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Colegio Notarial

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 14/05/2007

El Colegio Notarial, como agrupación de personas que desarrollan una misma actividad profesional, puede considerarse en un doble aspecto: como corporación integrada por todos los notarios pertenecientes a las tres provincias aragonesas, y como órgano jerárquico dependiente de la Dirección General de los Registros y del Notariado del Ministerio de Justicia en todo lo que afecta al Servicio Público. De ahí la doble condición de sus miembros, de profesionales del Derecho y funcionarios públicos.

Como corporación, sus antecedentes más remotos hay que buscarlos en el llamado «Insigne Colegio de Notarios del Número de cuarenta (vulgarmente llamado de Caxa) de la ciudad de Zaragoza», creado como consecuencia de la facultad que los jurados de las universidades tenían de nombrar notarios para sus términos y distritos, facultad declarada y ratificada en el Privilegio Buscar voz... General —con efectos de Fuero—concedido en las Cortes de Zaragoza el año 1283 por Pedro III Buscar voz..., a instancia de la Corte General. La denominación de notario de caxa obedecía al hecho de que tenían escacionarias, escribanías y caxas en puestos generales, o sea, mesas de caxones ante el público en la puerta de sus casas, donde otorgaban asuntos y negocios confiados a su autorización y custodia.

Pero junto a dichos notarios de caxa existían los notarios reales o generales, nombrados por el rey, los cuales quedaban relegados en su actuación a testificar en las causas y contratos comenzados fuera de Zaragoza y sus términos, y, aun dentro de ella, en poderes, requisiciones, apelaciones y procesos judiciales, pero en manera alguna en los demás actos públicos, so pena de invalidez de los mismos y de quedar el notario suspendido y privado perpetuamente. Así resulta todo ello del Real Privilegio dictado por Pedro IV Buscar voz... el 19-III-1336, que se repite en los posteriores reinados de Alonso V Buscar voz..., Fernando I Buscar voz..., Juan II Buscar voz... y después en las Cortes de Monzón de 1510 por Fernando el Católico Buscar voz....

Fácil es suponer los problemas que en materia de competencia se suscitaron por la existencia de estas dos clases de notarios (los de número y caxa, y los reales), que dieron lugar a fallos curiosísimos, como el de la sentencia dictada en la cuestión que Jaime Maymon en las Cortes del rey Felipe I Buscar voz... de Aragón allá por el año 1592, con ocasión de no haber sido admitido como notario de caxa; o el de la resolución del Justicia de Aragón rechazando la pretensión del rey Felipe III Buscar voz..., en 1648, de que se tuviera por admitido como tal a Melchor Felipe de Chauz.

Las disposiciones contenidas en los citados Privilegios Reales fueron el precedente que sirvió de base a los nuevos Estatutos y Ordinaciones del Colegio de Notarios de Número y Caxa, recopilados el 13-III-1650 por el entonces notario secretario y almosnero Joseph Francisco de Robres. En ellos se contienen una serie de normas relativas a los oficios y cargos del Colegio y forma de cubrirlos, a las obligaciones de cada uno de ellos en orden a visitas periódicas, multas y sanciones por su incumplimiento, siendo de destacar las que hacían referencia a las condiciones y cualidades que debía reunir el aspirante en cuanto a moralidad, competencia, limpieza de sangre, etc., normas tan rigurosas que hicieron decir a algunos que para ingresar en el mencionado Colegio de Notarios se requerían más requisitos que para el ingreso en las órdenes militares. No es de extrañar, por tanto, que con estas disposiciones fuera el cargo de notario tan respetable y respetado, y que se vieran desempeñando notarías nombres tan prestigiosos como Calatayud, Luna, Lanuza, Cerdá, Zurita, Blancas (ilustres cronistas del Reino), Coloma, Zalmedina, Diego Fecet Buscar voz... (fundador del convento de religiosas descalzas conocido con el nombre de «las Fecetas») y otros muchos que con acrisolada honradez fueron las personas más aptas para dar testimonio de la verdad en el mundo.

En otro orden de cosas conviene hacer notar que el Colegio de Notarios ha tenido diversas invocaciones y santos por sus abogados y patronos. En el año 1295 estaba fundada la cofradía del Colegio en el convento de predicadores con la invocación de Santo Domingo, trasladándose después al de San Francisco y eligiendo como patronos a San Luis y Santa Lucía, en algunas notas de aquélla se sustituye San Luis por San Amador, sin que se intuya el porqué del cambio, y más tarde desaparecen ambos, quedando tan sólo como patrona Santa Lucía, que se conmemora el día 13 de diciembre.

Hoy, el Ilustre Colegio Notarial de Zaragoza está instalado y tiene su sede en la plaza del Justicia, donde estuvo la casa de los Lanuza demolida por orden de Felipe I (II) después de la ejecución de Juan de Lanuza Buscar voz.... Perteneció después al conde de Sobradiel, y cuando el Colegio compró la finca, el año 1929, pertenecía a la condesa de Gabarda. En él se halla instalado el Archivo Notarial de Protocolos, comprensivo de gran número de notas y protocolos notariales de indudable valor histórico; data el más antiguo del año 1319 y corresponde al protocolo del notario Miguel Pérez de Tauste.

La profusión y variedad de los documentos obrantes en aquél es extraordinaria, ya que la legislación a la sazón vigente y la misma costumbre imponían o fomentaban la intervención notarial en casi todos los actos de la vida privada de la época; raro era aquel que se libraba de verse preso entre los folios de una escritura. Con datos obtenidos de estos protocolos es posible reconstruir la vida de la judería zaragozana, se ha enriquecido el teatro y la historia del arte: el hecho de intervenir un notario en la contratación de un retablo o de una escultura o de una compañía de cómicos que iba de pueblo en pueblo representando comedias, ha sido de una transcendental importancia, y la vida religiosa tiene también amplio caudal de noticia en el protocolo notarial, pues, además de las numerosas actas levantadas en los capítulos de monasterios y conventos, existe la famosa exploración de voluntad que debía hacer el notario a las novicias antes de entrar en religión, para acreditar que no habían sido inducidas contra su voluntad a entrar en el convento.

En conclusión, se deja aquí constancia del homenaje de admiración y simpatía hacia aquellos notarios que integraron el Colegio de Notarios de Número y Caxa de Zaragoza, que con tanto tesón defendieron sus privilegios aun en contra de los abusos cometidos a veces por el poder real y que fueron, a la vez, defensores acérrimos de las antiguas libertades aragonesas, como una manifestación más del carácter libre y recio de los hombres que constituían el reino de Aragón. En 2000, su decano es Honorio Romero.

 

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