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Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA)

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 07/12/2010

La proclamación de la II República Buscar voz... española, en abril de 1931, sorprendió a las derechas Buscar voz... completamente desorganizadas. Frente al entusiasmo suscitado por los nuevos gobernantes republicanos, las derechas carecían de líderes reconocidos; frente a la poderosa organización de un partido de masas como el PSOE Buscar voz..., las derechas presentaban un panorama organizativo desolador; y, por si todo ello fuera poco, el nuevo régimen hacía gala de unas intenciones que contradecían los intereses y valores ideológicos fundamentales del conservadurismo español.

La reacción, sin embargo, no se haría esperar. En las elecciones constituyentes de 1931, A. Herrera Oria impulsó desde el más importante periódico de las derechas, El Debate, y con ayuda de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas Buscar voz..., un comité electoral denominado Acción Nacional, que logró presentar candidaturas en quince provincias; entre ellas estaba Zaragoza, por donde resultó elegido el sacerdote S. Guallar Poza Buscar voz.... Su escaso éxito no le impidió reorganizarse como partido (ahora bajo el nombre de Acción Popular Buscar voz...) que se extendió por casi toda la geografía nacional al amparo de la intensísima campaña desatada por las derechas contra la política del primer bienio republicano.

Esta reacción cuajó plenamente a principios de marzo de 1933, cuando se convocó en Madrid un Congreso Nacional de Acción Popular y entidades adheridas, afines y simpatizantes para constituir la CEDA. A él asistieron unos 400 delegados que decían representar a más de 700.000 miembros de una considerable pluralidad de partidos derechistas. A partir de entonces, la CEDA protagonizó gran parte de la vida política republicana. Bajo el indiscutido liderazgo de su Jefe, J. M. Gil Robles, se convirtió en el partido contrarrevolucionario por antonomasia del nuevo régimen y en el más poderoso con que las derechas hayan contado jamás en España. Su excelente organización y su millón largo de afiliados disminuían la posible competencia de otros sectores de la derecha, como el de los monárquicos alfonsinos o el de los tradicionalistas.

La fuerza cedista tuvo oportunidad de demostrarse en las elecciones legislativas de noviembre de 1933, en las que obtuvo más de 120 diputados y de las que surgió como el grupo parlamentario más numeroso de las Cortes. Esta privilegiada situación determinó que la CEDA tuviese tres ministros propios en los gobiernos que se formaron tras la revolución de 1934, cantidad que se elevaría a cinco el siguiente año. Y en las elecciones legislativas que dieron el triunfo al Frente Popular Buscar voz..., de febrero de 1936, la CEDA consiguió nada menos que 88 diputados.

Aunque la CEDA llegó a contar con partidos propios en todas las provincias españolas, su mayor implantación se localizó en las dos Castillas, León y Aragón. En Zaragoza, los inicios de la presencia cedista se remontan a junio de 1931, cuando los miembros del centro local de la Asociación de Propagandistas crearon Acción Nacional. El triunfo obtenido por su candidato, Santiago Guallar, hizo posible la formación de una entidad permanente a la que, bajo el nombre de Acción Popular, se sumaron los monárquicos alfonsinos y los tradicionalistas que hasta entonces militaban en una Unión de Derechas. La convocatoria del Congreso fundacional de la CEDA disolvió esta alianza. Los elementos afectos al nuevo partido se organizaron en Acción Popular Agraria Aragonesa, que fue presidida por el abogado E. Bas Suso. A pesar de que se autocalificaba de aragonesa, su ámbito organizativo no superaba los lindes de la provincia zaragozana. Pero desempeñó, a través de sus líderes, un importante papel en la configuración política de las restantes provincias. Sobre todo en Teruel.

Poco después del fracaso del habitual comité electoral de Acción Nacional, en junio de 1931, se fundó en Teruel una Unión de Derechas bajo el impulso del abogado J. Julián y del catedrático de la Universidad zaragozana M. Sancho Izquierdo Buscar voz.... Ya en su primera asamblea, celebrada en 1932, decidió modificar su nombre por el de Acción Popular Agraria Buscar voz..., participando también en el congreso fundacional de la CEDA.

La situación en Huesca fue ligeramente distinta a causa de la relativa fuerza del Partido Radical Buscar voz.... Una Agrupación de Defensa Social, que constituyeron unos 200 jóvenes en el verano de 1931, se diluyó pronto en la atonía más completa. Pero proporcionó cierta base para que, en octubre de 1933 y con el apoyo del diario local, La Tierra Buscar voz..., se creara Acción Agraria Altoaragonesa, que se adhirió a la CEDA poco tiempo después.

Estos tres partidos, que no llegaron a formar una entidad regional única dentro de la CEDA (como la de la Derecha Regional Valenciana o Acción Popular Catalana), se articulaban en el Consejo Nacional cedista a través de un representante, que fue M. Sancho Izquierdo. Su composición social combinaba la intransigencia y el miedo de grandes y pequeños propietarios agrícolas, de los principales elementos de la burguesía urbana y de un amplio abanico de las clases medias. Su ideología careció de notas específicas que la distinguieran de las restantes agrupaciones de gran partido confederal. Por lo tanto, hicieron de la defensa de la religión, la Iglesia y la propiedad privada sus motivos de existencia; mantuvieron la muy ambigua doctrina de la inhibición sobre las formas de gobierno, por medio de la cual silenciaron públicamente sus convicciones monárquicas, a la vez que no prestaron su inequívoca adhesión a la república; esbozaron un programa social cuyo tímido reformismo quedó sepultado por el aluvión contrarrevolucionario que se manifestó en todas sus actividades ideológicas, electorales y gubernamentales; y sufrieron una radicalización que les llevó a proponer para el futuro inmediato una organización estatal de tintes corporativos, antiparlamentarios y antidemocráticos, más cerca de los supuestos fascistas Buscar voz... que de los democráticos.

Los partidos cedistas en Aragón carecieron también de un proyecto regional. Las alusiones a la «región» o a la «personalidad», aragonesa eran slogans vacíos que, cuando se concretaban en algo, no superaban la mera descentralización administrativa. Estos planteamientos tuvieron la oportunidad de potenciarse al máximo gracias a su muy perfeccionada organización, sobre todo en Zaragoza y Teruel. Algunos datos resultan ilustrativos. En las elecciones de noviembre de 1933, el Frente Antirrevolucionario (compuesto por la CEDA, radicales y agrarios) dobló al Frente de las izquierdas en la provincia de Zaragoza, lo triplicó en Huesca, lo cuadruplicó en Teruel y lo quintuplicó en Zaragoza capital. La C.E.D.A. zaragozana copó los puestos de la circunscripción provincial, por la que resultaron elegidos M. Azpeitia Esteban, M. Sierra Pomares y M. de la Hoz Saldaña y obtuvo dos de los cuatro puestos de la capital, que fueron los de S. Guallar y R. Serrano Súñer. En las elecciones de febrero de 1936, si bien disminuyó algo su influencia en la capital (Guallar no fue reelegido), siguió disfrutando de su dominio en la provincia, con cuatro diputados: M. Blasco Roncal, J. M. Sánchez Ventura Buscar voz..., D. Pérez Viana y J. A. Cremades Royo. En Teruel, los diputados que triunfaron en 1933 fueron M. Sancho Izquierdo, J. M. Julián Gil (hijo del presidente del partido turolense) y C. Simón y Castillo; en 1936, los dos primeros y B. Estevan Mata. La menor fuerza del partido en Huesca proporcionó sólo dos diputados propios: L. Vidal Tolosana Buscar voz... en 1933 y J. Moncasi Sangenís en 1936.

En resumen, la CEDA consiguió en 1933 el 55% de los escaños atribuidos a Aragón, y el 48% en 1936. A esta nutrida élite parlamentaria se unió una importante élite local, especialmente en Zaragoza, cuya organización era sin duda la más desarrollada de la región. Entre sus nombres merecen citarse a E. Bas Suso, R. Barberán, A. Blasco del Cacho, E. Laguna Azorín, E. Mascías Rodríguez, A. Faci Abad, J. M. Julve Jolpe, L. de Diego Samper, la marquesa de Artasona, etc., que dirigieron el comité provincial del partido y sus secciones juveniles y femeninas. Muchos de ellos, así como gran parte de los diputados eran además miembros del centro zaragozano de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas Buscar voz..., por lo que el partido se pudo beneficiar de las instituciones controladas por aquélla: por ejemplo, el Sindicato Central de Asociaciones Agrícolas, cuyos directivos ocuparon puestos relevantes en la CEDA; la Acción Católica Buscar voz..., la Federación Aragonesa de Estudiantes Católicos, la de Padres de Familia, etc.

Para completar este panorama, la CEDA aragonesa dispuso también de una pequeña (pero extremadamente eficaz) red de prensa. En Zaragoza, el partido publicó su propio Boletín, contó con las simpatías de La Voz de Aragón Buscar voz... hasta su desaparición, y disfrutó del apoyo incondicional de El Noticiero Buscar voz..., cuyo consejo de administración estaba en su mayoría constituido por los líderes del partido. En Teruel, el diario Acción, que nació en 1932 sufragado por L. Igual, defendió de modo oficioso las posturas de la Acción Popular Agraria turolense. Y, en Huesca, el diario La Tierra, que apareció en 1921 como órgano de la Asociación de Labradores y Ganaderos del Alto Aragón, fue reconvertido en 1933 por J. Martínez Ballesta como órgano oficioso del partido cedista oscense. Cuando llegó el 18 de julio de 1936 Buscar voz..., y al igual que en la España que comenzaba a conocerse como «nacional», todos los componentes de la CEDA aragonesa apoyaron decididamente el comienzo de la guerra civil Buscar voz..., integrándose luego sin dificultades en el nuevo orden político que acaudillaba el general Franco Buscar voz....

 

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