticos, económicos y sociales, así como en la ideología y ano aspectos literarios. Los estudiosos del krausismo Buscar voz... y la Institución Libre de Enseñanza (Cacho Víu, M.ª Dolores Gómez Molleda, Y. Turín, Elías Díaz, López Morillas, Jiménez Landi, Gil Cremades, etc.) tratan con interés al personaje. Vuelven las preguntas sobre su protagonismo en la crisis finisecular: Tuñón -que ya le ha dedicado en 1971 un interesante estudio comparándolo con Galdós- trata sobre Costa y Unamuno en la crisis de fin de siglo (1974); Enrique Vallés de las Cuevas aborda un ambicioso panorama ideológico-político general; Jacques Maurice y C. Serrano plantean de modo original y revelador la perspectiva Joaquín Costa: crisis de la Restauración y populismo (1977), mientras que en ese mismo año aborda Eloy Fernández Clemente por primera vez de modo global y monográfico las relaciones, de primer orden, entre Joaquín Costa y el africanismo español. Diversas dificultades jurídicas, económicas o políticas habían impedido hasta el momento la reedición de obras importantísimas de Costa. La realizada por el Colegio de Ingenieros de Madrid, en 1975, de Política Hidráulica, adolece de un deficiente aparato crítico, aunque aporta correspondencia interesante. Pero, sobre todo, es la profunda obra de Alfonso Ortí en torno al pensamiento y la coyuntura agraria de fines del XIX en Costa (Agricultura y Sociedad, n.° 1, 1976) y su extraordinaria introducción (de más de 300 páginas) a la magnifica edición de Oligarquía y Caciquismo realizada por la Revista de Trabajo. En ella está, a través de análisis psicosociales, de consideraciones revolucionarias en muchos aspectos, una de las principales claves de nuestra primera figura aragonesa en los últimos cien años.

En cuanto a las interpretaciones literarias, destacaríamos el trabajo sobre Costa, novelista, de Leonardo Romero Tobar (1977), la introducción, bibliografía y selección de textos de José-Carlos Mainer Buscar voz... en Modernismo y 98 (1979) y los estudios sobre sus escritos literarios inacabados, por Agustín Sánchez Vidal Buscar voz....

En cuanto a lo que podríamos llamar divulgación popular, eco político, es indudable que la figura de Costa ha vuelto a engrandecerse extraordinariamente. Ha vuelto a renovarse la rivalidad entre sus villas natal y última, y Monzón y Graus organizaron diversos actos públicos (casi siempre oficialistas y con participación de personajes conservadores: Ballarín Marcial, Gómez de las Roces Buscar voz..., Bolea Foradada Buscar voz..., Sebastián Martín-Retortillo Buscar voz... -cuya Interpretación política de Joaquín Costa (1975) levantó más de una sorpresa-, mientras que pequeños grupos de intelectuales y políticos acuden cada 8 de febrero a la tumba de Torrero en simbólico recuerdo, en interesado homenaje aragonesista a su gran figura, que tan interesante resultó al padre del nacionalismo andaluz, Blas Infante, autor de un estudio sobre la obra de Costa.

No podemos olvidar, al repasar el eco del costismo en Aragón, la importante labor de Heraldo de Aragón Buscar voz..., que ha profesado siempre un entusiasmo sin límites por su figura, evocando cada aniversario, asumiendo gran parte de su ideario, y dando cauce en sus páginas a permanentes glosas, ya de los colaboradores de la primera mitad del siglo (J. Cejador Buscar voz..., Bonifacio García Menéndez Buscar voz..., Gascón y Marín Buscar voz..., J. Arrarás y, de modo sobresaliente, el pedagogo y director del Grupo Escolar «Costa» durante muchos años, Pedro Arnal Cavero Buscar voz...), o bien de los últimos años, en que M. Porquet Manzano, Aurelio Viñas, J. Gómez Aguayo, A. Puyuelo y, muy especialmente, Alfonso Zapater Gil Buscar voz..., han comentado, divulgado, impulsado el conocimiento de su figura y de su obra. Zapater, aparte sus numerosas conferencias por todo Aragón, escribió una biografía-ideario (basada íntegramente en documentos del propio Costa): Desde este Sinaí (1975) y cuatro años después la obra teatral Resurrección y vida de Joaquín Costa, que, representada por el grupo teatral La Taguara Buscar voz..., sintetiza los rasgos más sobresalientes del personaje y resume sus ideas más vivas.

El tema no ha faltado en el resto de la prensa regional: desde El Periódico de Aragón Buscar voz... desde su nacimiento hasta El Noticiero Buscar voz... (Gil Comín Gargallo Buscar voz... sobre todo, también J. M.ª Zaldívar y otros) y Aragón Exprés Buscar voz... (artículos de Esteban Ferrer Guarga, que más tarde escribe en Esfuerzo Común Buscar voz... y publica Joaquín Costa en el duro encanto de la naturaleza, 1979; reedición de viejas series de J. García Mercadal, trabajos del joven R. Grau Morancho, autor de un divulgado libro de poemas en aragonés que precede con un trabajo de Saroïhandy Buscar voz... en la Revista de Aragón a principios de siglo, titulándolo Joaquín Costa y el idioma aragonés); o Ecos del Cinca, la revista de Monzón y su comarca, o Andalán Buscar voz..., donde no carecieron de interés las polémicas sobre el entierro de Costa (con artículos del anciano J. García Mercadal o de Gregorio Sierra), comentarios a muchas de sus obras o semblanzas como I. de Juan A. Hormigón, que compara a Costa con Valle-Inclán, más algunos estudios sobre el costismo aragonés o las vinculaciones de Costa a la Institución Libre de Enseñanza por Eloy Fernández.

Este último publicó en 1978 un trabajo sobre Costa y Aragón recogiendo los principales escritos sobre el paisaje, el derecho, la lengua, etc., y en ese mismo año se publicó Joaquín Costa y el Derecho Aragonés, lección inaugural de Jesús Delgado Echeverría Buscar voz... al incorporarse dos años antes a la cátedra de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza. Señalemos también, la edición que el viejo militante cenetista Ramón Liarte hizo en 1980 prologando y comentando, bajo el título de Crisis política de España, los escritos y documentos en torno a los famosos Juegos Florales Buscar voz... de Salamanca en 1901, más una antología personal sobre España y Costa.

Revive, pues, el tema, el hombre, la obra. Queda mucho de su mensaje por cumplir. Y aun conscientes de sus limitaciones -muchas de ellas implícitas a su tiempo- y contradicciones, Aragón recupera en Costa un maestro, un ideólogo, un profeta para su propia marcha recuperadora de su identidad y su destino. No es, ya lo hemos visto, ni de uno ni de otros: reivindicado por krausistas, carlistas, jonsistas y cenetistas, republicanos y socialistas, quizá sea esa la mejor señal de su grandeza y de su potencial inmenso como símbolo para un pueblo.

La figura y pensamiento de Costa es fuente inagotable de estudios. Entre los publicados más recientemente, podríamos citar:
Gómez Benito, C.; Ortí Benlloch A.: Estudio crítico, reconstrucción y sistematización del corpus agrario de Joaquín Costa. Huesca, Fundación Joaquín Costa, 1996.
Fernández Clemente, E.: Hacia una relectura biográfica de Joaquín Costa en «Temas de Antropología Aragonesa», 6 (1996).
Así hablaba Joaquín Costa (Textos seleccionados por Trinidad Ortega Costa). Huesca, Fundación Joaquín Costa, 1998.
Medrano Mir, M.ª G.: Costa educador: antología comentada de las ideas educativas de Joaquín Costa, Huesca, Pirineo, 1998.
Mateos y de Cabo, O. I.: Nacionalismo español y europeísmo en el pensamiento de Joaquín Costa. Zaragoza, Institución «Fernando el Católico», 1998.
Fernández Clemente, E.: El pensamiento y la obra de Joaquín Costa, Barcelona, Institut de Ciènces Politiques y Socials, 1998.
También su obra literaria dio pie al trabajo de Agustín Sánchez Vidal, Las novelas de Joaquín Costa, Zaragoza, Universidad, 1981.

 

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Aragón en los inicios del siglo XX

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