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Cantar de Gesta

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Composición poética escrita en verso, que narra la acción de un héroe, actuando en un momento histórico muy concreto. Hoy se tiende a considerarlas como reliquias literarias, ya que generalmente alcanzaron un alto grado de perfección formal. Así la Chanson de Roland es modélica, lo mismo que el Cantar de Mío Cid. Pero se olvida sistemáticamente que se escribieron siempre por motivaciones determinadas, con carácter ejemplar y para incitar a llevar a la práctica algo. Así, el Cantar de Mío Cid se escribía (1207) en tierras de Teruel para que las gentes de la región se preparasen psicológicamente y colaborasen a la próxima conquista de Valencia (1238) o la Chanson de Roland se escribía hacia 1100 con motivo de las cruzadas que predicaron para conquistar Zaragoza.

• Literatura: La poesía épica no ha tenido en Aragón el arraigo que encontró en otras regiones, o, al menos, no ha conservado aquí textos como el cantar del Cid, ni ha permitido reconstrucciones tan completas como el de la leyenda de los Infantes de Lara. Sin embargo Antonio Ubieto encontró uno de los últimos cantares de gesta españoles: el de la Campana de Huesca. El medievalista aragonés tentó (1951) la reconstrucción de varios fragmentos tomando como base la Crónica de San Juan de la Peña. El tema había atraído mucho tanto a dramaturgos como a pintores, pero no había dejado restos de poesía tradicional, pues el romance que Timoneda incluye en la Rosa española, sobre ser tardío, es de corte muy poco popular.

La leyenda se juzgó inverosímil y Dámaso Sangorrín, el canónigo jacetano, escribió una Demostración de la falsedad de esta leyenda (1922); sin embargo, Antonio Ubieto ha vuelto sobre el tema aportando un gran caudal de información: de sus datos no cabe sino aceptar los relatos legendarios. Partiendo de una referencia de los Anales Toledanos en la que se dice que mataron las potestades en Huesca, año 1136, se ha visto cómo, en efecto, a finales de 1135 y comienzos de 1136 se renovaron los señores de muchas localidades del occidente del reino, precisamente en las que eran clave para la defensa de Aragón; de ello parece inferirse que toda la zona pirenaica estuvo confabulada contra Ramiro II. Y, si la historia permite llegar a unas conclusiones más que verosímiles, los hechos narrados por la leyenda se producirían por el mes de octubre de 1135 y la pacificación se habría cumplido en agosto del año siguiente: lógicamente antes de la última de estas fechas tuvo lugar la ejecución de los nobles a que hacen referencia los Anales.

Se ha dado como límite de la redacción del poema los años de 1200 a 1260, pero Manuel Alvar, basándose en el testimonio de la pérdida de la vocal final que en el texto se practica, retrae mucho la datación y piensa que el cantar se escribió en la misma fecha de los hechos narrados. Nos encontraríamos, pues, y una vez más, con el carácter noticiero de nuestra épica: un cantar se escribe en la región donde la historia tiene lugar, allí donde se conocen minuciosamente los motivos y cuando los acontecimientos son operantes sobre las gentes que los oyen narrar. La reconstrucción del lingüista es mucho más amplia que la del historiador y aún podría intentarse seguir más adelante por los caminos iniciados.

Desde un punto de vista legendario, el relato tiene también sus raíces, con lo que se entremezclarían en el cantar dos circunstancias diversas: de una parte, la historia; de otra, los motivos que más o menos parecidos vienen rodando por todas las literaturas. Quien más ha profundizado en la cuestión es Antonio Alvar, que ha rastreado las fuentes clásicas del motivo. Sin tener que remontarnos a parecidos griegos o árabes, un relato estrictamente paralelo al aragonés aparece en el libro primero de Tito Livio y, aunque el gran historiador romano no fue, al parecer, conocido en la España medieval, sí, y mucho, en Francia, de donde pudo pasar la leyenda del mensajero y las ramas, o coles, arrancadas (no se olvide que Ramiro II era monje en San Ponce de Tomeras), y, sobre todo, es imprescindible conocer que Tito Livio indirectamente se difundió a través de los relatos que tomó de él Valerio Máximo, autor que gozó de enorme prestigio en el occidente europeo. (Cantar de la Campana de Huesca.)

 

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