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Casalete, José Lucas

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Médico natural de Zaragoza, estudió en su Universidad, doctorándose el 13-XI-1653. Fue catedrático en su Facultad de Medicina de Segunda de curso, y sucesor de Matías de Llera en la de Prima en 1677, en la que se jubiló el 7-I-1701. Su hijo Félix Perfecto Casalete y Avós fue catedrático de Prima de cánones, al mismo tiempo que él ocupaba la de Prima de medicina. La actividad de José Lucas Casalete en cuestiones públicas fue muy destacada: asistió a la epidemia que hubo en Zaragoza en 1652 y colaboró en la elaboración de un informe en 1698 en el que se concluía no ser dañosas las fábricas de tabacos dentro de los pueblos, no sólo por razones políticas y económicas, sino también desde supuestos sanitarios, ya que el tabaco defendería de las emanaciones mefíticas del aire y de las enfermedades más frecuentes y comunes.

Su figura tiene un especial relieve por significar la ruptura abierta con los esquemas tradicionales en la Universidad. Casalete ya había demostrado anteriormente su actitud inconformista prologando el libro de Juan de Vidós y Miró. Conocemos asimismo su relación amistosa con otros protagonistas de la renovación cientifica española, concretamente con Juan Bautista Juanini y Juan de Cabriada, para cuyas obras escribió elogiosos prefacios. Al hacerse cargo de la cátedra, se enfrentó con el galenismo hasta entonces vigente, no sólo en el terreno doctrinal, sino en el práctico, defendiendo un nuevo método curativo de las fiebres que suponía un fuerte ataque al abuso de la sangría por parte de los galenistas, expresado en su obra Duae controversiae (Zaragoza, Manuel Román, 1687).

La postura del catedrático de medicina tenía su apoyo directo en una base doctrinal moderna, incompatible con los esquemas galénicos, consistente en una combinación de la iatroquímica (movimiento que intenta explicar la salud y la enfermedad desde supuestos químicos), con el solidismo neometodista de Próspero Alpino, quien sustituye el humoralismo tradicional por una visión atomista del cuerpo humano. Frente a la teoría galénica de la «fluxión humoral» (acumulación morbosa de humores), Casalete pensaba que la causa de la fiebre era una alteración patológica de la parte sólida de los órganos, que conducía al viciamiento de los jugos orgánicos. La fiebre sería el resultado directo de los jugos alterados, de naturaleza ácida o nitrosa. Las inflamaciones y las colecciones sanguineas no se producirían en un lugar determinado por la «fluxión» de los galenistas, sino porque dichos jugos coagulan la sangre y producen una detención en la circulación sanguínea. El concepto galénico de plenitudo o plétora quedaba de este modo interpretado desde un ángulo hemodinámico moderno, mientras que el mecanismo de producción de la enfermedad se explicaba mediante la iatroquímica.

Las consecuencias prácticas que Casalete sacaba de esta doctrina fueron el motivo inmediato de una gran campaña dirigida contra su enseñanza. En 1682 y 1683, Nicolás Moneva, visitador médico del Reino de Aragón, «reconoció algunos abusos, nacidos de estas proposiciones», en sus viajes de inspección, y, «por atención a la salud pública», denunció a Casalete a los claustros de medicina de las principales universidades. La respuesta a dicha denuncia constituye uno de los fenómenos más expresivos de cómo el profesorado universitario puede convertirse en un estamento cerrado y paralizador, ya que los catedráticos de medicina de Salamanca, Alcalá, Valladolid, Valencia, Barcelona, Lérida y Huesca condenaron la enseñanza del colega innovador con las expresiones más duras. Las teorías de Casalete fueron calificadas de «falsas, erróneas, temerarias, perniciosas a la salud pública», etc., por ser «opuestas a la doctrina de Galeno». Todos los claustros citados acordaron «que no se debe permitir que se enseñen, ni en voz ni en escrito».

 

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