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Cantos

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 10/05/2010

Canto es, en sentido lato, toda clase de melodía destinada a ser interpretada por la voz humana; en sentido estricto, refiriéndonos a la música aragonesa, es toda melodía distinta de la jota Buscar voz...; y restringiendo más el significado, la que se entona fuera de la iglesia. En música religiosa, pieza que expresa alabanza en honor de un santo, un misterio, etc., pero fuera de la liturgia Buscar voz....

Tenemos en todo Aragón cantos a los patronos de los pueblos, a una voz o a dúo. Su origen es desconocido y su antigüedad no puede retrotraerse más allá de finales del siglo XVII, cuando comienzan a extenderse las devociones a los santos. Son piezas que, a través del tiempo, se han ido fijando en las fórmulas que hoy poseemos. Son melodías breves, que expresan una sola idea musical, aunque con ellas se canten varias estrofas. Por ejemplo, esta melodía de Daroca Buscar voz... para el día de Pascua de Resurrección, cuya primera estrofa dice:

María Magdalena, dinos que has visto.
¿Es verdad que has hallado a Jesucristo?

Tiene otras cinco estrofas con las que se completa el canto. Estas canciones son más ligeras que los gozos o las novenas. Se cantan en el campo por los hombres, en las casas por las mujeres y en los juegos de niños casi como canciones de corro; así el de Torrehermosa Buscar voz... para festejar a San Pascual Bailón, cuya letra dice:

San Pascual, San Pascualillo,
que estás en ese cerrillo:
Guárdame las uvas blancas,
que me gusta mucho el vino.
Nuestro santo está en los cielos,
su cuerpo está en Villarreal,
la reliquia en Torrehermosa,
del glorioso San Pascual.

La letra es ordinariamente una cuarteta o romance asonantado. Se presentan siempre en forma tonal, sin alteraciones accidentales, o a lo sumo las propias de modulaciones cercanas. Los intervalos son conjuntos, y si hay saltos melódicos son siempre los más cercanos, de tercera, cuarta o, como mucho, de quinta. Así la melodía es lo más sencilla posible, para ser retenida con facilidad y poder ser cantada con descanso. Los adornos, como apoyaturas o notas de paso, son sobrios. De esta forma pueden ser interpretadas lo mismo por personas mayores que por niños, en coro o a solos, en modo mayor si se trata de un sentimiento de alegría, en modo menor si lo es de tristeza. Los compases son binarios o ternarios.

Cuando el tema es profano, el canto suele revestir un aire más festivo, como de danza. Por ejemplo, en este canto a las mozas de Lécera Buscar voz... (Zaragoza), cuya letra dice:

No me tires del manto, ni de la saya,
ni de la mantilla, que soy casada.
¡A la flor y a la coliflor y a la verde oliva!
A los rayos del sol se peina mi niña.

• Folclore: Independientemente de la jota Buscar voz..., cuya fuerza y sencillez ha hecho desaparecer, tempranamente, muchos cantos populares aragoneses, se han podido recoger en gran número, publicándose en cancioneros Buscar voz... de los que los más importantes son los de Arnaudas Buscar voz... (Teruel), Mingote Buscar voz... (Zaragoza) y Mur Bernad (Huesca). Los problemas más graves están en la determinación de su origen, aragonés o no, de la fecha en que se compusieron o, en el caso de que se trate de importaciones, cuándo se aculturaron.

Con frecuencia puede seguirse el proceso de adaptación; así, en Teruel Buscar voz..., los braceros que trabajaban en la oliva y el aceite en Andalucía, Extremadura y la Mancha, aprendían cantos que luego se adaptaban en sus pueblos de origen; lo propio ocurría con los segadores y pastores trashumantes y con los aserraderos y madereros de Navarra, Asturias y Galicia en las selvas de Albarracín Buscar voz.... El paso de las tropas de Valencia y Cataluña, en las guerras civiles del siglo XIX, también puede explicar muchas contaminaciones. Y aún podría añadirse el desplazamiento de curas de unos pueblos a otros o la simple transmisión por contacto o a través de «cuadernos» como, por ejemplo, los de las monjas dominicas de Daroca Buscar voz... en lo que se refiere a canciones navideñas. Muy pocos pueblos se han mantenido cerrados a influencias exteriores; La Codoñera Buscar voz..., que, según Arnaudas, sería uno de ellos, nos muestra claros ejemplos de lo contrario en algunos de sus cantos.

La conservación de los cantos tradicionales ha sido muy diferente según su carácter; así, han desaparecido fácilmente los de simple entretenimiento y se han recordado mejor los amorosos; su carácter ha hecho que hayan gozado de una práctica constante los religiosos que se han transmitido oralmente, favorecidos por su simplicidad, tanto en la música como en la letra. O, dicho de otra forma, la conservación ha dependido de la fuerza del rito a que acompañaban; de la fortuna de las nuevas modas en canciones y bailes de las clases acomodadas, imitadas después por el pueblo; y, en Aragón, de la potencia avasalladora de la jota Buscar voz.... La adjunción a un rito o costumbre fija explica las diferencias locales, como vemos en los «mayos» de la sierra de Albarracín.

Las clasificaciones de cantos son convencionales, pero podría admitirse un gran grupo de composiciones religiosas y otro, muy complejo, de profanas. Entre las primeras se conocen las auroras, interpretadas fuera de los templos, de madrugada, generalmente por hombres que recorren las calles, antes del rosario Buscar voz... de la madrugada, despertando a los devotos e incitándoles a participar en el rezo; de ahí su nombre de «despertadores», en algunos pueblos, o de auroros. La costumbre se puso en vigor en el siglo XVII por los frailes dominicos y se trató de que arraigase en las clases populares. En Bujaraloz Buscar voz... se cantaba: «El rosario de la madrugada / es para los pobres, que no tienen pan; / que los ricos se están en la cama / para que el relente no les haga mal». Es notable que las auroras son raras en Huesca y, en cambio, muy numerosas en Teruel.

En Híjar Buscar voz..., los «cantores de la aurora» tienen una complicada organización y arrancan del siglo XVII; recorrían las calles llamando con un martillo de madera en las casas donde habían de despertar a los moradores; el coro se componía de varones entre los quince años y edad ilimitada, de buena fama y costumbres; los solicitantes admitidos pasaban seis meses de prueba y aprendizaje y prestaban pequeños servicios a los demás cantores, tales como despertarles los días de actuación, hacer los toques de campana en la iglesia, etc. Todos estaban obligados a asistir al entierro y funerales de los compañeros que mueren y a obedecer a los directivos. Cantaban en las vísperas de solemnidades religiosas, con letras propias de cada una de ellas, de poca inspiración literaria, con encanto singular en los cantos de Semana Santa, en las que se entonan desgarrados «ayes».

En Calanda Buscar voz... se poseen datos de los rosarieros desde 1500, habiéndose recogido letras de un cuaderno de Manuel Herrera, «Bartolico», tejedor, y Antonio Sanz, «Canastillo», chocolatero, en 1840; el último coro era de doce cantores que cantaban la tonada de «la salida» en la iglesia y recorrían el pueblo con 17 paradas, a lo largo de una hora, hasta llegar a la plaza del Pilar, en donde se incorporan al rosario. Excepcionales, aunque no son «auroras» son las «saetas de la pasión». Cantos análogos hay en Alcañiz Buscar voz... y Torrecilla Buscar voz..., y en La Codoñera Buscar voz..., en donde se hacían salvas de escopeta en los intervalos del canto; en la noche de San Valero y en otras ocasiones se cantaba «la cadena de oro», conjunto de coplas encadenadas alusivas a la fiesta.

Las auroras son poco importantes musical o literariamente hablando, pero en cambio tienen gran interés la organización de las sociedades para cantarlas y su propia ejecución de coplas transmitidas por tradición oral. De su ingenuidad y simplicidad se pueden deducir informaciones sobre las devociones populares y su modo de expresión. Los temas son muy variados y las músicas diferentes; en Sástago Buscar voz... se llama «El despierto» y en la provincia de Zaragoza se conservan también las de Daroca Buscar voz..., Mainar Buscar voz... y Borja Buscar voz.... Entre las rarísimas de la provincia de Huesca, la de Berbegal Buscar voz... y una de Sariñena Buscar voz... incorporada como tonada del dance Buscar voz.... La totalidad ensalza a la Virgen o los Santos, narra milagros, defiende las virtudes del rosario o aconseja prácticas religiosas.

Los gozos Buscar voz... se dedican también a la Virgen o a los santos, normalmente con ocasión de sus fiestas; están muy generalizados en todo Aragón y cobraron especial atención en Cuaresma. Suelen ser cuartetas de versos octosílabos y se ejecutaban con una introducción a modo de estribillo y el canto a solo de la copla, cuyos dos últimos versos repetían todos los asistentes. Veamos, como ejemplo, una estrofa de los gozos a Nuestra Señora de Cabañas, de La Almunia de Doña Godina Buscar voz...: «Del arado y la cabaña / sois especial protectora, / dadnos agua, gran señora, / pues la del Jalón os baña». Como se ve, servían también como rogativa, especialmente frente a la sequía.

Muchos de los gozos se difundieron a través de hojas impresas, con grabados populares de gran interés, conociéndose una extensa colección zaragozana de la Virgen del Pilar. Es difícil separar los gozos de los romances piadosos, a veces con forma muy peculiar, como el de Bujaraloz: «La Virgen de las Nieves, / la Aurora, señora; / tiene un manzano / para dar manzanitas, / la Aurora, señora, / a sus hermanos». El candor popular se refleja en muchos gozos, como en los de Santo Domingo de Guzmán, en Caspe: «Santo Domingo nació / con una estrella en la frente / y no hay santo más bonito / del sol naciente al poniente»; aunque no le va a la zaga el de Torrehermosa, a San Pascual: «Los ladrillos de esta iglesia / deberían ser de plata, / porque en ellos se pasea / San Pascual con la gayata».

Las avemarías y salves completaban los cantos de aurora y otros, y son interesantes por su música; Arnaudas no recogió ninguna especial en Teruel, y Mingote, en Zaragoza, las de la Virgen de Pietas en El Frasno Buscar voz..., la de Inogés Buscar voz..., la Olivera de Magallón Buscar voz..., la de Zaragoza, y «la galana» de Borja, con precedentes castellanos, entre las salves; y entre las avemarías, las de Aguarón Buscar voz..., Fréscano Buscar voz... y la de Bujaraloz.

Interesantes por su entrañamiento en costumbres peculiares son los cantos de romería y de procesión, que suelen coincidir en los largos desplazamientos hasta una ermita lejana y las paradas para tomar un refrigerio; la de Atea Buscar voz... se paraba en la «peña del refresco» y se comían, invariablemente, pan, huevos duros y torta «pintada», con acompañamiento de vino. En este pueblo, al llegar a la cumbre de la montaña, se entonaban cánticos en honor de los titulares de las ermitas que desde allí se divisaban; alguno de ellos se iniciaba por el popular verso, repetido en muchos sitios: «Qué es aquello que reluce / por encima el campanario»

Los cantos de penitencia y semana santa están asociados a las procesiones y fiestas tierrabajinas, aunque se encuentran en todo Aragón; así los «misterios dolorosos» de las dominicas de Daroca, numerosos via crucis en latín, etc. Peculiar es el «reloj de la pasión», que se cantó en Calatayud Buscar voz... y Caspe Buscar voz... y en el Campo Romanos Buscar voz... con el título de «horas de la pasión»; se trata, realmente, de romances en los que cada copla se dedica a una hora y se hace una consideración de los sufrimientos de Cristo en ella, durante su Pasión. En El Cuervo Buscar voz... lo cantaban los niños de las escuelas, en Torres de Albarracín Buscar voz... las mozas y, generalmente, los hombres. Existían, como contrapartida, los cantos de alegría de Pascua de Resurrección, acompañando a peticiones, como la de Monreal de Ariza Buscar voz...: «Al señor cura del pueblo / le venimos a cantar, / sabemos que nos aguarda / con torticas de azúcar».

Otros cantos religiosos son los de «las flores de mayo», entre los que hay uno de El Cuervo con ritmo de habanera; «el escapulario» es propio de Torres de Albarracín, y «las cantas», de Ejulve Buscar voz..., interesantes porque cierran una romería a la Virgen del Olivar y se recogen donativos de los romeros más pudientes, para pagar los gastos, entregándoles ramos de flores y cantándoles: «Tome, señora, este ramo / que de mi mano se ofrece; / no es como yo lo quería / ni como usted se merece». En Santolea Buscar voz... se cantaba «la enmascarada» un romance dedicado a San Antón y a otros santos en petición de «que nos guarden de desgracias / y tabardillos molestos / y también de las heladas / de la hoja y del sementero / y todos los demás frutos / de la plaga del viñedo». En Terrer Buscar voz... se canta en la plaza el día de San Pascual, acompañando a un «rancho» que se ofrece a todos los presentes, bailando y diciendo «San Pascual tiene un cordero / que lo lleva a pacentar, / lo mete por los sembrados / y a ninguno le hace mal. / ¡Viva, viva San Pascual!».

Existen también numerosos cantos profanos de intención religiosa, como el de Santa Catalina de Montalbán que entonaban los niños de las escuelas acompañando a la brutal degollación de un gallo que enterraban en el suelo, dejando fuera la cabeza, y atacándole, a ojos vendados, con fingidas espadas de madera. Los de Navidad funden villancicos y peticiones de aguinaldo; los primeros consta que se cantaron por primera vez en la catedral de Huesca en 1644. En general, repiten conceptos y formas comunes a toda España. Damos como ejemplo uno de Teruel: «Esta noche es Nochebuena / y no es noche de dormir, / que está la Virgen de parto / y a las doce ha de parir. / Ha de parir un niñito / que se ha de llamar Manuel / para cuidar las ovejas / de San Francisco Javier. / ¡Échanos la bota, / si nos la has de echar!, / que la noche es larga / y hay mucho que andar, / y antes de las doce / a Belén llegar».

Las letras tendrán elementos de los cantos de cuna e introducirán chanzas para San José o absurdos como el visto de los «rebaños de San Francisco Javier» que el Niño ha de cuidar cuando sea pastor. En Burbáguena Buscar voz... el villancico se asocia con una canción de ronda Buscar voz...: «Cuando María va a misa / al ladico de su madre / parece un pimpollo de oro / que lo bambolea el aire». Semejante, en la idea, al «reloj de la pasión» es el «aladro» de Torres de Albarracín, romance en el que se aplica un pensamiento devoto a una descripción que se hace del arado, comparando a Jesús con cada pieza; dental, reja, esteva, percuño, telera y chaveta, orejeras, cama, birllotas, timón, además de bueyes, frontiles, la semilla y las taparras o matojos. En la comarca de Mora de Rubielos Buscar voz... son del tipo de las albadas y en Torrijas Buscar voz... se ha recogido un villancico de origen extremeño: «Dime niño, de quién eres, todo vestido de verde», aquí corregido «Dónde vas, niño pequeño...», aunque luego conteste «soy de la Virgen María», etc. Un grupo de villancicos muy interesante es el recogido por Mingote de las monjas dominicas de Daroca, eruditos, pero interesantes; el de Tarazona Buscar voz... que empieza «tantán, van por el camino» y el de Zaragoza, obra de José Ruiz Samaniego, de 1666, conservado en el archivo del Pilar, que empieza «De esplendor se doran los aires» y que tiene aire de jota, según vieron Arciniega Buscar voz... y Mingote.

De los cantos profanos, el más importante es la albalda, amatoria, de salutación o despedida, siempre de madrugada y que enlaza con las rondas y, excepcionalmente, con las auroras, al menos en su origen, cuando los mozos se reunían la víspera de las fiestas y rondaban las calles, cantando ante las puertas de las autoridades, de las novias y de las mozas en general. En Atea, la dedicada a una esposa tras la cena de bodas decía: «Asómate sol dorado / y verás la calle llena / de mocitos que han llegado / a darte la enhorabuena», siguiendo con auténticos epitalamios, herencia de los antiguos cantos de «parabienes». Excepcionalmente, las albadas las cantan mujeres en Cañizares y Frías y lo hacían, en días distintos, solteras y casadas. Musicalmente son homófonas, por excepción a dúo; el solista inicia la copla y el coro repite los dos último versos; en Teruel se acompañaban de dulzaina y tambor.

Insistentemente se utilizan coplas de jota y, además de las alabanzas, se cantan ironías y, en los «picones», desprecios o intentos de zaherir: «No te cases con pelaire, / que te cardará la lana / y te sacará el estambre / tres veces a la semana». Se ha supuesto que derivan de «les albaes» valencianas, pero sólo se aduce como fundamento la similitud de la costumbre y la albada de Castellote Buscar voz...: «Si quieres que te cantemos / las albadas valencianas, / saca primero las tortas / y después las avellanas». Las mozas que recibían la atención habían de corresponder con obsequios, normalmente tortas o roscones, pero también mondongo: «Bajar tortetas, / bajar tortetas / de aquellas que se esconden / por las tabletas. / Bajar roscones, / bajar roscones / de aquellos que se esconden / por los balcones», que en Belmonte de Alcañiz Buscar voz... cantan en chapurriáu Buscar voz...: «Baixeu les casquetes, / baixeu lo vin blanc, / baixeu la Joaquina / sentada en un banc», con muchas variantes como la de Calaceite Buscar voz... en el último verso: «si no mon anam». Algunas de las albadas eran pícaras y tenían doble sentido, caso único, con los estribillos, en la canción aragonesa: «Ya s´ha romput la vaina / de la dolsaina / del dolsainé. / Muchachas beseitanas / ¿no teneis vaina / pa la dolsaina / del dolsainé?». Las «despedidas» son idénticas a las de jota, pero propio el «saludo» y frecuente el «romance», como el de Villanúa Buscar voz... alabando a una moza y enumerando cada parte de su cuerpo con las más graciosas adjetivaciones: los carrillos son «dos roseras», los senos azucenas, etc. De propósito semejante es «la baraja» de Torres de Albarracín, en donde las comparaciones se hacen con los naipes, comenzando por el as, y referidas a Jesús y sus virtudes. Otras variantes son los «mandamientos de amor» conocidos en Castilla y en muchos puntos de Aragón y donde se comparan los de la ley de Dios con los amores de quien canta.

Pocos cantos de ciego se han recogido, y menos son los característicos; corresponden a los que entonaban de pueblo en pueblo a cambio de una limosna. Los de cuna son comunes a los de amplias zonas de España. Lo propio ocurre con los cantos infantiles, especialmente los de niñas, de comba y corro; pero hay algunos peculiares como los que se cantan a los cabezudos Buscar voz... en Zaragoza, o los de Fuendejalón Buscar voz..., que no son aragoneses y que han sido modificados al no comprender el sentido original: así, «al salir de palacio / le dijeron a Prim», etc., se convierte en «al entrar en palacio / me dijeron a mí...»; o «la viudita del conde Laurel» convertida en «la viudita del conde marqués». De enorme difusión es la canción «En Zaragoza, / qué ha sucedido; / la Torre Nueva, / que se ha caído», corregida en «En Zaragocica / ¡lo que ha pasadico! / la torre nuevica, / se ha caidico».

Aún pueden añadirse las sanjuanadas de la noche de San Juan, acompañando a sus ritos propios, y la interesante de Argente Buscar voz..., que se canta, como recibimiento, a una forastera que ha casado con uno del pueblo: «Tome señora ese ramo / con las cintas muy obscuras / ¡son malos de desatar / los nudos que echan los curas!».

Muy interesantes son los cantos de trabajo, como el de hilar de La Codoñera tomado de Santander; los de trilla de La Fresneda Buscar voz..., Valderrobres Buscar voz... o Caspe Buscar voz...; de siega, casi siempre importados por las cuadrillas de segadores que recorrían amplias zonas de fuera de Aragón; así la de Monroyo Buscar voz...: «Cuando vienes del campo / vienes airosa; / vienes coloradita / como una rosa». Es interesante la organización de estas cuadrillas con «reyes» y «condes» para gobernarlas, quienes daban orden de empezar el trabajo, las comidas y los cantos. También puede tener relación con importación de melodías y letras el canto de esquileo, como el recogido en Navarrete Buscar voz...: «Tengo de subir al puerto, / al puerto de Guadarrama, / tengo de pisar la nieve / que me quiere una serrana. / Y después de haber subido / y haber pisado la nieve, / ya no me quiere mi dama, / mi dama ya no me quiere. / Ya no me quiere mi dama / porque bebo mucho vino, / vaya a... mi dama: / ¡tabernera, echa un cuartillo!».

Muy particulares son las oliveras o cantos de las olivas, interpretados tanto en el campo como en el camino del regreso al pueblo y en la plaza, generalmente a coro. Como ejemplo, de Alcañiz: «Ya se va el sol de los altos, / ya hace sombra la olivera, / ya se entristecen los amos, / se alegran las oliveras». La «plega» o «llega» se celebra también en Magallón Buscar voz... con copla difundida como jota: «Anda y dile al Santocristo, / pulida magallonera, / que cuando me llame al cielo / que me canten la olivera». De la inmensa variedad y número de oliveras documenta la cantada en La Codoñera: «Ninguno de mi cuadrilla / cante una canción dos veces, / y si alguno la cantare, / repiquen los almireces».

Entre los cantos de puro entretenimiento están los que acompañan a las lifaras Buscar voz... o, en el Alto Aragón, a las migas, y los interesantes cantos de bodega Buscar voz..., que se entonan al reunirse a comer y beber, sobre todo en el Bajo Aragón; en esencia, se trata de hacer que la bota, porrón o cazo pase de mano en mano mientras se canta, y se detenga en un momento dado, debiendo el que tiene el recipiente beber hasta que paren de cantar los otros. No son, ciertamente, cantos muy originales; quizá lo sea el «rulé» de Castelserás Buscar voz..., imitado en Paniza Buscar voz...; en la parte que más nos interesa se dice: «...lo beba usted, / que no lo matarán. / No es menester matarme, / que yo lo beberé»; y bebe; «Mientras usted lo bebe, / le cantaré el rulé, el rulé, el rulé...»; y así hasta que se cansan y dicen «¡pum!», con lo que deja de beber el de turno. Semejante es «el artillero» de La Codoñera, que empieza en castellano y acaba en chapurriáu, tal vez como reflejo cómico de los efectos del vino. De Torrecilla de Alcañiz es uno, originario de Murcia: «Gor, gor, qué buen licor, / qué bien que cai el trago / cuando está sin bautizar, / tan tarantán».

Muy numerosos son los cantos ejecutados alrededor de las hogueras encendidas en las noches víspera de fiesta, con bailes en círculo y, frecuentemente, asando patatas o carne, en La Codoñera se llama «la banza», degeneración de «alabanza», para la Virgen del Pilar. Muy bello es el de Quinto Buscar voz...: «María, si fueras mía, / te regalara un pañuelo / con cuatro puntas de plata / y el centro de flores lleno». Los «mayos» son cantos que acompañan a una antigua costumbre de emparejamiento de jóvenes, en los que el «mayo» viene obligado a cantar a su «maya», en forma parecida a las albadas, y ésta a obsequiarle de muy diversos modos. Como a veces se mantenía secreto el nombre del «mayo», la ronda cantaba, como en Peracense Buscar voz...: «Si quieres saber mañica, / el «mayo» que te ha caído, / ... se llama de nombre / y ... de apellido». El romance podía ser larguísimo. Uno de Albarracín se inicia: «Es María más hermosa / que el oro y la plata fina, / más que el agua cristalina / que corre de yosa en yosa».

Hay otros muchos cantos diversos, como «el chinchecle» de Bielsa Buscar voz..., «la chinchana» de Campo Buscar voz..., la felicitación de sobremesa de Jasa Buscar voz..., etc., además de las incorporadas a las mudanzas del dance Buscar voz... y numerosas letrillas y tonadas líricas.

En relación con los cantos es también de gran interés la delimitación de los que son realmente populares, no tanto en su origen cuanto en su adaptación y conservación. El fenómeno de una aparición erudita en la letra y en la música, asimilada por el pueblo que la convierte en anónima e intemporal y que la simplifica, conservándola por repetición con numerosas degeneraciones, puede provocar contaminaciones originadas en la gran difusión de algunos temas o en la simple imitación con desvinculación posterior de los orígenes. Los pastores trashumantes, los vendedores ambulantes, los pelaires o arrieros, el paso de soldados en las guerras civiles, la aportación de madereros norteños a la Sierra de Albarracín, dan lugar a ejemplos muy conocidos, por ejemplo, canciones de la alta Andalucía recibidas en la zona ganadera de Teruel; el traslado de curas de unas a otras parroquias y de monjas a otros conventos es un caso similar. El gaitero de Sariñena Buscar voz..., Vicente Capitán, recorría amplias comarcas para amenizar las fiestas y difundía aires musicales bailables, aunque no podía alterar las «mudanzas» que acompañaban al dance. Algunos ejemplos aclararán la cuestión, que supone un apasionante tema de investigación. Nos interesa ahora el de «La loba colorada» recogido en Terriente Buscar voz... (Teruel) y, sin duda, parte de un romance de pastores originario de Castilla, donde con el nombre de «La loba parda» ha sido recogido con letra y música, con el mismo tema; que se trata de una aculturación en Aragón de un modelo extraño se deduce de la mayor extensión de la versión castellana, donde además se describe con todo detalle lo que se hará con los despojos de la loba que «sacó una borrega blanca, hija de la oveja negra, nieta de la cariblanca» y fue capturada por los siete perros del pastor que quiso hacer «para el pastor una zamarra / los dientes para pendientes / para entretener las damas / las muelas para castañuelas / para entretener la gente», según recitaban en Terriente, en tanto que en el modelo se describe todo el cuerpo del animal y hasta «el culo para un salero». Julio Alvar Buscar voz... ha utilizado este romance para el estudio de la tradición oral («El romance de la loba parda en Aragón [Exposición de un método]», Temas de Antropología Aragonesa, 2, Huesca, 1983, p. 121) partiendo de la versión publicada por Menéndez Pidal Buscar voz..., originaria de Extremadura, donde se cantaba aún, recientemente, al son del rabel para Nochebuena, difundido a las dos Castillas y León y con versiones en Aragón, Cataluña y Andalucía, y con otras recogidas en Toro (Zamora), Sabiñánigo (Huesca), como «loba colorada», como en Terriente (Teruel), en Sallent de Gállego (Huesca), parda, y «de la lobita patituerta» en Alagón (Zaragoza); Alvar piensa que es más antiguo en Aragón que la versión extremeña. La versión leonesa interpretada por el grupo «Nuevo Mester de Clerecía» resulta la más completa de todas. Los planteamientos que se hacen respecto de este romance sirven para cualquier problema de origen, antigüedad, imitación, difusión y aculturación de la literatura popular en general y de los cantos en particular. Resulta muy difícil establecer prelaciones entre las distintas versiones que los investigadores de cuentos han hecho partiendo de los modelos indoeuropeos y árabes y recogiendo las diversas versiones, que no siempre siguen un camino geográfico congruente, como podemos mostrar con un ejemplo aragonés, el de «os figos de Lobarre Buscar voz...», recogido en el Pedro Saputo de Braulio Foz Buscar voz... y directamente en Loarre, como de «tres higos royos», enviados al obispo de Huesca y comidos dos de ellos por el camino por el sediento mensajero y al preguntar el obispo «¿cómo has hecho, hijo?», contestó «así», y se comió el tercero. Braulio Foz lo atribuye a Almudévar y lo supone antiguo; en Europa central existía una versión respecto de los ojos de un carnero en «El barón de Münchhausen» de Grimmelhausen, pero resulta que en Granada y en documento del siglo XV aparece la cuestión referida a los higos, como en Loarre. El ejemplo alemán y el árabe podrían seriarse cronológicamente a favor de éste, pero no sabemos si ambos proceden del viejo fondo indoeuropeo que tomó dos caminos de difusión para los que nada importa la fecha en que llegase a un punto geográfico concreto. Lo mismo podíamos decir del herrero de Sanfelices, en López Allué Buscar voz..., en la tradición de Bujaraloz o «mutatis mutandis», en el Bertoldo de della Croce. De aquí que sea importante recoger los testimonios tal como nos han llegado y completar análisis antes de llegar a síntesis que no tengan suficiente base.

Un caso de adaptación, perdido todo el sentido original, es la copla de Bujaraloz «Y sí que lo son / lo son y serán / los que llevan a Foro / delante San Juan», que explicaban convencionalmente como un Telesforo llevado a la procesión sanjuanera quizá a la fuerza, cuando en realidad es una copla de Pina Buscar voz..., donde los «matutes» ensogaban un toro la vispera de San Juan, adornándolo y llevándolo en la procesión delante del anda del santo y cantando «matutes de Pina / matutes serán / que llevan al toro / delante San Juan», sin que se nos alcance por qué extraña razón la copla llegó a Bujaraloz, donde no significaba nada, aunque posiblemente quien la llevó hasta allí lo sabía, pero no quienes la aprendieron, imitaron y repitieron.

Julio Alvar ha recogido numerosas canciones, dentro de la rica literatura oral aragonesa, transmitida de generación en generación y de los más diversos orígenes y contenidos, que van desde verdaderos romances a pequeños poemas, cantos líricos y adivinanzas. Su comentario nos permitirá profundizar más en el tema de los cantos, apenas tratado en Aragón; así las «Pastorelas de Navidad» de Híjar tienen la rima que corresponde a los cantos de despertadores del rosario de la aurora que cuenta desde muy antiguo con coros de rosarieros en la Tierra Baja y que aplican una copla a cada festividad; el maestro Arnaudas recogió algunas y la que ahora anotamos se inicia «Vamos, vamos, alegres, contentos / cantando y bailando al portal de Belén»; exactamente con el mismo sentido y del mismo lugar la letrilla de «Los Santos inocentes» que increpa al «Labrador perezoso / vístete luego / y acompaña al rosario / por este pueblo» acongojándole con que puede morir el mismo día, «que quizá a la noche / ya estés difunto», todo ello con metro de seguidilla. De Tramacastiel (Teruel) son unas «Seguidillas», esta vez para bailar y dieciochescas, con una letra muy conocida: «Un cazador cazando / perdió el pañuelo / y luego lo llevaba / la liebre al cuello». Vuelve a tener la forma de las coplas de la aurora la que se inicia «Circuncidan al Verbo humanado» de Calanda. Un grupo de romances, muy cerca de los «de ciego», recitados de pueblo en pueblo, cantados muchas veces y en ocasiones con acompañamiento gráfico de un cartelón con pinturas de los temas tratados y venta de «pliegos de cordel» con ingenuos grabados que se vendían por pocos céntimos y facilitaban la transmisión de tales «romances»; ya hemos citado «La loba colorada» pastoril, pero hay un grupo recogido por Alvar en San Juan de Plan Buscar voz... (Huesca), como «La Matilde», sobre una madre desnaturalizada y parricida, de Gerona; «Mis padres me casaron», de una recién casada que apuñala a su marido infiel, «un salmantino / que nadie lo conocía»; muy extraño el de «Carmonita», con raíces medievales, pero muy degenerado, y finalmente «Agustinica» «que la mataron sus padres / por no dejarla casar». Otros pueden recordar los romances fronterizos o moriscos, como «De noche, de noche era» de Jorcas Buscar voz... (Teruel), de la infanta de Valdeoliva, cautiva de los moros y liberada por su hermano sin conocerla, o «Soldadito, soldadito» de Zaragoza, del regreso de un soldado de la guerra a quien ha esperado su mujer siete años «y otros siete esperaré / si a los catorce no viene / monjita me meteré». Finalmente, coplillas religiosas, como «Los tres reyes magos» de Monreal del Campo con aire de villancico, «San Antón» de Huesa del Común (Teruel) que «va por los montes / atando de pies y manos / a todos lobos y lobas / zorros y zorras / y a todos animalicos malos», en realidad una oración para que San Antón guarde a todos los rebaños «hasta que estén en poder de su amo»; la de Ariño (Teruel) «En esta cama me acuesto», meditación sobre que se puede no despertar al día siguiente; «San Valero» de Calanda, de exaltación del santo, «La venida de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza», de Calanda, relacionado con el milagro de Pellicer y, con un curioso carácter, «Cruzando montes y valles» de Huesa del Común Buscar voz..., de un pastor en busca de una oveja perdida, sin duda vinculado al «Buen pastor» aunque no se cite. Aún se añaden una adivinanza de Blancas Buscar voz... (Teruel) tan ingenua como las abundantísimas conocidas en los diversos pueblos: «¿Quién es el hombre que no nació / y vivió y murió / y fue enterrado / en el vientre de su madre?, Adán», o del mismo lugar la descripción de las fiestas de diciembre: «El ocho la Purísima / el trece Santa Lucía / y el veinticuatro del mes / parió la Virgen María», y finalmente un canto infantil, de preguntas y respuestas, del que se conocen muchos ejemplos, «Quiquiriquí» de Zaragoza: «Quiquiriquí / canta el gallo. / ¿Qué le pasa? / Pupa en el papo. / ¿Quién se lo ha hecho? / El fardacho. ¿Dónde está el fardacho? / Debajo de la leña. / ¿Dónde está la leña?», etc., siguiendo los encadenados hasta que se termina de la forma absurda característica de muchos de estos cantos «¿Dónde está la abuelica? / A misa se ha ido. / ¡Ojalá que cuando salga de misa / le caiga una teja / y le rompa una oreja!».

La recopilación parcial que hemos comentado nos muestra el interés que presenta la redacción de un fichero de cantos, con grabación de las músicas que no figuren en los cancioneros conocidos de Mingote, Arnaudas, Mur, Broto y otros, sin cuya base previa no se podrá acometer el estudio serio de procedencia y cronología de letras y músicas. Las «Pasadillas» de Fuendecampo Buscar voz... han incorporado compases del «Himno de Riego»; como quiera que la música se aplicó al héroe de Cabezas de San Juan tomándola de una canción patriótica asturiana de la guerra de la Independencia, lo que parece simplemente un postizo añadido circunstancialmente podría convertirse en indicio de una aculturación extraordinariamente interesante. Naturalmente que la recogida debe hacerse con letra y música y siempre en la forma que han llegado los cantos hasta nosotros. El estudio erudito debe ser independiente de las «repristinaciones» y arreglos que privan a las composiciones de una serie de elementos de investigación que pueden denunciar formas y momentos de transmisión, adaptaciones de un lugar a otro y aculturación en una localidad concreta.

Una cuestión a investigar es la adaptación de letras a músicas y viceversa; el ejemplo más evidente es el de la jota, con música heptafraseada adaptando la cuarteta de la letra con entrada, vuelta y repetición, y también el olvido de las letras de la mayor parte de las mudanzas del dance, que todas tuvieron, aunque sólo se recuerde el primer verso para nombrarlas.

Otro tema es el de las influencias fronterizas, corriéndose el riesgo de pensar que, por ejemplo, el Pirineo reciba casi todo de Francia, o la franja oriental de Cataluña. La Chinchana, de Campo, tiene una letra semejante al catalán «Noi de la mare», pero esta canción es imitación servil de un canto de marineros de las islas Madeira. Unas coplas sacras de Lanaja Buscar voz... son como auroras del Bajo Aragón y una alabanza de bodas de Villanúa es exactamente un mayo como los de la Sierra de Albarracín; estos mayos los encontramos en Guadalajara, Cuenca, noroeste de Valencia, etc.

• Bibliog.:
Alvar, Julio: Cancionero Popular Aragonés, 80; Guara Ed., 1983.
Arnaudas Larrodé, Miguel: Colección de cantos populares de la provincia de Teruel; Zaragoza, 1927.
Mingote, Ángel: Cancionero musical de la provincia de Zaragoza; Zaragoza, 1950; reimpresión con prólogo de A. Beltrán, Zaragoza, 1974.
Mur Bernad, J.: Cancionero altoaragonés; Huesca, 1970.
Romeo, M.C. (coord.): Los mayos de Albarracín; Instituto de Estudios Turolenses, Teruel, 1981.
Reina, E.: Ángel Mingote Lorente, último representante de la tradición musical de Daroca; Zaragoza, 1986 (discurso de ingreso en la Academia de San Luis y contestación de A. Beltrán).
Palomar, J.; Chinarro, M.P. y Escuder, P.: Antología de Jotas de la provincia de Teruel; I. Teruel, 1985.

 

Monográficos

La música tradicional aragonesa

La música tradicional aragonesa

En Aragón existe gran diversidad de cantos, bailes y dances además del género más famoso: la jota.

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