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Cantos litúrgicos

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 11/03/2011

Son todas aquellas manifestaciones musicales nacidas y desarrolladas dentro del culto oficial de la iglesia latino-cristiana. El desarrollo y esplendor que el culto cristiano Buscar voz... experimentó a partir del Edicto de Milán (313) permitió una floreciente manifestación litúrgico-musical. De épocas anteriores, bien poco es lo que se sabe con relación a la música cristiana. Con toda seguridad pese a persecuciones, fue implantándose y desarrollándose poco a poco la tradición del canto, junto a la doctrina del cristianismo, en los diversos puntos del continente europeo que iban siendo evangelizados.

Hacia el año 600 existen en Europa diversas tradiciones litúrgicas, debido a que Roma exige en principio una unidad de fe, pero no una unidad de culto, expresión social de la fe. Así pueden diferenciarse diversas tradiciones por lo que respecta al canto: canto antiguo español, o mozárabe, en España; galicano, en Francia; milanés, romano-gregoriano y benaventano, en Italia. Del año 700 al año 1100, las tradiciones del canto gregoriano, favorecidas por la política de Carlomagno Buscar voz... (+ 814) y por medio de las escuelas monacales, logran imponerse en toda la iglesia occidental. El nombre «gregoriano» deriva de la autoridad de San Gregorio I (590-604), aunque este papa, si bien tuvo una actividad relacionada con la ordenación de los textos de la liturgia no está tan claro que tuviera actividades musicales, ya que los primeros documentos que le atribuyen una actividad de este género empiezan a aparecer 300 años después de su muerte.

Por lo que respecta a España, y concretamente a Aragón, podemos constatar que la llegada de los visigodos a nuestro país vino a significar un florecimiento de la liturgia y, por lo mismo, también del canto, especialmente desde la conversión de Recaredo al catolicismo (Concilio III de Toledo, 584). La importancia que llega a conseguir Zaragoza a partir de esta fecha puede, por otra parte, indicar un alto nivel previo en esta zona. De la época anterior tenemos a Aurelio Prudencio Clemente Buscar voz... (348-405), compositor de himnos latinos, que si bien se cree que es oriundo de Calahorra o Tarragona, se opina también que nació en Zaragoza.

Durante los cinco primeros siglos fueron apareciendo y evolucionando diversas formas de canto: antífonas, responsorios, salmos, preces, letanías, himnos, etc. A finales del siglo vi, coincidiendo con Roma, se inicia también en España la gran labor de codificación, que llega a su momento culminante durante el pontificado de San Isidoro de Sevilla (h. 619-636). Especialmente Zaragoza se convierte entonces en foco de primera categoría por lo que respecta al canto litúrgico hispano. Durante los años 619-631 ocupa la sede cesaraugustana un gran obispo, que era a la vez un gran liturgista y músico: Juan de Zaragoza Buscar voz.... De la creatividad de Juan nos informa Ildefonso de Toledo en su obra De viris illustribus (Migne, PL, 96, col. 201): «quaedam eleganter in sono et oratione composuit». Al lado de Juan se forma su hermano y sucesor en la sede de Zaragoza, San Braulio Buscar voz... (+631), celebrado también por Ildefonso en la obra citada (col. 204): «clarus iste habitus canoribus». Especial importancia debió de poseer en esta fecha el monasterio de Santa Engracia Buscar voz..., fundado sobre el lugar de enterramiento de los Innumerables Mártires o Santas Masas. A este monasterio se dirige San Eugenio de Toledo, cuando contaba veinte años, para ingresar en él. Si Eugenio de Toledo viene a Zaragoza, fue sin duda atraído por el prestigio que poseía en España el citado monasterio, así como también con el deseo de formarse al lado de Juan y Braulio. Parece ser que Juan de Zaragoza llegó a ser abad del monasterio.

San Eugenio de Toledo pasaría, del monasterio de Santas Masas de Zaragoza, a la sede episcopal de Toledo. Fue sin duda el gran restaurador del canto hispano, tanto que el canto tradicional hispano ha llegado a denominarse «canto eugeniano». San Eugenio debió de realizar en España algo de lo que se realizó en Roma durante este período con el canto y la liturgia, y que una tradición no suficientemente documentada atribuye a San Gregorio Magno. San Ildefonso (De viris illustribus) describe así a San Eugenio: «Studiorum bonorum vim persequens, cantus pessimis usibus vitiatos, melodiae cognitione correxit». El hecho de que San Eugenio de Toledo sea reconocido como el gran restaurador del canto hispano subraya, una vez más, la importancia de Zaragoza como centro de formación de este gran personaje de la iglesia visigoda.

Hasta aquí, hemos podido constatar la existencia de diversos centros importantes de floración musical en la época visigótica. Al mismo tiempo podemos señalar, según fuentes de la época, la existencia de ciertas divergencias, por lo que respecta a la liturgia y al canto, entre unos y otros centros. Del peligro de que las bellas melodías degenerasen o incluso se perdiesen, debido también al desconocimiento de un sistema de notación, se lamenta San Isidoro de Sevilla Buscar voz...: «Nisi enim ab homine memoria teneantur, soni pereunt, quia scribi non possunt». El Concilio IV de Toledo, celebrado el año 633 y presidido por San Isidoro de Sevilla, ordena la unificación de la liturgia y del canto. La ordenación está formulada en el canon II del citado concilio: «Unius ordo orandi atque psallendi a nobis per omnes Hispaniam atque Galliam conservetur, unus modus in missarum sollemnitatibus, unus in vespertinis matutinisque officiis».

No se conservan ni existen códices musicales de esta época visigótica, ya que, como se dijo anteriormente, se desconocía aún un sistema de notación. Existe en Verona un Orationale o Libellus precum, que procede de la Tarraconense. Fue elaborado este códice probablemente en Tarragona a finales del s. VII o a principios del VIII, es decir, en época visigótica. Contiene este manuscrito unos signos que algunos han considerado neumas musicales; es de suponer, sin embargo, que más bien dichos signos pueden referirse a algo distinto, como por ejemplo acentos gramaticales, que encontramos con frecuencia en códices muy antiguos. Los primeros neumas musicales empiezan a aparecer en Europa hacia el año 800. Los códices de música visigótica llegados hasta nosotros pertenecen a la época mozárabe. De esta época es el Cantorale mozárabe (s. X) que se conserva en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza, único recuerdo musical de la música visigótico-mozárabe del reino de Aragón. El códice más antiguo con neumas mozárabes, que hoy puede datarse en el año 900 aproximadamente, ha sido descubierto últimamente.

Todo aquel esplendor de la liturgia y música hispano-visigótica se vio a principios del s. VIII amenazado de ruina. Por una parte la invasión árabe significó un peligro para la cultura cristiana, produciéndose además un grave aislamiento entre las diversas comunidades cristianas españolas: «Non promit cantor divinum carmen in publico», escribía el célebre mártir mozárabe español San Eulogio (+ 859). Por otra parte, se agrava aún más la situación de la tradición litúrgico-musical hispana con la controversia adopcionista entre Elipando, arzobispo de Toledo (+ 800) y Félix, obispo de Seo de Urgel (+ Lyon 818). Esto último fue la causa, y también la excusa, para que, desde entonces, Carlomagno y los papas se vieran obligados a defender la tradición romana, tachando para siempre la liturgia hispana como sospechosa de herejía. Desde entonces se empezaría a mirar con desconfianza el contenido doctrinal de la liturgia tradicional hispana, llamada también mozárabe por haber seguido practicándola todas las comunidades cristianas españolas que supervivieron en territorios dominados por los árabes. Esta sospecha sería posteriormente aprovechada por los monjes de Cluny ante el papa Alejandro II y ante Gregorio VII, como argumento irrebatible para acabar con ella. El sacrificio del antiguo rito hispano y de su música fue reseñado con dramática solemnidad en el monasterio aragonés de San Juan de la Peña. La lex romana entraba allí a la hora sexta del día 22 de marzo de 1071. El año 1080, el concilio de Burgos decretó la adopción del rito romano en todo el reino de León y Castilla.

Durante la dominación árabe en España, existen en el continente europeo diversas corrientes o reformas musicales. Algunas de ellas se filtraron en Aragón por los caminos de los Pirineos abiertos por la Reconquista. Se sabe históricamente que el renacimiento carolingio se filtró también en Cataluña. El resto de España siguió aferrado a las viejas tradiciones patrias, como consecuencia del aislamiento que se produjo entre los territorios conquistados e invadidos.

Los focos principales de irradiación musical en esta época primera de la reconquista son los monasterios. El Aragón primitivo aparece densamente poblado de monasterios, muchos de ellos fundados por condes carolingios, que acreditan su influencia del otro lado del Pirineo. Varios de ellos llevan el nombre del patrón de los francos, San Martín, como el monasterio de Ciella y el de Cercito. El monasterio más importante era el de San Pedro de Siresa Buscar voz..., situado en el valle de Echo. Este monasterio fue visitado el año 848, es decir, pocos años después de la fundación, por San Eulogio Buscar voz..., que nos informa cómo brillaba en todo occidente este monasterio con un centenar de monjes, que ejercitaban la disciplina regular. De allí se llevó Eulogio obras de San Agustín, Juvenal, Horacio, Porfirio, Adhelelmo, Avieno y una rica colección de himnos católicos, libros desconocidos en la España del sur, recibidos con júbilo por los cristianos de Córdoba. Tan rica biblioteca podía ser fruto del renacimiento cultural forjado en torno a Carlomagno. Por otra parte, es obvio que San Eulogio no se llevó de Siresa libros de rito hispano-visigótico o mozárabe, sino códices que eran para él una novedad, y ésta sólo pudo encontrarla en la producción de la escuela litúrgica de la corte carolingia. Estos detalles nos hacen pensar en una filtración de la cultura musical carolingia en Aragón y, por medio de Aragón, en el resto de la península.

Es sabido que muchos monasterios de los primitivos condados francos en el norte de Aragón, si bien eran de procedencia visigótica, adoptaron, ante la implantación de la lex romana en Aragón, la regla de los canónigos regulares de S. Crodegango de Metz, como los monasterios de San Pedro de Siresa y San Martín de Ciella, y fueron estructurados según las disposiciones emanadas de la dieta sinodal de Aquisgrán del año 816. Pipino y sobre todo Carlomagno, en su deseo de unificar la liturgia en las iglesias de su imperio, procedieron a una verdadera reforma, apoyados por la iglesia de Roma. De sus sinodales salieron numerosos capítulos urgiendo la adopción y observación del rito romano, incluido el canto.

El foco más importante para la reforma del canto eclesiástico en el país de los francos fue la catedral de Metz. Crodegango, obispo de Metz (+ 766), introdujo en primer lugar la vida común de sus clérigos, reuniéndolos junto a él en la catedral, a imitación de los monasterios benedictinos, de la basílica lateranense y de ciertos santos padres, que anteriormente habían dado ejemplo de vida común. San Crodegango mismo redactó la regula monacorum hacia el año 760 para los canónigos regulares. Carlomagno favoreció la vita canonica de los regulares de Metz. Todos estos centros reformados destacarían especialmente por el cuidado y esmero en conservar e interpretar la auténtica cantilena romana. Crodegango había conocido y aprendido en Roma, durante su viaje del año 753, el canto romano, y lo importó en su catedral de Metz. Si en tiempos de Pipino consiguió Metz una gran fama por lo que respecta al canto, en tiempos de Carlomagno fue considerado, admirado y valorado el arte musical de esta catedral exactamente igual que el de Roma, debido a la perfección que alcanzó. A Metz acudían alumnos llegados de todas partes, atraídos por el esplendor con que se celebraba allí el culto y se practicaba la música litúrgica. Consta que personalidades, como Sigulfo de Inglaterra, predecesor de Alcuino en el cargo de abad de Ferrières, marchaban a Roma para aprender la práctica litúrgica, dirigiéndose desde allí a Metz para estudiar y aprender el canto romano. La escuela de música de esta catedral, hija mayor de la schola cantorum romana, continuó ejerciendo una gran influencia y desarrollando una enorme labor después de la muerte de Carlomagno. Aún en el s. XII posee una extraordinaria fama y sigue considerándose este centro como fiel guardián de la cantilena romana.

El esplendor musical que irradiaba la catedral de Metz, la exigencia de Carlomagno de unificación de la liturgia e implantación de la cantilena romana, la adopción de la regula monacorum de San Crodegango en muchos monasterios del primitivo Aragón, el testimonio de San Eulogio, todo nos induce a pensar que ese esplendor de la reforma musical del imperio carolingio se filtró en Aragón, donde la vita canonica visigótica iba cediendo el paso a la canónica regular de Crodegango.

Desgraciadamente, se desconocen en Aragón códices musicales de esta época, prescindiendo del citado anteriormente. Tampoco ha de extrañar este detalle, si tenemos en cuenta que la época de proliferación de códices musicales tardaría todavía algún tiempo en llegar. Los códices musicales conservados en las catedrales de Aragón, por no citar los conservados en las catedrales de Cataluña, proceden ya de la gran época de proliferación de códices neumáticos, que coincide con los tiempos de la implantación de la lex romana en el nuevo monasterio cluniacense de S. Juan de la Peña Buscar voz... a finales del s. XI. La catedral más rica de Aragón en códices neumáticos es sin duda la de Huesca. En el archivo capitular de esta catedral se conservan los códices siguientes con notación neumática: Hymnarium, s. XI; Troparium, s. XII; Lectionarium, s. XII; y tres Matutinarium del s. XII. En la catedral de La Seo de Zaragoza se conserva un fragmento de doble hoja de pergamino con notación neumática; en este fragmento se contienen unas lectiones glosadas, tal vez del s. XII (biblioteca capitular de La Seo, sin signatura). Por último, en la catedral de Tarazona (archivo capitular, sin signatura) se conserva un Lectionarium del s. XIII, que contiene el canto de la Sibila y las lamentaciones. El tipo de notación aquitana diastemática que se observa en casi todos los códices aragoneses, hace pensar que muy bien pudieron ser copiados en el nuevo scriptorium del monasterio de San Juan de la Peña, si es que algunos no fueron importados junto con el nuevo rito romano.

Contribuye a la proliferación de códices musicales, aludida anteriormente y que se inicia en el s. XI, el perfeccionamiento de la notación neumática, por lo que respecta a los signos y a la diastematía, la generalización de los adelantos del sistema de notación de Guido (+ 1050), así como también la floración de los célebres scriptoria en los monasterios.

Si con el s. XII, por lo que respecta a la producción de códices musicales, se abre un período de esplendor, podemos observar al mismo tiempo la coincidencia de esta fecha con la decadencia del canto litúrgico tradicional. Las fatales consecuencias que tuvo que sufrir especialmente el canto tradicional hispano debido a la implantación de la lex romana son de sobra conocidas. El canto tradicional hispano poseía a finales del s. XI un sistema de notación tan desarrollado como el del canto romano. Al ser prohibido, nadie se ocupó posteriormente en seguir copiando aquellas melodías con sistemas de notación más modernos. Hoy día faltan, por lo tanto, códices posteriores del canto hispano para poder comparar y transcribir. Ésta es la causa de que aun hoy día resulte absolutamente imposible descifrar aquellas melodías.

Los célebres monasterios que hasta el s. XI se habían caracterizado por su esmero en conservar las melodías litúrgicas tradicionales, se van convirtiendo poco a poco en centros de primer orden para el cultivo de la práctica polifónica, como por ejemplo el monasterio de San Marcial de Limoges en Aquitania, el de Ripoll en Cataluña y, posiblemente, los monasterios reformados de Aragón. (Libros Buscar voz... litúrgicos, polifonía.)

• Bibliog.:
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Monográficos

Los monasterios aragoneses

Los monasterios aragoneses

Unas comunidades que ejercían un control espiritual, cultural y económico en el Aragón medieval.

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