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Correos

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 14/07/2009

Las comunicaciones postales, que conocieron un primer momento de esplendor con el Imperio Romano (utilización de un sistema de paradas entre dos «mansiones», destinadas a cambiar las caballerías), se desmoronan a la caída del Imperio y son casi inexistentes durante la alta Edad Media.

Con el nuevo fortalecimiento del poder real, fenómeno unido estrechamente al renacimiento del comercio y del mercado, el correo va a ser principalmente un instrumento del poder político. En la Corona de Aragón existieron desde Jaime I Buscar voz... los llamados troters o correus. En Barcelona existía desde el s. XV una cofradía de correos.

Bajo los Austrias, los servicios de correos españoles se convirtieron en un monopolio de la familia Tassis, el cual será nombrado correo mayor de los reinos de España, entrando en conflicto con cofradías de ámbito local como la de Barcelona.

Durante el siglo XVII se inaugura el nuevo sistema de estafetas organizado por Antonio Vaz Brandon, nombrado administrador general de estafetas de Aragón. El sistema de estafeta consiste en que ya no es un hombre sólo el que corre las postas (o paradas) con los despachos, sino que los encargados del transporte (postillones) se van sucediendo en cadena de posta a posta. Así, el sábado de cada semana partía de Madrid por la noche una estafeta para las ciudades de Zaragoza (tardaba cuatro días), Barcelona (siete días) y los miércoles a Valencia (cuatro días).

Los Borbones suprimieron los privilegios del monopolio postal y nombraron un administrador general de Correos y Postas del Reino (en 1792 desempeñó el cargo interinamente el conde de Aranda como superintendente general, cargo en el que le sucede Godoy). En 1794 es Godoy quien establece una Ordenanza General de correos, postas, caminos y demás ramos agregados a la superintendencia general. Ello supone, en este período, la creación de un sistema de carteros y el aumento de expediciones a las capitales del reino (dos por semana). Son los años de la introducción de coches de viaje (berlinas, calesas, tartanas...), servicios agregados a la Administración General de Correos (Compañía de Caleseros, Compañía General de Diligencias...), que experimentarán un notable impulso con la introducción de las diligencias, con seis u ocho asientos y unas mayores comodidades. Así por ejemplo, el itinerario arrendado de Madrid-Zaragoza en 1841, con tres expediciones semanales, tenía en Aragón las siguientes postas: Ariza, Bubierca, Ateca, Calatayud, Frasno, Almunia, La Romera, La Muela, Garrapinillos, Zaragoza.

En el siglo XIX el nuevo Estado liberal fue consolidando la actual estructura, dependiente orgánicamente del Ministerio de la Gobernación (una de las diez «carreras» del país era la de Aragón-Cataluña). En 1835 son ya tres viajes semanales, que se convierten en 1843 en diarios. En 1845 se estableció el pago postal de acuerdo con el peso, mediante el sistema de franqueo previo, ligado a la introducción del sello (1850), obligatorio a partir de 1856.

La introducción del ferrocarril supone una verdadera revolución en las comunicaciones y permite una mayor rapidez en el servicio (en 1858 se inaugura el servicio de correspondencia por ferrocarril de Zaragoza a Lérida), mediante la instalación de vagones especiales (oficina o estafeta ambulante). Así, en 1863 se creó la ambulante de Barcelona a Zaragoza con un administrador y un ayudante; en 1880, la prolongación de Bilbao a Zaragoza, etc.

En 1874 nace la Unión General de Correos transformada en 1878 en Unión Universal del Correo y más tarde Unión Postal Universal. La Ley de Bases de Correos, de 1909, dividió el territorio español en once inspecciones regionales, una de las cuales, correspondía a Zaragoza; la inspección de ambulantes, en seis zonas radiales, correspondiéndonos la Nordeste. Un año antes se habían creado juntas en las capitales de provincia y en las ciudades importantes para reconocer los solares que pudieran utilizarse en la construcción de edificios de correos, o el aprovechamiento de otros. En Zaragoza habrá que esperar hasta 1927, la inauguración del edificio de Correos y Telégrafos.

Actualmente el Correo está organizado en servicio dependiente de una Dirección General de Correos (o Correos y Telecomunicaciones). Las oficinas se clasifican en: administraciones principales (en las capitales de provincia), administraciones centrales (poblaciones de gran importancia), estafetas (poblaciones de más de mil habitantes y sectores en las capitales de provincia) y carterías (oficinas en los restantes núcleos de población).

 

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