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Carlistas, guerras

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 07/03/2007

Tres fueron las contiendas civiles en las que intervinieron los carlistas en el siglo XIX. La primera estalló el 3-X-1833 en Talavera de la Reina (Castilla) para finalizar en 1840 en tierras catalanas y aragonesas. La cabeza dinástica fue Carlos V (Carlos María Isidro de Borbón), hermano de Fernando VII Buscar voz..., y las figuras militares y populares más destacadas fueron el vasco Tomás de Zumalacárregui (1788-1835) y el catalán Ramón Cabrera Buscar voz... (1806-1877).

Los hechos bélicos más destacados de la denominada primera guerra carlista fueron: la Expedición Real Buscar voz..., que llevó a las fuerzas carlistas hasta las puertas de Madrid; la expedición del general Gómez, que recorrió la casi totalidad del territorio peninsular volviendo al País Vasco con mayores efectivos humanos y militares que los que contó en su salida; y el erróneo sitio de Bilbao que, además de costar la vida del general Zumalacárregui, marcó el inicio del descenso militar carlista y fue el principio del fin.

El primer chispazo de la guerra en Aragón se produjo en Tauste (Z.), donde el 28-X-1833 se levantó una partida a cuyo frente se hallaba el coronel Antonio Fuster, alias «el herrero de Mequinenza», el teniente de carabineros Isidro Sánchez y el cabo de voluntarios Antonio Palacio. Todos ellos fueron presos. En Alcañiz, el coronel de infantería Manuel Carnicer Buscar voz..., natural de esta localidad, reunió a siete voluntarios y proclamó a Carlos V, recorriendo esta partida los pueblos de Hervés, la Pobleta de Morella y Ortells (Castellón), llegando a las puertas de Morella con 22 hombres e intimando a la fortaleza a su rendición. Otro de los jefes carlistas que se alzaría sería el oficial de caballería Joaquín Quílez Buscar voz..., que llegaría a mandar la caballería carlista de Aragón ascendiendo hasta el grado de mariscal de campo. El 24, el brigadier Agustín Tena se fugaría de la cárcel de Zaragoza, levantando una pequeña partida, pero vuelve a caer prisionero en Santa Cruz de Noguera (T.) junto con su segundo Roque León. Éste morirá fusilado inmediatamente, pero Tena será llevado a Zaragoza para ser ajusticiado. A partir de entonces, Aragón y concretamente Teruel, será escenario de numerosos encuentros y luchas, enlazadas todas ellas con el ejército carlista del Maestrazgo. El teatro concreto de las luchas sería desde el Ebro hasta Cabriel, y de las sierras de Molina y Albarracín hasta el mar; es decir, el Bajo Aragón desde la orilla derecha del Ebro, hasta Castilla y Valencia. Eran los accidentes geográficos los que mandaban en esta guerra. El jefe indiscutible del Reino de Aragón sería Carnicer, apoyado por el intrépido Quílez. Bajo estos dos prestigiosos y hábiles guerrilleros recaería la dominación del Maestrazgo Buscar voz... aragonés. Carnicer llegaría a tomar Calatayud y Cabrera Daroca.

Fue el propio general Zumalacárregui quien nombraría al coronel Carnicer jefe superior de las fuerzas carlistas del Bajo Aragón, llevando a sus órdenes a Quílez, que reunía 400 hombres armados, y al comandante de infantería Ramón Cabrera, recién ascendido por su comportamiento en Calamocha. Juntos marcharon a Caspe, donde cobraron contribuciones, sacaron armas y caballos y reclutaron voluntarios. En 1835, Carlos V ordena a Carnicer que marche a Navarra para entrevistarse con él. Antes de salir, Carnicer nombra a Cabrera jefe provisional de la región del Maestrazgo. Al llegar a Miranda de Ebro, Carnicer es descubierto y detenido, siendo fusilado en esta localidad el 6-IV-1835. Cabrera sería designado por el Cuartel Real, el 23 de noviembre, comandante general interino de Aragón.

El Alto Aragón estuvo fuera de la órbita del Maestrazgo o Bajo Aragón. Se le llamaba «el vedado de la Reina» por su tradición liberal, aunque como ha señalado el historiador Melchor Ferrer «en este vedado entraron muchas veces a cazar los batallones navarros, las partidas catalanas y las procedentes del Bajo Aragón». Los hijos de Huesca no llegaron en esta contienda a seguir el sistema guerrillero, ya que prefirieron combatir en los batallones navarros o en los castellanos. Su figura principal fue el mariscal de campo Agustín Saperas. El hecho carlista más notable de esta guerra fue la toma de Huesca por el general Guergué Buscar voz... el 16-VIII-1835, y la de Barbastro el 18. Aragón fue recorrido y atravesado por las principales grandes expediciones carlistas, como la del general Gómez, la Expedición Real y la del general Basilio García. El convenio de Vergara, firmado entre Maroto y Espartero no fue aceptado por Cabrera, que siguió la contienda desde Aragón, Valencia y Cataluña. Pero la guerra termina el 14-VII-1840 cuando los últimos batallones carlistas, al mando de Masgoret, pasaron a Francia.

La segunda guerra carlista, más conocida como la de los Matiners, tuvo como líder dinástico a Carlos VI, Conde de Montemolín, hijo de Carlos V. Esta campaña montemolinista tuvo su concreción geográfica en Cataluña y Valencia, fracasando en otras regiones españolas. No obstante, en Aragón se levantaron numerosas partidas que fueron a engrosar las filas de los voluntarios catalanes, cuyo mando supremo corrió a cargo del general Cabrera. Ya en enero de 1848 se registra una tentativa de los Matiners para invadir la provincia de Huesca, pero es en mayo cuando se levanta en armas en Fuentes de Ebro el coronel Pascual Aznar, conocido por «el cojo de Cariñena». También se levanta otra partida mandada por Romana. El 2 de junio aparece una partida en Alhama de Aragón (Z.) al mando del comandante Herrero más conocido como «el organista de Teruel», siendo batido en La Almunia de Doña Godina (Z.) y en Mosqueruela (T.). Todas ellas iban a fracasar. Las acciones fueron innumerables, pero de escasa importancia, a pesar de que en varias ocasiones actuaron conjuntamente las guerrillas carlistas con las republicanas federales. Cabrera nombraría a Pascual Gamundi comandante general de Aragón. El jefe aragonés pasaría el Ebro, entrando en Calamocha (T.) donde desarmaría a 50 guardias civiles, prosiguiendo a la provincia de Guadalajara, pero perseguido por la columna del general Aynat regresaría a Aragón, marchando a Cataluña y emigrando a Francia.

Pero no pararon aquí, con el fin de la guerra de los Matiners, las campañas montemolinistas. Concretamente en 1855, el capitán Corrales inicia en Zaragoza una insurrección tomando el cuartel en el que se aloja el Escuadrón de Cazadores de Bailén n.° 6, así como las secciones de los Cazadores de Aragón n.° 8 y el de Cataluña n.° 14. La tropa junto con una serie de voluntarios, se dirigió a la Muela en dirección a Calatayud, para unirse con otras fuerzas carlistas. El comandante Manuel Marco Buscar voz..., más conocido por Marco de Bello levantó una partida en Acered, entrando en Terrer. La insurrección se extiende por Caspe, Maella y Mazaleón, pero Madrid enviaría a sus mejores generales, entre ellos a Serrano, para aplastar a las fuerzas montemolinistas.

Estas campañas carlistas, en gran manera fracasarían debido al estado de ocupación militar a que se hallaba sometido el norte y el este. No obstante, los conflictos pusieron de manifiesto la unidad de acción entre carlistas, republicanos federales y progresistas con objeto de derribar al gobierno de Madrid y la monarquía isabelina al grito de «¡Viva Carlos VI y la Constitución, con olvido del pasado!». Al propio tiempo significó para los carlistas una época de concreción y pobreza ideológica, ya que en esta segunda guerra tradicionalistas e integristas no llegaron a participar al hallarse estos sectores alineados con la oligarquía isabelina.

La tercera guerra, la que tuvo como cabeza del carlismo a Carlos VII, se consolidó en 1872. Pero esta vez sí lucharon junto a los carlistas los sectores tradicionalistas e integristas, asustados por la revolución del 68.

La importancia de la tercera carlistada se debió a que en una parte importante del territorio español, especialmente en el norte, funcionó un auténtico Estado carlista con todos sus servicios en marcha, con la creación de moneda y correo propios; la Universidad estatal y gratuita de Oñate, donde la enseñanza del euskera era obligatoria; la Administración de Justicia y la reforma del Código Penal; y, fundamentalmente, la restauración de los organismos autónomos como muestra del respeto a las peculiaridades regionales de todos los pueblos, como fue el caso del País Vasco, Aragón, Cataluña, Valencia, Castilla, Cantabria... era un auténtico Estado federal.

La insurrección popular fue aplastada definitivamente el 28-II-1876, no sin antes haber fracasado ante el ejército carlista los mejores generales de la corte madrileña y después de enviar al norte y este el mejor armamento y un ejercito regular de más de 100.000 hombres.

Aragón, como de costumbre, levantó numerosas partidas guerrilleras destacando la de Higinio Rodríguez y Francisco Herrero —alias «el cura de Bañón»— con 150 hombres en Paracuellos de Jiloca (Z.), la del comandante Narciso Alegre en Villarroya de los Pinares (T.) con 40 hombres; la del teniente coronel Andrés Madrazo con 50 carlistas en Monterde (Z.); la del coronel Pascual Gamundi en Puebla de Híjar (T.) con 60 voluntarios; y la del coronel Nasarre en Sariñena (H.). Pero la auténtica figura aragonesa no aparecería hasta octubre de 1873, en que el general Marco de Bello fue designado comandante general de Aragón. Marco organizó la División aragonesa, creó cuatro batallones, la compañía de Guías del Pilar y dos escuadrones de Caballería. Estableció una academia de cadetes y un taller de fabricación de cartuchos en Cantavieja. Marco de Bello ocupó Daroca y quemó el Registro Civil, participando además en el asedio de Teruel.

 

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