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Cartas Pueblas

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 29/06/2010

En el derecho medieval se considera como tal la donación de un lugar y tierras que poblar, consignada en un documento especial que establece una serie de franquicias, acompañadas en ocasiones de exenciones tributarias y cargas personales respecto al derecho o prácticas consuetudinarias vigentes.

La debilidad demográfica del núcleo pirenaico aragonés a mediados del siglo XI planteó una serie de problemas cuando los cristianos pasaron a la ofensiva contra los musulmanes. Se baja de la montaña al llano, y en pocos años (1087 a 1170) los reyes aragoneses Buscar voz... incorporaron a su dominio la tierra nueva oscense, el reino de Zaragoza y la comarca de Teruel. La conquista se efectuó sobre tierras que contaban con abundante población musulmana, cuya permanencia quedaba garantizada por los pactos y capitulaciones que tendían a contener el absentismo, sobre todo en las zonas rurales, por la necesidad de mantener su cultivo. Allí donde habían persistido grupos de cristianos (conocidos con el nombre de mozárabes Buscar voz...) debió de ser escaso su potencial humano. Se precisaba organizar una tierra poblada de antiguo y no un yermo. Faltaba, no obstante, una masa campesina de repobladores cristianos Buscar voz..., por lo que era necesario fomentar las medidas de atracción con una eficaz propaganda colonizadora. En este contexto se explica la proliferación de cartas pueblas concedidas por los monarcas y las autoridades nobiliarias y eclesiásticas. Unas veces se trataba de repoblar un lugar recién conquistado y asegurar su defensa y el establecimiento permanente de una comunidad cristiana. En otras ocasiones eran lugares de nueva fundación.

Las primeras cartas pueblas contienen preceptos, aunque de forma lacónica y rudimentaria, acerca de las condiciones fundamentales que debían regir la vida de los campesinos repobladores de un lugar, extensivas a sus descendientes. En ellas se regulaban los principios básicos para el establecimiento de los nuevos colonos, señalando unas bases jurídicas mínimas para el desarrollo de las actividades de la comunidad. Se les ha calificado de contratos agrarios colectivos, en cuanto se aspiraba a formar o desarrollar núcleos de población que facilitaran la roturación y explotación del término que repoblar. Cuando más, señalan el tipo de censos que deberán abonar al rey o al señor y la facultad de enajenar el dominio útil de las heredades recibidas.

Otro tipo de cartas pueblas son aquellas que regulan las franquicias o exenciones (en particular de los llamados malos usos) y establecen normas relativas al ejercicio de la justicia y otras atribuciones del poder público.

Finalmente, las más completas contienen prescripciones de orden privado, penal y procesal, constituyendo las bases del régimen jurídico de la localidad, que luego pasan a incorporarse a la redacción del fuero municipal. Por ello, a veces resultan difíciles de definir o deslindar esta última modalidad y los primeros fueros breves. En algunas cartas pueblas se evidencia el carácter de pacto o convenio entre el otorgante y el grupo repoblador, algunos de cuyos miembros figuran en la suscripción del documento.

Las primeras cartas pueblas datan ya de la primera fase de la reconquista Buscar voz... aragonesa. Así, en 1089, Sancho Ramírez Buscar voz... y su hijo el infante Pedro Buscar voz... otorgaron cartas de franquicia Buscar voz... a los hombres de Estadilla Buscar voz..., pobladores de Monzón Buscar voz..., concediéndoles algunas exenciones de tributos y limitación de servicios. En Monzón, una parte de los pobladores recibió los derechos de los infanzones Buscar voz... ermunios. Barbastro Buscar voz... gozó de las mismas inmunidades de los infanzones de Sobrarbe. Posteriormente, al conquistarse Huesca Buscar voz..., se otorgó la ingenuidad y franqueza a todos los moradores existentes en la ciudad y a los que acudieran a poblarla.

En el reinado de Alfonso I Buscar voz..., de acuerdo con su dilatada acción reconquistadora, la labor de colonización se traduce en la concesión de abundantes cartas pueblas en todo el valle del Ebro. En la tierra oscense destacan las cartas pueblas del lugar de Tormos Buscar voz... del año 1127 y la de la villa de Barbués Buscar voz... de 1128. El mismo monarca había concedido en Ejea Buscar voz..., a raíz de su conquista en 1110, carta de ingenuidad y franqueza a sus pobladores, estableciendo algunas normas jurídicas. Posteriormente, los sucesores del Batallador ampliarían los privilegios de la villa, cuyos vecinos recordarían en las sesiones de Cortes su condición de caballeros. Caso similar fue el de Sádaba Buscar voz..., poblada a fuero Buscar voz... de infanzones. En 1124 Alfonso I concedió a una familia cuanto pudiera poblar en el lugar de Cariñena Buscar voz.... En 1131, el abad de Alfajarín Buscar voz... recibió la abadía del lugar para poblarla, concediéndosele la antigua mezquita Buscar voz... con sus propiedades. Modelo típico de colonización de tierras prácticamente yermas lo constituye la carta de población otorgada por el Batallador en 1124 a María de Huerva Buscar voz...: se persigue, sobre todo, que los colonizadores se afinquen en el lugar, y se especifica que cada caballero recibirá en el reparto dos yugadas de tierra, y cada peón una yugada.

Zaragoza Buscar voz... recibió del monarca dos importantes fueros, el de infanzones de 1119 y otro posterior en 1127, conocido como Privilegio de los Veinte Buscar voz..., punto de partida del marco jurídico de la comunidad zaragozana, que gozaría de enormes prerrogativas. Pero a la muerte del monarca todavía se acusaba en la ciudad el vacío de pobladores, por lo que Ramón Berenguer IV Buscar voz..., en 1138, otorgaba carta de colonización en donde se delimitan los términos del municipio y se repartía la tierra entre caballeros y peones, incluyéndose las tierras yermas y las de los propietarios no avecindados en la ciudad. De Ramón Berenguer IV procede también la carta puebla de Alcañiz Buscar voz... concedida en 1156, señalando sus términos y estableciendo unas normas jurídicas similares a los fueros de Zaragoza. Belchite Buscar voz... había recibido también, en 1119, ese mismo privilegio.

Con Alfonso II Buscar voz..., finalizada prácticamente la reconquista aragonesa, se intensificará la colonización del país. De su reinado son, entre otras, las cartas pueblas de Pintano Buscar voz..., de 1162; la de Tamarite Buscar voz..., que recibió en 1169 el fuero de Zaragoza; las de Almudévar Buscar voz... y Sariñena Buscar voz..., ambas de 1170, y la de Torralba Buscar voz..., de 1185. En ese mismo año el monarca concedió al procurador de San Salvador de Zaragoza el lugar de Valmadrid Buscar voz..., para que fuera poblado a fuero de Zaragoza. Pero la nota más destacada del reinado de Alfonso II se centra a este respecto en la comarca turolense. La versión romance del fuero de Teruel Buscar voz... se encabeza con la carta de población otorgada en 1176 a raíz de la conquista de la villa. Existe, no obstante, la hipótesis de una carta primitiva en la que se señalarían los límites del territorio. Al mismo monarca se debe la carta puebla de Alfambra Buscar voz..., con contenido similar a la de Teruel. Señalemos también en la región la concedida a La Fresneda Buscar voz... y la de Camarena Buscar voz... de 1193. En la zona limítrofe con Cataluña, además de la mencionada carta de Tamarite de Litera, cabe citar la de Torralba de 1185.

Por otra parte, a lo largo del siglo XII las órdenes militares Buscar voz... coadyuvaron en las tareas de colonización del país. Ya en 1151 el Temple otorgó carta a Novillas Buscar voz... cuyos moradores serían libres e ingenuos; la orden establecía unas normas primarias aplicaderas a los malhechores. También proceden de los templarios las cartas de población de Añesa Buscar voz..., Razazol y Binéfar Buscar voz.... En lo concerniente a la orden del Hospital los monjes extendieron carta de población a La Almunia Buscar voz... (que les legara doña Godina) en 1178, fijándose el censo anual a los colonizadores, el disfrute de una serie de exenciones, y las normas jurídicas respecto a litigios. En el mismo año, los habitantes de Grisén Buscar voz... solicitaban ser defendidos por los hospitalarios en caso de guerra, estableciendo un contrato, verdadera carta puebla del lugar, que afectaba también a los sarracenos que allí moraban. También de 1178 es la carta de Alpartir Buscar voz.... Dos años antes, el maestre del Hospital se había encargado de la repoblación de Torrente de Cinca Buscar voz..., donde todavía en 1430 se fijaban las condiciones a un nuevo grupo de moradores del lugar.

En algunas de las cartas pueblas aragonesas se encuentra la base originaria de nuevos centros de población o la revitalización de algunos ya existentes que se irán desenvolviendo al amparo de las libertades ofrecidas y bajo las garantías del documento.

• Hist. Mod.: En el siglo XVII, y con motivo de la expulsión de los moriscos Buscar voz... aragoneses, fueron numerosos los pueblos deshabitados. Su repoblación se hizo con «cristianos viejos», a quienes mediante contrato o «carta de población» se permitió explotar zonas, en bastantes casos muy deterioradas por años de abandono probablemente. En algunas ocasiones se advierte una dependencia intensa con respecto del propietario o «señor», quien en el «acto» o «escritura» de población fijaba sus relaciones con el nuevo concejo (nombramiento de cargos municipales y aprovechamiento y administración de los bienes comunales), con los vasallos (fiscalidad territorial y jurisdiccional; monopolios) y la administración de justicia, manteniendo las facultades legislativas (ordinaciones...) y judiciales (jurisdicción civil y criminal o absoluto poder) tradicionales. (Poblamiento)

 

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