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Colectividades agrarias (1936-1938)

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 15/02/2011

La colectivización de la economía que comenzó a desarrollarse durante el verano de 1936 en las comarcas aragonesas orientales se debió tanto a las necesidades de la guerra y de la situación creada tras el levantamiento militar del Dieciocho de Julio Buscar voz..., como a la difusión de ideologías socializadoras y colectivizadoras que iniciaron un proceso revolucionario en gran parte de los territorios republicanos. Aunque en Aragón se dieron casos de socialización de servicios públicos (Barbastro, Caspe...) y de algunas actividades industriales y mineras (Alcañiz, Beceite, Andorra...), la estructura económica de la región justifica sobradamente el calificativo de «colectividades agrícolas»; por otra parte, el hecho de intervenir en ellas organizaciones (o sus militantes) como U.G.T. Buscar voz..., P.C.E. Buscar voz..., e incluso partidos republicanos, explica que, aunque la hegemonía y el control correspondiera a la C.N.T. Buscar voz..., prefiramos dejar de lado el adjetivo de «anarquistas» o de «libertarias», frecuentemente usado para calificar el proceso de colectivización.

No se dispone de investigaciones en profundidad sobre la situación económica y social del Aragón republicano, y la historiografía sobre el tema está fuertemente impregnada de ideología: desde la consideración de la experiencia como una revolución social ejemplar que llevó a la realidad la teoría libertaria (testimonios de época, como Souchy, Leval, Prats.... y elaboraciones posteriores de historiadores anarquistas) hasta el silencio o la condena sistemática por la historiografía nacionalista o por quienes, identificados con las posiciones políticas de los partidos integrantes del Frente Popular Buscar voz..., condenaron la socialización por inoportuna, ineficaz y entorpecedora del objetivo principal: la victoria militar en la guerra civil Buscar voz.... Esta fuerte ideologización no facilita la descripción, análisis y valoración del proceso colectivizador, que está pendiente de un tratamiento histórico adecuado, necesitado de elaboraciones monográficas -para las que podría servir de modelo la realizada por el matrimonio Simoni para el caso de Cretas Buscar voz... en la Universidad de Ginebra.

En Aragón las primeras colectividades surgen en el mes de agosto de 1936; los agentes o promotores de la colectivización fueron muy diversos, generalmente los sindicatos y las fuerzas políticas locales. Cuando hubo que recurrir a la lucha armada para hacer frente a los insurrectos, se forma rápidamente un comité que ejerce el control completo de la vida local (Alcorisa Buscar voz...). En cualquier caso, la huida o eliminación de grandes propietarios o de personas identificadas con los sublevados supone necesariamente la reorganización del consejo municipal, en el que, junto con representantes republicanos, socialistas o comunistas, entran, mayoritariamente en casi todos los casos, los dirigentes locales de la C.N.T. En otros casos, es determinante el papel de las juventudes, socialistas Buscar voz... o libertarias Buscar voz... (Andorra Buscar voz...), y es también muy frecuente, sobre todo en localidades pequeñas o apartadas, que se imite el modelo de la capital comarcal mas próxima, o que visitas de dirigentes aconsejen la creación de los consejos municipales.

El control anarquista del proceso es evidente, y en ocasiones se ve reforzado por el papel de las columnas anarquistas que, procedentes de Barcelona, cruzan la región hasta la línea del frente. Pocas semanas antes, en el Congreso de la C.N.T. de Zaragoza, se había definido el «comunismo libertario», que para el mundo rural se apoyaba en el «municipio libre», al igual que lo hacía en el sindicato para las sociedades industriales. Pero el proceso colectivizador no se hubiera podido desarrollar sin que el voluntarismo ideológico no se hubiera encontrado con unas condiciones favorables provocadas por la situación de guerra: desaparecidos los centros tradicionales de administración, e incluso derrumbado y lejano el propio poder del Estado republicano en los primeros momentos, en el campo se hizo urgente atender a necesidades muy prosaicas: terminar la recolección, abastecer a la población civil y a los milicianos, reorganizar los sistemas de producción, de consumo y de distribución, y todo ello desde abajo, convocando asambleas de vecinos de las que emanaban los consejos municipales, poniéndose en contacto con comarcas y localidades vecinas, generando, en definitiva, un proceso de autoorganización coincidente con los presupuestos y objetivos teóricos de los grupos anarquistas y sindicalistas que, al igual que en Cataluña, llevaron la iniciativa en las primeras etapas de la guerra.

En muchos casos lo que se colectivizó fue una agricultura pobre, de subsistencia, como lo prueba el hecho de que la socialización fuera completa en pequeñas localidades agrícolas, y tuviera más excepciones en cabeceras de comarca (Barbastro Buscar voz...) con una estructura económica y social más compleja.

En un proceso paralelo al de la constitución del Consejo de Aragón Buscar voz..., las relaciones económicas y administrativas entabladas entre las colectividades creadas culminan con la celebración del congreso extraordinario de colectividades del 14 y 15-II-1937 en Caspe Buscar voz.... Las cifras indican la existencia de 280 colectividades, con 141.794 afiliados: Huesca, con 137 localidades y 85.522 personas; Teruel, 116 y 48.618; Zaragoza, 24 y 7.524. Los pueblos se agrupaban en organizaciones comarcales cuyas cabeceras eran Alcañiz, Angüés, Alfambra, Aínsa, Alcorisa, Albalate de Cinca, Barbastro, Benabarre, Caspe, Ejulve, Escucha, Graus, Grañén, Lécera, Monzón, Muniesa, Mas de las Matas, Mora de Rubielos, La Puebla de Híjar, Pina de Ebro, Pancrudo, Sástago, Tardienta y Valderrobres, si bien con el tiempo hubo algún cambio en la condición de capitalidad comarcal; la función de las cabeceras de comarca era servir de enlace para la transmisión de información, normas de organización, comercio, etc., entre los pueblos y la Federación Regional de Colectividades que se constituye en el congreso antedicho.

El proceso colectivizador continúa desarrollándose hasta el verano de 1937. Es difícil hacer un balance económico del año escaso en que la economía estuvo colectivizada. Parece que la cosecha del 37 fue algo superior a la del año anterior, lo cual indica que las tierras se trabajaron normalmente aunque la mano de obra se vio disminuida en número y calidad, y que un buen año agrícola no añadió problemas a los propios de una situación de transformación. También se puede afirmar que muchos servicios mejoraron, especialmente los relativos a enseñanza, sanidad, etc. La necesidad de avituallar a las tropas no favoreció el aumento del consumo individual y colectivo, y los circuitos comerciales hubieron de reorganizarse y acabaron orientándose naturalmente hacia Cataluña, siendo estrechas las relaciones económicas entre el Consejo de Aragón y la Generalitat.

Las colectividades aragonesas, y sobre todo la estructura orgánica y administrativa de que se había dotado, son disueltas oficialmente en agosto-septiembre de 1937, en el marco del giro político y militar del gobierno del Frente Popular. Esta disolución se ve reforzada por la presencia de las tropas de Líster en la región. En la práctica, muchas localidades seguirán colectivizadas en mayor o menor grado hasta la caída del frente y el final de la guerra, aunque muchos pequeños y medianos campesinos retornan a la propiedad y explotación individual de sus tierras. Aquí nace la polémica ideológica que traspasa hasta nuestros días la historiografía sobre una realidad insuficientemente estudiada.

• Bibliog.:
Souchy, Agustín: Entre los campesinos de Aragón; Barcelona, 1937 (reedición en Barcelona, 1977).
Leval, Gaston: Colectividades libertarias en España; 2 vols., Ed. Proyección, Buenos Aires, 1972.
Mintz, Frank: La Autogestión en la España revolucionaria; Ed. de la Piqueta, Madrid, 1977.
Maurice, Jacques: «Problemática de las colectividades agrarias en la guerra civil»; Agricultura y Sociedad, n.° 7, abril-junio, 1978.
Marco, Fernando: «Las colectividades en Aragón: estado de la cuestión, fuentes y orientaciones metodológicas»; Estado actual de los estudios sobre Aragón, vol. I, Zaragoza, 1979.

 

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