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Casañal Shackery, AlBerto

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(San Roque, Campo de Gibraltar, Cádiz, 22-VI-1874 - Zaragoza, 6-II-1943). Es, para Cavia «el festivo cronista de la baturrería contemporánea», y para Joaquin Álvarez Quintero «el poeta de Zaragoza por antonomasia». Hijo de Dionisio Casañal y Zapatero y de Ramona Shackery y Rubín de Celis, vino a Zaragoza en 1880, a los seis años, y alli vivió toda su vida. Licenciado en Ciencias Fisico-Matemáticas, explicó Matemáticas en la Escuela Superior de Trabajo, hasta su jubilación. Casó con Josefa Serrano Herrera y tuvieron ocho hijos; la muerte del mayor de ellos transformó por entero su talante.

Fue ante todo, según Valenzuela, «un periodista-poeta o un poeta-periodista», y publicó en Diario de Avisos de Zaragoza y en Heraldo de Aragón; colaboró también en el Madrid cómico. Cavia lo calificó de «ingenio muy culto, muy variado y muy agudo», y Joaquín Álvarez Quintero de juvenil «por su abundancia, por su desenfado, por su aroma, por su sencillez y desaliño, sin preocupaciones de afeites literarios o doctrinales, por su prodigalidad y desinterés, por sus temas y por su gracia, por su humor y por su estilo». Buscó siempre la comunicación grata y directa con el lector y se caracterizó por su sencillez; «fue claro, transparente, le bastó el lenguaje usual y corriente que habla cualquier hijo de vecino para andar por casa; dijo las cosas con sorprendente naturalidad y ahí estuvo el secreto de su acierto. Evitó, además, toda chabacanería, toda extravagancia y toda pedantería.

Su modestia disimulaba un enorme bagaje cultural, que derrochó con generosidad sin tasa. Era emotivo sin sensiblería. Anduvo por el mundo como en carne viva, pero ocultó siempre la ternura y la delicadeza de sus sentimientos» (Valenzuela), ese «lirismo» suyo, ponderado por Felipe Sassone. En sus obras hay «noble pasión, ternura honda y serena, lágrimas que queman el rostro, dolor intenso» (J. Álvarez Quintero). Es el suyo un «dolor de gran poeta, de hombre bueno que para alegrar a sus hermanos de raza y por exaltar el ímpetu de su gente, ocultó siempre lo mejor de sí mismo y no quiso ser para sí, sino para los demás» (Sassone).

«Tuvo un profundo conocimiento de la psicología del pueblo aragonés y de su lenguaje callejero y, poseyendo la cultura más delicada, se gozó en buscar asuntos por los ribazos y las costumbres del pueblo aragonés, de cuyo carácter y lenguaje se había penetrado tan honda e íntimamente, que discurría y hablaba, sin esfuerzo alguno, como la gente de nuestra tierra» (Valenzuela). «Sus romances, ha dicho Cistué de Castro, eran manantiales del más puro dialecto y viva expresión, con zumba y socarronería, con ternura y buen humor, tanto de su gramática parda, como de toda la nobleza de sus sentimientos». Por eso sus cartas, sus versos, sus cuentos sus obras teatrales están hoy vivos, se leen con alegre ternura y jubiloso buen humor, ya tengan la sutil emoción de El punchacico, la cariñosa sorna del Epistolario baturro, ya expresen sus propios sentimientos personales, como los poemas de Mirando al cielo, o desplieguen la sutil ironía de los Nuevos Ensiemplos del Conde Lucanor: atestiguan siempre una realísima condición de escritor de casta, de poeta auténtico, libre de todo el baturrismo de sus imitadores. El Ayuntamiento de Zaragoza le hizo hijo adoptivo de la ciudad y le otorgó su medalla de oro. Y sus convecinos, por suscripción, le regalaron una casa, que todos llamaron «la del poeta», en la que falleció.

• Obra: Prosa y Verso: Cuentos baturros; Epistolario baturro; Fruta de Aragón; Don Cacique; Baturradas; Más baturradas; Mostilladas; Cuentos rimados; Cantares de baturros; Jotas; Romance de ciego; Versos de muchos colores; Fruslerías; De Utebo a Zaragoza; Zaragoza, puerto de mar; La fiesta de las uvas; Nuevo Libro de los Ensiemplos; Mirando al cielo. Teatro: Casado y con novia; El derecho del más fuerte; Entre chumberas; Las cencerradas; Noche de alivio; El ojo clínico; Los tenderos; Angelitos al cielo (zarzuela musicada por Chapí); El Gay Saber; Una hora fatal; Pelavivos; La tronada; Los pícaros estudiantes (zarzuela en colaboración con Pedro Galán Bergua); El diablo está en Zaragoza (en colaboración con Juan José Lorente); etc.

• Bibliog.: Castán Palomar, Fernando: Aragoneses contemporáneos; Zaragoza, 1934. «Ecos de la velada necrológica celebrada por el Ateneo de Zaragoza en homenaje de Alberto Casañal»; Heraldo de Aragón, 28-II-1943. Cavia, Mariano de: Presencias de un zaragozano ausente; selección de José García Mercadal, Zaragoza, 1969. Cistué de Castro, Pablo: «Alberto Casañal, poeta de Aragón»; Heraldo de Aragón, 12-X-1976. Zapater, Alfonso: «Discurso en el Homenaje del Ateneo de Zaragoza a Casañal»; noviembre de 1979.

 

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