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Comercio

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 27/09/2010

Hist. Med.: La tradición comercial del reino de Aragón Buscar voz... se remonta a los primeros momentos de su existencia. La situación geográfica del territorio aragonés le hace ser punto de contacto de los dos tipos de economía imperantes en el siglo XI, el mundo cristiano occidental, con una base eminentemente agrícola, sin moneda de oro y en período de expansión; y el ámbito musulmán Buscar voz..., que se extiende hasta Bizancio, con una economía basada en la producción industrial, abundancia de oro y de productos de lujo. Ambas economías, absolutamente complementarias, necesitan para su desarrollo de los intercambios, y el istmo peninsular, y en especial Roncesvalles y Somport Buscar voz..., les servirán de cauce.

Esta situación, apreciada ya por Sancho el Mayor Buscar voz... de Navarra, dará su mayor rendimiento en la época de Sancho Ramírez Buscar voz..., quien a partir de 1076 es «rey de los aragoneses y de los pamploneses» y por ello domina los dos pasos y las dos ciudades que los controlan: Pamplona y Jaca Buscar voz.... Precisamente es de este monarca y afecta a estas ciudades el más antiguo de los aranceles de aduanas conservados; por él se puede apreciar que la actividad mercantil que atravesaba el reino de sur a norte se apoya en productos de lujo: especias, tinturas, tejidos de seda y monedas de oro, mientras que el procedente del norte consistía en pieles, tejidos flamencos o franceses, metales y armas. No todo este comercio era de tránsito; el hecho de que el arancel hable de cautivos -sin duda moros vendidos por los cristianos de Aragón- y armas, en el momento en que la expansión territorial de los reyes aragoneses está en su punto de arranque, nos indica que el oro de las parias Buscar voz... y los efectos de las acciones guerreras, permitían a los habitantes del reino disponer de medios suficientes como para adquirir productos del norte y, posiblemente, del sur. La política de Sancho Ramírez es, por otra parte, determinante, en el sentido de favorecer estas relaciones mercantiles y potenciar la intervención aragonesa; al instalar en Jaca un núcleo artesanal de hombres libres (francos Buscar voz...), al emitir moneda de oro (mancusos Buscar voz...) y al potenciar el tránsito por el reino de peregrinos y mercaderes, no hacía más que propiciar en Aragón la evolución de una economía agropecuaria Buscar voz... tradicional hacia otra industrial y mercantil.

La labor de sus sucesores, sin embargo, se apartó de esta finalidad, pues aunque la conquista de Huesca y Zaragoza significaba la reinstauración plena de la vida urbana, y el dominio del curso del Ebro Buscar voz... abría la ruta fluvial al Mediterráneo. La necesidad real de contar con una clase militar fuerte que le ayudara en sus conquistas redujo el incremento de la actividad industrial y depositó la vida económica y la fuerza social en la tierra y su producción. La actividad mercantil continuó, o mejor dicho, se incrementó, a pesar de las trabas morales y sociales que se le imponían, pero de una manera raquítica o excesivamente colonialista, por quedar en manos de las minorías étnicas o de gentes de fuera del reino. Zaragoza se constituyó en el centro de un sistema radial de comunicaciones Buscar voz... que ponía en relación todos los territorios circundantes por los pasos naturales que conducían a la Meseta, a Levante, al Mediodía francés o al Mediterráneo.

La unión Buscar voz... con Cataluña, la posterior conquista de Valencia Buscar voz... y la expansión marítima de la Corona dieron nuevas dimensiones a la economía aragonesa; aunque es muy difícil detectar la evolución particular del reino, Aragón quedaba reducido a un territorio interior cuya misión fundamental era la producción de materias primas, principalmente cereales para alimentar a las ciudades costeras, y que servía de paso a las transacciones Mediterráneo-Atlántico.

Un documento de extraordinario valor para apreciar esta situación es el peaje del Ebro; de finales del siglo XII, confirmado a mediados del XIII por Jaime I Buscar voz.... En su arancel puede comprobarse la utilización del río como vía de transporte desde Tudela hasta Tortosa, se cita buen número de productos entre los que destacan materias primas textiles (algodón y seda), colorantes y especias (brasil, grana, índigo, comino, orégano, azúcar, etc.), paños, metales (estaño, cobre, hierro, acero), pieles (cordobanes, boquinas, pieles de conejo) y productos varios (alumbre, cera y papel); igualmente se mencionan las relaciones con las plazas islámicas de Ceuta, Bugía y Valencia, que sirven de sustento al movimiento en la zona. Aunque no se señala la dirección seguida por el comercio, por el tipo de productos se puede entrever la hegemonía del sentido ascendente, sin que la participación aragonesa pase de servir de puerto para su posterior distribución a tierras del Mediodía francés o del interior peninsular. Idéntica conclusión se obtiene de los aranceles aduaneros de fines del siglo XIII correspondientes a los peajes de Canfranc, Candanchú y Sádaba.

No obstante, el paso continuo de mercancías y la utilización de aragoneses como intermediarios de los grandes negociantes extranjeros serán causa de la aparición de una clase mercantil, modesta, en el reino. Este grupo actuará desde comienzos del siglo XIV a la sombra de los negociantes catalanes afincados en Aragón en dos fases y con dos finalidades concretas: la primera, a inicios del siglo, en la zona del Cinca, especializados en la producción y comercialización de cereales; la segunda, propiciada por la crisis económica de Cataluña de mitad de la centuria, y apoyada en el incremento de la producción de lana Buscar voz... en Aragón, de buena calidad, que comercializada hacia Italia o transformada en tejidos por la industria catalana rentaba pingües beneficios. Fruto de estas dos intervenciones, a finales del siglo XIV tienen fijada su residencia en el reino un número importante de catalanes, que sin perder sus contactos familiares y de negocios con el principado, van estableciendo una actividad mercantil en la que intervienen negociantes regnícolas. Zaragoza será el centro de operaciones, y antes de terminar el trescientos se establece una cofradía Buscar voz... de mercaderes catalanes, independiente de la de zaragozanos, que funcionó plenamente durante el primer tercio del siglo XV, para decaer posteriormente y desaparecer en la segunda mitad del cuatrocientos.

Los últimos años del siglo XIV y la primera mitad del XV contemplan el auge máximo del comercio aragonés. La salida y entrada de mercancías por las fronteras del reino oscila anualmente en torno al millón de florines de oro, y la Hacienda del reino Buscar voz... se nutre casi exclusivamente de los ingresos obtenidos por el impuesto de Generalidades Buscar voz....

El comercio de exportación se basa en la comercialización de productos básicos, en especial lana, trigo, aceite y azafrán. La lana, exportada hacia el Mediterráneo y el sur de Francia, tiene como centros de contratación Zaragoza y Escatrón, aunque toda la frontera norte y oriental de Aragón es utilizada como paso de importantes cantidades. En cuanto al trigo, el principal destino es Barcelona y Valencia, siendo la ruta del Ebro la que absorbe las mayores cifras, sin olvidar el camino terrestre del río Mijares. El aceite es comercializado hacia el sur de Francia y Navarra y su contratación máxima se produce en Zaragoza y Huesca, llegando los mercaderes vascos y bearneses a la zona de Barbastro-Pomar-Monzón para realizar las compras directamente. En lo referente al azafrán, las cifras de exportación son muy elevadas, concentradas en los alrededores de Alcañiz, Híjar, Alcorisa, Maella y Nonaspe; puede constatarse que los comerciantes alemanes y la Gran Compañía de San Juan absorben el 90 % de las exportaciones. A este grupo de productos hay que añadir los mineros (hierro de Bielsa y carbón del Bajo Aragón), los textiles (paños de Zaragoza, de Huesca, de Jaca, de Montalbán, etc.), los derivados de la ganadería (ganado lanar, cabrío y pieles), prendas de vestir (zapatos y calzado en general, calzas, jubones, capas, zamarras, etc.).

Por su parte, el comercio de importación está basado en productos elaborados, algunos de ellos con las materias primas sacadas de Aragón, o por productos y mercancías de lujo llegadas desde Oriente. Aun cuando en cifras absolutas ambos comercios -de importación y de exportación- están bastante equilibrados, hay que tener presente que un capítulo del segundo está constituido por la distribución desde el reino de parte de las mercancías recibidas del exterior, actuando Zaragoza, Huesca y los centros urbanos de cierta consideración como focos redistribuidores. En concreto, los productos que llegan desde el Mediterráneo, por las vías de Fraga, del Ebro y de Barracas son principalmente especias, colorantes y fármacos; tejidos de calidad, tanto extranjeros (Bristol, Londres, Arrás, fustenes, telas de Holanda, etc.) como peninsulares (San Juan, Mallorca, Barcelona, Gerona, Valencia); hilos, objetos de adorno y pasamanería; y objetos de metal. Del sur de Francia y de los puertos del Cantábrico, llegan también tejidos de lujo, pescado (sardinas, merluzas, arenques y congrio), pastel, lienzo vizcaíno, ganado de cerda, cueros, manteca, queso, hierro y acero. De Castilla el principal producto de importación es el ganado menor (ovejas, carneros y cabras).

En la segunda mitad del siglo XV, coincidiendo con el estallido de la guerra civil catalana, se produce un descenso notable en el tráfico mercantil del reino. Las posteriores circunstancias por las que atraviesa Aragón y en especial el establecimiento de la Inquisición Buscar voz... con la huida de capitales conversos, significó un freno para la recuperación. No obstante la estructura de la propia actividad mercantil basada en materias primas (exportación) y distribución de productos básicos (importación para su posterior exportación), hace que el volumen total transportado experimente pequeñas variaciones, mientras se conserve la producción interna y sea factible el tráfico por las fronteras.

Hist. Mod.: En el Aragón de los siglos XVI-XVIII había una escasa población si tenemos en cuenta su extensión territorial. Los aragoneses vivían mayoritariamente en núcleos rurales, debiendo considerar a Zaragoza como el único centro urbano propiamente dicho. De acuerdo a esta distribución de la población aragonesa no es de extrañar que la agricultura y ganadería fuesen las actividades fundamentales de la economía, definiendo al Reino como un país rural y campesino, no pasando las restantes actividades de ser un mero complemento de las anteriores. Así pues, la vida giraba en torno a la agricultura y ganadería, siempre teniendo presente que estamos hablando de una economía de autoabastecimiento y que la sociedad se organizaba y estructuraba en torno a la tierra, donde la nobleza y la iglesia detentaban los medios de producción.

Esta economía aragonesa imposibilitaba el desarrollo de una destacada actividad comercial, ya que la producción destinada al mercado era escasa y además dependía -en gran medida- de la detracción de la producción campesina. Por ello, para una perfecta valoración de las actividades comerciales deberíamos conocer la detracción de la producción campesina y los excedentes puestos en el mercado (algo que resulta imposible de valorar por la escasez de estudios y de datos documentales).

Aragón participaba escasamente en la circulación monetaria y mercantil, porque a las propias deficiencias del territorio debemos unir la imposibilidad de acceso directo a las rutas marítimas (el medio de transporte más barato y rápido) y el aislamiento de los principales circuitos comerciales. Esto lo debemos poner en relación con la debilidad de una burguesía Buscar voz... que estaba lejos de ocupar una posición destacada en el contexto internacional y nacional.

Una de las actividades mercantiles más importantes durante el Antiguo Régimen Buscar voz... fue la comercialización de las rentas feudales, lo que significa la puesta en el mercado de buena parte de la producción agropecuaria. Esta producción era sacada al mercado cuando las posibilidades de ganancia eran mayores, especulando con la escasez. Por ello paralelamente a la comercialización de los excedentes agropecuarios se desarrollaba todo un entramado mercantil en torno al préstamo de dinero y productos para satisfacer las necesidades de los particulares.

Tampoco podemos perder de vista un flujo comercial básico basado en una continua redistribución de productos y bienes por el territorio aragonés y una corriente comercial permanente basada en la exportación e importación de mercancías. Cataluña fue un centro receptor del trigo aragonés a lo largo de los siglos XVI-XVIII. La industria italiana, flamenca y francesa recibían la mayor parte de la lana aragonesa, según las épocas. Cataluña y América recibían una parte importante del vino (transformado en aguardiente) y aceite producido en la centuria del setecientos. Ganado, pieles, carne, seda y otras fibras industriales aragonesas eran demandadas en Cataluña durante el siglo XVIII. Por otra parte, Aragón se abastecía de gran número de productos elaborados en Cataluña y en otros países europeos (tejidos, productos de lujo, etc.). También se abastecía -vía Cataluña u otras zonas— de los productos coloniales que llegaban a España.

La compra-venta de bienes inmuebles —sin perder de vista que esta actividad estaba orientada en ocasiones al arrendamiento- era otra actividad comercial que no podemos despreciar. Había un amplio mercado en el mundo de los inmuebles urbanos y no tanto en las propiedades rústicas, sobre todo en zonas donde no había propietarios libres. A pesar de esta última afirmación, seguramente nos llevemos alguna sorpresa cuando se estudie en profundidad el mundo señorial. Además, se puede decir que en el siglo XVIII la tierra se convirtió en un bien demandado como consecuencia de los siguientes elementos: la elevación de los precios de los productos agrarios, el desarrollo del comercio con Cataluña y con las colonias, la nueva orientación de las explotaciones agrícolas -cada vez más especializadas en el cultivo del trigo, vid y olivo- y otra serie de factores.

Dentro de las posibilidades comerciales que brinda la sociedad del Antiguo Régimen al grupo social de la burguesía -quien controla mayoritariamente el comercio- no podemos olvidarnos de la compra-venta de títulos de deuda pública y privada (principalmente censales) y la inversión en compañías comerciales e industriales. Esta actividad inversora ofrece la doble posibilidad de lograr unas ganancias y de asegurarse una rentabilidad social de dicha inversión, ya que este tipo de «negocio» daba prestigio y reconocimiento a quien lo practicaba (siempre teniendo presente la evolución que sufre la sociedad en los siglos XVI-XVIII).

En este contexto, la actividad comercial aragonesa estuvo durante la Edad Moderna poderosamente limitada por las estructuras socioeconómicas imperantes en el reino. La inexistencia de núcleos urbanos importantes, a excepción de Zaragoza; la ausencia de actividades productivas a gran escala, excluidas la ganadería y la agricultura; el escaso nivel adquisitivo de la población aragonesa, en su mayoría rural, que apenas si sobrepasaba los meros niveles de subsistencia, eran factores de carácter interno que contribuían a limitar las posibilidades de desarrollo de la actividad comercial. Habría que añadir a éstos otros condicionamientos, como la lejanía de las rutas comerciales más importantes de la época y la carencia de una salida directa al mar.

En los distintos núcleos era muy fuerte la tendencia al autoabastecimiento. Los municipios primaban la producción y el consumo locales, llegando incluso a vetar la entrada de determinados productos como el vino o el aceite, o proporcionando a los artesanos materias primas a bajo costo a fin de favorecerles. Las relaciones comerciales eran más intensas con las localidades vecinas. Las ciudades organizaban un entorno geográfico y humano que se aprovechaba de determinados servicios ofrecidos por aquélla y a su vez proporcionaba una serie de productos de los que el núcleo urbano carecía o no estaba suficientemente provisto, normalmente alimentos. Los excedentes de la producción local se comercializaban con frecuencia en las ferias. Las más importantes, en el contexto del reino fueron las de Daroca, Huesca, Barbastro y Zaragoza.

En un reino en el que la actividad fundamental era la agricultura y donde la artesanía tenía casi exclusivamente la función de servir para las necesidades locales, el comercio exterior tenía que quedar reducido casi de manera forzosa a la exportación de materias primas, agrícolas o ganaderas y a la importación de productos manufacturados. En los años de buenas cosechas, importantes partidas de trigo salían hacia otros reinos, preferentemente hacia Cataluña. Franceses y navarros parecen ser los principales clientes de aceite, producto del que Aragón también era excedentario. El azafrán, en buena parte, se comercializaba fuera del reino, aunque su mercado tradicional, Francia, había decaído considerablemente. La importancia del lino, planta que, por su calidad, había gozado de gran aceptación en el mercado castellano, decreció como consecuencia de la crisis agrícola del siglo XVIII. El cáñamo, por el contrario, permitida su exportación en las Cortes de 1626, experimentó un notable auge.

El producto textil que mayor importancia alcanzó entre los que salían del reino fue la lana. El cronista D. J. Dormer Buscar voz... afirma que numerosos palacios Buscar voz... zaragozanos del siglo XVI se construyeron con el dinero procedente de la exportación de lanas. La profunda crisis del artesanado textil aragonés de la centuria siguiente llevó consigo el aumento del volumen de lana en bruto salida del reino. Los esfuerzos de los diputados Buscar voz... y las Cortes Buscar voz... aragoneses por impedir la exportación de esta materia prima tuvieron poco éxito y muy poca parte de la producción local se transformaba en Aragón.

Era muy poca la seda en rama que salía del reino. Prohibida la exportación en 1678, la medida resultó perjudicial, ya que, según Asso Buscar voz..., la demanda interior era inferior a la producción, debido a las escasas posibilidades de consumo de una sociedad que pasaba por una fase de profunda crisis económica. Los productos manufacturados que salían del reino eran muy escasos. En algunos momentos habían tenido cierta aceptación paños bastos como cordellates y estameñas. Los cordobanes y badanas también eran productos de habitual exportación. Un fuero promulgado en las Cortes de 1553 por el que se prohibía la salida del reino tanto de cueros adobados como sin adobar, pronto cayó en desuso y en el siglo XVII curtidos Buscar voz... y zapatos de Brea Buscar voz... e Illueca Buscar voz... encontraban un importante mercado en la vecina Castilla.

En el capítulo de las importaciones, es necesario distinguir entre los productos de entrada habitual y otros que se introducían de manera coyuntural. Cabría citar, entre los primeros tejidos finos, productos de lujo y determinada maquinaria, así como algunas materias primas de origen mineral. Puede resultar significativo al respecto el balance de las entradas de la tabla de Sallent de Gállego Buscar voz... entre enero y junio de 1636.

En Sallent, el valor de los tejidos representaba casi dos terceras partes del total. Entre los productos de lujo había brioles -vestidos de seda para las mujeres-, pasamanos, trencillas para adorno, chamelotes y medias.

En años de mala cosecha, el reino debía recurrir a importar granos de otros lugares. Las más importantes ciudades compraban grandes cantidades de granos allí donde lo encontraban. Hubo un año -1631- en que Zaragoza compró 6.000 cahíces de trigo en Sevilla. En ocasiones, Barbastro importó cereales del Bearne. Sólo los concejos poderosos tenían medios e influencias para lograr provisiones suficientes en momentos especialmente desfavorables. Las localidades pequeñas, con menores posibilidades monetarias y más escasas influencias, tenían que recurrir a estos concejos mayores.

El comercio exterior estaba gravado en un 5%, tanto para las importaciones como para las exportaciones. Este porcentaje se mantuvo durante todo el siglo XVI, a pesar de las presiones ejercidas por las ciudades del reino que, a fin de favorecer el artesanado local deseaban se incrementaran las tarifas aduaneras. En las Cortes de 1626, celebradas en Barbastro y Calatayud, se adoptaron una serie de medidas que modificaron el tradicional «liberalismo» comercial aragonés. Se prohibió la importación de tejidos de lana y seda, en un intento de reactivar el artesanado textil, en franca decadencia. Otra medida de gran trascendencia fue la elevación de los derechos arancelarios en un cien por cien. La prohibición referente a los tejidos quedó derogada en 1646, pero los derechos del General se mantuvieron e incluso fueron elevados al 20% en 1678 para los productos de importación, en tanto que los de exportación eran cargados en un 5%. Estas medidas no dieron el fruto apetecido y de nuevo en las Cortes de 1686 se dictaron normas de carácter liberalizador.

Los derechos aduaneros quedaron fijados para entradas y salidas en un 10% y, para favorecer la circulación de las mercancías por el reino, fueron suprimidos los peajes interiores.

• Bibliog.:
Asso, Ignacio de: Historia de la economía política de Aragón; Zaragoza, 1798 (ed. de Casas Torres, Zaragoza, 1947).
Colás, G. y Saeas, J. A.: Aragón bajo los Austrias; Zaragoza, 1977.
Gómez Zorraquino, J. I.: La burguesía mercantil en el Aragón de los siglos XVI y XVII (1516-1652); Z., 1987.
Id., Zaragoza y el capital comercial. La burguesía mercantil en el Aragón de la segunda mitad del siglo XVII; Z., 1987.
Id., Los Goicoechea y su interés por la tierra y el agua en el Aragón del siglo XVIII; Z., 1989.

Situación actual: La función primordial del comercio consiste en adecuar los productos a las necesidades del consumidor, lo que hace que se sitúe a caballo entre dos sectores que lo condicionan absolutamente, los de producción y consumo. Estas relaciones se reflejan cuando analizamos su estructura y problemática específicas: de una parte, ciertas características de población y, por otra, los niveles de renta per capita alcanzados son condicionantes básicos para el desarrollo de la actividad comercial.

La importancia del comercio en el conjunto del sistema económico de una región o un país se pone de manifiesto cuantitativamente analizando su porcentaje de participación dentro del producto interior bruto. La demanda de productos es un factor fundamental en el crecimiento de la economía. En España, esta demanda da muestras de fortaleza desde 1994. Tanto en el consumo privado como en el público las expectativas de crecimiento son expansivas, puesto que todos los analistas esperan tasas de crecimiento superiores al 1’6% alcanzado en 1998.

Un indicador de lo que representa el sector comercial en un Estado o región viene dado por la población que ocupa. En este sentido, los datos adjuntos reflejan cómo el porcentaje de ocupados en el comercio experimenta una evolución muy positiva, especialmente en las provincias de Huesca y Teruel. En la de Zaragoza este crecimiento relativo es menor, debido al peso de la industria, lo que no impide que se hayan incrementado en más del 58 % los ocupados en el comercio en apenas 15 años.

Comercio interior: La distribución comercial en Aragón ha experimentado importantes cambios durante los últimos años. Las causas de esta rápida evolución se han articulado en torno a dos ejes básicos: por una parte, cabe destacar los aspectos que han incidido significativamente sobre la demanda comercial, es decir, sobre los cambios experimentados por el consumidor; y, por otra, los factores que han motivado los cambios en la oferta comercial y que han contribuido a la aceleración de este proceso. Entre los primeros podemos destacar los siguientes: el estilo de vida de la población, que se ha visto afectado por la incorporación de la mujer al mercado laboral, por el incremento de la renta disponible, por los niveles de consumo y por la evolución demográfica experimentada durante los últimos años; el mayor nivel cultural de los consumidores que les lleva a una mayor preocupación por el medio ambiente, la salud, etc. También la evolución tecnológica, que ha permitido mejorar el equipamiento doméstico y las fuentes de información. La oferta comercial, por su parte, se ha visto seriamente afectada durante los últimos años por la creciente concentración y asociacionismo empresarial; los cambios en las relaciones mantenidas entre fabricante y distribuidor, y las innovaciones en la gestión, que han llevado a apostar por un sistema de autoservicio y una mayor especialización de la oferta.

Se tratará, por tanto, de describir las diferentes estructuras comerciales de la Comunidad aragonesa a través de las cifras estadísticas disponibles, utilizando para ello un doble enfoque: por un lado, estudiando aspectos relativos a la demanda y, por otro, presentando la oferta comercial disponible en Aragón.

1. Análisis de la demanda en la comunidad aragonesa. Aragón cuenta, en 1998, con una población de 1.183.234 habitantes, repartidos de forma bastante asimétrica entre las tres provincias que la integran (204.956 en H., 136.840 en T. y 841.438 en Z.). El tamaño medio de la unidad familiar es de 3,6 miembros. Un indicador que proporciona una idea cercana a la capacidad de compra o de consumo de una Comunidad es la renta disponible per capita, que se sitúa para Aragón en 1.202.717 ptas., cifra ligeramente por encima del valor nacional. El gasto medio anual por hogar realizado en la Comunidad aragonesa fue de 1.882.393 ptas., cantidad que supone el 87.9 % de la media nacional (100 = media nacional). Desagregando este dato por provincias Huesca tiene un índice de 86.84%, Teruel 77.1% y Zaragoza 90.09% en relación a la media estatal. En cuanto al gasto medio por persona en «bienes y servicios» es de 606.449 ptas. en Aragón, lo cual supone un 96.47% de la media nacional. En nuestra comunidad el sector servicios tiene un peso muy relevante, absorbiendo el 55.6% del total de personas ocupadas en Aragón en 1995. De esta cifra el 74.75% se refiere a trabajadores situados en la prov. de Z., 16.33% en H. y tan sólo el 8.92% en Teruel.

2. Análisis de la oferta comercial disponible en Aragón. El análisis de la oferta comercial disponible en nuestra comunidad se puede llevar a cabo conociendo el número total de establecimientos clasificados por especialidad y su concentración en determinados municipios. El cuadro de especialización comercial resume el número total de establecimientos y el número de municipios donde se ubican para las tres provincias aragonesas. La distribución de empresas comerciales es muy similar para Huesca (el 18%) y para Teruel (el 23%), entre ambas provincias concentran alrededor de un 41% de establecimientos. No obstante, esta distribución se concentra en pocos núcleos, puesto que más del 87% de los establecimientos de todo Aragón se localizan en apenas 46 municipios.

En los cuadros adjuntos se recoge la evolución del número de establecimientos que se ha llevado a cabo entre 1990 y 1995 en esos 47 municipios centralizadores de equipamientos comerciales. Es de destacar el fuerte incremento que se ha llevado a cabo en apenas 5 años: en los municipios de la provincia de Huesca se han incrementado más del 43%, en Teruel lo han hecho en más del 50% y en Zaragoza el 26’6%.

Observando el cuadro de la provincia de Huesca se aprecian aumentos importantes, en cuanto a número de tiendas, en todas las localidades (salvo en Grañén). A lo largo de estos cinco años ha habido un incremento absoluto de 1164 establecimientos, que se ha correspondido con una fuerte concentración de comercios alrededor de la capital (con un incremento en número del 65%) y en comarcas con un fuerte desarrollo como Barbastro, Jaca y Monzón. Destaca el fuerte crecimiento comercial de Benasque. En concreto, esta localidad ha multiplicado por cinco el número de comercios minoristas en el último lustro. La razón viene de la mano de la fuerte atracción turística que tiene esta zona del Pirineo aragonés.

En la provincia de Teruel, lo más destacable es el fuerte crecimiento que experimentan determinados municipios como Cella, Utrillas y Alcañiz, así como Teruel capital con un 81,5% más. Al contrario que en H., en este caso aparecen municipios donde el número de comercios detallistas ha sufrido un retroceso. Es el caso de Calanda, Montalbán y, sobre todo, de Albalate del Arzobispo (T.).

Los mismos resultados, si bien con un menor ritmo de crecimiento, encontramos en la provincia de Zaragoza, donde han aparecido 2.924 comercios nuevos a lo largo de los cinco años considerados, lo que supone un crecimiento superior al 25%. Sin embargo, en esta provincia el aumento en el número de establecimientos detallistas se reparte de manera uniforme, tan sólo sobresalen los municipios de Fuentes de Ebro y Daroca.

— Perspectivas de futuro. Si analizáramos con más grado de detalle la evolución del número de establecimientos comerciales aragoneses podríamos destacar lo siguiente: los establecimientos tradicionales han perdido durante los últimos años, buena parte de su presencia en el mercado. Los principales problemas a los que se enfrentan son: la concentración de las compras durante el fin de semana, la insuficiente incorporación de nuevas tecnologías, la escasa cualificación profesional, los precios altos y el escaso volumen de negocio. Para evitar estos problemas los pequeños comerciantes están tratando de buscar nuevas formas de competir con el resto de tipologías comerciales. Entre ellas destacan la concentración y el asociacionismo empresarial.

Las cadenas de supermercados deberán plantearse si su objetivo es seguir desarrollando el papel tradicional de establecimiento próximo al consumidor, o si van a reorientar su estrategia hacia las dos alternativas posibles en el futuro: supermercado de descuento o supermercado de calidad.

Un supermercado de descuento será aquel que logre los precios más bajos posibles, aún a costa de proporcionar un menor servicio al cliente. Un supermercado de calidad, por su parte, ofrecerá primeras marcas y un servicio personalizado a sus clientes.

En 1996 había censados en Aragón 109 supermercados (78 en Z., 23 en H. y 8 en T.). Comparando el trienio 1992-1995, se aprecia que los ratios de supermercados disminuyeron en 1993 para recuperarse un año más tarde. En 1995, nuestra comunidad alcanzó la cifra de 116 establecimientos de este tipo cifra que se rebajó al año siguiente como consecuencia del cierre de establecimientos poco competitivos o de la desaparición de algunas cadenas como Digsa. La superficie media de este tipo de comercio detallista se sitúa en 944 m.2, frente a la media española de 809.

Los hipermercados han sido durante los últimos años los grandes beneficiarios de la transformación experimentada por el sector de la distribución comercial y ha sido, sin duda, la fórmula comercial que mejor se ha adaptado a las necesidades del consumidor.

En Aragón, tan sólo había 3 hipermercados en 1995 situados todos ellos en Z. En 1981, abrió sus puertas Alcampo ubicado en Utebo, localidad muy cercana a Zaragoza. Nueve años más tarde lo hizo Pryca, situado dentro del casco urbano de la ciudad, y, en 1995, Continente, mucho mayor en tamaño y rodeado de un importante centro comercial. Entre los tres suman un total de 36.137 m.2 de superficie de venta. Más recientemente han abierto sus puertas Hipercor, dentro del centro comercial Mercasa, un nuevo Alcampo, a la salida de la autovía Zaragoza-Madrid, y un nuevo proyecto que esta misma cadena comercial tiene en la llamada «Estación de Utrillas» (salida de Zaragoza hacia Castellón) en el que se prevé una ocupación superior a los 10.000 m.2.

En definitiva, según se plantean los analistas del sector, al comienzo del nuevo milenio los hipermercados se decantarán como los líderes indiscutibles de la distribución comercial alimentaria con una participación del 40 % del mercado, los supermercados se situarán en torno al 35 % y el resto se lo repartirán entre las tiendas tradicionales y los autoservicios.

Comercio Exterior: (ver, además, balanza de pagos Buscar voz..., exportaciones Buscar voz... e importaciones Buscar voz...). El período 1985-1999 se caracteriza tanto por la existencia de importantes modificaciones de orden institucional, como por el desenvolvimiento de distintas fases del ciclo económico. En el orden institucional y a nivel europeo, España entra en la Comunidad Económica Europea en 1986, con un proceso gradual de disminución de protección arancelaria, culminado en 1993 con la formación del mercado único y la consiguiente desaparición de las barrera no arancelarias, así como con el establecimiento de la libre movilidad de personas y mercancías. A su vez, en junio de 1989 tiene lugar la incorporación de derecho de la peseta al Sistema Monetario Europeo, con una paridad central sobrevaluada a juicio de la mayor parte de los agentes económicos y con una senda de posterior apreciación hasta las turbulencias monetarias de 1992, que reconducen la competitividad-precio de los productos españoles hacia niveles más favorables.

Es importante señalar asimismo, el creciente peso de los flujos de importación y exportación regionales (especialmente de éstos últimos) sobre los nacionales, superando el peso que la región aragonesa tiene en el total nacional en términos de P.I.B. En los últimos años las importaciones y exportaciones aragonesas han representado más del 5’8% y del 5% respectivamente de los correspondiente flujos nacionales.

Pasando a analizar el comercio aragonés y español de bienes a través de los indicadores más usuales para su tratamiento agregado y conjunto, la balanza de mercancías muestra una tendencia hacia el deterioro hasta el año 1993 (si exceptuamos un atípico 1991), con un punto de inflexión en este año, a tenor del excepcional repunte de la exportación en 1994. A nivel nacional, se produce un paulatino deterioro de la balanza de bienes hasta 1992. En 1993, gracias a la contracción de las importaciones y al fuerte crecimiento exportador se origina una mejora espectacular del saldo comercial, manteniendo no obstante el secular déficit en los dos años siguientes.

La balanza comercial española arrojó durante 1998 un déficit de 3.548.413 millones de pesetas, un 31’5% más que en 1997. Este aumento se debió tanto a la ralentización del crecimiento de las exportaciones, consecuencia de la crisis internacional y pérdida del dinamismo de las economías de la Unión Europea, y, simultáneamente, a la fuerte presión de la demanda interior que redujo la capacidad de exportaciones. En este contexto, las exportaciones aragonesas, que representan el 5% del total nacional, suponen una tasa de crecimiento interanual del 2’28%, cifra significativamente inferior a la del año anterior, el 11’83% en 1997. Por su parte, las importaciones de bienes aragoneses experimentaron un incremento del 7’1% entre 1997 y 1998, tasa inferior tanto respecto a 1996-97 como a la obtenida en el conjunto nacional que fue del 10’4%. En este sentido, el superávit de la balanza comercial aragonesa entre 1997 y 1998 fue de 121.863 millones de pesetas, casi un 20% menos del registrado en el período precedente.

A continuación analizaremos de forma individualizada los flujos de importación y exportación. Las exportaciones aragonesas se multiplicaron en términos reales por 3,5 entre los años 1985 y 1995. Beneficiadas claramente por la incorporación de España a la Comunidad, no han experimentado, sin embargo, unas tasas anuales de crecimiento tan espectaculares como las de las importaciones. Este comportamiento vendría explicado, en parte, por la sobrevaloración del tipo de cambio real durante el período transitorio. En los últimos años, gracias al logro del mercado único (a partir de 1993), al favorable comportamiento del índice de tipo de cambio efectivo real, a la tradicional búsqueda de mercado exteriores ante la atonía del mercado nacional, y especialmente en 1994 ante la incipiente recuperación económica internacional, se logra un crecimiento de la exportación en términos reales que oscilan del 11% y un 32%.

Destaca en Aragón el peso de la provincia de Zaragoza que representa en torno al 90 % tanto de las importaciones como de las exportaciones. En Teruel, las exportaciones crecieron más del 17% entre 1997 y 1998, lo que se tradujo en una disminución del déficit comercial superior al 50 % pero que sigue siendo negativo. Por su parte, la provincia de Huesca obtuvo tasas negativas del 1’1% y 0’7% en exportaciones e importaciones, pero el superávit fue superior a los 40.000 millones de pesetas en los dos últimos años. En cambio, a nivel estatal, la balanza comercial ha sido negativa en los tres últimos años.

Los balances comerciales reflejan para el conjunto del Estado tasas de cobertura, importaciones financiadas por las exportaciones, superiores al 82% en 1998; cifra que aun reduciéndose en 2’9 puntos respecto a la de 1997 continúa siendo la tercera más elevada de los últimos veinte años. En Aragón estas tasas todavía son más elevadas, en torno al 200% en la provincia de Huesca y del 120% en la de Zaragoza, Teruel es la única provincia que presenta tasas inferiores a la media española:

— Las importaciones aragonesas experimentaron un crecimiento espectacular tanto en términos reales como nominales tras nuestra incorporación en la Comunidad Europea que coincide con una fase expansiva del ciclo económico a partir de 1986. Expansión bruscamente ralentizada en 1990-1991 debido al cambio de signo en la coyuntura económica de nuestra región y fundamentalmente de nuestro entorno, que provocó una fuerte desaceleración de la exportación regional. Por otra parte, se incrementan tanto las importaciones de productos intermedios utilizados en nuestra producción como la importación de bienes de consumo o de capital. A pesar de la continuidad de la fase recesiva, el efecto beneficioso que sobre las exportaciones tuvieron las devaluaciones de la peseta en septiembre y noviembre de 1992, así como un comportamiento anticipatorio respecto de esta devaluación, explicarían el importante incremento de las importaciones en 1992. A partir de 1995, tanto las importaciones como las exportaciones inician un incremento constante, si bien a un ritmo menor que la media estatal.

Si analizamos la evolución del comercio exterior aragonés por tipos de bienes: de consumo, intermedios y de capital, se observa en primer lugar que el incremento de las importaciones entre 1991 y 1994 se basó en distintos tipos de bienes. Así, en 1992 el crecimiento mayor se produjo en las importaciones de bienes de consumo, mientras en los años 1993 y 1994 fueron, en primer lugar, los bienes de capital y, en segundo lugar, los bienes intermedios los responsables del crecimiento. A partir de 1995 el mayor peso de las importaciones recayó en los bienes intermedios.

En cuanto a las exportaciones para el período 1990-94, el primer rasgo a señalar es la mayor estabilidad y concentración que presentan en su estructura. Entre el 70% y el 75% de la exportación total corresponde obviamente a bienes de consumo, dada la importancia de los vehículos automóviles; entre el 19% y el 23% lo constituyen las exportaciones de bienes intermedios; y por último, las exportaciones de bienes de capital se sitúan por debajo del 11%. Los efectos de las devaluaciones de 1992 y 1993 y de la posterior recuperación internacional se dejan sentir en los tres tipos de bienes. Es de destacar especialmente el incremento de las exportaciones de bienes de consumo en 1994 y de los bienes de capital en 1993 y 1994. La misma tendencia se observa entre 1995 y 1998 con un fuerte protagonismo de las exportaciones de los bienes de consumo sobre los intermedios y de capital.

Un rasgo estructural a destacar es la distribución del comercio exterior de bienes entre las tres provincias aragonesas. En primer lugar destacamos, la absoluta preponderancia de la prov. de Zaragoza con un 89% de la exportación y un 92% de la importación aragonesa, en 1998. A gran distancia se encuentra la prov. de Huesca, que en dicho año originaba el 9’8% de la exportación y el 5’8% de la importación aragonesa respectivamente.

En cuanto a la distribución geográfica del comercio exterior aragonés, tras una progresiva concentración que tuvo lugar lógicamente entre 1985 y 1992, como consecuencia de nuestra incorporación a la C.E.E., en los últimos años se observa la tendencia contraria. Concretamente, la comunidad pasó de suministrar el 73% de nuestras importaciones en 1985, al 87% en 1992 y al 72% y 69% respectivamente en 1994 y 1995; en cuanto a las exportaciones, la Comunidad absorbió el 67% de las mismas en 1985, el 88% en 1992 y el 79% en 1994 y 1995. Esta evolución ha sido tónica común en todos los países comunitarios, ya que tras los primeros noventa se produjo un crecimiento mayor en el comercio intracomunitario que extrarregional, como consecuencia de la implantación del grueso de las directivas del Mercado Único mientras que en los últimos años se observa la tendencia contraria.

Dentro de la comunidad, los principales países origen de nuestras importaciones son por orden de importancia: Alemania con más de un 25%, Francia y Bélgica-Luxemburgo, seguidos a cierta distancia de Italia y Reino Unido. De estos cinco países proviene más del 60% de nuestra importación. Por su parte, las exportaciones están fundamentalmente dirigidas a Alemania con un 20%, Francia, Reino Unido, Italia y Portugal, cada uno de ellos con más de un 10% cada uno.

En cuanto a la A.E.L.C. (especialmente los países que desde 1995 integran la Unión europea), observamos su recuperación como origen e importaciones aragonesas tras la drástica reducción producida tras nuestra adhesión, mientras continúa siendo el destino del 4% de nuestra exportación.

Correspondiendo al mencionado incremento del comercio extracomunitario, tanto Latinoamérica como Asia y Oceanía recuperan las posiciones perdidas tras nuestra incorporación a la unión aduanera comunitaria. Ambos mercados eran respectivamente en 1985 el destino del 6% de la exportación aragonesa mientras que en 1992 cayeron al 1,6% y 1,4% respectivamente. El proceso de ajuste que se ha llevado a cabo en América Latina y la paulatina solución de sus problemas de endeudamiento ha favorecido la exportación aragonesa, colocando un 5% y un 3% en 1994 y 1995 respectivamente de la misma en dicho mercado, aun a pesar de la apreciación de la peseta en área del dólar y quizás porque la moneda de nuestro principal competidor -Italia- ha seguido un comportamiento similar. Por otro lado Asia, también considerada área del dólar en su tónica de corrección de los superávits característicos de los años ochenta, no sólo se convierte junto con Oceanía, en el origen del 9% de nuestras importaciones sino en el destino del 7% de nuestras exportaciones. Por otra parte, es destacable el impacto de la liberalización y recuperación en los países de Europa Central y Oriental sobre el comercio exterior aragonés, que durante 1995 han sido el origen del 7% de nuestra importación y el destino del 3% de nuestra exportación.

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