Estás en: Página de voz
  • Aumentar tamaño letra
  • Reducir tamaño letra
  • Imprimir página
  • Guardar voz
  • Añade a tu blog
  • Buscar noticias
  • Buscar en RedAragon

Cordillera Ibérica

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 22/05/2009

Recibe este nombre la barrera montañosa que, alineada en dirección noroeste-sureste, separa la depresión del Ebro Buscar voz... de las del Tajo y Duero. Sólo una parte de esta cordillera, en su sector central y oriental, está en territorio aragonés, y a ella nos referiremos exclusivamente en este apartado. El conjunto de la Ibérica aragonesa carece de unidad tanto desde el punto de vista orográfico como geomorfológico, de manera que se impone establecer en ella una serie de unidades a partir de la clásica división entre Ibérica zaragozana e Ibérica turolense.

Ibérica zaragozana: El sector zaragozano de la cordillera presenta una gran simplicidad en lo que se refiere a su dispositivo orográfico. Dos ramas montañosas claramente orientadas de noreste a sureste se disponen delimitando una depresión interior que, a lo largo de unos 70 km., se extiende en la línea Calatayud-Daroca-Calamocha. Estas alineaciones están constituidas por una serie de sierras, subdivididas por valles afluentes al Jalón Buscar voz..., que de noroeste a sureste son: las sierras de la Virgen Buscar voz..., de Algairén Buscar voz..., de Vicor Buscar voz..., Modorra Buscar voz... y del Peco, en la rama más septentrional; y los montes de Ateca, la sierra de Pardos Buscar voz... y la sierra de Santa Cruz Buscar voz... forman la alineación más meridional, e interna en el conjunto de la cordillera.

Estas dos ramas montañosas se identifican con dos grandes bloques elevados y delimitados por fallas, constituidos por materiales en los que predominan cuarcitas y pizarras. La erosión selectiva, a que han sido sometidas durante el terciario superior y cuaternario, explican su caracteres geomorfológicos, en los que destacan las potentes crestas cuarcíticas. En el interior del gran bloque paleozoico septentrional, unas líneas de fractura de dirección noroeste-sureste individualizan la depresión Morés-El Frasno, donde se conservan restos de la cobertera mesozoica del Trías, que aparece modelada en cuestas con cornisas calcáreas. El contacto con la Depresión del Ebro se realiza, bien de forma directa y brusca, como ocurre en el sector de Cariñena, bien a través de una serie de pliegues y relieves en cuesta mesozoicos, que son en definitiva una unidad transicional entre el zócalo antiguo y el terciario del Ebro.

La depresión longitudinal de Calatayud-Daroca, es, sin duda, la más importante de la Ibérica zaragozana por su interés geomorfológico y desarrollo espacial, ya que se prolonga hasta el sector turolense. Se trata de una fosa tectónica localizada entre los dos bloques antedichos, y colmatada por sedimentos miocenos postorogénicos, que se disponen en capas horizontales con cambio lateral de facies Buscar voz... entre los conglomerados y arcillas, adosados a las sierras marginales, y las calizas margosas y yesos del centro de la cuenca. En los tránsitos del cambio de facies se han excavado depresiones longitudinales que subdividen a la depresión, y que están drenadas en buena parte por los ríos Jiloca Buscar voz... y Perejiles Buscar voz..., Manubles Buscar voz... y Ribota Buscar voz..., afluentes del Jalón por sus orillas derecha e izquierda, respectivamente. Pero las formas de relieve que más destacan son las plataformas estructurales del tipo de las muelas Buscar voz..., que se alinean en dirección noroeste-sureste, entre los valles de los ríos citados, quedando escindidas transversalmente por el Jalón: al norte de Calatayud la sierra de Armantes Buscar voz..., y al sur la plataforma divisoria entre el Perejiles y el Jiloca que culmina en Pedreguera a 972 m.

El conjunto de la Ibérica zaragozana se resuelve, pues, en una sucesión alternante de alineaciones serranas y depresiones, cuya evolución más reciente está dirigida por el río Jalón y la red organizada por él. Su valle cruza transversalmente, en dirección suroeste-noreste, las directrices ibéricas hasta abrirse en Ricla a la depresión del Ebro. Sus diferentes tramos traducen las unidades morfotopográficas que atraviesa, encajándose en profundas foces en los bloques paleozoicos constituidos por materiales muy resistentes, y ensanchando su valle al fluir por las fosas de Calatayud y Morés, donde se localizan los niveles de terrazas fluviales más representativas.

La rama más septentrional de la Ibérica zaragozana se prolonga hacia el noroeste por una serie de cuestas mesozoicas, que en Talamantes pasan a conectar con las estribaciones del macizo del Moncayo Buscar voz..., cumbre máxima de la Ibérica aragonesa, con 2.313 m. de altura, donde se localizan las únicas huellas del glaciarismo Buscar voz... cuaternario ibérico.

Ibérica turolense: El sector turolense de la cordillera presenta una mayor diversificación, y carece de la regularidad topográfico-estructural de la Ibérica zaragozana. En una visión de conjunto puede afirmarse que la Ibérica turolense es el dominio de las altas tierras planas, muy bien desarrolladas al norte de la capital, en los interfluvios de los ríos Jiloca Buscar voz..., Alfambra Buscar voz..., Martín Buscar voz... y Guadalope Buscar voz..., con alturas que oscilan entre los 1.100 y 1.400 m. Estas altiplanicies se extienden sobre materiales mesozoicos de calizas cretácicas, como en el sector de Camarillas-Aliaga y en el de la sierra de San Just Buscar voz..., o en las calizas jurásicas de la sierra del Pobo Buscar voz..., Perales de Alfambra Buscar voz... o Pozondón Buscar voz....

En todos los casos se trata de extensas superficies de erosión que arrasan una estructura de pliegues laxos. La elaboración de esta superficie se produjo a lo largo de todo el terciario superior, de cuyos sedimentos existen vestigios dispersos en toda la Ibérica de Teruel. La planitud topográfica sólo queda interrumpida por el encajamiento de la red fluvial y por el resalte topográfico de algunas sierras como la del Pobo Buscar voz..., a 1.761 m.

Hacia el norte, este conjunto de altas tierras desciende escalonadamente desde los 1.522 m. de la sierra de San Just a los 987 m. de la sierra de Arcos Buscar voz..., ya en contacto con la Depresión del Ebro. Entre ambas cotas se desarrollan una serie de alineaciones montañosas, coincidentes en su mayor parte con estructuras anticlinales, falladas y vergentes al norte, que encierran pequeñas depresiones terciarias intramontanas. Merece destacarse entre todas las sierras de Montalbán Buscar voz... de 1.248 m., a través de la cual se establece la conexión con la rama septentrional de la Ibérica en las sierras de Herrera Buscar voz... y Cucalón Buscar voz....

El sector meridional de la provincia de Teruel está dominado por la presencia de tres grandes macizos, bien individualizados entre sí y cuya altitud se aproxima o rebasa los 2.000 m. Se trata de las sierras de Albarracín Buscar voz..., Javalambre Buscar voz... y Gúdar Buscar voz.... La primera, que culmina a los 1.921 m. en Caimodorro Buscar voz..., es una de las principales divisorias de agua de la Ibérica, divergiendo los ríos Guadalaviar Buscar voz... hacia el Mediterráneo, Jiloca hacia el Ebro a través del Jalón, y Gallo hacia el Tajo. Las cuarcitas, areniscas y pizarras del Paleozoico se disponen en crestas poco nítidas, dispositivo adoptado también por las areniscas rojas del trías. La Sierra Menera Buscar voz... y San Ginés Buscar voz... prolongan hacia el noroeste la sierra de Albarracín, formando relieves residuales sobre las altiplanicies mesozoicas de Pozondón y Cella. Albarracín destaca también sobre los pliegues mesozoicos de los Montes Universales, nivelados por una superficie de erosión y rejuvenecidos por el encajamiento de la red fluvial del alto Guadalaviar.

Separada de Albarracín por la depresión de Teruel, la sierra de Javalambre es una pesada cúpula de gran radio, que ha deformado y levantado hasta los 2.000 m. la superficie de erosión elaborada sobre las calizas mesozoicas, acribilladas por simas y dolicas de disolución kárstica. La red afluente al Mijares y al Turia ha ejercido una intensa actividad erosiva, sobre todo en las arcillas menos resistentes, rejuveneciendo los relieves en cuesta, principalmente en las márgenes del macizo que paulatinamente pasa hacia el este, a los relieves del país valenciano.

En el vértice de Peñarroya Buscar voz..., a 2.019 m., alcanza la sierra de Gúdar su máxima altura. Se corresponde con un gran domo anticlinal de calizas y areniscas mesozoicas, que se prolonga hacia el este por las montañas del Maestrazgo Buscar voz.... Gúdar y el Maestrazgo turolense se caracterizan por la madurez de sus formas y la plenitud de sus cumbres, que denuncian la superficie de erosión también aquí abombada. En éste, como en los dos macizos anteriormente citados, no existen vestigios glaciares, pero poseen formas y depósitos de modelado periglaciar.

También la Cordillera Ibérica en su sector turolense posee depresiones terciarias que tectónicamente hay que identificar con fosas de hundimiento. Las dos depresiones principales, genéticamente relacionadas y conectadas en las proximidades de Teruel, son las del alto Jiloca y la del Alfambra-Turia.

La primera, orientada prácticamente norte-sur, es la prolongación de la de Calatayud-Daroca, que, a la altura de Calamocha se bifurca hacia el sur y hacia el este. Se distingue de aquélla por la presencia de grandes glacis Buscar voz... convergentes hacia el curso del Jiloca, enraizados en las sierras y altiplanicies marginales de la depresión y situados entre los 1.100 y los 850 m. de altitud. Esta depresión se relaciona especialmente en su extremo noroeste con el Campo de Bello Buscar voz..., donde se alojan las lagunas de Gallocanta Buscar voz... y La Zaida Buscar voz..., uno de los focos fundamentales del endorreismo Buscar voz... aragonés.

En la depresión Alfambra-Turia, que converge con débil ángulo con la anterior, los sedimentos miocenos están profundamente disecados por la red fluvial y modelados en muelas Buscar voz... y grandes cerros testigos con las típicas cornisas calcáreas resaltando sobre los taludes arcillosos de menor pendiente.

Desconectada de ambas depresiones por el puerto de Escandón, la fosa del alto Mijares se interpone entre los macizos de Gúdar al norte y de Javalambre al sur. Extensos glacis cubren con sus depósitos los materiales poco resistentes del mesozoico, escasamente excavados por el curso del río.

Sintetizando, en la Cordillera Ibérica aragonesa están representadas las más diversas formas de relieve: formas estructurales, cuestas muelas y superficies de erosión, elaboradas sobre una litología variada y de cronología muy distinta. Y remodelando unas y otras, la impronta climática cuaternaria ha supuesto la génesis de una serie de formas menores entre las que destacan los glacis, las terrazas fluviales, las formas de disolución kárstica superficial y también las glaciares.

• Bibliog.:
Solé Sabarís, L.: Geografía de España y Portugal; t. I, Edit. Montaner y Simón, Barcelona, 1952.
Mensua Fernández, S.: Geografía Regional de España; dirigida por M. de Terán, Edit. Ariel, Barcelona, 1968.

Geología: Los relieves montañosos que ocupan el sector meridional de Aragón forman parte de la unidad geográfico-geológica denominada Cordillera Ibérica, correspondiendo al territorio aragonés el sector centro-oriental de la misma. Dicha cordillera constituye, desde el punto de vista estructural, una cordillera de tipo intermedio, pues a pesar del importante espesor de sedimentos existentes en algunos puntos y de que en ella existen áreas tectónicamente muy complejas, ni su evolución sedimentaria ni su estilo tectónico son los propios de una cordillera alpina. El metamorfismo está ausente y las manifestaciones magmáticas se limitan a unas pocas rocas volcánicas.

Forman la Cordillera una serie de alineaciones montañosas constituidas por materiales del Paleozoico y Mesozoico que, localmente, presentan depresiones rellenas por materiales del Cenozoico Buscar voz.... Entre estas depresiones Buscar voz... destaca la denominada de Calatayud-Teruel, la cual sirve de unidad geológica de referencia para dividir la Cordillera Ibérica en dos «ramas»: la rama que se extiende al norte de la mencionada depresión, se denomina rama aragonesa, denominándose rama castellana a las alineaciones de la Ibérica que, aunque ocupen territorios de Aragón, se extienden al sur de la misma, tal y como ocurre con el área de Albarracín-Montes Universales.

Es evidente en esta cordillera la superposición de dos pisos estructurales de características mecánicas diferentes. El piso inferior, o zócalo, lo forman los materiales precámbricos, escasamente aflorantes, y las rocas paleozoicas sedimentadas con anterioridad a la orogenia hercínica; esta orogenia Buscar voz... plegó los materiales mencionados en varias fases, lo que queda reflejado en microestructuras (esquistosidad, micropliegues) de direcciones cruzadas. Sobre el zócalo descansa un conjunto de materiales en el que se incluyen formaciones que van desde el Carbonífero al Triásico y que, adheridas al zócalo, forman el «tegumento» del primer piso estructural.

Los niveles plásticos del Trías medio y superior, sobre todo el Keuper, constituyen, debido a su plasticidad (presencia de yesos y arcillas), un nivel de despegue y deslizamiento para el piso estructural superior o cobertera. La cobertera está integrada por la restante serie mesozoica y paleógena, en la que, sin llegar a presentarse importantes discordancias angulares, se ha podido detectar la existencia de ciertas fases de deformación, principalmente durante el Cretácico inferior. No obstante, desde el punto de vista estructural toda la cobertera se comporta como un conjunto único.

Al final del Paleógeno tiene lugar en la Ibérica la fase principal de la orogenia alpina, consecuencia, al parecer, de las compresiones transmitidas al interior de la península desde los márgenes activos bético y pirenaico. Como resultado de estos empujes, el zócalo se alabea en deformaciones de gran radio o se fragmenta en bloques. Cuando pliegues anticlinales de gran radio han sido decapitados por la erosión muestran en su núcleo el zócalo de materiales paleozoicos. Tal es el caso de los macizos del Tremedal, Nevero, Collado de la Plata, Montalbán y Sierra Menera. Los montes de Ateca están formados, en cambio, por un sistema de bloques levantados o pilar tectónico. En algunos casos el zócalo llega a cabalgar sobre los materiales de la cobertera como puede observarse en el flanco oriental de Sierra Menera o en el sector de Montalbán. El tegumento se acomoda a las deformaciones del zócalo, mientras que la cobertera puede igualmente adaptarse al zócalo, dando estructuras de revestimiento, pero con más frecuencia se despega de él a favor de los niveles plásticos antes citados.

Como consecuencia de ello, tenemos para la Cordillera Ibérica una estructura general en la que coexisten fajas fuertemente plegadas, incluso con importantes cabalgamientos, tal como ocurre en el área comprendida entre Portalrubio- Ejulve-Molinos, junto a áreas tabulares o casi tabulares. Los ejes de los pliegues siguen una orientación general de noroeste a sureste, con una marcada vergencia al noreste, variando su orientación hasta casi oeste-este en las proximidades de la Depresión del Ebro, y también localmente a norte-sur, como sucede en las áreas de Aliaga, Crivillén, Los Olmos, etc.

Todos estos hechos hacen que la Cordillera Ibérica, al menos en su sector aragonés, presente un estilo tectónico del tipo denominado sajónico, impreso por los movimientos de la orogenia alpina en los tiempos premiocenos. Durante el Neógeno tuvo lugar una etapa de distensión postorogénica que desarrolla un sistema de fracturas, a consecuencia de las cuales se originan depresiones internas como la de Calatayud-Teruel antes mencionada.

• Bibliog.:
Canerot, J.: Recherches géologiques aux confins des chaînes Ibérique et Catalane (Espagne); Ed. Enadimsa, Ser. 5, n.° 4, 1974.
Julivert, M. y Fontboté, J. M.: Mapa tectónico de la Península Ibérica y Baleares; Inst. Geol. y Min. de España, 1977.
Lotze, F.: «Estratigrafía y tectónica de las Cadenas paleozoicas Celtibéricas» (1929); Publ. Extranjeras Geol. de España, t. 8, Madrid, 1954.
Riba, O.: Estudio geológico de la Sierra de Albarracín (1959); monografías Inst. «Lucas Mallada» (CSIC) n.° 16.
Richter, G., y R. Teichmuller: «Die Entwicklung der Keltiberischen Ketten» (1933); Abh. Ges. Wiss. Gottingen Math.-Phys. Kl., ser. 3, n.° 7.

Utilización del suelo: La noción de uso del suelo hace referencia a los aprovechamientos de los recursos que ofrece el territorio donde el hombre despliega su actividad. La obtención de estos recursos da lugar a la organización de la superficie del suelo, en función de sus posibilidades, en áreas de ocupación agrícola, silvo-pastoril, industrial, de habitación, etc., que se plasman en el paisaje, de forma bien visible, mediante espacios homogéneos de utilización. La utilización del suelo es la expresión más genuina de la relación del hombre con la naturaleza y de todas las implicaciones que esa relación lleva consigo. El uso del suelo está condicionado por dos factores: el medio natural y la evolución histórica. En el primero se incluyen todos aquellos elementos físicos que constituyen el tejido ecológico. En el segundo se integran las cuestiones demográficas, sociológicas y tecnológicas de los grupos humanos, que inciden en la explotación de los recursos.

La Cordillera Ibérica comparte con toda área montañosa los obstáculos derivados de la altitud y de la ausencia de espacios favorables para una ocupación del suelo continua y permanente -que define una buena utilización agraria-, pero no comparte, sin embargo las ventajas de la montaña derivadas de una climatología que favorece la formación de espacios forestales y pastizales, recurso tradicional de la montaña: esta cordillera es fría y seca, maciza y compartimentada al mismo tiempo, y sobre todo constituye un área aislada, ya históricamente, con relación a los centros dinámicos de utilización del suelo. Por todo ello, el uso agrícola del suelo se caracteriza por su discontinuidad espacial y escasa proporción en el conjunto de los usos del suelo; mientras que los espacios no cultivados, de uso forestal y ganadero, aunque superiores en extensión, son cualitativamente pobres, con un índice de cubrimiento arbóreo muy bajo. En definitiva, un uso del suelo que revela claramente la hostilidad del medio natural y que es el soporte de una población poco densa y en constante decrecimiento.

Ahora bien, la Cordillera Ibérica es extensa y variada, cubre el suroeste de la provincia de Zaragoza y más de los dos tercios de la de Teruel; en consecuencia, esta visión de conjunto ha de matizarse y presenta una gran variedad de usos del suelo, que pasamos a describir a continuación.

Los espacios cultivados se localizan en dos unidades de relieve, que ofrecen, por su topografía y sus suelos, ventajas relativamente favorables; estas unidades son: la gran depresión longitudinal ibérica, extendida desde el norte de Calatayud hasta Teruel, formando un largo corredor axial; y los llamados campos, que se identifican con grandes superficies aplanadas, herencia de una evolución geomorfológica compleja. Ambas unidades están ocupadas por espacios cultivados compactos. Fuera de estas áreas, los espacios cultivados se disgregan en pequeños enclaves alojados en valles y depresiones abiertas en las montañas, cuyas dimensiones varían en función del dispositivo del relieve y de la entidad de población que las trabaja.

El espacio cultivado de la depresión longitudinal ibérica tiene una utilización agrícola cualitativamente diferenciada. El sector comprendido en la provincia de Zaragoza, en torno a Calatayud, la podemos definir como un espacio de policultivo donde alternan tierras de labor de secano, cultivos permanentes arbustivos (viñedo y olivares) y el policultivo de regadío intensivo ligado a los ríos Jalón, Jiloca, Ribota y Perejiles. Este policultivo traduce una gran variedad de vocaciones agrícolas debido a un mayor período vegetativo, por la menor altitud relativa de esta área y la disponibilidad de agua para riegos.

No ocurre lo mismo en el sector de Calamocha a Teruel, donde la depresión, orientada de norte a sur, se eleva por encima de los 800 m. y llega hasta los 1.100 m. en sus márgenes, adquiriendo todas las características de una alta paramera fría y semiárida, con suelos detríticos permeables. La ocupación agrícola se empobrece y se reparte el suelo en dos tipos de utilización: monocultivos cerealistas de secano, y regadíos que jalonan en curso del Jiloca, de dedicación preferentemente remolachera. El alumbramiento de aguas subterráneas, muy abundantes por la permeabilidad de los suelos, ha permitido la ampliación de estos regadíos entre Monreal y Singra. A partir de Teruel el espacio agrícola se reduce a las orillas del Turia y se disgrega en enclaves a causa de la disección del relieve.

Los campos de Used, Bello, Visiedo, bordean, en un escalón topográfico superior, la depresión longitudinal, y, en cierta manera, repiten sus mismos usos del suelo. Son espacios compactos de tierras de labor cerealistas, que ocupan estos altos llanos situados entre los 900 y los 1.200 m., con ausencia de regadíos.

Los espacios en enclaves constituyen verdaderos islotes de utilización agrícola en medio de extensas áreas montañosas. Los factores topográficos condicionan dos tipos de ocupación: los espacios alojados en valles abrigados con disponibilidades de agua para el riego, con una agricultura de policultivo arbustivo y pequeñas vegas, como es el caso de los valles longitudinales del Isuela, Aranda, Grió y el propio Jalón entre Huérmeda y Ricla; y los cursos altos de los ríos Martín y Guadalope en la provincia de Teruel. Los espacios que ocupan afloramiento de rocas margo-arcillosas por encima de los 1.000-1.500 m., limitan el uso del suelo a los cereales, bien en parcelas abancaladas, bien en unidades compactadas de ocupación (sierras de Albarracín, Javalambre, Maestrazgo y Gúdar).

Los espacios naturales ocupan el resto del territorio no utilizado por los cultivos. Dos modalidades de utilización pueden darse: el aprovechamiento forestal y los pastos, amén de otros aprovechamientos más esporádicos, como la caza, canteras, esparcimiento turístico, etc.

Potencialmente, la vegetación de la Cordillera Ibérica entra dentro del área de bosques mediterráneos continentales formados por frondosas y coníferas. Las primeras están constituidas por carrascales (encinas), la asociación quejigo-encina, y, a partir de los 1.200 m., los robledales (rebollos). Por encima, o asociadas con las frondosas, están las coníferas supramediterráneas de pino silvestre y laricio, en las áreas más secas y frías los sabinares, y sobre suelos arenosos el pino rodeno. Ahora bien, estas formaciones forestales, que presumiblemente cubrieron la cordillera, han quedado en su mayor parte destruidas o intensamente degradadas, siendo sustituidas por un matorral abierto con árboles intercalados, sobre todo en las áreas donde afloran las calizas.

Sólo en las regiones de mayor altitud y aislamiento se han conservado buenos bosques, que constituyen un uso interesante del suelo. El Moncayo, en su vertiente noreste, posee robledales y hayedos que cubren el suelo desde los 1.000 m. a los 1.800 m. de alt. Pero es en la provincia de Teruel donde se encuentran las mayores extensiones arbóreas agrupadas en dos núcleos: la sierra de Albarracín y el Maestrazgo. En ambos la masa forestal está compuesta por el pino silvestre, que adquiere un desarrollo fustal magnífico en el famoso pinar de los Puertos de Orihuela (Albarracín). En las áreas más bajas, el pino silvestre se asocia con el laricio, indicador de una menor pluviometría, y con el pino rodeno, indicador de suelos arenosos.

Fuera de estos núcleos forestales de aprovechamiento económico, se conservan bosques residuales, de interés económico nulo, pero de gran importancia ecológica como puntos de apoyo para la restauración vegetal; tales son los encinares de las sierras de la Virgen y Algairén, los robledales de la sierra de Retuerta, los pinares de Javalambre y los sabinares de la sierra de Camarena y llanos de Pozondón. El intento de reconstruir los espacios forestales se ha llevado con éxito, mediante repoblaciones de coníferas (pinos negro y pinaster) en las sierras de Vicort, Algairén y Paniza, y en los calveros de los núcleos forestales antes citados. Por encima de los 1.500 m. de alt., los suelos deforestados producen buenos pastos, que han sostenido una abundante cabaña lanar trashumante, principalmente en Albarracín, que hoy se encuentra en decadencia.

• Bibliog.:
Casas Torres, J. M.: «El Valle del Ebro»; Geografía de España y Portugal dirigida por M. de Terán, tomo IV, Barcelona, 1966.
Mensua, S.: Mapa de la utilización del suelo de la provincia de Zaragoza; Instituto de Geografía Aplicada, C.S.I.C., 1971.
Mensua, S.: «El valle del Ebro»; Geografía regional de España dirigida por M. de Terán, Barcelona, 1968.

Roturaciones de la Cordillera Ibérica: Como en otras montañas mediterráneas, la formación del paisaje cultural ha supuesto la tala del bosque clímax (encinas y pinos esencialmente), para ser sustituido por otros usos: pastos para el ganado (que con el bosque constituye el monte o saltus) y tierras de labor (ager). El concepto roturación queda restringido a la conquista del suelo para los cultivos, a partir del monte inculto.

El proceso de ampliación del área cultivada ha tenido cuatro etapas en estas sierras y valles. En las dos primeras, desde los comienzos de la ocupación humana hasta la Reconquista y desde ésta al siglo XVIII, las roturas se limitan al fondo de los valles y entorno de los poblados, zonas asequibles y regables. La economía era básicamente forestal y ganadera; la agricultura secundaria.

Romanos y árabes fueron ocupando el suelo muy despacio. La repoblación que siguió a la Reconquista favoreció la ampliación de las roturas del secano, pues los fueros concedidos a ciudades y villas permitían escalios Buscar voz... y articas en los montes comunes, como privilegio privativo de los vecinos de cada núcleo, bien en usufructo o en propiedad. Tierras de pan, vino y aceite significan, no obstante, escasa proporción sobre el secano. A lo largo de los siglos XVI y XVII las roturaciones se ven cada vez más dificultadas por los privilegios de la poderosa clase ganadera, acotándose para su uso exclusivo dehesas del común y de propios y fincas de señores eclesiásticos y laicos (boyales, dehesas de la carne, etc.). Este inmovilismo de las tierras fomenta un «hambre» de las mismas, contribuyendo a ello igualmente el crecimiento demográfico.

Es lógico, por lo tanto, que cuando en el siglo XVIII quedan abolidos Fueros y privilegios ganaderos se desencadene una verdadera fiebre de roturaciones, amparadas legalmente por promulgaciones como la pragmática de 1773 sobre rompimientos de baldíos. Todo ello es fomentado por la corriente ideológica fisiocratista e individualista de la época. A partir de aquí se talan bosques, se rozan garrigas y pastos, llevando el arado no sólo a tierras fértiles, sino a otras de suelos pedregosos o pendientes difíciles, que son ocupadas por olivos y vides. Las diferentes roturas dan lugar a distintas morfologías en el paisaje agrario: si han sido anárquicas, individuales, las parcelas son irregulares, adaptadas a la topografía y buscando los mejores suelos. Pero más frecuentemente los ayuntamientos se hacen cargo del reparto de sus montes, dividiéndolos en suertes, lo que da una parcelación regular y ordenada, aunque la calidad de las parcelas sea tan heterogénea que supone numerosos abandonos, en uno o dos años, de las peores. Ejemplos del primer tipo se encuentran en las faldas del Moncayo, colinas y vaguadas en el contacto entre la Ibérica y las tierras llanas del Ebro, vertientes de las sierras interiores, espolones del Campo de Cariñena. El segundo tipo permitiría citar multitud de zonas, pero baste como ilustración mencionar las bailías de Cantavieja, los montes de Albarracín, las dehesas de Alfambra, Encinacorba, Paniza, Almonacid de la Sierra, Cosuenda.

De modo global, los resultados fueron sólo buenos al principio, decayendo la economía de muchos pueblos al abandonar ganadería y artesanía por una agricultura aleatoria. Esto, no obstante, no impidió otra nueva oleada de roturaciones en la cuarta etapa, que abarca desde finales del XIX hasta las primeras décadas del XX. Se conjugan aquí varios factores: el movimiento de fincas provocado por la Desamortización, la crisis de la vid en Francia, tras la filoxera, y la consiguiente demanda de vino a España, con rápida alza de precios, lo que impulsa las plantaciones de modo acelerado; y, finalmente, ya en este siglo, la introducción de nuevos aperos, maquinaria y abonos. Muchos de los bosques son talados y se vuelve de nuevo a ganar importante porción de pastizales para el arado. La vid escala hasta los 1.000 m. en las vertientes de solana: sierra de Algairén, Virgen del Águila, colinas de Almonacid. Los cultivos ocupan con diversa parcelación los montes de Ciezo, Veruela, Calatayud, configurando el paisaje actual. Pero debe añadirse que en muchos sectores, cuya vocación no fue nunca esencialmente agrícola, los hombres han tenido que devolver de nuevo las tierras a pastos y bosques, tras desalentadoras experiencias.

 

Monográficos

El Ebro y Aragón: aspectos físicos

El Ebro y Aragón: aspectos físicos

Navega por el Ebro para descubrir el río más caudaloso de la península, su paisaje, su flora o su fauna.

Espacios naturales protegidos

Espacios naturales protegidos

Aragón posee unos paisajes únicos que necesitan ser preservados de la acción del hombre. Descúbrelos.

Los ríos de Aragón

Los ríos de Aragón

Un recorrido por la red hidrográfica aragonesa, uno de los principales elementos vertebradores del territorio.

Imágenes de la voz

Cordillera Ibérica. Cabal...Cordillera Ibérica. Cabalgamiento ...

Cordillera Ibérica. Plieg...Cordillera Ibérica. Pliegues en la...

Cordillera Ibérica...Cordillera Ibérica

Cordillera Ibérica...Cordillera Ibérica

Cortes geológicos de la C...Cortes geológicos de la Cordillera...

Categorías relacionadas

Categorías y Subcategorías a las que pertenece la voz:

 

© DiCom Medios SL. C/ Hernán Cortés 37, 50005 Zaragoza
Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza, en inscripción 1ª, Tomo 2563,
Seccion 8, Hoja Z-27296, Folio 130. CIF: B-50849983

Información Legal

NTT