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Ciudadanía romana

Contenido disponible: Texto GEA 2000

El principio de ciudadanía reposaba en el origen y en el domicilio. Es decir, que los más antiguos romanos tenían una serie de derechos y obligaciones por el hecho de haber nacido en Roma. En la primera época, pues, el derecho a la civitas se confunde con el derecho de los quirites, palabra muy antigua, cuya etimología indica la pertenencia a «curias» o pequeñas demarcaciones existentes en Roma.

Se trata de un estatuto unitario, que igualaba a todos los ciudadanos en Derecho. Comprende, en los ámbitos del derecho público y privado, un conjunto de derechos de los que sobresalen: el derecho de libertad, el derecho de milicia, el de sufragio o voto, el derecho a los honores o cargos públicos, el derecho a contraer matrimonio con un romano, etc., los cuales se perdían automáticamente al perder el de ciudadanía. En principio, sólo el ciudadano romano podía servir en las legiones y sobre él pesó la carga del servicio militar, siendo, en muchas ocasiones, la política de concesión de la ciudadanía un recurso para ampliar la leva de soldados. Sólo el ciudadano gozaba del derecho de llevar una causa ante los comicios (o asamblea del pueblo), por medio de los magistrados competentes. Por otra parte, sólo a él le era permitido votar en dichas asambleas o ser elegido magistrado, así como apelar ante la asamblea popular de una decisión del magistrado judicial, con lo cual quedaba momentáneamente paralizada la acción jurídica.

La ciudadanía se adquiría por nacimiento, concesión o manumisión. Así, todo hijo de romano, nacido de un matrimonio legal, era romano. También lo era el individuo o la comunidad que recibían este privilegio como donación del pueblo o del emperador. Del mismo modo, todo esclavo libertado por un ciudadano recibía automáticamente la ciudadanía.

Italia fue unificada jurídicamente, recibiendo el estatuto ciudadano, sólo después de una tremenda guerra (91-89 a.C.). Pero esta tendencia a la unificación no se generalizó hasta César y Augusto Buscar voz..., siendo entonces muchas las comunidades indígenas que recibieron el derecho de ciudadanía en las provincias, llevando aparejado con ello el régimen municipal romano. (Municipios romanos.) Este movimiento llegó a culminarse cuando, en 212 d.C., el emperador Caracalla otorgó por una Constitución Imperial el derecho de ciudadanía a todos los peregrini (no romanos) libres del Imperio.

En Hispania, el edicto de Caracalla fue precedido y preparado por la concesión del Derecho latino por Vespasiano, en el año 71 d.C. La ciudadanía latina comportaba un estatuto equivalente al que tuvieron las antiguas ciudades latinas y vino a ser una antecámara del Derecho romano. Sin embargo, los latinos por no ser romanos, ni estar censados en las listas ciudadanas, no podían asistir ni apelar a las asambleas del pueblo romano, ni servir en las legiones, sino en los cuerpos auxiliares, y por un tiempo mayor. De hecho, las ciudades latinas en las provincias gozaban de una autonomía considerable, ya que la posibilidad de asistir a los comicios que se celebraban en Roma era muy remota.

En la época altoimperial, y en territorio que actualmente corresponde a Aragón, sabemos que gozaron de la ciudadanía romana antes del 212 d.C.: , Bilbilis Buscar voz... (cerca de Calatayud), Celsa Buscar voz... (en las eras de Velilla de Ebro), Osca (Huesca) y Turiasso (Tarazona). De la ciudadanía latina: Leónica (?) y Osicerda Buscar voz... (?). Pero es muy posible que otras ciudades indígenas con el estatuto de stipendiariae (que pagaban un stipendium o tributo a Roma), adquiriesen la latinidad posteriormente al año 71 d.C.: Bursao Buscar voz... (Borja), Calagurris Fibularia (por Bolea), Iaca Buscar voz... (Jaca), Segia Buscar voz... (Ejea de los Caballeros) y Labitolosa Buscar voz... (Puebla de Castro).

Respecto a la concesión de la ciudadanía a título personal, un documento aparecido en Áscoli relaciona estas tierras con el proceso de romanización ya en 89 a.C. Se trata del Bronce de Áscoli, que recoge los nombres de treinta jinetes, enumerados según su origen bajo el genérico de turma Salluitana. Cuatro Salluitani y nueve Segienses, entre otros, recibieron en esta ocasión el status de romanos. (Salduie, Segia Buscar voz....)

En cuanto a las ciudades, cuando poseían la ciudadanía romana se organizaban según el régimen denominado municipal, al cual habían llegado a igualarse también las colonias. Así pues, colonias y municipios de ciudadanos romanos o latinos tenían su propio senado (denominado ordo decurionum o curia), sus magistrados, que solían ser duunviros Buscar voz... y ediles Buscar voz..., y sus sacerdotes del culto oficial.

La creación de un municipio o de una colonia romana suponía, unas veces, la elevación de rango de una ciudad extranjera y dominada a latina o romana, con lo cual la población indígena adquiría el Derecho correspondiente; o bien era una creación ex novo, con aporte de colonos, lo que la mayoría de las veces suponía que los indígenas asumían el status de incolae y eran tratados como peregrini: esto es, como indígenas vencidos.

 

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