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Cantar de Mio Cid

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 29/12/2011

Cantar de gesta Buscar voz... que narra las acciones de Rodrigo Díaz, al que se conoce generalmente por el sobrenombre de Cid Campeador Buscar voz.... Se inicia la narración con la salida del Cid de la aldea de Vivar, camino del destierro; pasa por Burgos y por el monasterio de Cardeña, donde se despide de su mujer e hijas, dejándolas al cuidado del abad. Continúa con el relato de sus acciones guerreras por tierras del Henares y del Jalón, de Daroca y de Teruel. Luego va a Valencia, que conquista y tiene que defender contra los almorávides, a quienes vence en sucesivas batallas. La parte central del Cantar supone el triunfo personal del Cid, que consigue casar a sus hijas con los legendarios infantes de Carrión, llenándolos de riquezas, pero alcanzando como compensación una categoría social superior. Los infantes son infamados por sus acciones y deciden vengarse en sus esposas, para lo que piden permiso con objeto de trasladarse desde Valencia a sus tierras patrimoniales de Carrión. La última parte del Cantar narra la afrenta que los infantes hacen en las personas de sus mujeres y el problema de honor que se le presenta al Cid, quien desafía y vence a los ofensores, deshaciendo las bodas. Al final de la obra se señala que las hijas del Cid son pedidas como esposas para los infantes de Navarra y Aragón.

Este cantar de gesta es indudablemente el más importante de toda la literatura española y ha llamado la atención de los estudiosos desde el siglo XIX; aspectos tales como la génesis del Poema, la fecha de composición y la identidad de su autor han sido y siguen siendo objeto de debate para la crítica. Pero, en opinión del historiador aragonés Antonio Ubieto Buscar voz..., siempre ha sido estudiado desde un punto de vista castellanista, hasta el extremo de que se ocultan y disimulan datos fundamentales para conocer la época de su cronología y las tierras en donde se redactó. Ubieto rebatió la teoría de Menéndez Pidal Buscar voz..., según la cual un poeta de San Esteban de Gormaz (Soria) había realizado la primera versión del Cantar hacia 1110 y más tarde, en torno a 1140, un segundo poeta de Medinaceli habría refundido el texto añadiendo los episodios más novelescos. El estudioso aragonés realizó para la G.E.A. una síntesis de sus opiniones, que recogemos literalmente:

«La relación con San Esteban de Gormaz se basa en el hecho de que el Cantar aluda a la «calzada de la Guiena»: Menéndez Pidal cree que hay que identificarla con la calzada que atraviesa el Duero en tierras sorianas. Pero esa calzada en realidad es la que unía Mérida con Astorga, atravesando el Duero en Zamora. El testimonio tiene otro significado: el autor del Cantar no conocía las tierras de San Esteban de Gormaz.

Sí conocía, en cambio, las tierras de Medinaceli, como señala acertadamente Menéndez Pidal, que acaba allí sus estudios sobre los datos geográficos dados por el cantar, inmediatamente después de citar tal población soriana. Sin embargo, el autor del Cantar conoce perfectamente el canal, que todavía se conserva, paralelo a la carretera de Albarracín Buscar voz... a Gea Buscar voz..., que es recordado tres veces cuando se alude a Cella Buscar voz..., allí donde se habla de «Celfa la del canal». De la misma forma, cuando tiene que inventar nombres para cuatro personajes inexistentes históricamente acude a la toponimia aragonesa. Así usa los nombres de Búcar (barrios de Albarracín), Galve Buscar voz... (pueblo de Teruel), Fariz (nombre medieval de Ariza Buscar voz...: Fariza), y al último lo apellida Tamín. De la misma forma, a la zona exterior de las murallas de Valencia la denomina «coso», igual que se llama así en Barbastro, Huesca, Zaragoza y Cella. O señala que las tierras de Alcañiz son «negras», con un aragonesismo claro. Recoge una serie de instituciones típicamente aragonesas, como el axovar, el apretón de manos para cerrar el trato, y así hasta la saciedad. Es curioso constatar que cuando en el vocabulario del Cantar su editor señala que la palabra es desconocida —por ejemplo, «corcas»—, tales palabras sean de uso común en el habla de las tierras actualmente turolenses. Todo hace sospechar que el Cantar de Mío Cid se escribió en tierras de Teruel por persona vinculada a la región de Albarracín-Cella.

Otro punto importante es el de la fecha, pues, no resulta aceptable la que se le otorga desde los estudios de Menéndez Pidal. El Cantar cree que las tierras del Bajo Aragón las conquistó un conde de Barcelona, lo que es cierto para Ramón Berenguer IV Buscar voz..., pero inexacto para sus predecesores: eso obliga a datarlo con posterioridad a 1154, fecha cuando aquél comenzó a actuar en la zona. Hay una gran cantidad de datos históricos reflejados en el Cantar, que obligan a retrasar la fecha de composición; así, el Cantar presupone que Carrión era una población leonesa, y no castellana: éste es un dato no tenido en cuenta por los comentaristas cidianos. Pero Carrión siempre fue durante la Edad Media una población castellana: únicamente el año 1196 fue conquistada por Alfonso IX de León, y reconquistada seguidamente por un ejército coaligado de aragoneses y castellanos, bajo los reinados de Pedro II Buscar voz... y Alfonso VIII respectivamente: tal acontecimiento está indicando que el autor del Cantar de Mío Cid intervino posiblemente en la acción guerrera en tierras fronterizas castellano-leonesas, que le permitirán además importar a su obra un nombre aparecido por esos momentos allí: el de «fijodalgo». Lo tardío de estas fechas obliga a reconsiderar la que ofrece en su final el Cantar de Mío Cid: el año 1207, que habrá que aceptar aunque no queramos. Con ello quedaría identificado el autor del Cantar de Mío Cid, ya que él mismo se llama Per Abat en el colofón; y por esos años un Per Abad era juez de Bubierca Buscar voz... (Z.), población que también se cita en el poema».

Posteriormente, María Eugenia Lacarra, ha relacionado también al autor del Cantar con un área geográfica próxima a la propuesta por Ubieto. Según esta investigadora, determinados aspectos del Poema sólo se explicarían en el contexto de la Castilla del siglo XII, por la rivalidad entre dos poderosos linajes: los Castro, descendientes de los Beni-Gómez y de la familia de García Ordóñez, y los Lara, que a finales del siglo XII se unirán a los descendientes del Cid. El señor de Molina jugó un decisivo papel en esta lucha, que acabó con la caída en desgracia de los Castro y su destierro en León. Concluye Lacarra que el autor del Cantar pudo pertenecer al séquito de la cancillería de los Lara de Molina de Aragón, lo que explicaría, por ejemplo, su interés por el derecho, el conocimiento geográfico de la región de Molina de Aragón, así como su intención de escarnecer a los Infantes de Carrión, identificados como Beni-Gómez, y al Conde García Ordóñez.

Independientemente de cúal sea el autor del cantar, resulta evidente que Aragón tiene una importante presencia en la obra. Uno de los caballeros que acompañan al Cid en el destierro es Galín García, «el bueno de Aragón», personaje histórico de la corte de Pedro I, que tomó parte en el sitio de Barbastro en el año 1100. Es posible que fuese uno de los que acompañaron al monarca aragonés a Valencia en 1097, para ayudar al Cid a reforzar el castillo de Benicadell.

Por otro lado, gran parte de los hechos narrados en el «Cantar del destierro» (los comprendidos entre los versos 545 y 1086) se sitúa en territorios aragoneses, que en el Cantar se hacen depender del reino musulmán de Valencia, pues el poeta, que simplifica y deforma los hechos históricos, presenta las campañas del Cid como una progresión hacia Levante por tierras del Jalón, del Jiloca y del Bajo Aragón. Tras sus correrías por la ribera del Henares, el Cid entra en tierras aragonesas por el valle del Jalón, acampa entre Ariza y Cetina, pasa por Alhama, por la Peña Cortada, Bubierca y Ateca, estableciendo su campamento en un otero próximo al Jalón, identificado como el cerro de Torrecid. Ya le pagan tributo las poblaciones del valle, entre ellas Ateca y Terrer, cuando toma el castillo de Alcocer, que parece corresponder a los restos encontrados en el paraje de la Mora Encantada, entre Ateca y Terrer. La caída de Alcocer, enclave estratégico de la zona, siembra la inquietud entre las localidades del Jalón, que piden ayuda al rey Tamín de Valencia; éste envía un poderoso ejército que se dirige a Alcocer siguiendo la calzada romana entre Sagunto y Bilbilis, pernoctando en Cella y en Calatayud. El Campeador, cercado durante tres semanas, se ve obligado a lidiar su primera batalla campal, resultando vencedor a pesar de la inferioridad de sus efectivos. La lid acaba con la consiguiente persecución de los «reyes» Fariz y Galve hasta Terrer y Calatayud, respectivamente, y la obtención de un rico botín. Posteriormente, el Cid vende Alcocer a los moros, por razones estratégicas, y sigue Jalón abajo para ascender luego por el valle del Jiloca, estableciéndose en «un pueyo que está sobre Monreal». Se trata del cerro de San Esteban, junto a la población de El Poyo del Cid. Desde allí somete la cabecera del Jiloca (puso tributo a Daroca, a Molina, a Teruel y tenía en su poder a Cella, «la del canal») y el valle del Martín. Más tarde se desplaza hasta el Este, acampa en Tévar, desde donde ataca Alcañiz y mete en tributo a Zaragoza, ocasionando gran preocupación a los de Huesca y Monzón. Vuelve hacia el Oeste saqueando Huesa del Común y Montalbán, incursión realizada desde un nuevo campamento establecido en puerto de Alucant, topónimo de localización insegura, identificado por unos como Gallocanta (Zaragoza) y por otros como Olocau del Rey (Castellón), si bien esta segunda hipótesis parece más razonable. Regresa al pinar de Tévar, lugar que parece situarse en los alrededores de Monrroyo, en el límite de la provincia de Teruel con las de Tarragona y Castellón. Aquí tiene lugar la segunda lid campal del Cid, en la que hace prisionero al Conde de Barcelona. Este episodio, último del «Cantar del Destierro», es el único de los situados en Aragón basado en un hecho histórico. Con las enormes riquezas obtenidas, el Cid abandona los territorios aragoneses y se dirige hacia Valencia.

Sin embargo, no se acaban aquí las referencias a poblaciones aragonesas. En el «Cantar de las Bodas», durante el asedio a Valencia, el Cid cabalga de noche hasta Monreal y desde allí envía heraldos a los reinos de Castilla, Aragón y Navarra para pedir refuerzos; las tropas se reúnen con el Campeador en Cella. Una vez conquistada Valencia y obtenido el permiso del rey para que su mujer y sus hijas salgan de Castilla, envía una escolta que las proteja en territorio musulmán. Camino de Medinaceli, cruzan por Santa María (la actual Albarracín), Bronchales y Molina de Aragón, cuyo alcaide Avengalvón aparece en el poema como aliado del Cid. De regreso a Valencia con las damas, atraviesan el Jalón y disfrutan, de nuevo, de la hospitalidad de Avengalvón. En el «Cantar de la Afrenta de Corpes», las hijas del Cid y sus maridos hacen, una vez más, el mismo recorrido en dirección a tierras de Carrión, pasando por Albarracín y Molina. Consumada la afrenta y de vuelta a Valencia, son acogidas también en Molina. Observamos cómo determinadas poblaciones son aludidas de forma reiterada en el Cantar, los personajes pasan una y otra vez por ellas, pero, en la mayoría de los casos, no ocurre en ellas ningún hecho relevante. Estos lugares se localizan en un área geográfica no muy extensa, con la que tanto Ubieto como Lacarra han relacionado al autor del Cantar.

• Bibliog.:
Ubieto Arteta, Antonio: El «Cantar de Mío Cid» y algunos problemas históricos; Valencia, 1973.
Lacarra, María Eugenia: El «Poema de Mío Cid»: Realidad histórica e ideología; Porrúa, Madrid, 1976.
Montaner, Alberto, ed.: Cantar de Mío Cid; Ed. crítica, Barcelona, 1993.
Montaner, Alberto: El Cid en Aragón; Zaragoza, C.A.I., 1998.

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