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Conspiración de Aragón

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 06/08/2009

(Hist.) A mediados del siglo XVII, el malestar en la monarquía española era general. Se vivía en tiempos de rebeldía; el fuerte debilitamiento de la monarquía austracista, promovido por la crisis del siglo y el insoportable desgaste de su política exterior militar, hacían renacer el espíritu centrífugo de la periferia y las acusadas quejas de los diversos países y reinos que la componían, acosados por las cada vez más elevadas imposiciones tributarias que se les exigían para el mantenimiento de dicha política.

El estallido definitivo se producía el año 1640, con las rebeliones secesionistas de Cataluña y Portugal, a lo que habría que sumar la aventura del duque de Medina-Sidonia con su plan de sublevar Andalucía, o la -más grave- revolución napolitana, comenzada por Masaniello, y seguida muy de cerca por la de Palermo, ambas motivadas por la carestía de alimentos a causa de los elevados tributos. A todo ello había que sumar los más o menos numerosos motines y agitaciones sociales, como los desórdenes acaecidos en Vizcaya (1632), motivados más por causas forales que económicas. No deja de ser interesante, asimismo, el hecho que el virrey de Aragón, duque de Nochera (1640-1642), muriera en una fortaleza, preso, sospechoso de cierta simpatía a la causa catalana, acusado de infiel al rey.

La denominada «conspiración del duque de Híjar», de 1648, hay que enclavarla en este estado de cosas: en un momento en el que la conflictividad en los diferentes reinos peninsulares, debida al malestar general y al mundo de las intrigas nobiliarias, puso en un serio peligro la unidad monárquica en la península y a la monarquía en general, instigado todo ello por el interesado intervencionismo francés. El agotamiento a causa de la guerra, la creciente debilidad política del reino, así como la prolongada presión fiscal y servicio de hombres, en un Aragón que tomaba parte directísima en la guerra de Secesión catalana Buscar voz... (1640-1652), pudieron crear en el reino un clima de cierta predisposición hacia la rebelión; la realidad fue que la actitud del reino, al descubrirse el intento de don Rodrigo de Silva, duque consorte de Híjar Buscar voz..., y los demás cómplices (Carlos de Padilla, su hermano Juan, Pedro de Silva y Domingo Cabral), fue de repulsa.

Los supuestos objetivos de tal conspiración de hallaban escalonados: en un primer momento se intentaría que el duque de Híjar sustituyera a don Luis de Haro Buscar voz..., en su cargo como valido de Felipe IV Buscar voz... (III de Aragón); fallado tal intento, se procuraría el entrenamiento del de Híjar como rey de Aragón, a lo cual sería ayudado por el rey de Francia quien, a modo de recompensa, recibiría la Navarra española, el Rosellón y la Cerdaña, consintiéndose de igual forma en la separación de Cataluña, a la que se le restarían Tortosa y Lérida que pasarían a formar parte del reino de Aragón. Con el dinero obtenido de la venta de Galicia a Juan IV de Portugal, se intentaría comprar al ejército de Felipe IV existente en Cataluña, que, uniéndose a Aragón, atacaría a Castilla. En los utópicos planes de los conjurados se contaba, incluso, con el rapto de la Infanta María Teresa.

Sin embargo, los aragoneses, partícipes de la monarquía, sometidos a los intereses de la misma, y que no miraban al duque de Híjar con demasiada simpatía, hubieran respondido a la intentona con notorio desinterés, como se pone de manifiesto en la actitud mantenida por el reino en la guerra de Cataluña que para esas fechas continuaba soportando. El mismo Ezquerra, estudioso de esta materia, resalta el estado de frustración y el carácter ambicioso del duque de Híjar y sus demás cómplices, como motores de tal intención.

Un criado de Carlos Padilla, llamado Barry, delató a los conspiradores, que tendrían un final desastroso. Con el proceso instruido por un tribunal, cuyo presidente era don Pedro de Amezqueta, se probó cómo don Carlos de Padilla se había comprometido a pedir ayuda a Francia, mediante una conferencia directa con Mazarino. El motivo del viaje a Francia, ante los ojos de don Luis de Haro, primer ministro de Felipe IV, se ocultaría bajo el pretexto de obtener el apoyo del general Condé, para conseguir ante Francia una paz ventajosa para España, habiendo presentado, previamente, a don Luis una falsa carta de cierto confidente del general francés. Por su parte, Cabral partiría hacia Portugal a buscar dinero de Juan IV, so capa de descubrir la trama de un plan portugués para apoderarse de Cádiz, que anteriormente se habría hecho creer al valido del monarca español.

Así, descubiertos con prontitud Pedro de Silva y Carlos Padilla, fueron ejecutados en la Plaza Mavor de Madrid, el 5-XII-1648, cuando ya Cabral había muerto en la cárcel. Al duque de Híjar, que nunca confesó, le fueron confiscados los bienes y, condenado a prisión perpetua, moriría después de quince años en la cárcel de León.

Ya antes, el sumario había demostrado la escasa consistencia de la conjuración, viéndose mayor gravedad en los propósitos que en los hechos. Sin embargo, el tema se sigue encontrando rodeado de misterio. Ezquerra dirá que no hubo más que «pensamientos ambiciosos y desesperados, brote no raro en una época que se sentía enferma y desasosegada, delirios de grandeza soñados por gente que no se daba cuenta de la falta de proporción entre sus fines y su fuerza; tan exigua resultaría ésta, por lo menos en el primer estadio de la conjura, el único que existió, que la aventura tenía visos de quijotada». Sin embargo, «la fantasia de Padilla y de Híjar fueron la gota que desbordó el vaso de la tarda reacción de Felipe IV».

• Bibliog.:
Ezquerra, R.: La conspiración del duque de Híjar; Madrid, 1934.

 

Monográficos

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Un siglo de crisis tras el que se extinguirá la independencia y la personalidad política e institucional aragonesa.

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