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Agua

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 17/06/2009

Factor fundamental en Aragón: es el ser o no ser de su existencia; cuando faltan las lluvias, cosa que ocurre con frecuencia, los rendimientos de los cultivos en los secanos son muy bajos e, incluso, nulos. Si llueve y lo hace a tiempo, se alcanzan elevadas cosechas.

La sequía es un problema muy antiguo en Aragón y a él se refieren las crónicas de numerosos reinados. Al-Mumayl (año 750), primer gobernador musulmán de Zaragoza, fue muy celebrado por los esfuerzos que hizo para paliar los estragos de una terrible sequía seguida de un hambre calamitosa. Jerónimo Zurita Buscar voz..., en los Anales de Aragón, cita que en 1218 hubo una gran y general sequía, a la que siguió mucha hambre y mortandad; sin remontarnos tan lejos, al final del pasado siglo, del 93 al 99, hubo una serie de años muy secos y malos de los que aún se tienen noticias en los secanos; en épocas más recientes, en 1939, 1940, 1943, 1944, 1948, 1949 y 1950, hubo siete años que se calificaron de espantosa sequía en las comarcas monegrinas y otras tierras aragonesas.

Las zonas menos lluviosas corresponden a las más bajas y aptas para la agricultura; la máxima pluviometría se presenta en las crestas pirenaicas, donde sólo son posibles aprovechamientos forestales y ganaderos de tiempo limitado.

La irregularidad del agua de lluvia la podemos definir por lo que ha ocurrido en Zaragoza, donde hay datos de precipitaciones anuales desde 1858, con un total de 114 años recopilados. Las lluvias anuales de menos de 200 mm., que podríamos calificar de catastróficas para las cosechas, han tenido lugar con una frecuencia del 5,26 %; los años abundantes, de más de 500 mm. por año, se han presentado también con la misma frecuencia. Analizando el fenómeno por décadas, se llega a la conclusión de que las décadas secas, con abundancia de malas cosechas, alcanzan una proporción del 44 %, lo que justifica la inquietud histórica por los riegos que se siente en la región.

Nuestro clima Buscar voz... es seco: en el Bajo Aragón y Monegros no sólo llueve poco, unos 300 mm. al año, sino, lo que es peor, la capacidad de evaporación es ocho veces superior. Como la agricultura se rige por la Ley del mínimo y en Aragón nos falta agua, es natural que la lucha por ella se remonte a lo largo de los siglos.

Todos recordamos cuando Zaragoza imponía el terrible Privilegio de los Veinte y montaba ejércitos para arrasar los azudes y asegurar la llegada del agua a la capital. Los continuos pleitos por el agua entre Sindicatos, la tenacidad de Tauste por conseguir el primer canal de Europa, la energía de Pignatelli para terminar el Canal Imperial, los pleitos entre los distintos sindicatos del establecimiento de Camarera, que después de cuatrocientos años aún se mantienen vivos en nuestros tribunales.

Esta necesidad histórica repercute también sobre nuestros intelectuales. Recordemos los ardorosos escritos de Costa Buscar voz..., aquella fotografía de Cajal Buscar voz... en que nos habla de que no debemos perder los ríos en el mar, ni los talentos en la ignorancia; las publicaciones de D. Severino Aznar Buscar voz... y la continua labor de la Universidad de Zaragoza para organizar el Primer Congreso de Riegos de España.

En Aragón, el volumen medio de precipitación es de 518,7 mm., que sería la de un buen secano si se pudiera ordenar y distribuir con uniformidad. Los promedios son engañosos, ya que lo que preocupa a la agricultura son los años mínimos, de cosechas cortas o nulas, en contraste con aquéllos de lluvias y cosechas abundantes.

Los ríos de Aragón vierten aguas abajo (Ebro en Sástago, Cinca en Fraga y Guadalope en Alcañiz) un volumen medio, en espera de ser utilizado en parte, de 11.565 millones de metros cúbicos por año (media de las campañas 1948/49 a 1973/74). Esta aportación es muy irregular; oscila desde un mínimo de 3.105 millones de metros cúbicos en la campaña 1948/49, a un máximo de 18.573 millones de metros cúbicos en la campaña 1959/60.

Hay la esperanza de regadíos Buscar voz... futuros, que exigirán 3.435 millones de metros cúbicos por año más, sobre las necesidades actuales, a las que habrá de añadir 486 millones, también por año, en que se estiman las exigencias futuras en abastecimientos y usos industriales de la región.

La demanda de agua futura total, con criterio austero, si se tienen presentes las necesidades actuales y futuras de Aragón, se puede cifrar en 8.959,84 millones de metros cúbicos por año, distribuidos en 8.316,84 para regadíos y 643 para abastecimientos y usos industriales.

El agua como recurso. Los recursos hídricos constituyen un valor en alza necesario para el desarrollo en general. En la vertiente sur del Pirineo, más que en la septentrional, las carencias de este recurso en amplias regiones limítrofes al macizo determina que sea imprescindible aplicar una política hidráulica acertada. Esta afirmación, que puede ser cierta enunciada genéricamente, se convierte en un principio de actuación preferente en áreas como el Pirineo, donde los recursos son abundantes pero en sus proximidades (Depresión del Ebro Buscar voz...) son muy escasos y, por el contrario, las demandas de agua (para usos urbanos y regadíos) son elevadas.

De los recursos naturales con que cuentan las zonas pirenaicas el agua es hoy uno de los más importantes, sin que ello quiera decir que sea abundante. Los Pirineos constituyen, con índices de pluviosidad de los más altos de España y una reserva de nieve hasta bien entrada la primavera, un sistema hídrico natural de gran interés. De su acertada explotación dependerán fundamentalmente las posibilidades de desarrollo regional, tanto del macizo como de su contexto autonómico.

Así pues, los recursos hídricos podemos considerarlos como uno de los grandes potenciales del macizo pirenaico en general y del aragonés en particular. El agua es, según la «Carta Europea del Agua» promulgada por el Consejo de Europa en 1968 un bien cada vez más escaso. La doctrina de esta carta condensa con impresionante realismo los problemas planteados por y para la utilización del agua por el hombre, cuyos principios recogemos en el cuadro adjunto. La filosofía de estos principios debe constituir el marco y objetivos de toda política hidráulica. De «la carta europea del agua» se puede extraer una serie de conclusiones entre las que destacamos:

a) Se trata de un recurso no ilimitado contrariamente al concepto que hasta ahora se tenía.

b) La dependencia del hombre para determinados usos: regadíos, urbanos, energéticos, industriales, de ocio... son cada vez mayores.

c) Además de la cantidad es necesario preservar la calidad. De este último factor dependen, además de los ecosistemas fluviales, todos los consumidores que se localizan aguas abajo de las cuencas.

d) El agua es un bien público. Queremos señalar con esto (aunque sea una obviedad) que si bien es un recurso endógeno de ciertas áreas, como es el caso del Pirineo, su uso y gestión debe contemplarse desde ámbitos más amplios, de cuenca como mínimo.

e) Todos estos factores exigen la elaboración de planes de uso y gestión del recurso agua (ver Plan Hidrológico para la Cuenca del Ebro). Interesa destacar que la Ley de Aguas de 2 de agosto de 1985 recoge, casi literalmente, el conjunto de los principios de la citada «Carta europea» constituyendo así un marco adecuado para su uso y gestión.

f) Posteriormente, el Libro Blanco del Agua (1998) plantea los problemas, déficits y potencialidades del agua, definiendo las líneas de la futura política hidráulica. Dentro de dicha política aparecerán factores negativos para Aragón como es la posibilidad de trasvases.

CARTA EUROPEA DEL AGUA

PRIMERO: Sin agua no hay vida posible. Es un bien preciso, indispensable a toda actividad humana.

SEGUNDO: Los recursos de agua potable no son inagotables. Es indispensable preservarlos, controlarlos y, si es posible, acrecentarlos.

TERCERO: Alterar la calidad del agua es tanto como perjudicar la vida del hombre y de los demás seres vivos que de ella dependen.

CUARTO: La calidad del agua tiene que conservarse a los niveles necesarios a la utilizacion prevista y, en particular, satisfacer las exigencias de la salud pública.

QUINTO: Cuando el agua utilizada sea devuelta al medio natural, no debe comprometer los usos ulteriores que de ellas se hagan, sean públicos o privados.

SEXTO: Para la conservación de los recursos de agua es esencial el mantenimiento de una cobertura vegetal apropiada, preferentemente forestal.

SÉPTIMO: Los recursos de agua deben ser objeto de inventario.

OCTAVO: La apropiada gestión del agua debe ser objeto de un plan decretado por las autoridades competentes.

NOVENO: La salvaguardia del agua implica un esfuerzo importante de investigación científica, de formación de especialistas y de información pública.

DÉCIMO: El agua es un patrimonio común cuyo valor tiene que ser reconocido por todos. Todos tenemos el deber de economizarla y usarla con preocupación.

UNDÉCIMO: La gestión de los recursos de agua deberá inscribirse en el marco de su cuenca natural en lugar de en el de las fronteras administrativas y políticas.

DUODÉCIMA: El agua no tiene fronteras. Es un recurso común que necesita una cooperación internacional.

 

La gestión y regulación del agua ha sido uno de los factores que más ha afectado a las relaciones entre las sociedades de la montaña y el llano, concretamente entre el Pirineo y la Depresión del Ebro. En dicha depresión las precipitaciones son muy escasas dependiendo en buena medida, tanto para el consumo humano como para el desarrollo socioeconómico (regadíos, hidroelectricidad) de los recursos pirenaicos. Así, las necesidades de regular las cabeceras de las cuencas se ha convertido, frecuentemente, en un elemento de confrontación entre ambas sociedades, ya que tal regulación ha constituido uno de los principales elementos de despoblación del Pirineo. En muchas zonas del Pirineo Central (sobre todo en el Sobrarbe, Ribagorza) la política hidráulica ha sido uno de los principales agentes de despoblación. Esto es así porque el agua para que pueda capitalizarse como recurso debe regularse (almacenarse) para su utilización en las zonas donde mayor es su rentabilidad (tierras llanas de las depresiones) y en un período (verano) donde precisamente las precipitaciones son escasas.

Desde este punto de vista el Pirineo y las Depresiones funcionan como sistemas integrados en unidades de cuenca. Bajo esta perspectiva, se ha planificado la política hidráulica que en el caso de la vertiente sur se plasmó en el Plan de Obras Hidráulicas de 1902 y tuvo en Macías Picavea y Joaquín Costa sus más encendidos defensores. No obstante, tal política, que se genera a principios de siglo con un planteamiento acertado, no responde a necesidades actuales de ordenación (y sobre todo equilibrio) territorial. El valor y demanda del agua como recurso es hoy día muy superior al que tenía a principios de siglo lo que exige la revisión de los modelos de concesión y gestión actuales que, en el caso de Aragón, datan de la Ley que regula el Plan de Riegos del Alto Aragón de 1913.

En síntesis los recursos hídricos y sistemas de regulación del agua en las cuencas del Pirineo vienen determinados por los siguientes factores:

1º) En el Pirineo se producen los mayores aportes de agua; por ejemplo, en el caso de Aragón, la precipitación media (1986-96) fue de 24.654 hm3, de los que el 34% (8.382 hm3) corresponden al Pirineo. Éstos dependen de un régimen muy irregular cuyas precipitaciones (en forma de nieve o agua) tienen una marcada estacionalidad. Las precipitaciones son fundamentalmente en forma de nieve, con su deshielo en un período muy corto, y las precipitaciones torrenciales, con sus riesgos de inundación, los factores que exigen la regulación de los ríos.

2º) Esta regulación ha sido mucho más intensa en la vertiente sur que en la francesa, puesto que los contrastes entre las precipitaciones de montaña y llano son más acusados. Es precisamente el fuerte déficit de precipitaciones en la depresión el elemento que ha determinado (junto a las necesidades de energía eléctrica) la construcción de los grandes embalses. Así, la política hidráulica presenta grandes diferencias entre ambas vertientes, mientras en la francesa los embalses son de pequeño tamaño (generalmente no superan los 100 hm3), en la vertiente española ocupan grandes extensiones: Yesa 471 hm3 (y un proyecto de ampliación superior a los 1.050), Mediano 436 hm3, el Grado 400 hm3.... En conjunto del Pirineo el volumen de agua regulado supera los 4.600 hm3.

3º) La política de regulación, hasta el momento, no ha beneficiado en casi nada a la población pirenaica, más bien, se ha comportado como un agente despoblador. No obstante, es necesario reconocer que el agua se convierte en potencial económico cuando está regulada y, en este sentido, una vez regulada, también puede orientarse en beneficio de la población pirenaica. En este sentido debería definirse tanto el Plan Hidrológico de la Cuenca del Ebro Buscar voz... como el Pacto del Agua Buscar voz....

4º) A partir del agua embalsada se pueden realizar los pequeños regadíos de zonas de montaña, hoy más necesarios que en épocas anteriores porque la evolución del sistema productivo y los condicionantes de mercado (de acuerdo con los planteamientos de la PAC), obligan a intensificar los riegos tanto en zonas de montaña como del llano si se quiere que la agricultura sea competitiva. De hecho, casi las únicas superficies que hoy se mantienen en cultivo son las que se apoyan en sistemas de riego. Así, la mayor parte de las comarcas pirenaicas de la vertiente sur se plantean incrementar la superficie de riego en los programas presentados al Objetivo 5b.

5º) Si bien los embalses han anegado las mejores, y escasas, tierras de cultivo sin hasta ahora repercutir positivamente en la población pirenaica, existen posibilidades para tratar de canalizar algún beneficio para dichas comunidades. Hoy son pequeños mares interiores que constituyen importantes potenciales para desarrollar actividades económicas relacionadas con el turismo y los deportes acuáticos. Camping, áreas recreativas, estaciones deportivas... se pueden impulsar a partir de estos embalses y favorecer el desarrollo del turismo.

Dentro de la sociedad pirenaica existe el convencimiento de que la política hidráulica ha beneficiado a zonas externas al macizo dejando a éste marginado. La propia legislación hidráulica (Ley de Aguas de 1879 y la actualmente en vigor de 2 de agosto de 1985) al considerar el agua como un bien público estatal ha condicionado ciertos aprovechamientos por parte de la población pirenaica. Consideramos que la definición de bien público es acertada; no obstante, los habitantes del macizo deben beneficiarse de un recurso que, según su propia expresión, sólo ven correr. En este sentido, habría que buscar fórmulas de reversión del canon que se obtiene por su aprovechamiento e incluso adaptar éste a un valor de mercado. En estos momentos, la Ley de Aguas prevé el pago de una serie de cánones: de ocupación, regulación, vertido. Tales cánones y tarifas van destinados a compensar los costes de inversión, atender los gastos de explotación y conservación de las obras de regulación (ver cap. III artículo 296.1 de la Ley 29/85). El Pirineo debería aspirar a participar en la gestión de unos recursos cada vez más valorados y a recibir mayores compensaciones por ellos. Compensaciones que no deben entenderse como simples subvenciones, sino como el pago por un servicio público hacia un grupo social que conserva un espacio en el que sociedades foráneas a él obtienen importantes beneficios y que sin la concurrencia de la población autóctona el medio físico (y con él los recursos naturales) se degradaría reduciéndose sensiblemente su rentabilidad.

Contexto en el que se articulan los aprovechamientos del agua

Si tomamos como contexto la unidad de cuenca nos encontramos con una serie de demandas no siempre satisfechas que condicionan el aprovechamiento de este recurso. Estas demandas son:

a) Demandas agrícolas. Son en la actualidad las dominantes. Además, los planes de riego agrícolas de las tres CC.AA. de la vertiente sur prevén un incremento sustancial en los próximos años, aumentando por tanto sus necesidades de agua.

b) Demandas urbanas. Aunque en la actualidad tienen un peso menor que las anteriores, en un futuro próximo las demandas para usos urbanos se incrementarán sustancialmente. En este sentido, las dotaciones para estos usos está previsto que evolucionen de la siguiente forma:

c) Usos industriales. Al igual que los urbanos su tendencia es creciente, aumentando a un ritmo mayor que la demanda destinada a usos agrarios. Hoy, las demandas industriales sólo representan el 4´7% del total, pero sus necesidades aumentan sensiblemente.

d) Mantenimiento de mínimos ecológicos. En todo sistema fluvial que se pretenda regular es necesario considerar las necesidades mínimas de caudales fluyentes que permitan garantizar el mantenimiento de la flora y la fauna presente en el río. En estos momentos no se dispone de datos que permitan definir estas necesidades, el criterio actual es mantener fluyente entre el 10% y 20% del caudal anual medio de un río antes de su regulación.

e) Demandas hidroeléctricas. En la mayoría de los casos estos usos están subordinados a los regadíos. No obstante, y sobre todo tras el reciente freno a la energía nuclear en el Estado español, la hidroeléctrica deberá cubrir parte de la procedente de origen nuclear. En consecuencia, repercutirá en el sistema de funcionamiento de los actuales, y futuros, embalses, turbinando éstos durante un mayor número de horas.

 

Monográficos

Los ríos de Aragón

Los ríos de Aragón

Un recorrido por la red hidrográfica aragonesa, uno de los principales elementos vertebradores del territorio.

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Corriente de agua...Corriente de agua

Embalse de Búbal...Embalse de Búbal

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