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Congreso Nacional Pedagógico de 1908

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Celebrado en Zaragoza del 21 al 25-X-1908. Fue presidente de la junta organizadora, y más tarde del propio congreso, Hipólito Casas y Gómez de Andino, rector de la Universidad; como secretario actuó Guillermo Fatás. En aquélla hubo representación de los centros de enseñanza y de la prensa independiente y católica, pero no republicana. La iniciativa partió del gobernador, Tejón, en 1907, dato importante por la posición política conservadora del mismo. El reglamento del Congreso redactado por la junta fue de marcado carácter restrictivo, al no conceder oportunidad de que entidades educativas o particulares pudieran enviar trabajos que discutir en las jornadas del Congreso, y al prohibir intervenciones referentes a cuestiones políticas o que afectaran a la religión.

Se registraron 276 inscripciones, de las cuales 89 correspondían a participaciones no aragonesas. Destacan las pocas inscripciones de entidades educativas; es de resaltar una de la Escuela Moderna de Barcelona. Tampoco la Universidad de Zaragoza se interesó mucho por el acontecimiento. La junta anunció por la prensa española la celebración del congreso y a través de entidades oficiales, pero no se dirigió en ningún momento a las asociaciones de maestros: quizá sea ésta una de las razones que expliquen la escasa asistencia.

Cinco fueron las ponencias que se establecieron para ser discutidas en el congreso: organismos de la instrucción primaria; la escuela como institución; formación del maestro; inspección escolar; e intervención del Estado, de la provincia y del municipio en la educación. Temario algo pobre si lo comparamos, por ejemplo, con el del Congreso de Barcelona, celebrado un año después. El método para aprobar las conclusiones no fue muy claro. En las jornadas de trabajo se discutían las presentadas por el ponente para terminar por votarse cada una de ellas, de manera que votación y opinión expresada coincidieron. Pero en la jornada última se presentaron todas las conclusiones ya aprobadas a nuevo sufragio, sin discusión o explicación de voto. Así, conclusiones plenamente aceptadas en su ponencia por todos los asistentes a los correspondientes trabajos, fueron luego rechazadas sin argumentación alguna: es el caso, por ejemplo, de la que afirmaba cómo la escuela no debería estar limitada por las cuatro paredes de un local.

Entre las conclusiones aprobadas más interesantes en la primera ponencia destaca la que afirmaba: «Los educadores por excelencia son los padres y el maestro que les sustituye», propuesta claramente conservadora. En esta ponencia se presentó una conclusión en la que se aseguraba no ser recomendable la enseñanza primaria como obligatoria; fue rechazada por los congresistas.

La segunda ponencia, la más elaborada y de mayor contenido pedagógico, fue presentada por Martí y Alpera, maestro público de Cartagena. Sus conclusiones se aprobaron mayoritariamente en la sección, felicitándose al ponente y proponiéndosele su inmediata publicación. Martí afirmaba que la marcha progresiva de la cultura depende del concepto que una sociedad tuviera de la educación. En este sentido, la escuela es un elemento de educación esencial, arranca al niño del aislamiento familiar y lo aproxima a los demás niños, haciendo de él un ser social al que tiene que formar para que en el futuro sea un ciudadano que sabe de sus deberes y derechos. De esta forma, la escuela puede ser un elemento de primer orden en la transformación de la sociedad. Pero estas funciones debe realizarlas sin sujetarse a una filosofía política o cualquier otro tipo de dogma. Nadie discutió estas ideas en la ponencia, siendo aprobadas mayoritariamente, pero ninguna de ellas figuró como conclusiones del Congreso: debieron de ser rechazadas en la sesión de clausura.

Las conclusiones de la tercera ponencia se relacionaban con la salvaguardia de los intereses materiales del magisterio, oponiéndose a toda injerencia en la carrera normalista que procediera de otros sectores de la enseñanza. Nada reseñable en las conclusiones de las restantes secciones de trabajo. Únicamente la petición de cursos especiales para niños subnormales en las escuelas graduadas.

El Congreso fue positivo en lo relacionado con los intereses materiales de la profesión pero eminentemente regresivo en todo lo demás. No trató los aspectos candentes de la laicización y estatalización de la enseñanza; Martí y Alpera no consiguió sacar una resolución respecto a ello. Quizá se explique así la inasistencia de hombres pertenecientes a la Institución Libre de Enseñanza; Cossío no asistió a una conferencia comprometida. El Congreso fue de nulos contenidos pedagógicos.

 

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