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Centros Históricos

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Las pequeñas ciudades aragonesas son fundadas o refundadas en la Edad Media en emplazamientos defensivos en alturas. Algunas, además, son de origen musulmán, quedando todavía la huella del plano laberíntico, como Fraga y Calatayud. El asfaltado, el alcantarillado y la subida de agua corriente a los cascos históricos son conquistas de hace pocos años, que no han podido evitar el desplazamiento de una buena parte de la población hacia las zonas bajas de nueva urbanización y edificación. También el comercio ha ido abandonando la parte alta como ha sucedido en Calatayud en el tramo superior de la Rúa.

Los problemas del tráfico se resuelven con la peatonalización y con aparcamientos a la entrada de los conjuntos históricos, bien en superficie como en Calatayud y Tarazona, bien subterráneos como Zaragoza y Teruel. Ello permite mantener, junto a la calidad monumental, la habitabilidad para clases no marginales y el no alejamiento de los usos y de las funciones centrales respecto de los centros históricos, aunque sin embargo el grado de degradación arquitectónica, urbanística, económica y social de los conjuntos históricos aragoneses es elevada en general, pero especialmente en Huesca, Zaragoza, Jaca, Calatayud, etc.

Ante estos problemas de abandono del centro, periferización de personas y actividades con el consiguiente deterioro de las viviendas y la pérdida del capital humano y económico, se manifiestan las urgencias de políticas integrales de conjuntos históricos que, articuladas en el elemento físico (arquitectónico y urbanístico) y de protección del patrimonio cultural trasciendan en políticas de desarrollo económico (comercio, artesanía, pequeñas industrias/talleres, oficinas, servicios a las empresas, hostelería), social, cultural, vivienda, educación, acción cultural, deporte, formación y empleo, servicios sociales, tráfico, equipamientos de salud, zonas verdes, accesibilidad, etc., que solucionen los problemas sociales, económicos, dotacionales, culturales, etc., que caracterizan a nuestros cascos históricos aragoneses.

Para la consecución del conjunto de estos objetivos no es suficiente con los instrumentos de urbanismo, P.E.P.R.I. fundamentalmente, ya que aparte de los problemas puramente tipológicos, morfológicos o arquitectónicos, están los problemas funcionales, esto es los socioeconómicos. Por ello, la planificación física debe estar integrada en una planificación estratégica que corrija los problemas sociales y defina las pautas de crecimiento económico.

Desde el punto de vista patrimonial y de ordenación del territorio el casco histórico tiene que ser considerado como un medio frágil que hay que proteger y conservar, pero que hay también que dinamizar. La traslación del concepto de desarrollo sostenible a los cascos históricos debe ser el punto de partida ideológico en su tratamiento integral. Desde esta visión, los Ayuntamientos, en tanto que gestores de la actividad urbanística municipal, deben realizar un esfuerzo mutuo de concertación interadministrativa con el Gobierno de Aragón para poner en práctica esta política integral, por ejemplo, con la aplicación de medidas que induzcan a la atracción hacia los centros, tales como la reducción de los impuestos locales en las zonas delimitadas para los conjuntos monumentales, el I.A.E. y el I.B.I., principalmente, lo que favorecería la implantación de actividades y la promoción residencial del centro.

En definitiva, la política de cascos históricos incluye tres políticas, la urbanística/vivienda, la cultural y la socioeconómica que deben integrarse sectorialmente, además de fijar su atención especialmente en aquellas zonas que no «reviven» por sí mismas, como las áreas de San Pablo y la Magdalena en Zaragoza y de plantearse la revisión del Catálogo con criterios serios y racionales. Además, en la política socioeconómica se implican las políticas parciales de modernización del comercio tradicional, ligada a la peatonalización de las calles y la política de turismo cultural.

El Decreto 151/1989 creó las áreas de rehabilitación preferente (ARP) en Aragón, declarándose como tales la mayor parte de las cabeceras supracomarcales o ciudades históricas del antiguo Reino de Aragón, con el consiguiente efecto positivo de las ayudas a la rehabilitación. En los últimos tiempos se ha retomado esta preocupación social e institucional por los conjuntos históricos aragoneses, declarando asimismo como Áreas de Rehabilitación Preferente los cascos históricos de Huesca y de Teruel. Además se ha procedido a la aprobación de varios Planes Especiales de Protección y Reforma Interior (PEPRI), en tanto que instrumentos de protección de los conjuntos históricos, por ejemplo para los conjuntos de Albarracín, Alquézar, Cantavieja, Calatayud, Alcañiz, etc. Finalmente, el casco histórico de Zaragoza ha sido objeto de un Plan Integral en la línea de las políticas integrales antes descritas, promovido por el Ayuntamiento de Zaragoza en colaboración con el Gobierno de Aragón, asociaciones de vecinos, comerciantes, etc.

La materizalización de las actuaciones de los Planes Especiales de Protección y la gestión de las Áreas de Rehabilitación Integrada serán posibles sólo en la medida de que existan órganos específicos de gestión del casco histórico, con un fuerte apoyo financiero (Planes de Vivienda entre el Gobierno de Aragón y el Gobierno Central, que contemplan las Áreas de Rehabilitación como zonas de destino preferente de ayudas para la vivienda), con la colaboración directa del Ayuntamiento afectado, y con la implicación real de los agentes económicos y sociales de la ciudad.

 

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CENTRO HISTÓRICO DE ZARAG...CENTRO HISTÓRICO DE ZARAGOZA

CENTRO HISTÓRICO DE TERUE...CENTRO HISTÓRICO DE TERUEL

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