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Conget, Jose María

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Zaragoza, 1948). Novelista. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza. Ha sido profesor de literatura en Lima, Cádiz, y en Londres, para pasar más tarde al Instituto Cervantes de Nueva York (donde fue jefe de actividades culturales y más tarde director). Actualmente reside en Sevilla donde trabaja como profesor. Es autor de la trilogía Quadrupedumque, 1981; Comentarios (marginales) a la Guerra de las Galias, 1984, y Gaudeamus, 1986. Ha publicado también: Todas las mujeres (1989), Palabras de familia (1995), Cincuenta y tres y Octava (1995), Hasta el fin de los cuentos (1998) y Vamos a contar canciones (1999).

Su primera novela -Quadrupedumque, 198l- tuvo una excelente acogida por parte de la crítica. Se narran allí los años de peregrinaje de Miguel Zabala y de Tana, una pareja de jóvenes zaragozanos inmersos en la selva urbana de Lima. La novela refleja esa selva interior de la memoria personal de Miguel Zabala y su cristalización literaria en una larga secuencia de fragmentos -escritos en su mayoría en segunda persona- donde juegan un papel importante la introspección, el lenguaje ajeno, el habla cotidíana -en especial la rasmia expresiva de Tana- y ese choque cultural entre el mundo limeño y el zaragozano que dan a la novela una extraordinaria viveza, encanto y originalidad.

En Comentarios (marginales) a la Guerra de las Galias, 1984, se nos cuentan los años de aprendizaje de Miguel Zabala, su infancia zaragozana dividida entre la vida callejera y el mundo maniqueo del clásico colegio de jesuitas. La forma en que Conget realiza ese buceo retrospectivo tiene mucho de parodia de los métodos literarios de Proust.

Gaudeamus, 1986, está dedicada a la etapa universitaria de Miguel Zabala y sus compañeros de curso. La Zaragoza de 1968 protagoniza el escenario de fondo de la interminable conversación entre un puñado de adolescentes universitarios que no hacen sino ensayar entre sesión y sesión de cine -una pasión que Conget comparte con sus personajes- un definitivo plan de fuga. El círculo de la trilogia se cierra al enlazar esta fuga con la primera novela, Miguel Zabala conoce a Tana y juntos huyen a Lima. Es de nuevo el mundo de Quadrupedumque, una remota clase de latín enturbia la azacanada vida cotidiana y convierte a sus víctimas en fugaces sombras poseídas por el rancio fulgor de la antigüedad, de sus mitos y palabras.

Todas las mujeres (Alfaguara, 1989), novela epistolar en la que un novelista trata de explicar a su editor las razones por las que es incapaz de escribir más.

Palabras de familia (Pre-Textos, 1995) es la novela favorita de Conget. Ambienta en Zaragoza en los años cincuenta y sesenta, tiene por protagonista a un hombre encerrado en sí mismo, obsesionado por la idea de haber sido suplantado por su hermano.

Cincuenta y tres y Octava (Xordica, 1997) es un libro sobre Nueva York, representado metonímicamente por la esquina en la que vivió el autor, en la confluencia entre las calles Cincuenta y tres y Octava, de ahí el título. Los sonidos, los olores, las imágenes que percibe desde su piso de Nueva York invaden la obra, es expresión de una especie de nostalgia adelantada de lo que sabe que está a punto de perder.

En Hasta el fin de los cuentos (Pre-Textos, 1998), clasificada por su autor como novela oral, Conget reivindica el arte de contar historias por medio del diálogo entre una mujer insomne y su marido, a quien pide que le cuente un cuento para intentar conciliar el sueño. Como una nueva Scherezade, el narrador desgrana una historia por entregas que abarca desde el guiño autobiográfico hasta la narración pura; pero el asunto central de la obra lo constituye el acto mismo de contar.

Su última obra publicada, Vamos a contar canciones (Xordica, 1999) es un ejercicio de evocación en busca de todo lo perdido: los amigos, los paisajes, las casas que habitó, las ciudades donde vivió; en definitiva, todo aquello a lo que un día tuvo que decir adiós este aragonés errante, para el que «vivir es despedirse». Las canciones de la infancia y de la juventud constituyen las puertas de acceso a esos mundos perdidos para siempre.

Finalmente, está a punto de aparecer en la Colección Hiperión Viento de Cine, una antología de poemas que se han escrito en castellano en torno al cine.

 

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