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Celsa

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 30/01/2009

Localidad que cita Estrabón Buscar voz... por tener puente de piedra para cruzar el Ebro. Según Ptolomeo, fue ilergete Buscar voz... (cuando se llamaba Celse). Plinio nos dice que fue colonia romana Buscar voz.... A través de la numismática y la arqueología, conocemos que fue partidaria de Pompeyo Buscar voz..., según se deduce del tipo de monedas bilingües (en ibero y latín) acuñadas entre 46 y 44 a.C. Es la primera colonia romana del valle del Ebro, anterior al menos en veinte años a Caesaraugusta Buscar voz.... Sobre el poblado ibérico fue creada la colonia por Lépido Buscar voz..., con el nombre de Iulia Victrix Lepida Buscar voz.... Caído éste en desgracia ante Augusto Buscar voz..., el nombre cambió a Colonia Iulia Victrix Celsa.

Sobre Lépida se han publicado alusiones generales, interesando la hipótesis de Gómez Pantoja (1992) en la que plantea que el nombre original de la ciudad pudo ser el de Colonia Iulia Victrix Lepidanorum, siendo los Lepidani exilados descendientes de los partidiarios de M. Aemilius Lepidus, muchos de los cuales buscaron refugio inicialmente junto a Sertorio Buscar voz..., aunque parece improbable que treinta y cuatro años después se llevase a cabo una fundación para aquellos Lepidani.

En cuanto al final de la colonia, que parece sistemático en la etapa final del emperador Claudio y comienzos de Nerón, se relaciona evidentemente con el auge de Caesaraugusta, colonia que experimenta un notable auge edilicio a partir de la mitad del siglo I d.C. La prosecución de las excavaciones arqueológicas, permitirá establecer una hipótesis de trabajo coherente para el abandono de la colonia de Lépido, tal vez relacionado con los acontecimientos del año 68 d.C., cuya repercusión en Hispania está ciertamente desdibujada, así como deberán tenerse en cuenta igualmente las importantes reformas llevadas acabo por la dinastía flavia.

Preh. y Arqueol.: El yacimiento se encuentra ubicado en el término municipal de Velilla de Ebro Buscar voz... (Z.), extendiéndose por debajo de la población moderna hasta las denominadas genéricamente Eras de Velilla. La distribución urbana se ha realizado adaptándose al sistema de terrazas que impone el terreno, en superficie aproximada de 40 Ha. Junto al Río se ubicó un muelle fluvial, la necrópolis Buscar voz... se alzó al occidente, y el puente sobre el Ebro a un par de kilómetros (límite de los términos de Alforque, Velilla y la Zaida). Las campañas de excavación que ha desarrollando el Museo Provincial de Zaragoza desde hace años permiten trazar una historia sumaria de los sucesivos asentamientos, acordes con lo indicado por la numismática. Quizás sobre el solar mencionado se alzara primero la ibérica Celse, fundándose posteriormente (con César) la Colonia Lepida, que cambia de nombre con Augusto (Celsa), dejando de existir en época claudiana. De acuerdo con las superposiciones y estratigrafías, se han observado tres fases generales.

—Celse ibérica Buscar voz...: Es todavía incierta la localización del oppidum ibérico de Celse. M. Beltrán interpretó en un principio como posibles restos los correspondientes a los niveles inferiores localizados, que se limitan a un pavimento de yeso, al que se asocia un aljibe y diversos estratos que calificarían diversas etapas del hábitat indígena: A) estratos iniciales con kálathoi ibéricos, vasijas diversas y materiales de importación (campaniense A clásico y de pasta B), datables entre los ss. II y I a.C.; B) un segundo estrato, con cenizas que evidencian una destrucción violenta de la zona excavada; las cerámicas ibéricas se relacionan ampliamente con el valle del Ebro; la cerámica de importación (campaniense, ánforas, lucernas), se fecha en el tercer cuarto del s. I a.C. Sin embargo, el mismo M. Beltrán matiza posteriormente que, hasta el momento, no han aparecido restos inmuebles que despejen definitivamente la incógnita, y la continuación de la excavación de los estratos de aterrazamiento que interpretó en un principio como prueba a favor de dicho emplazamiento, tampoco muestran, a su juicio, base suficiente para confirmar dicho extremo.

—Las viviendas de Celsa: la excavación de la colonia romana ha sacado a la luz los restos de varios inmuebles residenciales de gran interés:

1. Casa de los Delfines. También denominada ínsula I, se encuentra excavada en su totalidad, distinguiéndose definitivamente dos etapas constructivas importantes, además de reformas secundarias que le afectaron parcialmente. En la fase inicial se determinan dos viviendas independientes, denominadas casas A y B.

La primera ostenta un atrio testudinado, con pavimento de signino Buscar voz..., disponiéndose en su torno diversos cubicula, un triclinio, y un reducido tablinum en el espacio que comunica el atrio con el hortus posterior. El acceso se hizo desde la calle II.

La casa B, de mayor superficie que la anterior, 362 m.2, está más afectada por las reformas y superposiciones posteriores, conociéndose peor su planta. No obstante, se ha descubierto un gran patio abierto, enlosado, con acceso desde la calle IV, en bayoneta. Esta estancia estuvo dotada de impluvium y precedida de un vestíbulo y cella ostiaria. A través de un estrecho pasillo se accedía a las habitaciones del fondo, cubicula y alcoba con procoeton, además de otras menores que sirvieron de depósito de objetos preciosos o imagenes maiorum. Peor identificación tiene el tablinum y la estancia triclinar.

La casa C es la resultante de la unión de las dos descritas, hecho producido hacia los años 10-15 d.C. Para ello se aterraza la casa B situada a cota inferior, salvándose el desnivel de 1,30 m. entre ambas. Se mantiene la entrada por la calle IV, accediendo a un enorme patio que cubre gran parte de la casa B. El antiguo atrio de la casa A centraliza la zona de residencia íntima, conformándose en su torno dos alae y los cubicula preexistentes. En el patio, abierta completamente a él, una exedra en cuyo pavimento se dibujó una lusoria tabula.

Sobresale en el conjunto la gran estancia concebida como oecus-triclinium, de enormes dimensiones y en cuyo frente se habilitó un vestíbulo doble para articular la circulación, ya con la parte residencial de la casa, ya con las estancias de servicio. El primer tercio de esta habitación tuvo un techo plano y el resto de bóveda rebajada, todo decorado con pinturas del tercer estilo, con cisnes inscritos en círculos en la primera parte y retícula amarilla sobre fondo negro con motivos florales y en los ángulos representaciones de Nereida; en el centro, un tritón marino.

A través de un pasillo se comunicaba la zona residencial con el hortus, en cuyos lados porticados se instalaron despensas, habitaciones de servidumbre, cuadras y graneros.

2. La ínsula II. De aspecto rectangular y 1.200 m.2 observa una distribución del espacio completamente diferente de la vista, puesto que conviven pequeñas casas de atrio cubierto, destacando de ellas la vivienda H, similar a la casa A de la ínsula I, y la casa B, de escasas dimensiones, 52 m.2, con pinturas también del tercer estilo. Se ha identificado además una panadería, pistrinum, con todas las dependencias, diversos espacios de almacenamiento, una popina o restaurante y un pequeño macellum con acceso directo desde la calle.

Es notable además la presencia de enterramientos infantiles bajo el suelo de varias estancias, circunstancia que nos pone en contacto con una tradición de tipo ibérico muy importante a efectos de conocer la población de la colonia.

3. La ínsula VII. Se encuentra ocupada por tres casas, conocidas bajo los nombres de «Casa de Hércules», del «emblema blanco y negro» y de la «tortuga». La distribución del espacio no es tan uniforme como en las ínsulas descritas anteriormente, ya que conforman una ínsula de tendencia trapezoidal.

La casa del «emblema blanco y negro», corresponde a una vivienda de planta no axial. Se accede desde la calle IX, a través de un pasillo con la leyenda caue cane sobre el pavimento de mortero blanco, flanqueado a la izquierda por una cella ostiaria. Tras una estancia de tránsito el atrio testudinado, en cuya cabecera se sitúa el tablinum con emblema en opus tesellatum bicromo, adornándose el espacio delantero con inclusiones de scutalae de diversos tonos. Una comunicación junto al tablino accedía a las estancias de almacenamiento de la casa.

La «Casa de Hércules» obedece a una distinta implantación, ya que se cambia bruscamente la orientación de los muros, respecto de la casa ya descrita, en fenómeno análogo al documentado en otros restos domésticos al norte de la calle I. El esquema arquitectónico se organiza en torno a un atrio que centra un eje de simetría, mientras que la segunda área de la edificación viene presidida por un peristilo que formaliza el otro eje de la casa, rematado al fondo por una exedra.

La entrada tiene lugar por la calle XII, tras estrecho pasillo y cella para el portero en la zona de contacto con el atrio. En la zona de la cabecera de éste, se sitúa un importante oecus-triclinium, con excepcional suelo de opus signinum, decoración de profundos casetones en el techo y decoración pictórica en las paredes. Interesa de éstas la que ostenta sobre fondo azul verdoso, pequeños cuadritos con representaciones alusivas al ciclo de Hércules, correspondientes al II estilo pompeyano y los temas de la hidra de Lerna, las aves del lago Estinfalo, el león de Nemea, la cierva Cerinia, etc., destacando entre todos el retrato del héroe. Las paredes restantes reproducen otras vertientes del II estilo, con zócalos monocromos, puertas en falsa perspectiva, crustae marmóreas, etc. Junto a esta habitación, también accediendo al atrio, un triclinio biclinar con pavimento de peltas y decoración análoga (imitaciones marmoreas, frisos de rosetas de cuatro pétalos, etc.). En el mismo eje del atrio descrito se abrió otra amplia estancia sobre un gran depósito de agua de la casa. A través de unas fauces o tablinum se hacía el tránsito del atrio al peristilo, salvándose el desnivel mediante varios peldaños. El peristilo carece de estancias laterales salvo en su fondo, flanqueándose la exedra por dos estancias también con el suelo de tierra pisada.

La casa de la «tortuga», tiene un acceso no axial, precedido por la leyenda caue cane en el suelo de pavimento blanco, hasta un amplio vestíbulo, en el que se ubicaba la escalera del piso superior, y que hace la función de estancia de tránsito o comunicante hacia un amplio triclinio o bien hacia el atrio testudinado o como tercera vía hacia la zona de servicio en el hortus. En esta casa alternan los pavimentos blancos, lisos, con los que presentan una capa de gravilla en la superficie o los simples de tierra pisada. Junto a los restos descritos de viviendas, se conocen importantes tramos de calles, todas empedradas y ordenadas siguiendo estrechamente la conformación natural del terreno. La evacuación de aguas se hizo por la superficie de las mismas, sin que hayan aparecido hasta ahora cloacas bajo sus pavimentos. Ciertas áreas, especialmente la ínsula I, se protegieron del tráfico mediante la instalación de metae en las esquinas y accesos a la vivienda en la calle.

—Otros restos inmuebles: Se conocen numerosísimos restos de muros y edificaciones, cuyo análisis definitivo permitiría la comprensión total de la ciudad Buscar voz.... Se han descubierto tramos importantes del cardo I y del decumano I, orientados con los cuatro puntos cardinales. Su estratigrafía revela las fases de abandono de la colonia; el cardo I, de siete metros de anchura, con vertiente central para conducción de aguas, evidencia un abandono parcial antes del definitivo. El tramo del decumano I, de casi nueve metros de anchura, con amplias aceras y profundo desnivel, debió utilizarse durante casi toda la vida de la colonia. Conocemos igualmente los emplazamientos de posibles edificaciones religiosas, así como del teatro, importantes depósitos de agua y la necrópolis. Ésta ha proporcionado diversas lápidas y enterramientos, sobre todo de época augústea. La zona inmediata al río tuvo importantes establecimientos, que se suceden de manera ininterrumpida por sus márgenes hasta llegar al puente de piedra. Éste se encuentra a varios kilómetros del núcleo urbano, y sirvió a un camino ibérico que, por el Castillejo de la Romana Buscar voz..., seguía hasta Azaila.

—Restos muebles: Cada fase de la colonia se caracteriza por la presencia de materiales típicos, sigillata itálica de diversos centros (Arezzo, Puzzoles, Pisa), sigillata del sur de las Galias (Graufesenque, Montans), paredes finas de centros hispánicos, itálicos o galos, campaniense de imitación, lucernas, platos de engobe rojo pompeyano, cerámicas ibéricas de perduración, y otras, además de producciones locales de cerámica Buscar voz... común y lucernas. Hay, además, bronces menudos, restos escultóricos, monedas, pequeñas piezas de orfebrería, glíptica, etc. La colonia se abandona definitivamente a finales de Claudio, sin llegar a la etapa flavia, y eclipsada por Caesaraugusta, que debió de recibir importantes contingentes de Celsa.

• Bibliog.: Sobre la primera colonia aragonesa Lepida-Celsa, deben tenerse en cuenta las síntesis de M. Beltrán (1991) y la publicación de la serie monográfica sobre la «Casa de los Delfines» (A., Mostalac, Beltrán, M., 1994). En la misma línea, una Sección monográfica del Museo de Zaragoza dedicada a la colonia Celsa (M. Beltrán, 1997), estructurada en torno a aspectos técnicos desde el punto de vista arqueológico y reuniendo en un itinerario coherente el proceso histórico de la colonia (fundación, de Augusto a Nerón, Marco Aemilio Lepido) y el desarrollo de la vida cotidiana en la ciudad a través de la información arqueológica de medio millar de objetos (medio y fuentes de riqueza, artesanía, arquitectura, pintura mural, equipamiento de la casa, escritura, cocina, mesa, comercio, moneda y precios, adorno personal, juegos y pasatiempos, religión y muerte).

Beltrán Lloris, M.: Celsa; Zaragoza, 1991 (guía de las excavaciones). Colonia Celsa. Velilla de Ebro; Guías Electa, Madrid, 1997 (guía del Museo con bibliografía exhaustiva sobre el yacimiento). Beltrán Lloris, M.: Celsa; Guías Arqueológicas de Aragón, 2, Zaragoza, 1985. Beltrán Lloris, M.: «Informe preliminar sobre las Excavaciones de Velilla de Ebro (Zaragoza), Campañas 1976-1978, 1979»; Noticiario Arqueológico Hispánico, IX, Madrid, 1980. Beltrán Lloris, M.; Lasheras Corruchaga, J. A. y Mostalac Carrillo, A.: «La colonia Celsa»; Arqueología Espacial, 10 Teruel, 1986, pp. 57-76. Beltrán Lloris, M.; Mostalac Carrillo, A. y Lasheras Corruchaga, J. A.: Colonia Victrix Iulia Lepida Celsa (Velilla de Ebro, Zaragoza): I. La arquitectura de la Casa de los Delfines; Museo de Zaragoza, Monografías, 1, Zaragoza, 1984.

Numismática Buscar voz...: La amonedación de Celsa se divide en dos apartados esenciales. Las series de época ibérica y las emisiones de la colonia romana, primero Victrix Iulia Lepida y después Victrix Iulia Celsa. Entre las ibéricas y las latinas, las bilingües, con Celse en ibérico y cel en caracteres latinos.

—Celse: La ceca ibérica participa de los caracteres generales de la moneda ibérica, con la cabeza imberbe y el jinete en los ases, y en los divisores (semis, cuadrante), el pegaso, caballo suelto o medio caballo. La grafía de los signos permite la ordenación cronológica de las series. Sólo acuñó moneda de bronce. Sus emisiones son: 1. Cabeza imberbe y delfín y jinete lancero con ce antigua (en el semis, pegaso volando en el reverso); 2. como 1, pero letra ce de la leyenda más evolucionada (semis, caballo con rienda suelta; cuadrante, medio caballo y marca de valor); 3. busto con cuello cubierto con manto entre tres delfines, y en reverso jinete con palma con leyenda moderna. Su arte de tipo avanzado, y enlazando con las emisiones posteriores pompeyanas.

—Monedas bilingües: Se acuñaron por los pompeyanos para cubrir la necesidad de numerario del ejército de Sexto Pompeyo durante la guerra civil contra César (49-44 a.C.), siendo ases de peso alto con el jinete palmero. La metrología de Celse ofrece patrones con unidad inicial de 11 g., pasando después al valor uncial reducido (17 g.) y después al patrón de 10/11 g., y un peso nuevamente alto para las bilingües (17 g.). Azaila ha dado 232 monedas de Celse, que permiten parcelar su cronología (1:1, 2, 150-Sertorio; 1:3, Sertorio-César; 2: 45-44 a.C.). La dispersión monetaria de Celse fue amplísima, con el punto máximo de San Julián de Andorra, y territorio catalán, valle del Ebro y Levante. También la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico y la Meseta Norte, Portugal y las Baleares.

—Colonia Lépida: Fundada en el 44 a.C. por Lépido. El nombre alude a César, a su lugarteniente y a la victoria del primero, tal vez a la de Munda (45 a.C.). Las distintas series vienen indicadas por los nombres de los magistrados monetarios que figuran en los reversos. A: m. fvlvio - c. otac(ilio), prefectos de quinquenas (43-39 a.C.); B: l. nepos - l. svra, prefectos de duunviro (as), y l. semp(ronio) max(imo) y m.caec(ilio) aed(iles), en el semis (38 a.C.); C: p. salpa, m. fvlvi(o), prefectos de duunviro (as), l. fvfio cal(eno) - sex(to) (Pompeio) nig(ro), ediles (semis); D: c. Balbo, l. porcio, prefectos de duunviros (36 a.C.). Los magistrados fueron Lépido y César, que por no poder desempeñar sus papeles estuvieron representados por los prefectos. La primera magistratura fue quinquenal y las siguientes anuales. Los tipos representados son ciertamente variados, en A, la cabeza femenil de la Victoria, con palma y, abreviado, el nombre col.vic.ivl.lep, y en el reverso yunta y boyero. En B, el mismo anverso, con toro parado al reverso. La cabeza galeada de Marte y el toro escarbando con la pata, o embistiendo, son los tipos de C. Los sémises ostentan la cabeza laureada de Hércules y el toro parado (serie B), o la cabeza radiada del Sol y el carnero de los denarios de Musidio Longo (serie C). El único cuadrante luce el jabalí (¿enseña de la legión fundadora?) y el creciente en el reverso. En cuanto a la última emisión (serie D), presenta a la Pax o Victoria, y en el reverso el toro.

—Colonia Celsa: En el año 36 a.C. Lépido es desterrado por Octavio, y su caída en desgracia se refleja en las monedas, que abandonan el sobrenombre conocido (Lépida) y vuelven a usar el indígena Celsa. Son dos ahora las fases de acuñación, con Augusto y Tiberio: A: Octavio sin su nombre (36-29 a.C.) y duunviros L. Pompeio Bucco y L. Cornelio Fronto; B: Augusto desnudo con su nombre, y magistrados L. Cornelio Terreno y M. Iunio Hispano, descendiente del jefe local de Beligio (Azaila) Q. Iuno Hispano; C: Augusto con la leyenda avgvstvs divi f., y toro parado en reverso, con L. Sura y L. Bucco y el nombre de la ceca abreviado como en las series anteriores: c(olonia) i(ulia) v(ictrix) cel(sa), de 27 a 12 a.C.; D: los tipos anteriores con Augusto laureado y L. Baccio y Man. Flavio Festo; E: duunviros Cn. Domitio y C. Pompeio del año 5 a.C. (consulado XII de Augusto); F: semis con L. Aufidio Pansa y Sexto Pompeio Nigro; G: cuadrante con los ediles L. Pansa y Sex. Nigro.

—Acuñaciones de Tiberio: Sólo se conocen dos emisiones de este emperador, con la cabeza laureada y el título ti caesar avgvstvs, continuando en el reverso el tipo del toro, uno de los temas más importantes de la moneda tarraconense. Los magistrados fueron L. Baggio Fronto y Cn. Bucco (ases), duunviros, y Vetilio Bucco, y C. Fufio, ediles, en los sémises. Son notables los parentescos entre magistrados y las apariciones sucesivas de algunos, como Sexto (Pompeio) Nigro en Lepida y Celsa, o L. Sura, y Pompeio Buccone. Las monedas de Celsa sufrieron numerosas reacuñaciones en época de Tiberio e incluso después para regularizar su circulación.

La circulación del numerario de Celsa queda comprendida entre la meseta y Portugal por una parte, y el valle del Ebro y el litoral mediterráneo por otra, desde Ampurias hasta Murcia, y las Baleares con Mallorca y Menorca. Metrológicamente, hay que destacar el peso alto de la primera emisión de Augusto (14 g.) y el patrón augústeo (11 g.) para todas las series posteriores. Las acuñaciones de Celsa cesaron a partir de Tiberio, al igual que sucedió con otras muchas cecas.

• Bibliog.: Pérez Martínez, M. P.: «Las monedas de Celsa en el Museo Arqueológico Nacional»; Numario Hispánico, V, Madrid, 1957. Beltrán Lloris, M. y F.: «Numismática hispanorromana de la Tarraconense»; IV Congr. Nac. de Num., Numisma, Madrid.

 

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