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Ciudades cristianas medievales

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 26/06/2009

Los derechos específicos de los núcleos urbanos que tuvieron la categoría de ciudad en la plena y baja Edad Media constituyen un tema que no ha sido estudiado con profundidad. Se sabe que precedían a las villas en las reuniones de Cortes Buscar voz... y en los escritos dirigidos a las universidades por los órganos supremos de la gobernación del reino. Se las tenía por poblaciones mayores, mejores y con superior contingente demográfico que las villas, y no digamos que las aldeas y lugares. Su origen radicaba en haber sido una antigua ciudad romana, una fortaleza musulmana de importancia o una sede episcopal visigoda.

En el aparato externo, las ciudades tenían derecho a usar pendón y armas propias, sello de cera y a ser precedidos sus representantes de vergueros y clarines. Eran centros de producción y de mercado, lugares donde se concentraba la industria y el comercio. Constituían el centro político administrativo de las aldeas de su término o de su comunidad Buscar voz.... Generalmente eran cabeza de diócesis. Sus habitantes gozaban de una condición jurídica de libertad, sin estar sometidos a dominio señorial alguno, y poseían una mentalidad especial, la mentalidad burguesa Buscar voz.... Puesto que las ciudades siempre han sido centros de atracción y difusión de ideas, en el ámbito de las medievales se desarrolló una notable labor cultural, a través, en especial, de las Escuelas de Artes Buscar voz....

En cuanto al aspecto morfológico, contaban con una serie de notas externas, tales como murallas Buscar voz..., edificios eclesiásticos, civiles y mercantiles; incluso el trazado de sus barrios y calles respondía a su función específica. Las murallas simbolizaban la personalidad colectiva, eran el signo visible de la segregación del municipio del derecho que afectaba al territorio del contorno. De ahí que las murallas que rodeaban a la población no tuvieran sólo un significado militar, sino también jurídico, el de señalar con límites tangibles la zona urbana poseedora de un derecho privilegiado.

Pero éstas no son características entera y absolutamente definitorias. Armas propias, pendón y sello Buscar voz... tuvieron muchas villas aragonesas -tal es el caso de Calatayud y Teruel antes de obtener el rango de ciudades. La cifra de villas que contaron con mercados Buscar voz... de concesión real es relativamente elevada; por citar un ejemplo, Almudévar, desde 1170, lo celebraba los miércoles por privilegio de Alfonso II Buscar voz.... Las villas más desarrolladas eran cabeza administrativa de sus distritos o comunidades; Daroca lo fue antes de ser elevada a la categoría de ciudad. Si eran villas de realengo, la condición jurídica de sus habitantes no difería de aquella de los que vivían en ciudades sino por los fueros Buscar voz... y privilegios recibidos, que no eran forzosamente superiores en las ciudades que en las villas. Por otra parte, hubo ciudades sin sede episcopal Buscar voz..., como Calatayud o Daroca, e incluso Jaca y Barbastro, en las que el restablecimiento de los obispados fue de corta duración, y por el contrario algunas villas tuvieron obispo -tal Albarracín, donde se restauró la sede en 1171 por solicitud de Pedro Ruiz de Azagra Buscar voz... (luego trasladada a Segorbe), que no tuvo rango de ciudad hasta el siglo XIV. En cuanto a murallas y edificios suntuosos, muchas villas aragonesas los tuvieron (Alcañiz, Benabarre, Ejea y un largo etcétera). Tampoco el haber sido ciudad romana presupone ostentar esta categoría en época medieval; sí fue éste el caso de Zaragoza o Huesca, ciudades a raíz de la reconquista, no sucedió así en Calatayud, Bujaraloz o Gelsa.

Por todo esto, la conclusión es que fueron los reyes de Aragón los que, libremente y teniendo en cuenta condicionamientos diversos, decidieron cuáles de los núcleos poblados de su reino iban a ser ciudades, con las preeminencias consiguientes. Pero también aquí surgen algunas dudas: a Monzón le concedió el título de ciudad Sancho Ramírez Buscar voz... en 1089; Tamarite, reconquistada por Alfonso I Buscar voz... en 1107, vio confirmados sus privilegios en 1337 por Pedro IV Buscar voz..., quien declaró infanzones a los vecinos, y dispuso que la villa fuera ciudad, disposición reiterada por Martín I Buscar voz... en 1408, pero ni éstas ni alguna otra que como ejemplo se pudiera traer también a colación, figuran en los procesos de Cortes y en la documentación del reino como ciudades, sino como villas, y considerando lo mucho que defendían las universidades cualquier prerrogativa que creyeran poseer, no cabe pensar que se conformaran con ser reiteradamente tratadas como villas si tenían derecho al grado de ciudad. Y a partir del siglo XIV, las actas de procesos de Cortes otorgan la denominación de ciudades sólo a nueve núcleos de población: Jaca, Huesca, Barbastro, Zaragoza, Tarazona, Albarracín, Teruel, Daroca y Calatayud a las que se añadió, desde mediados del siglo XV, Borja. Jurídicamente, éstas fueron las diez ciudades aragonesas medievales.

El rey Sancho Ramírez, sobre un castro real y una sede episcopal, creó la ciudad franca de Jaca Buscar voz..., a la que dio fuero Buscar voz... en 1077. La pionera de las ciudades aragonesas constituye un ejemplo claro de cómo los reyes conferían el rango de ciudad a un núcleo habitado en el que había cuajado ya una población libre volcada a las actividades artesanales y mercantiles.

Huesca Buscar voz... fue tomada a los moros por Pedro I Buscar voz... el 25-XI-1096 cuatro años más tarde le otorgó fuero y allí se trasladó el obispo de Jaca. Desde su reconquista, como capital temporal de Aragón, ostentó condición de ciudad.

A Barbastro Buscar voz... la hizo ciudad Pedro I al reconquistarla definitivamente en octubre de 1100. Adjudicó fuero de infanzones a cuantos viniesen a poblarla y transformó la mezquita mayor en templo cristiano bajo la advocación de Santa María, trasladando provisionalmente allí la sede de Roda, que luego pasaría a Lérida.

Las grandes murallas de Zaragoza Buscar voz..., que databan de época romana, hicieron necesario un largo cerco antes de arrebatarla al poder musulmán, tarea que coronó Alfonso I Buscar voz... el 18-XII-1118. Desde entonces Zaragoza fue cabeza del reino y principal ciudad de Aragón.

Tarazona Buscar voz..., la antigua Turiaso Buscar voz... romana, se rindió al Batallador el 6-IV-1119. Alfonso I concedió a sus pobladores el fuero de Zaragoza, otorgándoles la jerarquía ciudadana y restaurando la antigua sede de San Prudencio. La catedral, caso excepcional, fue levantada en el llano, extramuros.

Pedro Ruiz de Azagra Buscar voz... liberó la fortaleza de Albarracín Buscar voz..., la repobló y fortificó en 1170, sin reconocimiento de soberano alguno, intitulándose «vasallo de Santa María y señor de Albarracín». Por solicitud suya, al año siguiente se instauró en Santa María de Albarracín un obispado que pasaría pronto a Segorbe. Fue Jaime II Buscar voz... quien le dio el grado de ciudad en 1300.

La fortaleza musulmana de Teruel Buscar voz... fue tomada por Alfonso II Buscar voz... en 1171; inmediatamente los turolenses abandonaron el viejo emplazamiento y se asentaron en el paraje actual, fortificando la nueva villa a la que el monarca en 1177 asignó fuero inspirado en el derecho de frontera que recogen los Fueros de Sepúlveda. Pedro IV adjudicó en 1347 el título de ciudad a la villa, en agradecimiento por haberle ayudado en su lucha contra la Unión Buscar voz....

Daroca Buscar voz..., reconquistada por Alfonso I en junio de 1120 y definida como villa en su fuero fronterizo de 1142, amplió mucho sus murallas en la etapa inmediatamente posterior a la reconquista, pero no alcanzó la dignidad de ciudad hasta el privilegio de Pedro IV de 26-VI-1366.

Un castillo musulmán sobre los ríos Jalón y Jiloca, próximo a la ciudad romana de Bilbilis, dio lugar a Calatayud Buscar voz..., que pasó a manos cristianas el 24-VI-1120. Alfonso I la dotó de fueros en 1131. Las Cortes de 1365-66, en premio a su heroica defensa en la guerra contra Castilla, acordaron conceder a la villa la categoría de ciudad, a lo que accedió Pedro IV, pero hubo de esperar a 1391 para que el rey de Aragón, a la sazón Juan I Buscar voz..., otorgara en debida forma la carta de concesión de ciudadanía.

Finalmente, Borja Buscar voz..., reconquistada por Alfonso I al tiempo que Tarazona y Tudela, fue villa hasta el siglo XV. El rey Alfonso V Buscar voz..., sin duda por algún señalado servicio, la hizo ciudad por carta fechada el 2-X-1438.

• Bibliog.:
Arco, R. del: «Escudos heráldicos de ciudades y villas de Aragón»; Argensola, V, Huesca, 1954, pp. 101-142.
Beltrán, A.: «La ciudad antigua en la ciudad moderna»; Estudios de Urbanismo, Zaragoza, 1960, pp. 147-171.
Lacarra, J. M.ª: Aragón en el pasado; Col. Austral, Madrid, 1972.
Lalinde, J.: Los fueros de Aragón; Zaragoza, 1976. (Cortes Buscar voz...: bibliografía.).

• Hist. Mod.: Durante este período, la relación de las diez ciudades medievales se incrementa en dos más: Alcañiz Buscar voz..., que accede a esta categoría el día 26-VI-1652 por privilegio de Felipe IV, y Fraga, que es declarada tal el 7-IX-1709 por Felipe V.

Las ciudades, constituidas en municipios, dependían directamente del rey y tenían representación en Cortes integradas en el «brazo de las Universidades». El título de ciudad es ahora concedido por el rey como privilegio y en pago de algún servicio prestado a la monarquía. Lo que diferencia a la ciudad de los restantes núcleos urbanos en la Edad Moderna es la existencia de un área rural importante sobre la que influye económicamente, existiendo un importante mercado de productos, complementándose así las dos economías, rural y urbana. Lo que caracteriza a la ciudad, por otra parte, es su capacidad de atracción de población, único medio para mantener el equilibrio demográfico, y la concentración, más o menos importante, de vagabundos que se acogen a instituciones protectoras creadas al efecto. En el mundo de las ciudades de la época se habla de «ciudadanos, vecinos y habitadores»: los primeros gozan de privilegios de los que están excluidos los demás, pudiendo participar en la administración del municipio y ejercer todos sus derechos sin limitación; dentro de este grupo están incluidos tanto los que realizan toda clase de profesiones liberales como los que realizan otras actividades como labradores, artesanos, mercaderes, etc., pero que gozan de una sólida posición económica.

 

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