Estás en: Página de voz
  • Aumentar tamaño letra
  • Reducir tamaño letra
  • Imprimir página
  • Guardar voz
  • Añade a tu blog
  • Buscar noticias
  • Buscar en RedAragon

Cementerio de Torrero

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 07/07/2008

(Z.) Se inauguró el 5-VII-1834. No obstante, la idea de construir un cementerio era vieja y persistente: desde la segunda mitad del siglo XVIII existía una legislación orientada en este sentido. Por la real cédula de 3-IV-1787 se ordenó que deberían construirse fuera de las poblaciones, o en grandes anchuras cerca de ellas, en sitios bien ventilados o inmediatos a parroquias, y distantes a su vez de las casas de vecindad, y que se aprovechasen para capillas las de las mismas ermitas que existían fuera de los pueblos. Esta ley se completó con la circular de 28-VI-1804, de Godoy, que prohibía inhumar en el interior de las iglesias; tal prohibición costó al ministro la acusación de irreligioso, cuando en realidad no hacía más que repetir el canon Nullus (ley XII, Part. 17) del Ritual Romano de Paulo V dado en el Concilio de Rouen; pero el pueblo no se creía enterrado en sagrado si no era dentro de las iglesias.

En Zaragoza se construyó en 1791 el cementerio de la Cartuja Baja Buscar voz... (en la carretera de Castellón). A pesar de estas prevenciones, los enterramientos continuaban haciéndose con preferencia en las iglesias o en los fosales anejos. En consecuencia, vuelven a aparecer nuevas disposiciones: en 1809 se dio una nueva circular para que se establecieran cementerios en todos los pueblos, y en una orden de las Cortes del I-XI-1813 se señaló que en el término de un mes se construyera uno general. Sucesivas disposiciones insistían en el mismo tema.

Desde 1823 se venía hablando en Zaragoza de construir un nuevo cementerio en la parte derecha del Canal Buscar voz..., al otro lado del puente de América, en el llamado monte de Torrero Buscar voz.... El Ayuntamiento empezó a hacer las primeras gestiones por medio de su agente de corte, pidiendo al Ministerio de Hacienda cien mil reales de vellón de los sobrantes de propios del reino, dirigiéndose también a las parroquias para solicitar ayuda económica; se informó a los lumineros y mayordomos de las parroquias que el coste de las obras se calculaba en 135.058 reales de vellón, para un recinto de unas sesenta mil varas cuadradas. Por un acuerdo municipal se determinó que una vez separada la parte del cabildo y la de alguna de las comunidades religiosas, lo restante se repartiera entre las parroquias según el número de almas, con la obligación de costear cada una la parte correspondiente; sin embargo, sólo la de S. Pablo la aportaría; las demás alegaron no tener fondos.

El 3-XI-1832 se adjudicaron las obras mediante subasta a Bernardo Nobella, por 152.000 reales de vellón, pero no empezaron hasta 1833. La construcción sufrió los avatares propios de la penuria municipal: el contratista, Calixto Sangrós, y el aparejador, Esteban Sofí, se quejaban de la falta de materiales, y la obra se interrumpió en el verano. En el mes de septiembre la Sitiada presionó para que se activase; el cementerio del Hospital no reunía condiciones. Se terminaron las obras en noviembre. El recinto ocupaba una extensión de más de 400 pies de frente y 477 de costado, formando cuatro cuadros en los que se reunían las parroquias, dejando libre para vender el sobrante. Concluidas las obras, hubo situaciones de litigio con el obispo de Huesca, por problemas de jurisdicción con el arzobispo de Zaragoza: se llegó a un acuerdo y el obispo de Huesca consiguió sitio reservado para la parroquia de Santa Engracia. El primer arriendo se hizo a favor de Marcelino Solá, por un período de tres años, con los precios fijados para los enterramientos. La primera funeraria surgiría en 1885. Se procedió a la bendición el 23-VI-1834, por el arzobispo Bernardo Francés, y la inauguración fue el 5 de julio.

Aquel verano, afectada la ciudad por la epidemia de cólera, se produjeron situaciones críticas por la gran cantidad de enterramientos. Desde el primer momento surgió la polémica entre el Ayuntamiento y las parroquias, quedando zanjado el asunto en 1837, al aplicarse la ley de 3-II-1823, para el gobierno político de las provincias, que, por el artículo 3, ponía los cementerios a cargo de las corporaciones municipales. A principios de 1840 el cementerio presentaba síntomas de deterioro por la mala construcción de los nichos y comenzaron a hacerse reparaciones. Hoy día no queda nada de la primitiva disposición, correspondiendo el enterramiento más antiguo a 1868. A partir de 1855 se promulgan sucesivas leyes que disponen el enterramiento digno para personas no católicas por lo que, en la ampliación realizada por Ricardo Magdalena Buscar voz... en los años ochenta, se destina un espacio a los enterramientos neutros (después civiles) para personas que profesaran alguna religión distinta a la católica o de confesión no declarada; se encuentra en el extremo oriental del recinto, junto al cementerio musulmán. Se aumenta la superficie del cementerio en 76.000 m.2 y se construyen las primeras manzanas de nichos. De estos años data también la edificación de capillas y de los primeros panteones. En 1912 se erigen el mausoleo de Joaquín Costa Buscar voz... y la capilla situada en la entrada antigua; ésta es obra de José Yarza Echenique Buscar voz....

Transcurrido el tiempo, se sintió la necesidad de una ampliación, que se hizo a la izquierda de la puerta principal en 1935-1936. Durante la guerra civil se produjo un notable aumento de las inhumaciones, que ascendieron a 9.000, según cifras oficiales, y se crearon los cementerios italiano y musulmán (orientado hacia La Meca) para dar sepultura a los participantes en la contienda. Junto a las tapias del cementerio se llevaron a cabo fusilamientos de republicanos, que fueron sepultados en fosas comunes; los restos se exhumaron en los años setenta y se les dio un enterramiento digno, mientras que en 1980 se erigía un monumento en memoria de «todas» las víctimas de la guerra civil. En los años cuarenta se había constuido la capilla-osario dedicada a los caídos en el bando nacional. También en la posguerra se construye el cementerio alemán, a petición del consulado, y se reestructuran los cementerios civil y evangélico. Los alemanes contaban ya con dos zonas de enterramiento, una creada en 1937 y otra para alemanes del Camerún.

En 1958, 1970 y 1979 se suceden las ampliaciones, dirigidas por los arquitectos Marcelo Cargué, José Beltrán y José-Luis Sáez de Cenzano, respectivamente; ésta última incluye el complejo funerario actual. En 1980 se prohibieron las tumbas simples de permanencia temporal, por problemas de espacio; aun así, en los años ochenta, debe acometerse una nueva ampliación a cargo de la arquitecto Elvira Adiego. En las ampliaciones modernas se han construido manzanas de nichos y de columbarios, así como zonas verdes para enterramientos mínimos y un nuevo complejo funerario que, con arreglo a la ley de 1974, cuenta con: dependencias para empleados; recintos para ceremonias religiosas de cualquier confesión; amplio tanatorio con sala de autopsias, cámara frigorífica, cámara de congelación, horno crematorio; horno de incineración de restos exhumados; despacho para celebrantes de distintas confesiones, y otras dependencias auxiliares.

El cementerio de Torrero cuenta en 2000 con una superficie aproximada de 534.642 m.2, que da sepultura a más de 300.900 personas. Las posibilidades de ampliación son prácticamente inexistentes ya que limita con el «Barranco de la Muerte» y se encuentra rodeado de otras instalaciones. Elvira Adiego prevé que, en un corto espacio de tiempo, habría que buscar un nuevo emplazamiento, para evitarlo propone fomentar la cremación (en 1999 suponía alrededor de un 30 %) y la rotación de uso del cementerio antiguo.

Además de Joaquín Costa, están enterrados en él personalidades como Fleta Buscar voz..., Luis Galve Buscar voz... o Pilar Bayona Buscar voz....

• Bibliog.: Elías de Molins, A.: Legislación canónica, civil y administrativa vigente en España y sus posesiones de ultramar sobre cementerios; Madrid, s.a. Alférez Rodríguez, F.: El cementerio de Torrero; (Cuadernos Zaragoza, n.° 32), Zaragoza, 1979. «Las necrópolis de Zaragoza»; (Cuadernos de Zaragoza, 63), Ayuntamiento de Zaragoza, 1991.

 

Imágenes de la voz

Mausoleo de Joaquín Costa...Mausoleo de Joaquín Costa en el Ce...

Cementerio de Torrero (Za...Cementerio de Torrero (Zaragoza)

Cementerio de Torrero (Za...Cementerio de Torrero (Zaragoza)

Categorías relacionadas

Categorías y Subcategorías a las que pertenece la voz:

 

© DiCom Medios SL. C/ Hernán Cortés 37, 50005 Zaragoza
Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza, en inscripción 1ª, Tomo 2563,
Seccion 8, Hoja Z-27296, Folio 130. CIF: B-50849983

Información Legal

NTT