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Cisma de Occidente

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 07/05/2007

(1378-1417). La crisis de la Iglesia abierta a fines del siglo XIV como consecuencia de la permanencia del papado en Aviñón (Francia), durante varios años, y la vuelta a Roma del pontífice Gregorio XI en 1377, provocaría la división de obediencias en la Cristiandad. A la muerte de este papa en 1378, el cónclave romano eligió a Urbano VI dentro de un clima de tensión que fue aprovechado por los cardenales partidarios del papado de Aviñón -que no habían vuelto a Roma- para declarar ilegítima la elección y designar a Clemente VII con el apoyo de Francia y de sus aliados.

Los reinos hispánicos sufrieron también las consecuencias del cisma, y aunque Castilla se unió a la causa del papa francés, la Corona de Aragón Buscar voz... permaneció en un principio a la expectativa, hasta que el fallecimiento de Clemente VII permitió designar como sucesor en Aviñón al aragonés don Pedro de Luna Buscar voz..., que tomó el nombre de Benedicto XIII, en 1394, a pesar de que unos años antes había sido elegido en Roma Bonifacio IX como sucesor de Urbano VI. Así, la excepcional posición del papa Luna le convertiría en un aragonés al margen de los destinos de su tierra para interesar su figura en el horizonte del orbe cristiano.

Los intentos de Castilla, Inglaterra y Francia por solucionar la división de la Iglesia mediante la abdicación de Benedicto XIII y de Bonifacio IX en 1397 fracasaron. Ni la momentánea sustracción de obediencias ni la preparación de entrevistas entre el papa de Roma y el de Aviñón llevaron a buen fin, y la solución de reunir un concilio en Pisa en 1409 para designar un sucesor de Pedro que obligara a renunciar a los dos existentes consagró la división tripartita con la elección de un tercer papa, Alejandro V. Tan crítica situación obligó a intervenir con decisión a los poderes políticos para resolver definitivamente el caos espiritual reinante en Europa.

El concilio de Constanza, reunido por expresa voluntad del emperador de Alemania (Segismundo) en 1414, lograría la deposición del papa pisano Juan XXIII -que había sucedido a Alejandro V- y la renuncia sin dificultades de Gregorio XII -sucesor de Urbano VI-, pero reforzaría, en cambio, la tenaz resistencia del aragonés elegido en Aviñón, seguro de su legitimidad y de los derechos adquiridos. Ni la sustracción de la obediencia de los estados de la Corona de Aragón ordenada por Fernando I Buscar voz... en 1416, ni la elección de Martín V como papa legítimo y exclusivo en 1417, hizo desistir al papa Luna de su empeño, que acabó sus días, en el año 1423, en su retiro de Peñíscola y abandonado por sus propios paisanos en los que había sembrado la duda moral y el desconcierto espiritual con su firme actitud.

 

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